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sábado, 31 de octubre de 2026

#41 «Avec le temps» (Con el tiempo, 1970)

 Coffret Avec le temps


 

Título: Avec le temps

Letra: Léo Ferré

Música: Léo Ferré

Año: 1970

Idioma: francés

 

Ahora que los vándalos arrasan la Douce France, y amenazan a Europa entera,... cuando la sociedad en la que creíamos vivir seguros parece desmoronarse, y sentimos perplejidad, inseguridad y dolor, mucho dolor y desolación, es un buen momento para recordar un clásico de la chanson francesa de toda la vida.

El mensaje es sencillo: con el tiempo, todo pasa, todo acabará bien… pero mientras tanto, cantamos apesadumbrados recordando aquellas cosas que nos hicieron felices y que hemos perdido:

Avec le temps

Avec le temps, va, tout s'en va

On oublie le visage, et l'on oublie la voix

Con el tiempo

Con el tiempo, todo se va

Olvidamos la cara y olvidamos la voz.

Y, más adelante, «Avec le temps, va, tout va bien», o sea Con el tiempo, todo estará bien.

Pero lo que es ahora, estamos jodidos.

Una canción que expresa toda nuestra aflicción en momentos tristísimos.

Se grabó en 1970, pero la escribió y compuso Léo Ferré, al parecer, el año anterior. Al parecer lo que le inspiró fue una ruptura amorosa reciente.  

Estaba pensada para el album Amour Anarchie, pero al sello discográfico le parecía que no pegaba con el resto, así que al final salió como sencillo, y luego en el elepé Avec le temps: Les chansons d’amour, de 1972.

Es una de esas canciones que caen en gracia y se convierte enseguida en un clásico, en un referente para intérpretes de todo Occidente. He leído por ahí que es una de las canciones francesas que más covers tiene. Hay una interpretación muy sentida de Céline Dion.

A mí me gusta tanto la versión original de Ferré como la de Mari Trini (Alas de cristal, 1996), una cantautora que nunca me hizo particular tilín, pese a todo su talento como cantante y compositora. Sin embargo, en esta canción me parece que está ideal; quizá porque no se aparta mucho del original, y su francés era bien lindo. Aquí os pongo una actuación de ella en la televisión española, en directo, eran otros tiempos. Pasad de los subtítulos en francés algo locos, hasta donde puedo entender.

 


Por si queréis otra versión con otro aire, menos trágico, y más carácter, está la de la cantante de jazz Abbey Lincoln (A turtle’s neck, 1994). Con Pat Metheny a la guitarra, un lujazo.

Para saber más, puedes leer el artículo que la Wikipedia dedica a esta canción.  

 Otro día traeré cosas más animadas, que te hagan tener fe en la vida, en el amor y la amistad, en la alegría de estar vivos... Pero ahora no estoy de ese ánimo. Mi única esperanza hoy es que, con el tiempo, la cosa dolerá menos. 

En You Tube puedes ver una interpretación del propio Léo, allí, él solo, tal cual, cero glamour y todo sentimiento. 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

#69 Los pescadores de perlas

File:The Pearl Fishers - Opera in the Heights . (5868833916).jpg
The Pearl Fishers, Opera in The Heights, 2011. Isidro Urena, de Houston

 


 

Les pêcheurs de perles


Estreno: París, 30 de septiembre de 1863

 

Compositor: Georges Bizet

 

Libretista: Eugène Cormon y Michel Carré

 

Tal día como hoy, del año 1863, se estrenó en el Théâtre-Lyrique de París esta obra, la segunda ópera más conocida de Bizet.

 

Todo el mundo conoce Carmen de Bizet, es popularísima y además una de las más interpretadas (La «C» del ABC de la ópera). Vale, pues esta es «la otra» de Bizet que se representa.

 Esta ópera en tres actos, cuatro cuadros, la compuso siendo jovencito, veinticinco añitos. No tuvo demasiado éxito, le criticaron que si se notaba mucha influencia de Verdi y Wagner, aunque algunos como Berlioz sí que la apreciaron. A pesar de todo, dio a conocer a su autor. El propio Bizet la llamó «fracaso honroso y brillante» (según mi guía visual de la ópera de Espasa).

