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martes, 27 de octubre de 2026

#20 El clan del oso cavernario

 




 

Título original: The clan of the cave bear

Autora: Jean M. Auel

Fecha de publicación: 1980

Parte de una serie: Los Hijos de la Tierra #1

 

Cantabria tiene como patrimonio de la humanidad un tramo del camino de Santiago y cuevas prehistóricas. Igual por eso he salido yo tan andariega y me atrae mucho visitar los entornos naturales y las cuevas en que vivieron nuestros antepasados, ¿quién sabe? La cosa es que me gusta leer de estos temas, aunque no siempre entienda del todo lo que me cuentan.

Siempre me pareció muy valiente Auel al arriesgarse a ambientar sus novelas en una época no histórica sino pre-histórica. Me parece dificilísimo intentar imaginar, recrear aquella época, de humanos tan diferentes a nosotros, cómo vivían, cómo pensaban.

Lo hace con la perspectiva de Ayla, una niña Sapiens que queda sola en el mundo y es recogida por un clan de neandertales. Ella pertenece a los Otros, y aunque la acaban alimentando y haciendo parte del clan, aceptándola unos más y otros menos, lo cierto es que no llega a ser nunca una de ellos de verdad.

En Ayla, vamos a decirlo ya, la autora ha creado la Mary Sue del Paleolítico. Todo lo que emprende lo logra y lo hace bien, incluso mejor que los neandertales.

Nunca estuvo mejor aplicado el término narrador omnisciente, ya que la autora nos lleva a la Prehistoria, inspirándose en los hallazgos de la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí. Aunque los personajes hablan, e interactúan, y les pasan cosas, Auel sigue presente, explicando lo que vemos con términos propios de la actualidad. Hay quien lo critica, pero a mi, sinceramente, me gusta que adopte ese tono un poco de docudrama, de mezcla de relato novelesco con fragmentos más bien de clase magistral. Ayuda bastante, porque no sé de qué otra forma podría una realmente meterse en las cabezas y las formas de actuar de estos trogloditas.

Se insiste mucho en las diferencias entre lo que sería un Sapiens y un neandertal, qué ventajas evolutivas tenía la nueva forma humana frente a la antigua. También describe cómo vivían, confeccionaban la ropa de abrigo, las herramientas, la caza, en suma, que te lleva muy bien a otro momento y lugar que es el mayor atractivo de la novela histórica.

Como es de los años ochenta, supongo que muchas cosas estén superadas por investigaciones más recientes. A mí lo que más me chirría es que te pongan a los neandertales más oscuritos y a Ayla como una preciosa niña de ojos azules y cabellos rubios. Un poco prejuicio anglo me suena. Posiblemente la realidad fue diferente: el Homo sapiens sería algo parecido a los masáis, esbeltos y de piel oscura, mientras el Homo neanderthalensis me lo imagino como un celtita, un galés o irlandés achaparrado, de piel pecosa y pelirrojos.

Hay cosas en el libro que se me hacen muy cuesta arriba, no por la calidad del libro en sí, sino porque te representa una cultura muy machista. Resulta desagradable ver esa sumisión, las agresiones y golpes a las mujeres, los continuos desprecios, las violaciones (sí, aquí hay también agresión sexual). No es un libro para estómagos delicados. Me imagino que la autora tomó como referencia la vida en tribus más primitivas que existan en la actualidad, como los yanomamis, por ejemplo. Muchos prehistoriadores elucubran que nuestros ancestros cavernícolas posiblemente fueran como esos grupos humanos; pero otros dicen que, en realidad, no lo sabemos.

Lo que sí está acreditado es que la compasión y el cuidado de los más débiles es un rasgo humano que ya tenían los neandertales; se ve en el libro, cómo cuidan de los más débiles, incluso de aquellos que por lesiones o edad ya no pueden cazar, o cómo entierran a sus muertos. También aparece en El clan del oso cavernario la hibridación entre Sapiens y neandertales, algo que no sé si en 1980 se admitía o no, pero que a día de hoy, se ha demostrado cierto. Fuera de África, todos los seres humanos tenemos un poquito de ADN neandertal, entre un 1 % y un 2 %. Cuando los Homo sapiens salieron de África y se encontraron con los neandertales en Eurasia, se ve que hubo tema entre ellos.

