martes, 28 de abril de 2020

#19 Giotto: Capilla de los Scrovegni

«Lamentación por el Cristo muerto»
200 cm x 185 cm
Capilla de los Scrovegni, Padua
[Dominio público] vía Wikimedia Commons



Ubicación: Padua (Véneto, Italia)
Fecha: 1303-1305
Estilo: Arte gótico


El iniciador de la pintura moderna


En este repaso de la historia de la pintura, empiezo ya con obras más conocidas, y con el que puede considerarse el primero de los grandes maestros.

La imagen que encabeza este artículo es una de las diferentes escenas que cubren toda la capilla de los Scrovegni, en Padua. Es una capillita de un palacio que ya no existe. Para darle tronío, Enrico Scrovegni, un banquero con posibles de principios del siglo XIV, llamó al que era el mejor artista de su tiempo, el florentino Giotto di Bondone (h. 1266-1337), quien además de en la Toscana había trabajado en Roma, Asís, e igualmente San Antonio de Padua; más tarde iría también a Nápoles, en fin, viajero como era propio de un artista de la época, que uno va donde encuentra trabajo.

Allá que se fue Giotto con su taller, o sea, no penséis que él solo cubría de frescos las paredes, no; esto es obra colectiva. Lo normal es que el maestro del taller se reservara, además del diseño general, las partes más delicadas como las caras o las manos. Eso no quita un ápice de personalidad y originalidad a la obra.

Si nos fijamos en esta escena, podemos ver muchos méritos por lo que Giotto ha pasado a la historia. Vemos tratado un tema habitual en el arte religioso: el lamento por el Cristo muerto. Se trata del momento en que José de Arimatea, junto a Nicodemo, y después de haber pedido permiso a los romanos, desciende el cadáver de Jesucristo de la cruz. Con el muerto allí, todos sus conocidos se lamentan: tenemos a la Virgen, María Magdalena, el apóstol Juan…

Lo que más llama la atención es la expresividad de los personajes. Se ve cómo están tristes, o en shock, o airados y cabreados por esa muerte. Y eso tanto la gente que rodea el cadáver –ese Juan con los brazos abiertos–, como los ángeles del cielo, con gestos diferentes de tristeza o desesperación.
 
Detalle de un ángel desesperado
Esa expresividad es algo propio del arte gótico. El románico era más hierático, expresaba menos los sentimientos. Seguí el modelo de la pintura potente de la época, que era la del imperio, o sea, el bizantino. Creaba imágenes majestuosas, pero contenidas, serenas, sin relacionarse amorosamente la Virgen con el niño, examinan impávidos al espectador. Tu típico pantocrátor románico es así.

Hay más diferencias frente a esas imágenes bizantinas, y es el fondo. Hasta entonces, se usaban fondos monocromos. Aquí Giotto hace una cosa maravillosa y es que pinta un fondo, crea un mundo más allá de las figuras: casas y paisajes, en vez de dorado. Si nos fijamos bien en la imagen, Jesucristo muerto está en primer plano y lo rodean personajes, y luego detrás pone una ladera como de montaña, con un árbol, y en el fondo, esa forma de estar dividido el azul del cielo acaba pareciendo al perfil de otras montañas. Con ello se da sensación de profundidad, y de que la naturaleza está allí.

Este amor por la naturaleza enlaza con la sensibilidad franciscana de la época, ese amor a los animalitos y al paisaje como una obra más del Creador. Me recuerda la anécdota de cómo fue descubierto Giotto. Se cuenta que su maestro Cimabué lo conoció como niño pastor en plena naturaleza, dibujando sobre el suelo. Puedo imaginar al crío Giotto, durante años a la intemperie, mirando la naturaleza, las hierbas, los árboles… Y creyó que todo ese mundo que lo rodeaba merecía estar reflejado en su obra.

Lo vemos con nuestros ojos modernos y no nos parece tan realista. Pero para aquella época era algo absolutamente novedoso. Cuando Vasari escribió sus Vidas de artistas, en que aplaudía la forma en que los florentinos pretendieron recuperar el pasado clásico (abominando del gótico, que él veía como algo bárbaro), de los primeros que menciona es a Giotto, de quien dice:

Después de haber estado la norma y el dibujo de la buena pintura tantos años enterrados debido a los desastres de la guerra, él solo, aunque formado entre artistas ineptos, resucitó con don celestial lo que se había extraviado y lo condujo a lo que consideramos la buena forma.

Es obvio que Vasari lo situaba ya en el primer renacimiento, por eso no os extrañe verlo así en más de un libro de Historia del Arte. Por cierto que se cree que Vasari no llegó a ver esta capilla de los Scrovegni, que hoy en día se considera obra maestra de Giotto, puesto que solo la menciona de pasada: «llegó a hacer también en la iglesia de la Arena una Gloria Mundana, que le dio gran fama».

