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domingo, 15 de marzo de 2026

«El ejemplo de Vasili Grossman», de Shimon Márkish

 

Pues ya son cinco las reseñas que he hecho en el programa Masa Crítica de Babelio. En general, cojo ensayos de temas que sé que me van a gustar, pero es que esta vez me ha encantado.

Shimon Márkish, «El ejemplo de Vasili Grossman» se publicó en 1985, el año que se puso en marcha la perestroika. Analiza la vida y obra de Grossman en relación con un tema que quizá no fuera el principal de Vasili Grossman, pero que sí le interesaba a Shimon Márkish, el tema judío. 

Muy ameno, muy bien traducido, te va analizando la evolución del autor, desde sus obras iniciales de realismo soviético de los años treinta, pasando por cómo vivió la SGM como corresponsal, El libro negro que escribió junto a Iliá Ehrenburg, y la realización de su obra maestra, Vida y destino (Zhizn i Sudbá), inédita en la URSS, prohibida y que se salvó para la posteridad de chiripa. Grossman murió en 1964, y Vida y destino no se publicó hasta el año 1980, gracias a los esfuerzos, entre otros, del propio Shimon Márkish, y de Efim Etkind.

A ver si algún día hablo aquí de ella. Para mí, es el novelón de la Europa del siglo XX, porque trata del acontecimiento que a mí me parece central de nuestra historia, en esa centuria, la Segunda Guerra Mundial, con el enfrentamiento de dos ideologías totalitarias, que aplastaban y esclavizaban a sus propios ciudadanos. 

Como sé que es difícil que te escojan en Masa Crítica, le estoy muy agradecida a Ediciones del Subsuelo la oportunidad de conocerlos a través de este ensayo. Creo que no había leído hasta la fecha ningún libro suyo.

jueves, 4 de abril de 2024

#13 Itinerario de Egeria



Itinerario de Egeria

 

Título original: Itinerarium Egeriae / Peregrinatio Aetheriae / Peregrinatio ad Loca Sancta

Autor: Egeria

Año: 381 - 384

Género: Ensayo / autobiográfico

Tema: Historia / Viajes

 

«Yo, que soy un tanto curiosa...»

 

Mujeres viajeras las ha habido, ya veis, toda la vida del Señor.

Yo a Egeria la pondría de «santa patrona» de las senderistas, montañeras y caminantas que por el mundo andamos. Es verdad que no fue la única, ya que antes que ella, por ejemplo, a la hispana Melania la Vieja le dio por ir a Egipto.

Era un turismo religioso, puesto de moda por los «hallazgos» de Elena, la madre de Constantino, en Tierra Santa, cosa que habría ocurrido unas décadas antes. A muchos les dio por ahí, si gozaba de ricos posibles.

Durante mucho tiempo se creyó que esta Egeria era una monja. Sin embargo, parece que cuando ella vivió, a finales del siglo IV, realmente no había monasterios femeninos tal como existieron después. 

Tú lo lees y te das cuenta de que esta señora debió ser otra cosa, una dama con parné e influencias.

Procedía de la Gallaecia (o sea, el noroeste de Hispania) y viajó hasta Oriente. 

Todos estos turistas religiosos aprovechaban la globalización que supuso el imperio romano. Podías viajar de una punta a otra del imperio gracias a calzadas en condiciones, o mediante la navegación por el Mare Nostrum, en el camino encontrabas dónde descansar, y contaba con un sistema monetario más o menos estable.

Esta mujer viajaba a su aire, hacia donde le apetecía o había algo que le llamaba. A veces llevaba con escolta. Allá donde llegaba, todo eran facilidades por parte de los religiosos que la recibían, incluso le daban regalos o recuerdos.

No es de extrañar que haya quien elucubre que podría estar relacionada con la familia imperial. Procedía de Hispania, lo mismo que el el emperador que regía entonces, que era ni más ni menos que Teodosio el Grande. Pero vamos, esto no está demostrado. 

Que tenía una buena posición se pone de manifiesto, para mí, en la propia seguridad en sí misma que demuestra. Preguntaba, sin cortarse, sobre aquello que le llama la atención. Ella misma se llama curiosa.

Vimos desde el camino un valle hermosísimo que se abría a nuestra izquierda, un valle enorme que enviaba al Jordán un torrente muy dilatado. Y en dicho valle divisamos la ermita de un hermano que vive allí actualmente como monje. Entonces yo, que soy un tanto curiosa, pregunté enseguida qué valle era aquél para que un santo monje hubiera plantado allí su eremitorio; pues imaginaba que no lo habría hecho sin alguna razón poderosa.

Se supone que su peregrinación por Oriente Próximo se desarrolló entre los años 381 y 384. Para entonces, el imperio romano era ya un imperio cristiano. Justo antes, en 380, el edicto de Tesalónica impuso el cristianismo como la religión oficial del imperio.

En su viaje por lo que hoy es Egipto, Israel, y otros lugares, Egeria solía hacer más o menos lo mismo. Subiera a una montaña o llegara a otro lugar bíblico, ella con sus religiosos acompañantes, se leía la parte de las escrituras que mencionaban ese sitio, comulgan y tras los rezos, un buen refrigerio.