El argumento es una historia de amor y amistad, de un triángulo amoroso y cierto barbarismo religioso, en la isla de Ceilán. Una ambientación exótica propia de la época, mediados del siglo XIX. Es algo puramente formal, no encontrarás aquí ninguna pieza de color local, no intenta ni por lo más remoto meter música ceilanesa.

Dura unas dos horas y es fácil de seguir, porque hay amor, pasión, celos, esas cosas, en una historia más de personajes y sentimientos que de acción.

Los pescadores Zurga (barítono) y Nadir (tenor) son amigos y se fijaron en la misma chica, pero por su amistad, renuncian a intentar ligar con ella. Luego resulta que aquella joven es la sacerdotisa Leila (soprano). ¿Y ella no tiene preferencia? Pues sí, a ella quien le gusta es Nadir, pero como es sacerdotisa cualquier cosa entre ellos resultaría fatal. Y si puede pasar algo malo, pasa, o sea que los descubren… 

Aunque a día de hoy se sigue representando, yo sobre todo la veo como una de esas obras que yo llamo «donante de arias». Porque sí, hay óperas que en conjunto no se escuchan tanto, pero tiene piezas muy atractivas que incluyen los cantantes líricos en conciertos y recitales. Aquí lo más atractivo es un dúo, de barítono y tenor: «Au fond du temple saint». Tiene una melodía preciosa, que luego aparece en algunos momentos, como recordatorio de la amistad de estos dos hombres, amenazada por el amor hacia Leila.

Ya he dicho siempre que me gustan más las voces masculinas que las femeninas y si son ya de barítono, me muero del gusto. Dos hombres cantando juntos, si empastan bien las voces, me resulta algo muy viril y muy seductor, y eso es lo que pasa con ese dúo. Está incluido en uno de mis discos favoritos de dúos, el de Carlo Bergonzi y Dietrich Fischer-Dieskau.

También hay un aria de tenor bien linda, «Je crois entendre encore», una romanza bien difícil. Y a mí me gusta mucho el coro con el que se abre, que son los pescadores hablando de sus cosas y escogiendo líder a Zurga.

Como he dicho más arriba, son piezas que puedes escuchar en conciertos por separado. A veces, en italiano, porque ya sabéis que muchas veces se traducían las óperas a otros idiomas. Ejemplo, «Je crois entendre encore» la popularizó Caruso como «Mi par d'udir ancora». 

¿Qué grabación recomendar? Hoy sí que voy a proponer una de Alfredo Kraus. Fue un tenor imbatible en determinado repertorio, aquel en que se especializó y dominaba técnicamente como nadie. Nadir es uno de esos papeles que le iban como anillo al dedo. Es la grabación de 1973 dirigida por Carlo Felice Cillaro, con Adriana Maliponte, Sesto Bruscantini y Antonio Campó. La orquesta y el coro son del Gran Teatro del Liceo. 

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español, en francés y en italiano (I pescatori di perle), así como discografía de referencia, en Kareol.

Os dejo enlace a una grabación en directo de esta ópera, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, México, año 2000.

martes, 25 de agosto de 2026

#14 Madame Bovary

 



Título original: Madame Bovary. Mœurs de province

Autor: Gustave Flaubert

Fecha de publicación: 1856-1857

 

Un clásico imprescindible

 

Sí, encontraréis muchas listas de obras clásicas que hay que leer sí o sí, incluyendo cosas como El Quijote o Guerra y paz, junto con La divina comedia o el Fausto de Goethe. De todas dirán que son clásicos y que son imprescindibles.

Sin embargo, algunos sí que resisten el paso del tiempo y cualquier lector medianamente culto puede disfrutarlos. Otros, están ahí únicamente para criaturas esforzadas que estén dispuestas a luchar colina arriba, cual César en Munda; por ejemplo, el Ulises de Joyce. Serían clásicos que, a mi juicio, no son tan imprescindibles. Aquí incluyo no sólo al novelón de Joyce sino a Goethe y Dante. No son tan esenciales, porque cuesta mucho leerlos, entenderlos y al final sacas poco o nada; estoy hablando de lo que yo diría a cualquier lector medio, ojo. 

