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lunes, 18 de abril de 2022

#63 Viaje de invierno


 Winterreise, Op. n.º 89, D. 911.

¿Franz Eybl?: Franz Schubert (1827)
Dominio público, via Wikimedia Commons

 



 

Compositor: Franz Schubert

Estreno/Publicación: Viena, 1828

 

Hoy, 18 de mayo, se cumplen diez años de la muerte de Dietrich Fischer-Dieskau (n. Berlín, 28-5-1925) barítono, director de orquesta y musicólogo, mi cantante preferido.

 

Para celebrar la efemérides, escribo esta entrada sobre uno de los ciclos de canciones, lieder, de Schubert. Fischer-Dieskau está considerado el mejor cantante de lieder de la historia, si es que en estas cosas se pueden hacer clasificaciones como si fuera una competición deportiva. No sólo los interpretó y grabó, sino que los estudió y escribió sobre ellos. Su integral sobre los lieder de Schubert carece de parangón. Todo lo que Franz compuso lo grabó Dietrich, en algunos casos varias veces.

Así ocurre con los grandes ciclos de canciones. Schubert compuso tres grandes ciclos: La bella molinera, El canto del cisne y este Viaje de invierno, de tono oscuro, dramático. Fischer-Dieskau los grabó con varios pianistas, y varias veces, de joven, de adulto, de mayor… Todas ellas son estupendas. Pero la que es de referencia es la que grabó para la EMI en los años cincuenta creo que fue, con Gerald Moore. Fantástico. 

Un lied (plural, lieder) es una canción, sin más. Normalmente se partía de poemas de escritores, unos más famosos y otros menos, y se musicalizaban con acompañamiento de piano. Mozart compuso algunos, como la famosa Das Veilchen, «La violeta» (1785, K. 476), sobre poema de Goethe. En el siglo XIX destacaron componiendo lieder Schumann y, sobre todo, Hugo Wolf; ya en el siglo XX, Richard Strauss o Gustav Mahler. Estos ciclos más modernos sustituyen el piano por la orquesta, así que resultan menos íntimos.

Pero vamos, el rey de los lieder sería Schubert. Musicalizó muchísimos poemas, algunos sueltos y otros en ciclos de canciones, hasta sumar unas seiscientas canciones. Una producción maravillosa incluye muchísimas obras maestras que te cuentan toda una historia en formato breve, con el piano y la voz complementándose: A la música (An die Musik), La trucha (Die Forelle), La muerte y la doncella (Der Tod und das Mädchen), El rey de los elfos (Erlkönig)… Más de uno lo he comentado aquí, porque me parecen maravillosos.

Este ciclo de canciones, Viaje de invierno, lo compuso Schubert en los últimos dos años de su vida. A diferencia de El canto del cisne, que parecen simplemente una recopilación de lieder, tanto La bella molinera como Viaje de invierno son ciclos con sentido propio, las canciones te van contando una historia.

Estamos en lo que para mí es la estética Biedermeier, un aburguesamiento del Sturm und Drang del siglo anterior, movimientos románticos o prerrománticos. Lo importante no es el viaje en sí, o no solo el paisaje exterior, sino el interior, las impresiones, los sentimientos, la emoción que crea en el poeta o cantante su vivencia, sus recuerdos, las cosas con las que sueña,...

La ilustración perfecta de este tipo de sensibilidad son las obras del pintor Caspar David Friedrich. Ponen una en la Wikipedia que le viene al pelo. Escuchando este ciclo de canciones, no me digáis que no os podéis imaginar al poeta como la figura solitaria, pequeña, superada por la nieve y el frío, la grandeza de lo que le rodea.

Paisaje invernal con una iglesia en ruinas (1807-08)

La base literaria de Viaje de invierno son poemas de Wilhelm Müller publicados en 1823-24. Schubert musicalizó los doce primeros en febrero de 1827, y los otros doce en otoño de ese año. La publicación también fue partida: en enero de 1828 y, póstumamente, en diciembre de 1828. De hecho, esa fue lo último que hizo en su vida, corregir las pruebas para esta segunda publicación. Murió el 19 de noviembre de 1828.

En esta época final de su vida, Schubert andaba enfermo, bastante deprimido, y ese aire melancólico y desesperanzado se transmite a la obra. Viaje de invierno parte de un amor no correspondido. El enamorado sale a pasear, solitario, hundiéndose en su tristeza, y sin hablar con nadie. Solo al final se encontrará con un organillero.