Es uno de los primeros libros de viajes que se conocen. Ahora, no pretende ser enciclopédico y minucioso. Adopta el formato epistolar, cartas que cuentan a sus amigas dónde había estado, lo que había visto, anécdotas que las entretuvieran. Es, en ese sentido, entretenido, siempre que tengas un poco de idea de la geografía y el mundo de la época.

Yo me fijo, sobre todo, en cómo describe los ascensos a las montañas, porque refleja perspectivas y vivencias que podemos tener cualquiera que subamos a un monte.

La montaña, vista de lejos, parece ser una sola, pero una vez que te internas en ella, vas descubriendo cimas diversas, si bien es todo el conjunto lo que se llama Monte de Dios.

(...) Ese monte, digo, no resulta sin embargo visible a menos que te acerques hasta su mismo pie; eso, antes de ascenderlo.

Esta señora subió a unas cuantas cimas de esas que aparecen mencionadas en la Biblia, al Sinaí, al Tabor o al Nebo.

Me imagino a esta pizpireta señora, quién sabe, igual una domina de mi misma edad, cincuentona, con su séquito de acompañantes, soldados, religiosos, quizá alguna otra dama o doncella, montaña arriba, por senderos intrincados, entre zarzas y peñascos, hasta llegar a lo alto y ver desde allí todas aquellas tierras...

Egeria es uno de esos personajes «rescatados», en cierto sentido, cuando se empezó a mirar la historia con ojos femeninos. Se buscaba mujeres que se apartaban de estereotipos de género, que hacían algo diferente.

El problema –creo yo, que soy mera aficionada– estaba en que la historia, aunque ha existido siempre, se pretendió hacer científica en el siglo XIX. La mirada decimonónica era, digámoslo así, bastante victoriana, de manera que proyectaban al pasado lo que ellos creían que era «ley natural» de las cosas. La mujer diferente, si la encontraban (porque buscarla, no la buscaban nunca) era así como una aberración.

Sin embargo, cuando te pones a leer más historia, te das cuenta de que no. Las mujeres no estuvieron siempre tan encorsetadas como se piensa. Hay mucha más variedad en sus actividades que lo que pensamos. Hubo médicas, intelectuales y viajeras, lo mismo que comerciantes o artistas.

Quizá no hubiera muchas, pero posiblemente más de las que pensamos. Aunque había quien las criticaba, el que abundaran indica que se veía como algo posible, no rarezas de gentes extravagantes.

El Itinerario de Egeria tiene dos partes, una se dedica a la parte de viaje y la segunda se centra en Jerusalén, y las costumbres litúrgicas que se seguían allí. Además, faltan algunas páginas, las primeras, las que se supone que cuentan cómo esta señora de Galicia llegó a Oriente.

La versión que yo he leído es Viaje de Egeria: el primer relato de una viajera hispana, con edición de Carlos Pascual (2017), de La Línea del Horizonte Ediciones, el n.º 11 de la colección Cuadernos de Horizonte.

Recoge solamente la parte del viaje, y me parece buena opción. Los ritos jerosolimitanos de aquel cristianismo primigenio me interesa bastante menos. Llamará más a los estudiosos de esos temas. Pero al lector normal, creo que estas cosas son lejanas.

Esta edición incluye, a cambio, muy interesantes añadidos. Así, la introducción explica el estado actual de lo relativo a la autoría y cómo se descubrió, así como el entorno histórico en que se produce el viaje. Además, entre los textos adicionales está la «Carta de Valerio a los monjes del Bierzo» que permitió identificar a Egeria. Valerio murió en 695, o sea, que hablaba dos siglos después de que viviera esta señora, ya en la época de la España visigoda.

Ella, surgida en la más remota orilla del mar Océano occidental, se dio a conocer al Oriente... No quiso darse aquí reposo... Maceró aquí su cuerpo terrenal con fatigas terrenales... Se convirtió aquí en peregrina con espontánea libertad

 

Este Itinerario tiene página propia en la Wikipedia. 

 

A continuación, os pongo un mapa del imperio romano en el año 395, autor: FDRMRZUSA, [CC BY-SA 4.0], vía Wikimedia Commons:


sábado, 28 de octubre de 2023

#60 Si esto es un hombre

 

Si esto es un hombre

 


Título original: Se questo è un uomo

Autor: Primo Levi

Año: 1947

Género: Ensayo / autobiográfico

Tema: Historia / Segunda Guerra Mundial / Shoá

 

Abrumador testimonio

 

La trilogía de Auschwitz de Primo Levi es uno de los testimonios más sólidos de los totalitarismos del siglo XX en Europa. 

Unos libros imprescindibles para cualquier ciudadano europeo que quiera entender lo que somos, de dónde venimos, lo que ocurrió para que no vuelva a pasar. A los humanos del resto del mundo, bueno, les puede servir para entender un poco ciertas cosas, pero me parece necesario sobre todo para nosotros, para entender por qué un proyecto europeo común es imprescindible y es lo que consigue más paz y prosperidad.

Primo Levi fue un químico y escritor italiano, del Norte, que nació en Turín en 1919. Si habéis leído Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt, sabréis que el rodillo antisemita no actuó de idéntica forma ni siquiera en todos los países aliados de los nazis o invadidos por ellos. Dependía mucho de las fuerzas locales. Lo que pasó en Rumanía, por ejemplo, no tuvo mucho que ver con lo ocurrido en Bulgaria.

En Italia la cosa fue, pues eso, muy italiana. Los alemanes con sus normas y sus consignas, y los italianos dando largas con la burocracia. 