La novela menciona el avance de los glaciares, situándose más o menos en torno a los años 28.000-25.000 a. de C., justo al final de la época de los neandertales. Con el arreón de la última glaciación, desaparecieron, siempre me los imagino mirando el último sol del ocaso en ese rincón del sur de Europa que con el tiempo se llamaría Gibraltar.

Pero si todos llevamos algo de neandertal dentro, igual no se extinguieron, ¿no?

En cuanto al estilo de la autora, ya he mencionado más arriba que es muy omnisciente contándonos cosas como si fuera una especie de clase. Quizá no sea del gusto de todos. A veces se extiende en descripciones que más bien son enumeraciones. Por ejemplo

Las rudas cortezas oscuras del roble, la haya, el nogal, el manzano y el arce alternaban con árboles más flexibles y rectos, de corteza delgada, como el sauce, el abedul, el ojaranzo, el álamo y los altos arbustos del aliso y el avellano.

O, más adelante:

Espárragos trigueros, raíces de lirio, cebollas silvestres, legumbres, calabacitas y setas se cocinaban en diversas combinaciones con diferentes aliños.

Se puede hacer pesado, lo sé. Yo he podido disfrutar de la obra porque he combinado la lectura en papel con el audiolibro que hay disponible en e-Biblio. A veces leía un capítulo, y luego escuchaba otro mientras salía a caminar. Maeva sacó el audio en 2025, es algo que hace años no habría podido hacer.

En cuanto a su rigor histórico, me parece que hay cosas que refleja muy bien. Otras más bien me parecen fantasías. No hará mucho, en un podcast de prehistoriadores escuché que este primer libro de la serie estaba bastante bien; el resto de la serie ya es un poco desbarre.

Esto me desanima un poco, no sé si seguir leyendo, aunque me pica el gusanillo por saber qué le ocurre a Ayla después de esto. Al fin y al cabo, en la primera simplemente se habla de su niñez y juventud, de cómo se educa, crece, aprende un montón de cosas, pare un hijo, y cómo acaba la cosa con el clan de los neandertales que la acogieron. ¿Qué pasará después? He leído la sinopsis y parece que en el resto de los libros sí que encuentra a los suyos, y se empareja con otro Sapiens. Ya veré. Como están en e-Biblio, puedo darle un intento.

martes, 8 de agosto de 2023

#1 El collar del neandertal

 



 

El collar del neandertal

 

Autor: Juan Luis Arsuaga

Año: 1999

Género: Ensayo de divulgación

Tema: (Pre) Historia

 

Un acercamiento amenísimo al hombre y su entorno

 

A principios de junio estuve por Madrid y aproveché para visitar la Feria del Libro. No había ido nunca.

Me llamaron la atención las colas. Algunas me las podía imaginar, como la de Juan Gómez-Jurado o Santiago Posteguillo.

De repente me di cuenta de que estaba firmando Juan Luis Arsuaga y me dije «venga, pásate por su caseta, compras el último libro que tenga y te lo firma». Me quedé muy sorprendida al ver la cola que tenía.

Esa no me la esperaba. Y tampoco la de Alberto Garín, historiador, por ejemplo, que hasta donde yo sé simplemente es conocido así popularmente por algún programa de You Tube.

No, no hice ninguna cola. Seguí paseando. Al fin y al cabo no soy tan fan como para estar allí media hora esperando para que me firme el libro. Ni él ni nadie.

Pero sí que me hizo pensar. ¿Cómo es posible que la gente esté haciendo cola por un paleoantropólogo...?

Es lo fantástico de los buenos comunicadores. Transmiten su pasión de tal forma que convierte a cualquiera en entusiastas de cosas tan especializadas y complejas como el estudio de la Prehistoria.

Este libro que aquí traigo es el primero que compré de Arsuaga hace... unos añitos. Es de 1999, aunque es la primera edición en Booket, de junio de 2012. Supone una fotografía del conocimiento sobre la Prehistoria existente en aquel momento. Descubrimientos posteriores corrigen o amplían cosas que se dicen en este libro.