De todos los lieder, yo creo que el que más me gusta es «Frühlingstraum», Sueño de primavera, en la que sueña con una primavera ideal en la que todo reverdecerá, y también el amor de ella, a la que estrechará de nuevo en sus brazos. No obstante, la cruda realidad se impone. Alterna la tonalidad mayor cuando sueña, cuando aún cabe una esperanza, menor cuando se da cuenta de que eso no va a pasar.

Para saber más, el artículo en la Wikipedia, que detalla el contenido de cada poema.

Este ciclo tan especial tiene bibliografía excelente al alcance del lector en español. Fischer-Dieskau publicó una obra monumental sobre los Lieder de Schubert, Hiperión Ediciones, con traducción de Fernando Pérez Cárceles. El tenor Ian Bostridge ha escrito concretamente sobre este ciclo, Schubert's Winter Journey: Anatomy of an Obsession (Faber and Faber, 2014), que en español sacó Acantilado, con el título de «Viaje de invierno» de Schubert. Anatomía de una obsesión, y con Luis Gago como traductor.

La grabación que yo prefiero es… cualquiera del barítono Dietrich Fischer-Dieskau, por supuesto. Ya digo que la de referencia es la que grabó con Gerald Moore para la EMI en los años cincuenta. Se ha adaptado a otras voces; por poner una grabación en voz femenina, tenemos la de Brigitte Fassbaender, mezzosoprano, con Reimann al piano, para EMI también.



Por You Tube hay unas cuantas interpretaciones, que casi mejor que no pongo, pero vamos, pones «winterreise fischer-dieskau» y te salen unas cuantas Winterreise, con Gerald Moore, Jörg Demus, Alfred Brendel... 

Prefiero indicaros que hay clips, más largos y más cortos, con Dietrich, en el canal de You Tube EuroArtsChannel. En uno de los reportajes dice que se consideraba más un músico que un cantante. 

Obituario en The Guardian, del que tomo la fotografía de Dietrich que hay sobre estas líneas.


viernes, 18 de marzo de 2022

#30 Sinfonía fantástica


Symphonie fantastique: Épisode de la vie d'un artiste ... en cinq parties

Op. 14

 

Foto de Berlioz (1855), por Franck
[Dominio público], vía Wikimedia Commons

 

Compositor: Hector Berlioz

Estreno: París, 1830

 

La primera sinfonía programática

 

Hector Berlioz (1803-1869) fue un músico romántico francés, y esta es, creo yo, su obra más conocida. Luego está su ópera La condenación de Fausto y ese monstruo desmesurado, Los troyanos. Pero de esas cosas ya hablaremos otro día, si eso. Bueno, también está su Réquiem (Grand messe des morts), op. 5 (1837), que se me olvidaba.

Se dice que esta es la primera sinfonía programática. Con ese término se conoce a la música narrativa, descriptiva de una historia o de unos sentimientos.

En la Wikipedia definen la «música programática» como la «que tiene por objetivo evocar ideas e imágenes en la mente del oyente, representando musicalmente una escena, imagen o estado de ánimo». Sería lo contrario a la «música absoluta», que es la que se aprecia por ella misma, sin ninguna referencia particular al mundo exterior. Gracias, Wikipedia.

A través de cinco escenas, cinco movimientos, expresa sentimientos amorosos del artista, su enamoramiento, los celos, lo imposible que es todo... como se desespera, intenta suicidarse, pero se equivoca con la dosis de opio y sueña que la mata y que le condenan a la guillotina. Luego, en el último movimiento, se imagina que está en un aquelarre y acaba viendo su propio entierro. Todo muy romántico, ya véis.

1 Rêveries – Passions (Sueños – Pasiones)

2 Un bal (Un baile)

3 Scène aux champs (Escena en los campos)

4 Marche au supplice (Marcha al cadalso)

5 Songe d'une nuit du sabbat (Sueño de un aquelarre)

Te transmite muy bien la labilidad emocional de un tipo con una idea fija, que es la amada. Con la música describe el paisaje, evoca las hojas movidas por el viento o reproduce con un golpe la caída de la guillotina, o gritos y risas malévolas, baile de esqueletos... La parte final es quizá la más insana, mientras el artista enloquecido presencia su propio funeral. Recurre al tema del dies irae, y a efectos como eso que llaman col legno, esto es, tocando con la madera del arco

Dicho sea de paso, se sospecha que Berlioz compuso esto bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. De ahí que a veces suene algo delirante.

Es una pieza destacada del primer romanticismo. Se estrenó en el conservatorio de París el 5 de diciembre de 1830. Aquel fue el año clave, paradigmático del Romanticismo francés, 1830. El 25 de febrero, en el Théâtre Français, Víctor Hugo había estrenado Hernani. Estos dos jóvenes, Hugo y Berlioz, revolucionaron la vida cultural de París. Representan lo que en la pintura sería un Delacroix.