A la capilla de los Scrovegni se le llamaba de la Arena porque se construyó donde originariamente hubo una arena romana. Giotto cubrió paredes y techos con escenas de la Vida de la Virgen y otras de la Vida de Jesucristo, un Juicio Final y hasta una serie de alegorías sobre el Vicio y la Virtud, en grisalla monocroma. Todo ello seguía un serio programa teológico, al parecer de inspiración agustiniana. Merece la pena echarle una ojeada a esta cucada de capilla.
 
Capilla fotografiada por © José Luiz Bernardes Ribeiro (2016)
CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

A pesar de hay quien considera a Giotto como el primer renacentista, lo cierto es que habitualmente se le incluye dentro de una fase de la pintura gótica, en concreto el «estilo italo-gótico» que se desarrolló en los siglos XIII y XIV (Ducento y Trecento).

En ese momento los pintores italianos realizaron grandísimos avances frente al arte bizantino, que ya digo que era el arte fetén desde hacía siglos, con hallazgos que fueron desarrollándose y difundiéndose por toda Europa: 

* la perspectiva y sensación de profundidad, 
* la expresión de los sentimientos a través de gestos o actitudes de los personajes,
* la representación más realista del cuerpo humano, de los edificios o de los paisajes
* las luces y las sombras, junto al colorido más amplio.

Y aunque el primer pintor diferente, original, fue este florentino Giotto, también ha de mencionarse a su maestro, Cimabue, y a Cavallini. Ya iremos viendo otros autores y otros lugares (Siena, Roma, Venecia, Padua, Ferrara…) donde vieron la luz tantísimas obras que están en nuestros libros de arte. Y de las que solo puedo traer aquí una minoría.

Giotto se me antoja una rara avis, parece que muchas cosas se crearon con él y no tuvieron una continuidad inmediata. Su sensibilidad me parece que enlaza más con los pintores de dos generaciones posteriores –ya renacentistas– que la inmediata en la que seguimos viendo esos fondos dorados tan bizantinos.

Si vais de viaje a Italia, hay destinos que parecen inevitables: Florencia, Roma y Venecia. Pero hay muchísimos otros sitios alucinantes, como Padua, Ferrara, Nápoles o Palermo. También te los vas a encontrar llenos de turistas, claro, pero seguramente no tantos por metro cuadrado como los Museos Vaticanos, por poner un ejemplo.

Para saber más, tenéis el artículo de la Wikipedia sobre esta Lamentación en concreto y sobre la Capilla de los Scrovegni, en general.

Os pongo otras poquitas imágenes archiconocidas de esta capilla:

La huida a Egipto


La matanza de los inocentes
(c) José Luiz Bernardes Ribeiro
El beso de Judas


       Pero vamos, que de un gran maestro como Giotto existen numerosas obras muy conocidas. Por no abrumaros y que esto no se me haga interminable, incluiré solo tres más. 
La donación de la capa, 1297-1299
Fresco, 270 x 230 cm
Iglesia superior, basílica de San Francisco, Asís
San Francisco recibiendo los estigmas, h. 1297-1299
Temple y oro sobre madera de álamo, 313 x 163 cm
Museo del Louvre, París

La madona de Ognissanti, h. 1310
Temple sobre madera, 325 x 204 cm
Galería de los Uffizi, Florencia

        

Por cierto, que la obra de Vasari es siempre interesante de ver. La versión que yo tengo es la antología de Tecnos / Alianza, en reimpresión de 2006. La traducción, estudio, selección y traducción la hicieron María-Teresa Méndez Baiges y Juan-María Montijano García.

sábado, 25 de abril de 2020

#40 Catedral de León

Fachada occidental (izda.) y meridional (drcha.)
Por LBM1948 (2010)
[[CC BY], vía Wikimedia Commons

                       
Ubicación: León (Castilla y León, España)
Fecha: 1205 – 1301
Estilo: Arte gótico
Tipo de edificación: religioso




Mi catedral gótica favorita

España es un país lleno de edificios históricos y artísticamente alucinantes. ¿Cuán de ellos fue el primero en ser declarado oficialmente «monumento»? Pues esta catedral, por Real Orden de 28 de agosto de 1844.

Claro que entonces la edificación estaba un poquito tocada. Había que restaurarla, y se lo encargaron a un arquitecto primero y luego a otro que, pobrecicos, aparte de desmontar partes, no parece que supieran después como reconstruir.