Pero es evidente que cuando podían echarle mano a algún hebreo italiano, los nazis no se lo pensaban. Cuando el joven Primo Levi fue detenido, actuando como partisano –ya en la época de la República de Salò–, acabó en un tren hacia Auschwitz.

Este libro relata su experiencia allí, desde marzo de 1944 hasta que el campo fue liberado por el Ejército Rojo, en enero de 1945. Él no tuvo que emprender las llamadas marchas de la muerte, pues estaba en la Ka-Be, enfermería.

Te cuenta cómo se ve reducido a ser una cosa, un animal, solo, él y su cuerpo desnudo, ya sin nombre, meramente un número tatuado 174517.

Los trabajos forzados, el hambre constante, la peculiar economía del campo, donde se comerciaba con lo que se tenía a mano, lo que se podía intercambiar, trapichear, robar,... las brutalidades cotidianas, las miserias como el verse privado hasta de zapatos o cucharas... las menciones de pasada a, por ejemplo, los desesperados que se tiraban contra el alambre de espino, para morir electrificados. Los números bajos y los números altos, los recién llegados, la selección al llegar y más tarde...

La vida brutal del Lager.

En la historia y en la vida, parece a veces discernirse una ley feroz que reza: «A quien tiene, le será dado; a quien no tiene, le será quitado». En el Lager, donde el hombre está solo y la lucha por la vida se reduce a su mecanismo primordial, esta ley inicua está abiertamente en vigor, es reconocida por todos.

La esperanza de vida es corta, y si te limitas a ser obediente, mueres pronto. No vale la pena ni hacerse su amigo, porque sucumbirán pronto.

Sucumbir es lo más sencillo: basta cumplir órdenes que se reciben, no comer más que la ración, atenerse a la disciplina del trabajo y del campo. La experiencia ha demostrado que, de este modo, sólo excepcionalmente se puede durar más de tres meses...

Se duda en llamarlos vivos: se duda en llamar muerte a su muerte, ante la que no temen porque están demasiado cansados para comprenderla.

Son los que pueblan mi memoria con su presencia sin rostro, y si pudiese encerrar todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen, que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensamiento

Los que sobreviven son los que se buscan la vida con lo que tienen. Algunos, colaborando con los opresores.

Con los adaptados, con los individuos fuertes y astutos, los mismos jefes mantienen con gusto relaciones, a veces casi de camaradas, porque tal vez esperan obtener más tarde alguna utilidad.

Si los hundidos no tienen historia, y una sola y ancha es la vía de la perdición, las vías de la salvación son, en cambio, muchas, ásperas e impensadas.

Se refiere a los Prominenz, los Kapos, los Scheissminister y Bademeister...

Son el típico producto de la estructura del Lager alemán: ofrézcase a algunos individuos en estado de esclavitud una posición privilegiada, cierta comodidad y una buena probabilidad de sobrevivir, exigiéndoles a cambio la traición a la solidaridad natural con sus compañeros, y seguro que habrá quien acepte. Éste será sustraído a la ley común y se convertirá en intangible; será por ello tanto más odiado cuanto mayor poder le haya sido conferido. Cuando le sea confiada el mando de una cuadrilla de desgraciados, con derecho de vida y muerte sobre ellos, será cruel y tiránico, porque entenderá que si no lo fuese bastante, otro, considerado más idóneo, ocuparía su puesto. Sucederá, además, que su capacidad de odiar, que se mantenía viva en dirección a sus opresores, se volverá, irracionalmente, contra los oprimidos, y él se sentirá satisfecho cuando haya descargado en sus subordinados la ofensa recibida de los de arriba.

Me doy cuanta de que todo esto está lejos del cuadro que suele imaginarse de los oprimidos que se unen, si no para resistir, cuando menos para sobrellevar algo.

Son estos personajes los que están ahí, en primer plano. Llama la atención que menos protagonismo tienen las SS o los nazis. Están ahí, dominando todo, pero quienes controlaban y oprimían diariamente al resto de los prisioneros eran esos, los Prominenz o los Kapos, delincuentes, políticos o gente de otras nacionalidades. Se ganaban un poco de privilegio a cambio de tratar brutalmente a otros desdichados.

No hay mejor astilla que la de la misma madera.

Más de una vez, no de forma tan dramática, claro, encontrarás lo mismo en la vida. Compañeros de los que esperas comprensión y solidaridad son, al contrario, los más crueles y hasta miran con desprecio a esos otros que no aprovechan la oportunidad de colaborar con el opresor. Y yo creo que el razonamiento mental de esta gente es el mismo, que si no lo hacen ellos, otros, más idóneos, ocuparán su puesto.

El estilo con que lo cuenta es del que te engancha. Levi lo relata con esa exactitud y hasta frialdad propia de un científico. Está construido por capítulos tirando a breves, y por ello relativamente fáciles de leer, un ratito, respiras hondo y sigues. 

No hay aquí desgarros, melodramas, nada parecido. Sólo la realidad, tal cual la vivió él, algo bastante insoportable. 

Tampoco salen las cámaras de gas, por ejemplo, o el exterminio. Ni opina sobre si esto está bien o mal. No. Ni si esto es peor que aquello otro.

Él, lo dice después, no es un juez, es un testigo. Cuenta lo que él vivió en su campo de trabajo, cómo eran esclavos a los que se exterminaba, normalmente, por agotamiento. Cuenta lo que vivió y también reflexiona sobre ello.