Lo que inspiró esta Sinfonía fantástica fue una historia de amor imposible de Berlioz por una cantante. ¡Ojo, que ahora viene el salseo!

Berlioz vio a la actriz irlandesa Harriet Smithson interpretando Ofelia en 1827. Ella no le hizo ni caso, lógico, me parece a mí, menudo tarado, enamorarse simplemente por verla en el escenario, eso no es amor real por una persona de carne y hueso. Se supone que la Sinfonía fantástica expresa ese amor no correspondido. La cosa es que todo esto lo hizo sin haberla tratado en persona. 

Sigamos. Berlioz compuso una segunda parte, Lélio. Se estrenó el 9 de diciembre de 1832. Cosas de la vida, Harriet acude a ese estreno y por fin se conocen en persona personalmente, que diría Catarella. Y, aquí viene el Sálvame histórico-musical, ¡se casaron el 3 de octubre de 1833! 

¿Alguien puede sorprenderse de que este matrimonio fuera mal, pasaran años amargos y al final se separasen?

Una cosa es la amada ideal que te montas en la cabeza o el genio musical que admiras, y otra muy distinta la realidad de una persona, imperfecta y en desarrollo, como estamos todos.

Una buena grabación de esta pieza es la de sir Colin Davis con la orquesta Concertgebouw de Ámsterdam (Philips). En Spotify no he visto el disco por separado, sino en «Complete orchestral works», de 1997, más de seis horas de música instrumental. También es histórica la grabación de Munch con la sinfónica de Boston en los años 50 (RCA).

Si quieres saber más, está el artículo en la Wikipedia. En You Tube he encontrado una explicación de la pieza, por Raquel Aller, estupenda divulgadora de estas cosas musicales.

 


miércoles, 19 de enero de 2022

#31 El trovador

 

Maria Pakhar y Sergey Polyakov, 7-6-2014
Gerarus, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons



 


 

Il trovatore

 

 

Estreno: Roma, 19 de enero de 1853

Compositor: Giuseppe Verdi

Libretista: Salvatore Cammarano, Leone Emanuele Bordone, basado en el drama El trovador (1836) de Antonio García Gutiérrez.

Género: ópera romántica

 

Tal día como hoy, del año 1853, se estrenó en el Teatro Apollo de Roma, esta ópera romántica basada en un drama español

 

Decía Toscanini que esta ópera precisa de los cuatro mejores cantantes del mundo para hacerle verdadera justicia: tenor para Manrico, barítono para el Conde de Luna, el papel de soprano va para Leonora y uno de los más destacados y complejos del repertorio para mezzosoprano, el de la gitana Azucena.

Se supone que esto se ambienta en Aragón, y que los personajes son españoles, por aquello de que la historia la contó un dramaturgo nuestro de bastante éxito, García Gutiérrez. Con todos los excesos propios del romanticismo.

«Una de las tramas más absurdas de toda la historia del género» dijo José-María Martín Triana en El libro de la ópera.

La historia es nocturna, macabra, con su exotismo, venganza, identidades ocultas, amores frustrados y muerte hasta del apuntador. La puedes ver en el teatro y es de esas historias excesivas que te tiene entretenidísima, dos horas y pico mirando y comiendo pipas a ver qué pasa luego. 

Todo ello con unas músicas inolvidables. De vez en cuando hay piezas de esas que yo digo que suenan como de banda municipal. Algo digno, no digo que no, pero no es algo que te esperes en un gran drama. Es algo que me pasa mucho con Verdi, que pasa de lo sublime a lo facilón en muchas de sus óperas. De ahí que pueda resultar irregular.

Esta es de esas óperas que puedas ver en el teatro con la seguridad de que no te vas a aburrir, si suspendes bien la incredulidad. Y que, si te pones a escucharla en disco en casa, también disfrutas un montón. Creo que a pesar de lo disparatado que es todo, te entretiene con sus excesos y la música es maravillosa. Por eso no me extraña que fuese un éxito desde su estreno.

Forma parte de la que se considera trilogía popular de Verdi, junto con Rigoletto y La traviata, aunque está menos lograda que esas otras dos.

Tiene una versión en francés, Le trouvère (Bruselas, 1856). Para el estreno en París le añadieron música para ballet en el acto III. Ya se sabe que para estrenar en París le tenías que meter un ballet, viniera o no a cuento.