Hasta que, en 1868, se lo encargaron al arquitecto Juan de Madrazo (1829-1880), amigo de Viollet-le-Duc. Conocía el gótico francés, y cómo se construía. Así que se dedicó a poner cimbras y reconstruir arcos y bóvedas en lo que fue la culminación del «neogótico». Seguía las tendencias racionalistas del arquitecto francés, frente a lo que era un historicismo más bien romántico. A pesar de su buen hacer, acabaron cesándolo, por aquello de que era al parecer ateo y el ambiente político y social había cambiado.

A esta catedral la llama Pulchra leonina, es decir, la «bella leonesa», nombre que ya te pone de manifiesto que si entras en este templo encontrarán ante todo, armonía, belleza.

Hará un par de años que la visité por última vez. Era invierno, diciembre, y hacía el típico tiempo leonés, ni frío ni calor: 0 º a las doce del mediodía. Envuelta en nieblas y frío resplandecía con esa belleza diamantina, en una experiencia que fue inolvidable.

Esta catedral la empezó en 1205 Alfonso IX de León, pero la obra sufrió un parón y fue reanudada por su nieto, Alfonso X el Sabio.

El origen de la ciudad de León es romano, como asentamiento de la legión VII Gémina Pía Félix. La propia catedral se asienta sobre lo que en aquella época eran unas termas. León es en cierto modo un cruce de caminos, porque aparte de ser un hito en Camino de Santiago, esa gran ruta que he mencionado aquí unas cuantas veces, a ella llegaba, desde el sur, la vía de la Plata.

Pertenece al estilo gótico y, dentro de él, a la fase clásica, como otras catedrales que ya he mencionado aquí, la francesa de Reims o la española de Burgos

Planta de la catedral
El claustro es posterior
Por Gerardo Rosa Grosasm (2008)
[Dominio público] Vía Wikimedia Comons

Para lo que era una construcción en aquella época, se terminó –en lo esencial– pronto. Esto permitió que hubiese una gran coherencia en el estilo, siendo la más armoniosa de las catedrales españolas. Yo creo que es eso por lo que me gusta, porque se adapta a mi gusto un poco cuadriculado de que todo tiene que seguir las pautas marcadas en la ficha: un edificio gótico es así; y me perturban los añadidos y pegotes posteriores.

Incluso las obras posteriores respetaron el plan precedente. El claustro y la torre norte se terminaron en el siglo XIV, la sur en el XV. También es verdad que la restauración del siglo XIX cambió algunas cosas, como por ejemplo, montó un hastial neogótico en lo alto de la fachada occidental, que sustituyó el remate plateresco del siglo XVI.

Se construyó en el mismo siglo que las grandes catedrales de la Isla de Francia (Chartres, Reims, Amiens). Por ello no es de extrañar que siga con tanta fidelidad ese modelo, particularmente el de Reims. Es, sin embargo, más corta, ya que la catedral de León mide 90 metros de largo cuando la de Reims, si os acordáis, alcanza los 138 m. Por lo que se refiere a la altura, también es un poco más baja: 30 m, mientras que Reims se alza hasta los 38 m.

Se le ha llegado a llamar «la más francesa de las catedrales españolas».

En la propia planta ya se ve esta influencia francesa. Es una iglesia con planta de cruz latina, de tres naves, y con anchura en el crucero y el presbiterio. La girola es bastante amplia, lo que resulta propio de los edificios del Camino de Santiago, para permitir la circulación de peregrinos. A su alrededor hay hasta nueve capillas de forma hexagonal.

Fachada occidental
Por Luis-Miguel Bugallo Sánchez
[CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons

La fachada también te muestra ese modelo francés, con tres portadas y rosetón central, como la de Reims. Eso sí, aquí no se pudieron rosetones en el tímpano, sino que continuó dedicándose ese espacio a la escultura. En el centro de la fachada occidental, sigue tratándose el tema clásico del Juicio Final. Sobre el parteluz, una imagen de la Virgen Blanca, lógico en un templo dedicado a Santa María. La que se ve ahora en el exterior es una reproducción: la original se encuentra en la Capilla de la Virgen Blanca, marcada con el n.º 19 en el plano superior.

Se considera que el arquitecto que trazó las líneas de esta catedral fue francés, conocido por varios nombres como maestro Enríque, Enríquez o Enrique Francés, quien trabajó también en la de Burgos.


Rosetón central, por Luis-Miguel Bugallo (2014)



Si por algo destaca esta catedral entre todas las españolas de la época es por sus maravillosas vidrieras. En época gótica, las imágenes se encuentran en cuatro soportes: muros, tabla, miniaturas en libros y vidrieras. Pues bien, en España esta última forma está poco representada, siendo la notable excepción esta catedral de León.