Como digo, Madame Bovary me parece a mí de los imprescindibles. Dice la Wikipedia en francés: «Se trata de una obra fundamental de la literatura francesa». Yo digo que, para mí, es una obra fundamental de la Literatura universal.

A diferencia de lo que se suele decir, mis «beach readings» acostumbran a ser libros más complejos, para los que solo tengo tiempo y ánimo en vacaciones, y no tanto en invierno, con el estrés del trabajo. Por eso me llevé en el viaje de veraneo en agosto de 2026, este libro, en edición de tapa dura, papel, sí (véase la foto), no el e-book, para pasar sus hojas frente al mar, con la tranquilidad y el oleaje. En una tumbona y bajo la sombrilla, ideal.

La historia es sabida, aunque comienza y acaba no propiamente con la Madame del título sino con Bovary, su esposo, que hasta tiene otro matrimonio antes del de Emma. Para cuando ella aparece, ya tienes medio camino andado en cuanto a saber en qué sociedad provinciana se desarrolla. Después de todo, el título completo es «Madame Bovary: Moeurs de province», o sea, «La señora Bovary: costumbres de provincia».

Emma, hija de un campesino, pero educada en un convento, tiene sueños románticos de un ambiente refinado y rico, de enamorados aristócratas, luz de luna, valses, etc. inspirados por sus lecturas. La realidad prosaica de ser la esposa de un «oficial de salud» (ni siquiera un médico de verdad) le aburre y su salida de pata de banco es convertirse en adúltera, y vivir por encima de sus posibilidades.

Me encantó leerla. Me parece todo un novelón y, lo admito, contribuyó grandemente a mi placer la traducción, magnífica, de Mauro Armiño. ¡Qué importante es que, si no puedes leer el original, accedas a la mejor versión posible de esta historia en tu propio idioma!

La novela se publicó originalmente en 1856 y 1857, primero en la Revue de Paris y luego en forma de volumen, para lo cual recuperó algunos fragmentos previamente censurados.

Esta historia pasó por un proceso judicial por obscenidad. Al primer editor de Madame Bovary y Flaubert los acusaron de «delitos de ultraje a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres», pues se creía que no se limitaba a describir un adulterio, sino que incitaba a él.

No veo cómo eso es posible, ya que la impresión con la que te quedas es, más que nada, que Emma es una insensata que se busca la ruina, la suya y la de su familia, con sus sentimientos exaltados que suenan bastante impostados. O sea, le quiere meter fantasía, romanticismo, a lo que no son más que rollos sexuales. Pero cuidado, que ella misma tampoco parece que se interese por (o comprenda a) los hombres con los que se acuesta, en sí mismos.

Para mí, lo del adulterio casi es lo de menos; creo que llevo peor que no tenga buen juicio en cuestiones de dinero. Ni lo uno ni lo otro es culpa del marido, que hace lo que puede dentro de los estrechos límites de esa vida, y le deja manga ancha a Emma para que haga y deshaga, sin darse cuenta de a qué se dedica ella.

No es solo Emma, creo yo, la que no encuentra sentido a su vida. En general, todos los personajes, —salvo un par de ambiciosos que tienen claro lo que quieren y ponen todas sus habilidades al servicio de sus planes—, me parecen bastante básicos, elementales, sin aspiraciones particulares. Se dejan llevar por una vida rutinaria. O sea, la banalidad y la mediocridad es algo que padecen prácticamente todos.

Unos tienen objetivos claros, aunque limitados, y dedican a ellos sus esfuerzos, buenos o malos. Otros comprenden el abismo que separa sus sueños de la realidad, y lo llevan mejor. Aún más, hay personajes que no son conscientes de lo limitado de su entorno, o que simplemente carecen de sueños o aspiraciones y llevan una vida circunscrita a lo elemental, cual animalucos.

Flaubert nos lo cuenta con estilazo, con ese aire tan gabacho que auna la distancia del entomólogo con el preciosismo del poeta. Pero siempre con cierta frialdad de fondo, como si te desafiara a ver si te atreves a sentir cariño por alguna de sus criaturas. Ni siquiera los malos de la historia son de los que puedas odiar con pasión. En su Historia de la literatura universal, Riquer & Valverde, aprecian esto mismo y lo contrastan con el afecto que tienen otros autores por sus criaturas.