De todos esos momentos magníficos, destacaría las espléndidas intervenciones en solitario de cada protagonista: «Tacea la notte placida» (Leonora, Acto I, cuadro II), «Stride la vampa» (Azucena, contando una historia terrible, Acto II, cuadro I), «Il balen del suo sorriso» (el conde de Luna, Acto II, cuadro II), así como «Ah si, ben mio» y «Di quella pira» (Manrico, Acto III, cuadro II). Luego, ya en el acto IV, tenemos el aria angustiada de Leonora «D’amor sull ali rosee» y el trío «Ha quest’infame».

Como grabación recomendada de esta ópera, escogería la que dirigió Zubin Mehta en 1969, con la orquesta New Philharmonia y el coro Ambrosian Singers para la RCA. Son sus intérpretes principales Plácido Domingo (Manrico), Fiorenza Cossotto (Azucena), Leontyne Price (Leonora) y Sherrill Milnes (Conte di Luna).

Si no la encontráis (yo, por ejemplo, no la he localizado en Spotify) otra buena opción es la de Karajan con la Callas y Giuseppe Di Stefano, Fedora Barbieri y Rolando Panerai. El coro y la orquesta son los de La Scala de Milan. EMI, 1957.

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta representación en el Teatro Regional del Maule, Talca (Chile, 2017), ¡gracias por compartir!

 


domingo, 2 de enero de 2022

#34 El holandés errante

 

Representación en el Teatro de Lübeck, 2017
Foto: Aniaraamos, CC BY-SA 4.0 [via Wikimedia Commons]

Der fliegende Holländer

Estreno: Dresde, 2 de enero de 1843

Compositor: Richard Wagner

Libretista: el propio compositor, basado en la leyenda de H. Heine (Aus den Memorien des Herren von Schnabelewopski)

Género: ópera romántica

 

Tal día como hoy, del año 1843, se estrenó en el Hofoper o Hoftheater de Dresde, esta ópera wagneriana, la primera que realmente hace a su manera. Dirigía el propio compositor. 

Algo nuevo aparecía en la historia de la ópera, y no lo sabían.

 

En el año 1839, un joven Wagner de veintiséis años, con su esposa se ve obligado a abandonar Riga (Letonia), acuciado por las deudas. Su destino era París, pero como no podían ir por territorio alemán (más problemas), fueron en barco hasta Londres. En ese viaje padecieron una tempestad tremenda, que les llevó hasta las costas noruegas, lo que siempre se cita como inspiración de esta obra.

El matrimonio Wagner vivió en París hasta 1842, que es cuando marchó a Dresde, donde habían aceptado su ópera Rienzi. La estrenó allí el 20 de octubre y, meses después, el 2 de enero de 1843, puso en escena esta Holandés errante. Tuvo una acogida más fría que la otra.

Estamos ante una ópera romántica al estilo alemán, o sea, mezcla la vida cotidiana de la gente normal, en este caso, marineros de Sandwike, una localidad de Noruega, con el elemento de la magia, lo sobrenatural, los juramentos terribles y todo eso, aquí, el Holandés errante en su el buque fantasma. Hay noche, tormenta, amor trágico, o sea, puro romanticismo.

Un marino noruego, Daland, conoce en sus viajes al Holandés, un orgulloso capitán de barco condenado a errar por los mares durante toda la eternidad, salvo que consiga que lo redima la fidelidad (más que el amor) de una buena mujer. Cada siete años tiene un día, un solo día, para bajar a tierra y encontrar una mujer que lo ame y sea leal.

Con sus riquezas, compra la voluntad de Daland para que le de la mano de su hija. Lo que él no sabe es que esta, Senta, en realidad, está ya medio colada por él, obsesionada por su retrato y su terrible historia, que le mueve a compasión. Parece perfecto, ¿no? Se conocerán, se declararán enamorados. Él no le pide más que su fidelidad… Y ella lo ama.

Pues las cosas se tuercen por los celos de Erik, un pretendiente al que Senta dio esperanzas.

Es la primera ópera en la que Wagner pone en escena lo que él considera obra de arte total, en la que el texto, la música, el drama, todo está al servicio de la historia. La música es un continuo, con la voz humana como un instrumento más junto a la maravillosa orquestación.

Requiere cantantes poderosos vocalmente y con capacidad dramática para interpretar estos personajes bigger than life. El Holandés, tiene esa voz que a mí tanto me gusta, la de barítono o barítono-bajo. Aquí el tenor queda apartado al ingrato papel de Erik, el cazador enamorado de Senta, celoso y liante.

No estoy muy segura de que sea una buena ópera para aquellos que se estrenan en el género. Pero sí me parece recomedable, para ver en el teatro, si quieres iniciarte con Wagner.