Leer este libro es, no lo voy a negar, angustioso. Cada vez que lo cogía era como sumergirme bajo el agua aguantando la respiración... Hasta que, ardientes los pulmones, ya no resistes más y lo dejas, subiendo a la superficie.

Y respiras hondo e intentas seguir con tu vida normal hasta la siguiente vez que te sientes para hundirte en aquella pesadilla.

Leo mucho, y veo documentales, y películas, sobre los totalitarismos que arrasaron Europa, y he visto cosas tremendas, y lo aguanto soportando ese dolor y sufrimiento como algo bastante ajeno... Pocas veces tengo tal sensación de congoja, por presenciar un horror tan abrumador.

Solo recuerdo otra ocasión en que me sentí así de mal, con un documental sobre el gulag soviético, cómo había esa máquina de represión política para suministrar constantemente esclavos a las grandes obras comunistas. Porque no nos engañemos, sin estos prisioneros políticos habrían sido imposibles aquellas obras colosales, infraestructuras, colonización o explotación de los recursos, principalmente en la época de Stalin. Aunque la motivación fuera política, la estructura de la represión era económica.

Son momentos en que me digo para qué recordar, revivir aquellos abusos, crueldades, que causaron tantísimo sufrimiento. Pero bueno, es debilidad por lo que me hace sufrir, emocionalmente. Luego me digo que es el tipo de cosas que hay que leer si quieres ser un ciudadano responsable que contribuya a tu sociedad y no seas un parásito irresponsable e ignorante. Para ser consciente, estar alerta ante cosas malas, porque el totalitarismo está ahí, entre nosotros, el odio y la intolerancia, el antisemitismo por ejemplo, siguen ahí, esperando el momento para manifestarse, de forma violenta y despreciable.

Las reflexiones de un Primo Levi te ayudan a entender cómo funciona el autoritarismo o el totalitarismo. Incluso diría que para que entendamos la esencia de qué es este tipo de situaciones, de regímenes, que ahora pueden existir con otras formas.

Es importante que persista la posibilidad de elegir tu propio camino, de que puedas ser diferente. No podemos todos pensar lo mismo.

No es sencillo sustraerse a todo condicionamiento, pero por lo menos es posible elegir el condicionamiento que uno prefiere.

En un Estado autoritario no es así. La Verdad es sólo una, proclamada desde arriba; los diarios son todos iguales, todos repiten esta única idéntica verdad; así también las radios, y no es posible escuchar las de los otros países... En cuanto a los libros, sólo se publican y se traducen los que agradan al Estado... Con los libros no gratos, o ya no gratos de épocas anteriores, se encienden hogueras públicas en las plazas...

Hay que estar alerta en cualquier entorno en que no haya opciones diversas, en que se machaque al rival político, en que haya una sola Verdad de la que no puedas disentir. Ahí tienes la semilla del totalitarismo. Donde se emplee la violencia para atacar al que piense diferente a ti, quites sus libros de bibliotecas, busques que pierdan su empleo, lo agredas por la calle,... sólo por pensar diferente a ti o tener otra opción política, o social, o forma de vida.

Ahí es donde ya existe el mal. En esos comportamientos fascistas no es que veamos el huevo de la serpiente, es que estamos ya con la serpiente nacida y crecida. 

La tolerancia no consiste en soportar al que piensa igual que tú, al contrario, es admitir al que piensa distinto y que los dos podamos convivir en paz.

La edición que tengo por casa de la Trilogía de Auschwitz es la de El Aleph Editores, en una edición de 2009. El prólogo lo firma Muñoz Molina. Una edición que está bien, sobre todo porque tienes los tres relatos en un solo volumen. La traducción está bien, aunque a veces alguna cosa me sonó rara.

Es interesante que el libro se remata con un apéndice de 1976. A lo largo de los años, Primo Levi trabajó no solo de químico, sino que escribió libros y dio conferencias. Contesta en este apéndice a preguntas habituales que le hicieron a lo largo de los años. Si los alemanes sabían o no qué pasaba, la ausencia en su libro de expresiones de odio contra los alemanes, si volvió a Auschwitz alguna vez, qué pasó con algunas de las personas que menciona en el libro o por qué habla de los Lager alemanes y no los rusos, del antisemitismo como fenómeno de intolerancia.

Te da cierta perspectiva sobre lo que has leído antes, y contesta a cuestiones que tú mismo has podido hacerte mientras estás leyendo.

Una de las cosas con las que más me quedo es con su respuesta a cómo es que él sobrevivió.

Recuerda que los supervivientes de los campos fueron muy pocos. Algo que dije aquí al comentar La lista de Schindler, película en parte tramposa, la versión hollywoodiense de la Shoah, porque no expresaba bien lo que esto fue. La historia de los campos es la de la muerte, no la de los pocos que sobrevivieron. 

Aquí lo recuerda Primo Levi, que por ejemplo de los deportados italianos sólo el cinco por ciento pudo regresar.

Y, de ellos, muchos perdieron la familia, los amigos, los bienes, la salud, el equilibrio, la juventud.

Él atribuye su supervivencia a que tuvo suerte y solo en menor medida (mucha) a otras cosas...