Destacaría que es muy ameno. Aunque se centra en neandertales y cromañones, repasa también la evolución hasta llegar a ellos. Como el Homo habilis, el primero no exclusivamente forestal.

Sin excepción, los demás miembros de nuestro grupo de primates (gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés), y todos nuestros antepasados hasta ese momento son o eran habitantes del bosque.

Del habilis y su modo I de industria lítica, el olduvayense, pasamos al II (achelense, con sus bifaces), que atribuye al Homo ergaster. En esto, El collar del neandertal contrasta con otros libros que he leído. Lo que aquí atribuye al ergaster en otros lo he visto más referido al Homo erectus. No queda claro si son o no la misma especie. Si lo son, se llama Homo erectus.

Es este ergaster (o erectus, en otros libros) el que sale de África y se distribuye por Eurasia. La nomenclatura me acabó liando un poco, en comparación con la terminología de otros autores.

Los homínidos... antes del Homo ergaster pertenecen sin excepción al tipo de las especies de hábitat restringido.

¿Qué pasó para que unos primates, los homínidos, salieran de ese entorno limitado y poblasen zonas del planeta con climas tan diferentes?

La flexibilidad ecológica se la proporcionó un único órgano: el cerebro.

Seguimos con las piedras que dejaron. El modo III, musteriense, aparece ligado a los neandertales. Y se acaba con el modo IV, la rica producción de objetos atribuida al Homo sapiens, que empieza con auriñacense y otros modos de tallar la piedra en el Paleolítico Superior.

Ya digo que el libro se centra más en el Homo neanderthalensis y el Sapiens, o sea, neandertales y cromañones. E insiste mucho en que unos no eran más primitivos o brutos que otros, solo eran diferentes formas de ser humano.

En su época [los neandertales] eran tan «modernos» como los hombres de Cro-Magnon.

Me gusta esa forma de relacionar las diferentes especies humanas con el mundo en que vivieron y que, en parte, persiste ahora. Los ecosistemas diversos, la parte de tundra o estepa, los bosques fríos del norte, con sus propios animales, que contrastan con los entornos mediterráneos, con otra flora y fauna. Y cómo todo eso se refleja por ejemplo en el arte, o en los restos que encuentras en los yacimientos.

En Cantabria vez un poco de esas diferentes partes, puedes tener una ladera norte con hayas, umbría y con niebla, y en la meridional, que brille el sol sobre los robles. Incluso hay reductos de encinas en algunos parajes concretos de nuestra geografía. Así que con mi imaginación veía a qué entornos se estaba refiriendo aunque lógicamente los animales que los habitaban fueran diferentes.

Este gusto mío por caminar por la naturaleza, intentar averiguar los nombres de las plantas que me encuentro al practicar senderismo, lo sobrecogedor que es encontrarse con un jabalí, o un corzo, en el bosque, hace que me sienta muy cercana a toda la parte del libro en que se describen flora y fauna peninsulares.

España es el país con una mayor biodiversidad de la Unión Europea. En las hermosas palabras de don Eduardo Hernández-Pacheco: «Lo general y característico del relieve hispano es lo montañoso, lo escarpado, lo abrupto, el roquedo escabroso, lo montaraz, lo accidentado...».

Es por eso, en mi opinión, que España es un país tan diverso. La población se concentra en las costas o las ciudades, con amplias zonas prácticamente vacías entre medias. En cuanto te sales de una población, en la que además vivimos amontonados en bloques de viviendas, en seguida llegas a un monte, o una serranía, un páramo desolado o unos picos escarpados. Y luego casi en cada valle se habla de una manera, la gastronomía es diferente...

Encontrarás en este libro descripciones sobre el yacimiento de Atapuerca, tal cual estaba –entiendo yo– hace veinte años, claro, al menos en mi edición, qué animales y qué humanos encontraban allí.

Te haces una idea de cómo eran estas gentes, físicamente. Los neandertales debían ser pálidos de piel, mientras que los seres humanos modernos, los Sapiens, eran morenos. Los primeros, más recios y fortachones, los segundos, esbeltos y con cara como aniñada, más débiles.