Destacaría de esta ópera la obertura, que resume la historia, con expresión de los siete temas (leit-motive) que aparecerán en la obra. También impresionan la balada de Senta «Johohoe! Johohoe!» y el monólogo del Holandés, «Die Frist ist um».

Como grabación recomendada de esta ópera, escogería la que dirigió Herbert von Karajan en 1982, con la orquesta Filarmónica de Berlín y el coro de la ópera estatal de Viena (Konzertvereiningung Wiener Staatsopernchor) para la EMI. Son sus intérpretes principales José van Dam (Holandés), Catarina Ligenzda (Senta), Kurt Moll (Daland) y Reiner Goldberg (Erik).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español y alemán, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta representación viejuna de Bayreuth, subtitulada en español.



miércoles, 10 de noviembre de 2021

#66 La fuerza del destino

 

Enrico Caruso (Don Álvaro) sostiene a Rosa Ponselle
(Leonora), escena final de la ópera
Nueva York (1918)



 


 

La forza del destino

 

 

Estreno: San Petersburgo, 10 de noviembre de 1862

Compositor: Giuseppe Verdi

Libretista: F. M. Piave, basado en la tragedia Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas, y en una escena del drama Wallensteins Lager, de F. Schiller

Versión definitiva con el libreto revisado por A. Ghislanzoni, Milán, 27 de febrero de 1869

Género: drama

 

Tal día como hoy, del año 1862, se estrenó en el Teatro Imperial de San Petersburgo (el Bolshói Kámenny, luego Mariinski), la primera versión de esta ópera verdiana. Bueno, hay truco, en realidad era el 22 de noviembre, ya sabéis que el calendario ruso era diferente, el juliano, por eso la revolución de octubre en realidad ocurrió en noviembre.

Un dramón decimonónico ideado por el escritor español Duque de Rivas se convirtió en una estupenda ópera de Verdi, de esas que merece la pena ver en teatro porque, viejuneces aparte, tiene toda una trama de teleflín entretenidísima.

Se ambienta en la España y la Italia de la época imperial, cuando aquellas tierras itálicas pertenecían a la corona española. Hay drama: Álvaro y Leonora están enamorados, y ante la oposición de la familia de ella, deciden escapar; el padre de ella los sorprende y, por accidente, don Álvaro mata al padre de ella. Luego Leonora se traviste en caballero y acaba de ermitaña. Álvaro cree que Leonora está muerta, va a la guerra a Italia, y salva a un caballero que resulta que es don Carlos, hermano de Leonora. Desconocen cada uno quién es el otro y se juran amistad eterna. Ya está armado el pisto cuando don Álvaro se comporta heroicamente, parece que va a morir y confía sus cosas a don Carlos. Claro, así descubre este la identidad de aquel que mira tú, morir no se muere, porque todavía queda más de un acto. Don Carlos decide vengarse, of course, pero de momento no puede porque don Álvaro se mete a fraile. Pero don Carlos va provocando y acaban enfrentados en un duelo, justo al ladito de donde está Leonora. Al final, don Álvaro mata a don Carlos y éste, moribundo, a su hermana Leonora. No me digáis que no es un dramón romántico, de esos en que no queda ni el apuntador.

Bueno, sí, queda el pobre Álvaro, el príncipe inca, para desesperarse.

Destacaría la orquestación, desde esa briosa obertura que te mete en situación, a esos temas que te caracterizan muy bien a cada personaje. La obertura es una de esas piezas que gustan tanto que se interpreta como pieza de concierto para orquestas.

Y mi debilidad son los dúos tenor-barítono, es que las voces masculinas me enamoran. Por ejemplo cuando en el Acto III, cuadro I, Álvaro y Carlos, sin saber quién es el otro, se juran amistad eterna Amici in vita o Solenne in quest’ora.

Otros momentos muy alabados son el coro de monjes con el que finaliza el acto II, «La Vergine degli angeli», el aria de Álvaro «La vita è infierno… O tu che in seno agli angeli», el aria de Carlos «Morir, tremenda cosa… Urna fatale» así como, al final, la intervención de Leonora «Pace, pace, mio Dio».

De esta ópera hubo una versión inicial, la de San Petersburgo, con presencia del compositor. Al año siguiente se representó en el teatro Real de Madrid. La segunda versión, que es la que hoy se representa, implicó retoques hasta en el libreto. Cuentan en la Wikipedia que la primera versión era demasiado gore, «debemos buscar la forma de evitar todos esos muertos», le escribió al libretista Piave. Se estrenó en La Scala en el año 1869.