En esto supera al modelo de Reims y se acerca más a los logros de una Santa Capilla de París o a la catedral de Chartres. Se conservan la mayor parte de las vidrieras originales y es realmente uno de los edificios con más vidrieras por metro cuadrado que puedas encontrarte.

La vidriera era más frecuente en lugares sombríos como el norte de Francia o Inglaterra. Allí era preciso aprovechar la posibilidad técnica de vaciar el muro para que entrara más luz en el templo. Aquí no hace tanta falta, por eso en España e Italia el gótico es tan peculiar: no se necesita tanta altura ni diafanidad.

Es habitual en las vidrieras que haya rojos y azules. Este último color es el que predomina en León. Pero también introducen el cromatismo mediterráneo, recurriendo a una gama de otros tonos más claros, como el verde o el amarillo.

Y, ¿qué se puede ver representado en estas vidrieras?

Pues la cosa es que está bien meditado el asunto. Aquí no es que cada artista vaya componiendo las escenas que le den la gana, no: había una creencia propia de la época sobre cómo se dividía el mundo y así había que representarlo.

En la parte inferior encontramos lo más elemental: el mundo vegetal y el trabajo de los hombres comunes y corrientes.

Las vidrieras del triforio central están dedicadas al hombre noble. Hallamos ahí escudos heráldicos y figuras profanas.

La parte superior, el claristorio, se dedica a lo más elevado, la divinidad, la historia sagrada. Pero también aquí hay un orden: en el frío lado septentrional están representadas escenas del Antiguo Testamento y en el opuesto, el cálido meridión, del Nuevo. Daos cuenta que esto alude sutilmente al hecho de que así representaban el hecho de que los personajes veterotestamentarios no habían recibido aún la luz de Cristo porque en este hemisferio, al norte se recibe menos luz.
 
Interior fotografiado por Nieves Caridad Gómez (2014)
[CC BY-SA 3.0] Vía Wikimedia Commons

 El interior es simplemente... inspirador... Te quedas allí dentro, en silencio, elevando tu mirada hacia los arcos apuntados, a los vitrales que lo cubren todo... A ese triforio, por ejemplo, fijándose en esas curvas y complejidades y que, en los extremos, adoptan la sencillez de pequeños arcos lanceados

 ¿Qué queréis que os diga? Guardo un recuerdo muy impresionante de este edificio. Tal vez fuera el frío, la soledad de diciembre, la pureza de las líneas, sin añadidos barrocos que lo entorpezcan... Para cuando se pueda volver a viajar, León es uno de esos destinos ideales para el fin de semana. Primero, por sus monumentos de diferentes épocas, como los maravillosos frescos románicos de San Isidoro o el renacentista San Marcos. Y, segundo, por el ambientillo que tiene una ciudad universitaria.

Para saber más de esta edificación, como siempre, tenemos la Wikipedia, con un artículo bastante detallado. El Auriga del Arte le dedicó dos vídeos; os dejo enlace al vídeo de unos nueve minutos sobre el maravilloso interior.

martes, 21 de abril de 2020

#37 Tablas Alfonsíes





Objeto: relicario
Material: madera, plata, gemas
Fecha: h. 1272
Lugar actual: Tesoro de la catedral, Sevilla (Andalucía)
Época: Edad Media


Una joya de la orfebrería del siglo XIII


No sé cuántos reyes o emperadores de la historia universal habrán llevado el apelativo de «Sabio», pero no me cabe mucha duda que, de todos ellos, ninguno tuvo un papel tan destacado como Alfonso X de Castilla en la literatura de su país.

No solo compuso poesía en galaico-portugués, sino que también se debe a él una ingente producción en castellana en prosa. Cuando se habla de Tablas alfonsíes, se suele pensar en un libro de astronomía que promovió. Pero dentro de las artes aplicadas encontramos otras Tablas alfonsíes o alfonsinas, una obra de orfebrería custodiada en la catedral de Sevilla.

El 10 de enero de 1284, Alfonso X dictó su última voluntad, que la mencioné al hablar de la Biblia moralizada de San Luis. Aparte de decir lo que había que hacer con su cuerpo, legaba objetos concretos. Y, en particular, este relicario lo dejó a la catedral de Sevilla con la condición de que su cuerpo quedara allí.

Al parecer consta documentalmente que a partir de ese año se colocó en el altar mayor de lo que para entonces era una iglesia cristiana y que, obviamente, había sido antes una mezquita almohade. Después se construyó la actual catedral de Sevilla y en cualquier caso ahí ha estado desde el siglo XIII hasta la actualidad.