Nuestro cuerpo es el resultado de la evolución.

Los humanos no basamos nuestra capacidad cinegética en la velocidad punta, sino en la fuerza, la resistencia, la estrategia y la tecnología.

Estamos «hechos» para correr largas distancias, lanzar objetos con precisión por encima de nuestras cabezas, y acumular en forma de grasa los excedentes alimentarios, para sobrevivir en épocas de escasez.

Vivimos en una sociedad en la que al final, parece que solo «aprovechamos» la última característica, hasta el punto de enfermar por ello.

Siempre pensamos que los neandertales son de la Edad del Hielo y los Homo sapiens, de zonas cálidas, y eso es solo verdad en parte. Los neandertales sí que tenían un cuerpo más adaptado al frío, pero cuando llegó una glaciación de verdad de la buena, no pudieron hacerle frente. Fueron los humanos modernos los que supieron adaptarse al avance de los hielos por Europa. Y no gracias a su fortaleza física sino...

A su cerebro y la tecnología que supo crear con él. También, gracias a un lenguaje simbólico más complejo y a la vez más fácil de entender. Al parecer, ellos sí que tenían las «vocales universales» a, i, u, y no los neandertales, que en esto fallaban. Y dirás tú, ¿cómo pueden saber qué sonidos pronunciaban los neandertales...? Lo explican en el libro, es fascinante. Este lenguaje verbal y no verbal con símbolos daba más cohesión al grupo.

Los neandertales quedaron cada vez más arrinconados en esta península del occidente europeo, los últimos allá en su extremo sur. No me digáis que no es triste, aunque poético, imaginarse a nuestros primos hermanos mirando un último atardecer, el sol poniéndose en el océano.

Al final, la última glaciación, los más terribles fríos, esos, esos los pasó el Homo sapiens él solito.

Los restos que nos dejaron no solo nos habla de cómo eran, físicamente, sino también cómo vivían.

Se pregunta cuándo somos humanos, cuándo puede decirse que una especie de Homo lo es realmente. Cómo se sabe cuándo surge el lenguaje y la autoconciencia.

Resulta que el cerebro humano es asimétrico: el hemisferio izquierdo se proyecta más hacia atrás que el derecho. «Una asimetría tan marcada no se encuentra en los demás primates».

Dado el desarrollo del área de Broca y Wernicke en la parte izquierda, si el cráneo que tienen entre manos presenta esta desigualdad, es lógico deducir que lo más probable es que tuvieran ya lenguaje.

Esta desigualdad cerebral también se relaciona con que seamos predominantemente diestros. Los chimpancés, por ejemplo, son básicamente ambidextros. ¿Cómo se sabe si un hombre prehistórico era predominantemente diestro o también usaba ambas manos?

Pues mirando los dientes. ¿Cómo...? Pues sí. Si sujetas la carne entre los dientes y la cortas, alguna vez se te resbala la piedra y te acaba dando en los piños. Si sigue orientación desde izquierda arriba a la derecha abajo, es que el tipo era diestro. Se ha comprobado, de esta manera, que había como ahora mayoría de diestros, minoría de zurdos.

O sea, que si te encuentras un cráneo que amparaba un cerebro asimétrico, con unos dientes que evidencian uso de la mano derecha de forma predominante, entonces estás ante unos seres que, probablemente, tenían uso del lenguaje.

Los dientes también te dicen de qué se alimentaban, si principalmente vegetales, o de animales. Los huesos de los animales que encuentras en el yacimiento te permite saber si eran cazadores o carroñeros. Sí, lo siento por los que viven en los mundos de Yupi, pero el hombre primitivo era cazador, algo que –al parecer– nadie puso en duda hasta el movimiento hippie.

Si hay cortes en los huesos, pero no marcas de dientes de carnívoros, es evidente que solo intervinieron los humanos en el despiece del animal. Si éste está entero, es que los humanos se apoderaron de todo el cuerpo. O sea, cazadores y cazadores. En cambio, si faltan las partes con más carne, es que otros animales se les adelantaron.