Por cierto para los supersticiosos diré que es una de esas óperas que se dicen de mal farío, como que siempre ocurre alguna cosa en sus producciones. Un ejemplo que ponen en la Wikipedia es la muerte del barítono norteamericano Leonard Warren mientras cantaba É salvo! O gioia! (¡Está a salvo, qué alegría!) si eso no es irónico… Era la noche del 4 de mayo de 1960, en el Met de Nueva York.

Como grabación recomendada de esta ópera, escogería la que dirigió Riccardo Muti en 1986, con la orquesta y coro del Teatro alla Scala para la EMI. Son sus intérpretes principales Mirella Freni (Leonora di Vargas), Plácido Domingo (Don Álvaro), Giorgio Zancanaro (Don Carlo), Paul Phishka (Padre Guardiano), Sesto Bruscantini (Fra Melitone) y Dolora Zajick (Preziosilla).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español y italiano, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta representación, en Bruselas, del año 2008. Subtitulada en… creo que es neerlandés.

 


domingo, 23 de mayo de 2021

#36 Fidelio

 

Noah Baetge como Florestan en una representación
de Fidelio en el festival de Princeton (2017)
Autor: A hungate
[CC BY 4.0], vía Wikimedia Commons

Fidelio oder die eheliche Liebe, Op. 72


 

 


 

 

 

Estreno: Viena, 23 de mayo de 1814 (versión definitiva)

Compositor: Ludwig van Beethoven

Libretistas: J. Sonnleithner, S. von Breuning y G. F. Treitschke, basado en el libreto de J. N. Bouilly, Léonore ou L’amour conjugal

Género: singspiel en dos actos

 

Tal día como hoy, del año 1814, se estrenó en el Teatro de la Puerta Carintia (Kärntnertortheater) de Viena, la versión definitiva de la única ópera de Beethoven.

 

20 de noviembre, 1805, los ejércitos napoléonicos acaban de ocupar Viena.

La soldadesca se larga al Theater an der Wien, que estrenan ópera. Media ciudad ha huido de la capital habsburgo, ocupada por un ejército extranjero, así que podéis imaginaros la situación.

La mayor parte del público, pues, estaba formada por oficiales franceses. Ya os podéis imaginar el escaso entusiasmo que sintieron por una ópera que era en tres actos, cantada en alemán y un estilo tan diferente al francés. No, la única ópera de Beethoven no empezaba con buen pie.

Reconozco que a mí Beethoven me suele dejar un poquito fría. Le asocio demasiado a un tipo serio que lucha con la composición para lograr ese altísimo nivel, algo alejado de la aparente facilidad de un Mozart.

El teatro no fue lo suyo, pero le bastó la magnífica Fidelio para entrar en el repertorio. Eso sí, su lucha con la partitura fue constante y le llevó años. Estrenó hasta tres versiones: el 20 de noviembre de 1805, el 29 de marzo de 1806 y el 23 de mayo de 1814. Todas ellas en Viena, las dos primeras en el Theater an der Wien, y la última, en el Kärntnertortheater.

Es una ópera de esas que se llamaban «de rescate», en que se produce el heroico rescate de una persona injustamente apresada. Al parecer, A Beethoven, de joven, le gustó Lodoïska, de Luigi Cherubini.

Se ambienta (es un decir) en la Sevilla del siglo XVI, en una prisión. Fidelio, el joven ayudante del carcelero y amado de la hija de éste es, en realidad, Leonora. Su marido, Florestan, está prisionero, en el calabozo más remoto por un mal mesturero, como quien dice. La intervención de un ministro del rey consigue el final feliz para los esposos y el castigo del malvado.

Desde el punto de vista dramático, es una historia que simplemente, se lleva, se deja ver. Si la ves en el teatro, no te vas a aburrir. Y es una buena opción para quienes empiezan en esto de la ópera, es poco más de dos horas.

Destacaría del argumento la fuerza de Leonora como la leal esposa que lucha por su marido. Florestan, el prisionero, la verdad es que aparece poco en escena y a su lado palidece bastante. Hasta el otro personaje femenino, Marcelina, tiene cierto empaque, aunque no estoy segura si pretendía que fuera algo cómico, a mí me da penuca, la pobre.

Y como todas esas óperas que tienen papeles con calzones, está el morbo de ver una mujer travestida, que como siempre en teatro, hay cantantes que lo logran mejor y otras peor.

Ahora, lo sobresaliente de la esta ópera, desde luego, es la música. Maravillosa, con momentos sublimes, como ese cuarteto en el primer acto que empieza como un aria, luego un dúo, pasa a un trío y acaba siendo un cuarteto que a mí se me da un aire mozartiano.