En muy pequeña medida jugaron los factores preexistentes, como mi entrenamiento para la vida en la montaña y mi oficio de químico, que me acarreó algún privilegio durante mis últimos meses de prisión.

Ya lo comenté en otro sitio, que la experiencia montañera te coloca en situaciones en que te ves reducido a lo esencial: refugio, agua, comida. Hasta yo he tenido momentos así, de sed y hambre, frío tremendo o calor insoportable, o que te falle el físico, o te rompas un hueso, y aun así tengáis que seguir porque el refugio (y el agua, la comida, el descanso, etc.) queda aún un poquito lejos. Entiendo perfectamente lo que dice Primo Levi de que en una pequeña (muy pequeña) medida, su experiencia montañera le ayudó.

Hombre, yo también diría que le ayudó ser un mocetón de veintitrés años.

 

Primo Levi en los años cincuenta, fotógrafo desconocido, de Editorial Mondadori (via Wikimedia Commons)

El primer capítulo de Si esto es un hombre, «El viaje», se menciona en un artículo publicado sobre los relatos que Primo Levi dedicó a la montaña, de Alejandro Pérez Vidal: «Apuntes sobre el alpinismo, "sucedáneo de los viajes”, en la vida y la obra de Primo Levi», en Quaderns d'Italià, 2019, núm. 24, p. 175-188 (https://doi.org/10.5565/rev/qdi.424).

martes, 8 de agosto de 2023

#1 El collar del neandertal

 



 

El collar del neandertal

 

Autor: Juan Luis Arsuaga

Año: 1999

Género: Ensayo de divulgación

Tema: (Pre) Historia

 

Un acercamiento amenísimo al hombre y su entorno

 

A principios de junio estuve por Madrid y aproveché para visitar la Feria del Libro. No había ido nunca.

Me llamaron la atención las colas. Algunas me las podía imaginar, como la de Juan Gómez-Jurado o Santiago Posteguillo.

De repente me di cuenta de que estaba firmando Juan Luis Arsuaga y me dije «venga, pásate por su caseta, compras el último libro que tenga y te lo firma». Me quedé muy sorprendida al ver la cola que tenía.

Esa no me la esperaba. Y tampoco la de Alberto Garín, historiador, por ejemplo, que hasta donde yo sé simplemente es conocido así popularmente por algún programa de You Tube.

No, no hice ninguna cola. Seguí paseando. Al fin y al cabo no soy tan fan como para estar allí media hora esperando para que me firme el libro. Ni él ni nadie.

Pero sí que me hizo pensar. ¿Cómo es posible que la gente esté haciendo cola por un paleoantropólogo...?

Es lo fantástico de los buenos comunicadores. Transmiten su pasión de tal forma que convierte a cualquiera en entusiastas de cosas tan especializadas y complejas como el estudio de la Prehistoria.

Este libro que aquí traigo es el primero que compré de Arsuaga hace... unos añitos. Es de 1999, aunque es la primera edición en Booket, de junio de 2012. Supone una fotografía del conocimiento sobre la Prehistoria existente en aquel momento. Descubrimientos posteriores corrigen o amplían cosas que se dicen en este libro.

Destacaría que es muy ameno. Aunque se centra en neandertales y cromañones, repasa también la evolución hasta llegar a ellos. Como el Homo habilis, el primero no exclusivamente forestal.

Sin excepción, los demás miembros de nuestro grupo de primates (gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés), y todos nuestros antepasados hasta ese momento son o eran habitantes del bosque.

Del habilis y su modo I de industria lítica, el olduvayense, pasamos al II (achelense, con sus bifaces), que atribuye al Homo ergaster. En esto, El collar del neandertal contrasta con otros libros que he leído. Lo que aquí atribuye al ergaster en otros lo he visto más referido al Homo erectus. No queda claro si son o no la misma especie. Si lo son, se llama Homo erectus.

Es este ergaster (o erectus, en otros libros) el que sale de África y se distribuye por Eurasia. La nomenclatura me acabó liando un poco, en comparación con la terminología de otros autores.

Los homínidos... antes del Homo ergaster pertenecen sin excepción al tipo de las especies de hábitat restringido.

¿Qué pasó para que unos primates, los homínidos, salieran de ese entorno limitado y poblasen zonas del planeta con climas tan diferentes?

La flexibilidad ecológica se la proporcionó un único órgano: el cerebro.

Seguimos con las piedras que dejaron. El modo III, musteriense, aparece ligado a los neandertales. Y se acaba con el modo IV, la rica producción de objetos atribuida al Homo sapiens, que empieza con auriñacense y otros modos de tallar la piedra en el Paleolítico Superior.

Ya digo que el libro se centra más en el Homo neanderthalensis y el Sapiens, o sea, neandertales y cromañones. E insiste mucho en que unos no eran más primitivos o brutos que otros, solo eran diferentes formas de ser humano.

En su época [los neandertales] eran tan «modernos» como los hombres de Cro-Magnon.

Me gusta esa forma de relacionar las diferentes especies humanas con el mundo en que vivieron y que, en parte, persiste ahora. Los ecosistemas diversos, la parte de tundra o estepa, los bosques fríos del norte, con sus propios animales, que contrastan con los entornos mediterráneos, con otra flora y fauna. Y cómo todo eso se refleja por ejemplo en el arte, o en los restos que encuentras en los yacimientos.