Sobre la fecha de realización, he visto como probable el período 1252-1284, y en un caso dicen que hacia 1272 en concreto. La autoría no queda clara. Tradicionalmente se dice que fue de un tal maese Jorge, que vivía en Toledo en el año 1279 y al que se menciona en las Cantigas; otros hablan del «platero Juan de Toledo».

Parece, sin embargo, que fue más bien obra de los famosos orfebres que por entonces había en Sevilla. Hasta se han dado dos nombres: Lorenzo y Nicolás.

Es verdad que algunos elementos han tenido que traerse del exterior, en particular los camafeos, porque no se conocen talleres de piedra dura en la península Ibérica del siglo XIII.

Se ve que está formado por tres hojas. Abiertas, se pueden sobreponer a la mesa de altar. Cuando cierras las puertas laterales, el relicario queda cerrado.

El cuerpo está formado por madera de alerce. Lo recubren chapas de plata sobredorada y repujada. Si se ve el diseño general, salta a la vista que está hecho en cuadrículas, en casetones.

Incrustadas tiene gemas (amatistas, esmeraldas) así como piedras duras (camafeos en ágata), perlas y esmaltes con motivos heráldicos. Los historiadores del arte se han centrado en el análisis de los camafeos del anverso.

El de ágata que se contiene en el casetón central representa a la Theotokos: una representación de la Virgen con el Niño. A un lado, está San Gregorio Nacianceno y al otro, San Juan Crisóstomo.

En otro hay una representación de un unicornio, animal cristológico que no se representaba en el siglo XIII tanto como en los dos siglos siguientes. Se encuentra este camafeo en la hoja lateral izquierda, abajo, al centro. Hay un árbol con un hombre y una mujer tocando música: él una flauta y ella un tímpano o pandero. En lo alto del árbol otro personaje alza la mano sosteniendo un objeto circular que no se sabe bien lo que es. Y por debajo, el unicornio y un dragón. Se cree que es una versión de la leyenda de Barlaam y Josafat no claramente identificada, pero posiblemente de origen griego. En uno de los cuentos asociados a Barlaam se dice que habla de un hombre que ve venir un unicornio y se sube a un árbol, pero a saber, estas cosas de la iconografía son tan complejas que hay que ser un auténtico experto y a mí realmente me sobrepasa.

En los camafeos de la parte exterior se distinguen motivos alegóricos relacionados con la historia de la Redención.

En el reverso de las Tablas se pueden ver medallones con escudos de Castilla y León, así como representaciones de la Anunciación y la Adoración de los Reyes Magos.

La función de este objeto es servir de relicario: en los casetones se guardan –he leído por ahí– más de trescientas reliquias de santos, algunas cubiertas por cristales de roca.

En la época gótica, la orfebrería tuvo un enorme desarrollo, y este es un fantástico ejemplo. A lo largo de toda la Edad Media, eran habituales estos relicarios con forma de escultura, incluyendo muchas veces ejemplos de otras técnicas propias de las artes menores, como las labores de esmalte o las tallas de camafeos.

Muestra influencia mudéjar, como es propio de un objeto elaborado en aquella sociedad compleja, donde vivían diversas culturas. Alfonso X lo encargó como forma de alabanza a la Virgen María, en una época en que la religión lo permeaba todo. Había una particular devoción mariana, y el rey lo demostró con sus Cantigas a Santa María.

Imagen de las Tablas alfonsíes junto a la Virgen de las Batallas y las llaves de Sevilla, en una vitrina del tesoro de la catedral de Sevilla.
Enrique López-Tamayo Biosca (2013)
[CC BY 2.0], vía Wikimedia Commons

Se expone en la Sacristía mayor de la catedral de Sevilla (España), siendo la pieza de plata más antigua que atesora ese templo. Como se ve en la ilustración superior, están acompañadas por la Virgen de las Batallas y las llaves de la ciudad de Sevilla.

Me voy a centrar un poquito en las llaves de las que hablan en extenso aquí

Al parecer, cuando el rey castellano Fernando III conquistó la ciudad, le dieron dos llaves: una el musulmán Axataf y otra la entregó la comunidad hebrea. La primera sería la pequeña, de hierro forjado, y con inscripciones en caracteres cúficos que dicen «Concédenos, Alá, el beneficio de la conservación de la ciudad» y «De Alá es todo el imperio y poderío». La segunda, la de los judíos sevillanos, sería la mayor, de plata sobredorada, y en ella se lee «Rey de Reyes abrirá: rey de toda la tierra abrirá» en hebreo y «Dios abrirá: Rey entrará» en castellano.