A pesar de ello, Beethoven es más de música sinfónica que vocal. De hecho, se ha llegado a calificar Fidelio como «ópera sinfónica». Es una de esas óperas de las que se dice que «exige los mejores cantantes del mundo», por varias razones: el altísimo nivel de la partitura, la potencia que exige muchas veces cantar junto a una orquesta alemana a tope (es lo que tenía Beethoven, que usaba la voz como un instrumento más) y finalmente tienen que ser actores razonablemente buenos, pues hay partes habladas.

Si la ópera, así, en general, le exigió tres versiones hasta darse por satisfecho, de la obertura hizo hasta cuatro. Una de ellas, la llamada «Leonora 3», compuesta para las representaciones de 1806, se representa a veces de forma separada, como una pieza sinfónica dramática. La actual viene de la versión definitiva, la de 1814. 

Mi momento favorito de esta ópera ya lo he comentado, el cuarteto «Mir ist so wunderbar» (Para mí todo es tan maravilloso), empieza Marzelline (soprano), le sigue Leonora disfrazada de chico joven (soprano dramática), y a este dúo de voces femeninas se le suma entonces el carcelero Rocco (bajo), y remata la jugada su ayudante Jaquino (tenor ligero). Una maravilla.


     El fragmento de esta ópera que más veces verás citado será el coro de los prisioneros que ha conseguido que los dejen salir al patio de la cárcel: «O welche Lust» (Ah, qué placer), que suena como un coral luterano, o una misa, algo muy sagrado, aunque hable más de la libertad que de ningún sentimiento religioso. 

También destaca el aria de Florestan con el que comienza el segundo acto «Gott! Welch’ Dunkel hier! » (¡Oh, Dios! ¡Qué oscuridad hay aquí!)

¿Qué grabación proponer de esta ópera? Una alemana, sin duda. Sugiero la de Klemperer de 1962 para la EMI, con Christa Ludwig (Leonore), Jon Vickers (Florestan), Walter Berry (Pizarro), Gottlob Frick (Rocco), Ingeborg Hallstein (Marzelline) y Gerhard Unger (Jacquino), coro y orquesta Philharmonia.

 Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español y alemán, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta representación de hace años, subtitulada en español

 


martes, 12 de mayo de 2020

#15 El elixir de amor


Representación en Göteborg, 2013
Foto de Bengt Nyman
[CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons



L’elisir d’amore


Estreno: Milán, 12 de mayo de 1832

Compositor: Gaetano Donizetti

Libreto en italiano: F. Romani, basado en el de E. Scribe para la ópera de D. F. Auber, Le philtre, según la obra de S. Malaperta Il filtro

Género: ópera cómica


Tal día como hoy se estrenó, en el Teatro de la Canobbiana de Milán, una obra maestra del género cómico


Si la última vez que hablé aquí de ópera estuve con Bellini, hoy traigo al otro gran belcantista, Donizetti y justo con una ópera estrenada un año después de La sonámbula.

Como dije entonces, en el belcantismo se enfatiza la voz, la melodía, el cantar bien y bonito, en una palabra. Aquí nuestro amigo Gaetano componía óperas como churros, varias por temporada, pin pan, sin pensar en lo que diría la historia de la música de su creación.

Así le salían, algo descuidadas más de una vez. Las historias tampoco es que fueran mucho más lejos que el folletín. Quizá Lucía de Lammermoor tenga un poco más de empaque, por aquello de que tenía una base literaria.

Básicamente, él tímido y pobretón Nemorino ama a la terrateniente Adina, pero ella prefiere entretenerse un poco picaflor y hasta burlarse de él, tonteando algo con el soldado fanfarrón, Belcore. Llega un charlatán al pueblo, Dulcamara, vendiendo un elixir maravilloso para conseguir enamorar a quien no te quiere. Nemorino lo compra, y se lo bebe. Lo que pasa es que en realidad es vino, un vino riquísimo que se le sube a la cabeza. Parece que se va a celebrar la boda entre Adina y el soldado, pero la cosa acaba con final feliz: Nemorino enriquecido por sorpresa y Adina reconociendo lo mucho que ama al joven.

Es una de esas óperas con una música increíble, preciosa, no solo en lo vocal, sino también en algunos pasajes orquestales que suelen ser lo más flojito de la ópera belcantista. 