Podría decirse que Madame Bovary tiene algo de paralelismo con el Quijote, en cuanto sátira de la mala educación literaria, en una provinciana que pierde, no la razón, sino el sentido moral, por lecturas más presentidas que hechas. Pero el humor es acre y reservado, y falta el amor que Cervantes, como todos los novelistas de rango absolutamente supremo, termina por sentir por su figura.

Para mí esa distancia y frialdad es un rasgo que encuentro, en general, en la literatura francesa frente a, por ejemplo, la española. Porque no es sólo Cervantes, también en Galdós o Clarín veo esa comprensión humana, esa ternura, o misericordia hacia las flaquezas humanas.

La perfección en el estilo solo se logra con trabajo, mucho tiempo, corrigiendo una y otra vez. Flaubert le dedicó la friolera de seis años a la redacción de esta novela. Los atajos a la grandeza, digo yo para mí, no existen. Sólo hay trabajo.

Añado, para tranquilidad de todos, que el proceso, desarrollado del 29 de enero al 7 de febrero de 1857, acabó en absolución de los acusados, gracias al buen hacer de su abogado, a quien dedica el libro, Marie-Antoine-Jules Sénard. La Iglesia católica incluirá esta obra en su Índice de Libros Prohibidos en 1864. 

Aunque hoy nos parezca ridículo aquel juicio, lo cierto es que sigue existiendo gente que no quiere que determinadas cosas se publiquen, que tú, ciudadano medio, no tengas ni la oportunidad de decidir por ti mismo si lo lees o no. Claro que ahora son otros motivos, y diferentes las formas de «muerte civil» (salvo en el Reino Unido, ahí tienen unas leyes antilibelo algo locas). Mas, en el fondo, es lo mismo, a poco que penséis en casos de la actualidad. 

Lo que quiero decir es que siempre habrá quien no quiera que tú leas esto o aquello. Es lógico, y cada uno defiende lo suyo; hay cosas que yo tampoco querría que la gente leyera. Ahora, hay una diferencia: unos te explican sus razones y dejan que tú decidas por ti mismo, mientras que otros te quitan esa opción eliminando esa noticia o ese libro, de la circulación.

Creo que solamente por el hecho de ser un libro que alguien quiso que nunca llegara a tus manos, merece la pena intentar leerlo. Pero Madame Bovary no necesita tampoco ese activismo por la libertad de expresión. Es valioso por sí mismo, por cómo retrata a los personajes, «al paisaje y al paisanaje» que suelo decir yo. 

Puede admitir muchos análisis y lecturas, desde los individuos a sus clases sociales, a la dinámica económica, a la literatura mal entendida, un poco de todo. La perspectiva de clase es interesante, tanto Bovary como su marido en cierto sentido son desclasados. Sus progenitores intentaron que se elevaran por encima de la vida campesina, para instalarlos en la burguesía, entre comerciantes y profesionales, pero a la siguiente generación, la hija de estos dos, ves cómo (*destripe*) acabará nuevamente en la clase trabajadora, solo que ya no en el campo. En cierto sentido es desolador: que el esfuerzo y sacrificio de unos padres para dar a sus hijos una vida mejor acabe siendo el fracaso de éstos para proporcionar lo mismo a los suyos. No se puede dar por descontado un determinado nivel de vida, hay que saber mantenerlo. De nuevo, la economía y el dinero, que se ve en otros detalles del libro, como quién se relaciona con los Bovary y quién no, o quien lo hizo y luego deja de hacerlo. O la eterna cuestión de «yo he vivido mejor que mis padres, ¿mis hijos vivirán mejor que yo? ¿O peor?».

Recomiendo este libro a cualquier amante de la literatura. Eso sí, por favor, prescindid de traducciones pedestres por mucho que vengan en ediciones cuquis, y apostad por Mauro Armiño. De ovación y vuelta al ruedo.

Como es un clásico, tiene página en la Wikipedia.