Un par de blogueros se quejan de que esta vitrina está un poco demasiado baja. No sé, porque aunque he visitado Sevilla, no he entrado en la catedral. Ahora que lo pienso, es un bonito viaje que puedo hacer cuando pueda otra vez hacer turismo. A los sevillanos les gusta decir que Sevilla es la ciudad más bonita del mundo. Desde luego, tiene arte, historia, gentes bien majas pero con su retranca... Sí, tal vez debería pensar en un viaje así.

Si queréis saber más sobre esta obra, u otras del tesoro hispalense, podéis visitar la página web de la archidiócesis de Sevilla.

⛥ ⛛ ⛥⛭⛰⛯ ⛛ 

No me resisto a mencionar un poquito más de las Tablas alfonsíes, el libro.

El rey Alfonso X promovió que se confeccionara, corrigiendo y actualizando las Tablas toledanas del siglo XI.

Recoge las observaciones de los cuerpos celestes entre 1263 y 1272, conforme el meridiano de Toledo, que hicieron los astrónomos reales Isaac ben Sid y Judah ben Moses.

Muchas cosas destacan de este libro. Por ejemplo, era la primera vez que un rey cristiano occidental imitaba a los monarcas orientales patrocinando este tipo de investigación, más habitual en el Oriente islámico.

También llama la atención que los astrónomos fueran judíos, y no musulmanes, como era habitual.

Tiene la curiosidad de que se puede usar tanto con el calendario solar cristiano como el lunar islámico, pues incluye fórmulas de conversión.

Es una obra con una enorme difusión, porque había una seudociencia, la astrología, que montaba historias imaginarias aplicables a todo (desde la salud a los matrimonios) sobre datos objetivos como eran las observaciones reales del cielo. Se conocieron y reprodujeron en los siglos siguientes por toda Europa, destacando la copia parisina.

Gracias a estas tablas, Alfonso X fue conocido en Europa, durante siglos, sobre todo como científico.

Fue el único libro astronómico alfonsí que llegó a imprimirse, en Venecia, en el año 1483. No se conserva el manuscrito original, pero sí unos cuantos ejemplares de esta editio princeps, en varias bibliotecas. Curiosamente, también en la Biblioteca de la Catedral de Sevilla, que guarda un ejemplar donado por Fernando Colón.

Como siempre, salvo otra indicación, las imágenes proceden de Wikimedia Commons.

domingo, 19 de abril de 2020

#39 Catedral de Reims

Fachada occidental
Por Michal Osmenda (2012)
[CC BY 2.0], vía Wikimedia Commons




                       
Ubicación: Reims (región de Gran Este, Francia)
Fecha: 1211 – 1275
Estilo: Arte gótico
Tipo de edificación: religioso




En Reims coronaban a los reyes de Francia, donde bautizaron a Clodoveo

Reims fue la Durocortorum de los romanos. Donde hubo unas termas se construyó después una iglesia. Aquí se supone que se bautizó a Clodoveo, rey de los francos, y se consagró el emperador carolingio Ludovico Pío. Así que no es de extrañar que cuando Enrique I buscaba darse lustre, siendo como era en la práctica rey de un territorio diminuto (se le llamaba «rey de París») decidió que lo coronasen como rex designatus en Reims. Era el 14 de mayo de 1027. Le cogió gusto y acabó casándose allí, en 1051, con Ana de Kiev.

Así se instituyó una tradición que duró hasta el 28 de mayo de 1825, cuando coronaron aquí al último rey borbón de Francia, Carlos X. Sería también la última coronación.

Obviamente, ni Clodoveo ni Enrique I se coronaron literalmente en esta catedral, sino en la catedral carolingia que resultó destruida por un incendio el día de San Juan ante la Puerta Latina del año 1210. Fue entonces cuando Aubry de Humbert, arzobispo de Reims, decidió levantar una catedral nueva siguiendo el modelo de Chartres, pero perfeccionándolo.

Por lo tanto, aunque no es la primera catedral gótica de estilo clásico, sí que es el más acabado ejemplo del estilo. Tardó relativamente poco en construirse, entre el siglo XIII y el XV, y esto ha servido para que el estilo sea bastante homogéneo, sin pegotes. Se sabe el nombre de los arquitectos que fueron sucediéndose en la construcción: Jean de Orbais, Jean-le-Loup, Gaucher de Reims y Bernard de Soissons

Es una iglesia con planta de cruz latina y tres naves. La central, más alta que las laterales. Es un edificio un poco más largo que el de Chartres (138 metros de largo, frente a los 130 m de Chartres); la altura de ambas catedrales es más o menos la misma (38 m Reims, 37 m Chartres).
 