En Cantabria vez un poco de esas diferentes partes, puedes tener una ladera norte con hayas, umbría y con niebla, y en la meridional, que brille el sol sobre los robles. Incluso hay reductos de encinas en algunos parajes concretos de nuestra geografía. Así que con mi imaginación veía a qué entornos se estaba refiriendo aunque lógicamente los animales que los habitaban fueran diferentes.

Este gusto mío por caminar por la naturaleza, intentar averiguar los nombres de las plantas que me encuentro al practicar senderismo, lo sobrecogedor que es encontrarse con un jabalí, o un corzo, en el bosque, hace que me sienta muy cercana a toda la parte del libro en que se describen flora y fauna peninsulares.

España es el país con una mayor biodiversidad de la Unión Europea. En las hermosas palabras de don Eduardo Hernández-Pacheco: «Lo general y característico del relieve hispano es lo montañoso, lo escarpado, lo abrupto, el roquedo escabroso, lo montaraz, lo accidentado...».

Es por eso, en mi opinión, que España es un país tan diverso. La población se concentra en las costas o las ciudades, con amplias zonas prácticamente vacías entre medias. En cuanto te sales de una población, en la que además vivimos amontonados en bloques de viviendas, en seguida llegas a un monte, o una serranía, un páramo desolado o unos picos escarpados. Y luego casi en cada valle se habla de una manera, la gastronomía es diferente...

Encontrarás en este libro descripciones sobre el yacimiento de Atapuerca, tal cual estaba –entiendo yo– hace veinte años, claro, al menos en mi edición, qué animales y qué humanos encontraban allí.

Te haces una idea de cómo eran estas gentes, físicamente. Los neandertales debían ser pálidos de piel, mientras que los seres humanos modernos, los Sapiens, eran morenos. Los primeros, más recios y fortachones, los segundos, esbeltos y con cara como aniñada, más débiles.

Nuestro cuerpo es el resultado de la evolución.

Los humanos no basamos nuestra capacidad cinegética en la velocidad punta, sino en la fuerza, la resistencia, la estrategia y la tecnología.

Estamos «hechos» para correr largas distancias, lanzar objetos con precisión por encima de nuestras cabezas, y acumular en forma de grasa los excedentes alimentarios, para sobrevivir en épocas de escasez.

Vivimos en una sociedad en la que al final, parece que solo «aprovechamos» la última característica, hasta el punto de enfermar por ello.

Siempre pensamos que los neandertales son de la Edad del Hielo y los Homo sapiens, de zonas cálidas, y eso es solo verdad en parte. Los neandertales sí que tenían un cuerpo más adaptado al frío, pero cuando llegó una glaciación de verdad de la buena, no pudieron hacerle frente. Fueron los humanos modernos los que supieron adaptarse al avance de los hielos por Europa. Y no gracias a su fortaleza física sino...

A su cerebro y la tecnología que supo crear con él. También, gracias a un lenguaje simbólico más complejo y a la vez más fácil de entender. Al parecer, ellos sí que tenían las «vocales universales» a, i, u, y no los neandertales, que en esto fallaban. Y dirás tú, ¿cómo pueden saber qué sonidos pronunciaban los neandertales...? Lo explican en el libro, es fascinante. Este lenguaje verbal y no verbal con símbolos daba más cohesión al grupo.

Los neandertales quedaron cada vez más arrinconados en esta península del occidente europeo, los últimos allá en su extremo sur. No me digáis que no es triste, aunque poético, imaginarse a nuestros primos hermanos mirando un último atardecer, el sol poniéndose en el océano.

Al final, la última glaciación, los más terribles fríos, esos, esos los pasó el Homo sapiens él solito.

Los restos que nos dejaron no solo nos habla de cómo eran, físicamente, sino también cómo vivían.

Se pregunta cuándo somos humanos, cuándo puede decirse que una especie de Homo lo es realmente. Cómo se sabe cuándo surge el lenguaje y la autoconciencia.

Resulta que el cerebro humano es asimétrico: el hemisferio izquierdo se proyecta más hacia atrás que el derecho. «Una asimetría tan marcada no se encuentra en los demás primates».

Dado el desarrollo del área de Broca y Wernicke en la parte izquierda, si el cráneo que tienen entre manos presenta esta desigualdad, es lógico deducir que lo más probable es que tuvieran ya lenguaje.

Esta desigualdad cerebral también se relaciona con que seamos predominantemente diestros. Los chimpancés, por ejemplo, son básicamente ambidextros. ¿Cómo se sabe si un hombre prehistórico era predominantemente diestro o también usaba ambas manos?

Pues mirando los dientes. ¿Cómo...? Pues sí. Si sujetas la carne entre los dientes y la cortas, alguna vez se te resbala la piedra y te acaba dando en los piños. Si sigue orientación desde izquierda arriba a la derecha abajo, es que el tipo era diestro. Se ha comprobado, de esta manera, que había como ahora mayoría de diestros, minoría de zurdos.

O sea, que si te encuentras un cráneo que amparaba un cerebro asimétrico, con unos dientes que evidencian uso de la mano derecha de forma predominante, entonces estás ante unos seres que, probablemente, tenían uso del lenguaje.

Los dientes también te dicen de qué se alimentaban, si principalmente vegetales, o de animales. Los huesos de los animales que encuentras en el yacimiento te permite saber si eran cazadores o carroñeros. Sí, lo siento por los que viven en los mundos de Yupi, pero el hombre primitivo era cazador, algo que –al parecer– nadie puso en duda hasta el movimiento hippie.