Son esos detalles curiosos con los que yo me quedo. Ser paleoantropólogo, como ser arqueólogo, implica jugar un poco a Sherlock, deducir cosas a partir de indicios.

Algo muy humano. Solo los humanos son capaces de entender signos y símbolos. Somos los únicos depredadores que seguimos huellas, el resto no.

Todos los depredadores localizan a sus presas, y éstas a sus cazadores, a través de los sentidos: la vista, el olfato, el oído (...) ninguno es capaz de reconocer, distinguir y seguir a los animales por sus huellas. No hay ningún Sherlock Holmes en el mundo de las bestias.

Neandertales y cromañones convivieron en Europa durante miles de años. En 1999, aún no se había descubierto genoma neandertal en humanos contemporáneos. 

Basta leer la biografía del premio Nobel Svante Pääbo para que nos demos cuenta lo mucho que se ha avanzado en este tema desde que se publicó El collar del neandertal: es en 2006 cuando anunció un plan para reconstruir el genoma completo del hombre de Neandertal, cuyo primer borrador se anunció en 2009, en marzo de 2010 se descubrió un genoma de un Homo nuevo, los denisovanos.

Me parece alucinante, la forma en que progresa el estudio de la prehistoria, sobre todo gracias a la genómica. O sea, no solo se descubre que los humanos actuales, fuera de África, tenemos un pequeño porcentaje de genoma neandertal (un 1, 2, 3 %, según donde lo mires). Es que, además, gracias al ADN, se descubren nuevas especies humanas, como los denisovanos. 

Lo que ya me hace explotar la cabeza es que recuperan ADN incluso en sedimentos, que ya no necesiten huesos para obtenerlo. Esto han hecho, a partir del año 2017, en una cueva asturiana, El Sidrón.

Curiosamente, leo en este libro que hay investigadores que no tienen buen concepto de los neandertales, a los que niegan su humanidad. Ante la evidencia de los enterramientos, dicen que eso eran azares, que les cayó la cueva encima, o hubo una riada... O, si no les queda otra que admitir que sí, que enterraron conscientemente al pariente fallecido entonces no eran humanos porque... porque nada asegura que se corresponda a sentimientos religiosos, «sino a sentimientos de piedad y afecto por los difuntos».

El comentario de Arsuaga es, creo yo, el que haríamos cualquiera, que nada es más humano que la compasión y el dolor por el fallecido:

Sinceramente, si el dolor fue la causa de que los neandertales enterrasen a sus seres queridos, les acompaño en el sentimiento. Nada podría hacerlos más humanos a mis ojos que verlos llorando en sus «funerales laicos».

Este ensayo es una introducción muy amena al mundo de las investigaciones sobre la Prehistoria, aquellos hombres primitivos y su entorno. Te deja caer detalles curiosos sobre cómo investigan las cosas. Luego, si te interesa, puedes ampliarlo con otras cosas.

En estas ciencias de la prehistoria, todo el rato hay nuevos descubrimientos que reescriben los libros. Lo que yo estudié en 1.º de B.U.P. ahora se ha superado en muchos aspectos. Fijaos que cuando yo estudié ni siquiera habían empezado a dirigir Atapuerca Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell Roura.

Este libro es justo lo que personas como yo, que somos de Letras, necesitamos. Nos entretiene al mismo tiempo que nos proporciona ideas básicas sobre un tema del que desconocemos todo. A alguien de Ciencias le puede parecer que es más vulgarización que divulgación. 

Al faltarnos el marco científico, a veces hay que leer dos veces un fragmento antes de entenderlo bien –o tres o cuatro. Pero en general es de comprensión fácil.  La parte para mí más abstrusa fue la discusión hasta filosófica sobre si existe o no la mente. 

Por cierto, aprovecho para decir que no te pierdas la oportunidad de visitar el yacimiento de Atapuerca, declarado Espacio de Interés Natural, Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad. Allí se han encontrado fósiles de hasta cinco homínidos diferentes: Homo erectus, Homo antecessor, Homo heidelbergensis, Homo neanderthalensis y Homo sapiens.