Planta de la catedral
Se señala la ubicación del laberinto

Los muros están ocupados por muchos vanos con vidrieras. Como no pueden sostener el peso de las bóvedas, los arquitectos góticos recurrían a arbotantes que cargaban con él. Aquí no se oculta el arbotante, sino que queda al aire, como si fuera un adorno más. 

Vidrieras y arbotantes son, junto al arco ojival, los elementos más reconocibles de la arquitectura gótica clásica.


La fachada occidental

Destaco la fachada occidental porque se la considera la más perfecta dentro de este estilo. En conjunto, transmite esa tendencia hacia lo alto, que se suele asociar a la espiritualidad.

Parece una fachada idéntica a otras que hemos visto: tres cuerpos, tres calles, tres grandes portadas que se corresponden con cada una de las tres naves. En cada una de las tres entradas, hay un tímpano enmarcado por arquivoltas, jambas a los lados, y un parteluz. Lo visto, ¿no?

Sin embargo, si nos fijamos bien, hay cosas muy particulares en esta iglesia. En vez de esculpir figuras o escenas en cada tímpano, le plantan un rosetón. Y luego, encima, le ponen un gablete. En ese gablete central se ve una Coronación de la Virgen
Escena de «La coronación de la Virgen», en el gablete central
Por Tony Bowden (2011)
[CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons
Y es que la portada central está dedicada sobre todo a María, la madre de Jesús, como es propio de una catedral dedicada a Nuestra Señora (Notre-Dame). Por ejemplo, hay una escena de la Visitación de la que hablaré luego.
 
Rosetón de la fachada
Por Fab5669 (2013)
[BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons

Un rosetón domina el centro de la fachada. Por encima, se alinean una serie de figuras en hornacinas. Y, a ambos lados, se alzan dos macizas torres que, al parecer, nunca se finalizaron.

El rosetón se ha construido utilizando un sistema llamado tracería de barras, que en Reims se utilizó primero en la parte del claristorio o del coro (no sé cual de las dos, porque lo he visto referido a ambas). En este tipo de tracería, las piezas de piedra son más pequeñas y tienen por dentro varillas de metal que une unas a otras. De esta manera se consiguen figuras más delicadas.

Anteriormente, en el gótico, como se puede ver por ejemplo en Chartres, se usaba la tracería geométrica o de placa, que necesitaba piezas pétreas más gruesas que conectaban a la pared o estaban integradas en los muros circundantes.

Gracias al sistema de barras se crearon figuras más curvadas y elegantes, lo que daría lugar a los intrincados dibujos del gótico flamígero, en época posterior. Además, técnicamente, suponía una mejora en dos sentidos: se manejaba mejor y resultaba más económico.



Las esculturas de las portadas

En la catedral de Reims es más evidente que nunca ese rasgo de la escultura medieval de estar al servicio de la arquitectura, especialmente en las grandes portadas. Proliferan las esculturas por todas partes, hasta el punto de que, quien las ha contado, dice que es la catedral gótica que más tiene, después de Chartres.
 
Portal central de la fachada occidental
Poudou99 (2013)
[CC BY-SA 4.0], vía Wikimedia Commons

Las esculturas lo inundan todo: el parteluz entre las puertas, el dintel, las jambas, las arquivoltas, y los gabletes. Suele decirse que es en Reims donde la escultura gótica alcanza su plena madurez, de una calidad irrepetible.

Estas figuras, sobre todo las de las jambas, no son rígidas, sino que se mueven, se relacionan unas con otras, los paños presentan unas características ondas o arrugas. Parece que van a cobrar vida, se miran y se relacionan entre ellas y con los fieles que acuden a la catedral.

He visto fechas diferentes para estas esculturas del pórtico central: entre 1220 y 1240 o hasta 1260. También es verdad que no resulta tan homogénea como, por ejemplo, Amiens: se nota en Reims la mano de diferentes artistas y estilo escultórico

Algo maravilloso que se puede ver aquí es esa dualidad del arte europeo occidental entre lo realista y expresivo (característico del centro del continente) y lo idealizado y armonioso (el clasicismo mediterráneo). Y es que prácticamente toda obra de arte de Europa occidental puedes clasificarla dentro de una de esas dos tendencias: lo que podrías considerar un clasicismo de raigambre helenística y un expresionismo más norteño. Pues bien, esta combinación de tendencias se ve también en la escultura gótica, y Reims no es una excepción.

Detalle del Ángel de la Sonrisa
Por Vassil (2007)
[Dominio público]
Vía Wikimedia Commons

         Tomemos, por ejemplo, la más famosa de las esculturas: el Ángel de la Sonrisa, que se ha datado del período 1236-1245. 

En realidad, hay más ángeles sonrientes en las portadas de Reims, pero este en particular fue bautizado así en la Primera Guerra Mundial. 