Si hay cortes en los huesos, pero no marcas de dientes de carnívoros, es evidente que solo intervinieron los humanos en el despiece del animal. Si éste está entero, es que los humanos se apoderaron de todo el cuerpo. O sea, cazadores y cazadores. En cambio, si faltan las partes con más carne, es que otros animales se les adelantaron.

Son esos detalles curiosos con los que yo me quedo. Ser paleoantropólogo, como ser arqueólogo, implica jugar un poco a Sherlock, deducir cosas a partir de indicios.

Algo muy humano. Solo los humanos son capaces de entender signos y símbolos. Somos los únicos depredadores que seguimos huellas, el resto no.

Todos los depredadores localizan a sus presas, y éstas a sus cazadores, a través de los sentidos: la vista, el olfato, el oído (...) ninguno es capaz de reconocer, distinguir y seguir a los animales por sus huellas. No hay ningún Sherlock Holmes en el mundo de las bestias.

Neandertales y cromañones convivieron en Europa durante miles de años. En 1999, aún no se había descubierto genoma neandertal en humanos contemporáneos. 

Basta leer la biografía del premio Nobel Svante Pääbo para que nos demos cuenta lo mucho que se ha avanzado en este tema desde que se publicó El collar del neandertal: es en 2006 cuando anunció un plan para reconstruir el genoma completo del hombre de Neandertal, cuyo primer borrador se anunció en 2009, en marzo de 2010 se descubrió un genoma de un Homo nuevo, los denisovanos.

Me parece alucinante, la forma en que progresa el estudio de la prehistoria, sobre todo gracias a la genómica. O sea, no solo se descubre que los humanos actuales, fuera de África, tenemos un pequeño porcentaje de genoma neandertal (un 1, 2, 3 %, según donde lo mires). Es que, además, gracias al ADN, se descubren nuevas especies humanas, como los denisovanos. 

Lo que ya me hace explotar la cabeza es que recuperan ADN incluso en sedimentos, que ya no necesiten huesos para obtenerlo. Esto han hecho, a partir del año 2017, en una cueva asturiana, El Sidrón.

Curiosamente, leo en este libro que hay investigadores que no tienen buen concepto de los neandertales, a los que niegan su humanidad. Ante la evidencia de los enterramientos, dicen que eso eran azares, que les cayó la cueva encima, o hubo una riada... O, si no les queda otra que admitir que sí, que enterraron conscientemente al pariente fallecido entonces no eran humanos porque... porque nada asegura que se corresponda a sentimientos religiosos, «sino a sentimientos de piedad y afecto por los difuntos».

El comentario de Arsuaga es, creo yo, el que haríamos cualquiera, que nada es más humano que la compasión y el dolor por el fallecido:

Sinceramente, si el dolor fue la causa de que los neandertales enterrasen a sus seres queridos, les acompaño en el sentimiento. Nada podría hacerlos más humanos a mis ojos que verlos llorando en sus «funerales laicos».

Este ensayo es una introducción muy amena al mundo de las investigaciones sobre la Prehistoria, aquellos hombres primitivos y su entorno. Te deja caer detalles curiosos sobre cómo investigan las cosas. Luego, si te interesa, puedes ampliarlo con otras cosas.

En estas ciencias de la prehistoria, todo el rato hay nuevos descubrimientos que reescriben los libros. Lo que yo estudié en 1.º de B.U.P. ahora se ha superado en muchos aspectos. Fijaos que cuando yo estudié ni siquiera habían empezado a dirigir Atapuerca Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell Roura.

Este libro es justo lo que personas como yo, que somos de Letras, necesitamos. Nos entretiene al mismo tiempo que nos proporciona ideas básicas sobre un tema del que desconocemos todo. A alguien de Ciencias le puede parecer que es más vulgarización que divulgación. 

Al faltarnos el marco científico, a veces hay que leer dos veces un fragmento antes de entenderlo bien –o tres o cuatro. Pero en general es de comprensión fácil.  La parte para mí más abstrusa fue la discusión hasta filosófica sobre si existe o no la mente. 

Por cierto, aprovecho para decir que no te pierdas la oportunidad de visitar el yacimiento de Atapuerca, declarado Espacio de Interés Natural, Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad. Allí se han encontrado fósiles de hasta cinco homínidos diferentes: Homo erectus, Homo antecessor, Homo heidelbergensis, Homo neanderthalensis y Homo sapiens.

martes, 22 de octubre de 2019

# 61 La guerra no tiene rostro de mujer




У войны не женское лицо (U voini ne zhenskoe lizo)

 

Autora: Svetlana Alexiévich

Año: 1985

Género: Ensayo

Tema: Historia


La imagen que la gente normal tiene de la Segunda Guerra Mundial suele ser muy spielbergiana: entre el heroísmo yanqui (Salvar al soldado Ryan) y el exterminio de los judíos (La lista de Schindler). Rara vez aparece una superproducción occidental que te cuente algo un poco distinto (Enemigo a las puertas, sobre Stalingrado).

No digo que la SGM no fuera eso también, y Europa siempre deberá agradecer a los políticos estadounidenses que, aun actuando, como todos, en beneficio de los intereses de su propia nación, libraran gran parte del territorio europeo del totalitarismo nazi, aunque dejaran a otra parte en manos del totalitarismo soviético.

Pero la SGM fue, sobre todo,… la derrota de los nazis se debió, principalmente,… al frente oriental. A esa guerra brutal, despiadada, de exterminio, que se llevó a cabo en lo que hoy son Bielorrusia, Ucrania, Rusia… La Gran Guerra Patria que llamaron allí.

Svetlana Aleksiévich (o Alexiévich) dio voz, en 1985, a un buen puñado de mujeres que lucharon por el bando soviético, artilleras, pilotos, enfermeras, cirujanas, lavanderas o partisanas. Recuperó sus recuerdos de guerra, y así descubres otra guerra, en la que más que movimientos de tropas o combates de tanques, hay personas que luchan pie a tierra, que arrastran a compañeros heridos, que pelean y resisten.

Se asombran y preguntan a la periodista si «ahora» se puede hablar de esto. Durante décadas tuvieron que callar. No eran bienvenidas sus historias de sufrimiento, porque el régimen soviético solo quería épica y heroísmo. Te cuentan los sacrificios que hicieron, sus sentimientos, cómo querían ponerse un vestido, sentirse mujeres, o cómo creen que a las mujeres nos cuesta más matar, que es más fácil morir, sacrificarse,… Niñas adolescentes que mentían sobre su edad o escapaban de casa para ir a luchar contra el invasor. El odio intenso hacia los nazis destructores de su mundo, conviviendo con momentos ocasionales de compasión hacia el alemán herido o el niño combatiente de última hora que llora metralleta en mano... El tener que asistir impertérritas a la tortura y ejecución de sus hijos, porque si revelaban de dónde eran, los alemanes arrasarían a toda la aldea. Las mujeres que tuvieron que matar ellas a sus propios hijos…

Un interrogador nazi se asombraba de cómo aceptaban la muerte con tranquilidad y confiaban en que el comunismo vencería. Una mujer recuerda…

“La vida está por encima de las ideas”, decía él. Yo, por supuesto, no estaba de acuerdo.

Perfecta expresión del fanatismo: que las ideas sean más importantes que las personas.

Ese sentimiento ayudó a los soviéticos, que pusieron más de veinte millones de muertos encima de la mesa para ganar la guerra, en su mayoría civiles. Las cifras reales nunca se sabrán. Por comparar, los muertos estadounidenses no llegaron al medio millón, más o menos, casi en su totalidad militares.

Solo la fe absoluta en el comunismo y su «Victoria final» los impulsaba al sacrificio. Esto lo oí en una ocasión sobre los republicanos españoles en Mathausen; otros internos, por ejemplo, franceses, se asombraban de la convicción inconmovible de estos comunistas en que al final el nazismo sería derrotado.

Alekséivich no omite la injusticia de posguerra. Tuvieron que esconder sus condecoraciones, acallar sus recuerdos femeninos, incluso hubo quien la echó de casa, porque tenía hermanas a las que casar, y claro, ella había estado en el frente, con los hombres, cuatro años. Ellas mismas no pudieron casarse y cobran unas pensiones de miseria.

…Cómo muchos pasaron del campo de prisioneros nazi al gulag soviético. Hasta los chistes que se hacían al respecto.

El libro se construye a partir de relatos de estas excombatientes, grabadas en magnetofón, que la autora sabe combinar muy hábilmente por capítulos vagamente temáticos. Te atrapa como si fuera una novela. Creo que es gracias a que combina bien lo conocido (la SGM) con unas voces hasta la fecha inauditas.

La edición que yo tengo es fruto de una revisión ya de los años 2010, incluyendo partes que la censura (y la autocensura) quitó y extractos de sus conversaciones con el censor. Como ya ocurrió en España, irónicamente, la censura a veces se revela como una aguda crítica literaria, dando una buena idea del libro:

—Después de leer un libro como este, nadie querrá ir a la guerra. Usted con su primitivo naturalismo está humillando a las mujeres. A la mujer heroína. La destrona. Hace de ella una mujer corriente. Una hembra. Y nosotros las tenemos por santas.
—Nuestro heroísmo es aséptico, no quiere tomar en cuenta ni la fisiología, ni la biología. No es creíble. La guerra fue una gran prueba tanto para el espíritu como para la carne. Para el cuerpo.
—¿De dónde ha sacado usted esas ideas? Esas ideas no son nuestras. No son soviéticas. Se burla de los que yacen en las fosas comunes. Ha leído demasiados libros de Remarque… Aquí estas cosas no pasan… La mujer soviética no es un animal…

Más adelante:

—Debería usted buscar los ejemplos heroicos… En cambio, se dedica a sacar a la luz la suciedad de la guerra. La ropa interior. En su libro, nuestra Victoria es espantosa… Para usted, la verdad está en la vida. En la calle. Bajo nuestros pies. Para usted es tan baja, tan terrenal. Pues se equivoca, la verdad es lo que soñamos. ¡Es cómo queremos ser!

Qué soviético es eso.

Aleksiévich en 2017, por Elke
Wetzig
Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich (n. Stanislav, Ucrania soviética, 31 de mayo de 1948) es una escritora, periodista y ensayista bielorrusa de lengua rusa, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015, «por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo». 

Relata de forma crítica el tiempo soviético y sus consecuencias actuales. 

Otra de sus obras más conocidas es Voces de Chernóbil (1997).