Aquí se ve ese naturalismo, un aire algo soñador, con una expresividad muy centroeuropea que se desarrollará en la escultura gótica posterior. Un ejemplo de esta tendencia centroeuropea lo vimos ya en la famosa Uta de Naumburgo, una de mis esculturas favoritas ever y coetánea de estas (1243-1249).

Vámonos ahora a ver otro ángel sonriente que, dos esculturas más acá, tiene una Visitación de la Virgen.

Este otro fragmento de la portada se data de 1230-1260. 

A la izquierda se ven dos ángeles. El de la izquierda de todo, un ángel sonriente muy centroeuropeo. 

Las dos figuras de la derecha constituyen una Visitación. En ellas, sobre todo la segunda por la derecha, se nota un clasicismo casi griego, en la pose, la expresión hierática, la armonía de los paños.
La Visitación, por Szeder László (2007)
[CC BY-SA 4.0], vía Wikimedia Commons

Interior


Como curiosidad, os contaré que hubo en su interior un laberinto, cuyo trazado sirvió de inspiración al emblema de los monumentos históricos franceses: seguro que lo habréis visto más de una vez al turistear por tierras gabachas. Lo destruyeron en 1779, porque al parecer a los canónigos de la catedral les molestaba el ruido de la gente que lo recorría. Ahora, a veces, montan espectáculos proyectándolo sobre el suelo.
Logo de los monumentos históricos de Francia
Por Rollet de Garcin (2017)
Dominio público


No es algo inusual. En muchas iglesias cristianas hay trazados laberintos, como se puede leer en este interesante artículo de Labolab. El elemento pagano que recuerda la historia del Minotauro se transforma en un símbolo cristiano del tortuoso caminar humano por este valle de lágrimas; también se interpreta como una forma simbólica de peregrinación a Jerusalén, considerada el centro del mundo. Tuvo particular auge en la época gótica, y se puede ver en iglesias desde Rávena hasta Cornualles. Es muy famoso el de la catedral de Chartres.

Como ya he dicho antes, Reims es un ejemplo de la fase clásica del gótico francés. Si en el siglo XII predominó el cisterciense, el XIII es la época clásica.
 
Interior de la catedral hacia la cabecera
Por Michal Osmenda (2012)
La más antigua de las catedrales de esta época es Chartres, a la que las demás (Reims, Amiens, Le Mans y Bourges) tomaron como modelo. Presentan ciertas características comunes, algunas ya mencionadas, como la planta o las tres naves, siendo la central más alta que las laterales. Además de eso, el crucero queda casi en el centro, a la girola la rodean una serie de capillas, un par de sólidas torres normandas flanquean la fachada principal, donde destacan tres portadas ornamentadas con estupendas esculturas. La diferente altura de las naves remarca la sensación de elevarse al cielo, aprovechándose los muros para abrir ventanales con vidrieras maravillosas.

He preferido traer esta por varias razones: es el modelo perfeccionado de catedral gótica, tiene una historia estrecha con la monarquía francesa (algo que le encanta a una monárquica como yo) y además tiene esas maravillosas esculturas que ejemplifican las dos tendencias del arte occidental.

Por su historia, la catedral de Reims es todo un símbolo de Francia, y por ello los alemanes, a mala baba, la atacaron en la Primera Guerra Mundial. El obús que lanzaron contra ella el 19 de septiembre de 1915 incendió la catedral y abatió al Ángel de la Sonrisa, que quedó partido en trozos. Se recogieron, se guardaron y la escultura se restauró después de la guerra; la repusieron en su lugar el 13 de febrero de 1926.

Como se ve, la catedral ha sobrevivido a guerras e incendios. La «Catedral de Notre-Dame, antigua abadía de Saint-Remi y Palacio de Tau, Reims» forman un lugar Patrimonio de la Humanidad, en la lista de la unesco desde 1991, y en su página web dice por qué

La notable aplicación de las nuevas técnicas arquitectónicas del siglo XIII y la armonía entre las esculturas y los elementos arquitectónicos ha hecho de la catedral Notre-Dame de Reims una obra maestra del arte gótico. La antigua abadía donde yacen los despojos mortales de Saint-Remi (440-533), el arzobispo que instituyó la unción sagrada de los reyes de Francia, ha conservado una hermosa nave del siglo XI. El palacio Tau, residencia de los arzobispos de Reims y escenario importante de la ceremonia de la unción real, fue reconstruido casi por completo en el siglo XVII.

Para saber más de esta edificación, como siempre, tenemos la Wikipedia, con un artículo que es de los suficientemente extensos. La escultura del ángel de la sonrisa también tiene entrada propia.