Cuenta con una de las arias más famosas del repertorio, Una furtiva lágrima, quizá la más cantada y grabada de las arias para tenor lírico. Su tono tristón contrasta con el aire bufo de toda la ópera. Creo que hay que tomársela más bien como una especie de parodia de las languideces de los enamorados románticos.

Es de esas óperas simpáticas que ganan mucho si los cantantes son actores de cierta vis comica, y le puedan sacar un poco de punto a las situaciones graciosas del libreto. Si no, la representación puede ser perfectamente olvidable. Pero la música, ¡ah, la música…! Qué lindura.

De esta ópera destacaría dos momentos: la ya mencionada furtiva lágrima y la presentación de Dulcamara con «Udite, udite, o rustici; attenti, non fiatate»; es lo que se llama una «canción repetitiva», con muchas palabras en poco tiempo. Un auténtico tour de force para los bajos. Y lo curioso que es uno de los trucos que usan los charlatanes de todas las épocas, dicen muy rápido muchas cosas, una y la contraria, y el oyente se engaña quedándose con aquello que más le cuadra.

Donizetti compuso esta ópera deprisa y corriendo, en un par de semanas, reutilizando números de obras anteriores. Le salió esto tan tierno, un poquito infantil, pero con chispa. La cosa es que debió ser, quizá por lo cómico, una de esas obras belcantistas que siguió representándose incluso cuando lo que se llevaba era la inmensidad de un Wagner.

Uno de los Nemorinos más famosos de la historia fue, a principios del siglo XX, el incomparable Enrico Caruso. Se dice que fue durante una representación de esta ópera, precisamente, en diciembre de 1920 que empezó a toser sangre, y tuvo que cancelarse la representación después del primer acto. Padecía pleuresía purulenta y empiema; moriría al año siguiente.

Como dije a la hora de hablar de La sonámbula de Bellini, forzoso es acordarse de la Sutherland, que con Bonynge tantas obras recuperó de esta época. Así que vuelvo con esta estupenda pareja y la grabación del año 1970 en la que Joan Sutherland (Adina) estaba acompañada por Luciano Pavarotti (Nemorino), Spiro Malas (Dulcamara) y Dominic Cossa (Belcore). La orquesta es la de Cámara Inglesa, con los Ambrosian Singers.

Para saber más, la wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta grabación del Metropolitan Opera de Nueva York.




viernes, 6 de marzo de 2020

#80 La sonámbula


Rachele Gilmore, Florida Grand Opera
Foto de Gastón de Cárdenas (2013)
[CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons


La sonnambula


Estreno: Milán, 6 de marzo de 1831

Compositor: Vincenzo Bellini

Libreto en italiano: F. Romani, basado en el ballet de E. Scribe y J. P. Aumer, La sonannbule ou L’arrivée d’un nouveau seigneur

Género: ópera semiseria


Tal día como hoy se estrenó, en el Teatro Carcano de Milán, esta que se considera la más perfecta encarnación del belcantismo belliniano


Bellini es uno de los más excelsos representantes del belcantismo italiano. La voz, la melodía, el cantar bien y bonito, en una palabra.

Su vida fue corta, pues murió a los treinta y dos años. Pero dejó joyitas como esta sonámbula que realmente no tiene mucha trama, pero que es preciosa en cada una de sus piezas.

La historia no da mucho de sí. Amina se va a casar con Elvino, pero el día antes de la boda la descubren dormida en la cama de un noble. Pensando que le ha puesto los cuernos, Elvino rompe el compromiso. Pronto descubrirá, junto con todo el pueblo, que lo que la ocurre es que camina dormida y, en realidad, no ha pasado nada entre ella y el noble.

Dependiendo de cómo hagan la representación es de dos a tres horas. Te lleva muy suave y dulcemente de una cosa a otra. No es de las que te vaya a conmover hasta las lágrimas. A pesar de la sencillez de la trama, requiere una cantante principal realmente buena. Y para el papel de enamorado celoso, lo que llaman un tenor de grazia, cosa que he leído por ahí que no es tan frecuente.

Esta obra es pura música, de esas que si no la ves en el teatro tampoco te pierdes gran cosa, pues no veo yo manera de que esta sosada tenga un poquito de garra. No es la intensidad dramática lo propio de Bellini o su estilo, sino más bien la suavidad, el romanticismo, la dulzura… que también tiene su cosa.

De esta ópera destacaría dos momentos. En el primer acto, el dúo de amor «Prendi, l’anel ti dono», creo que sobre todo por ser la melodía de un programa de Radio Clásica, y la cabaletta final, «Ah! Non giunge uman pensiero».

Después de los excesos wagnerianos y veristas, en el siglo XX yo creo que un poco por hartazgo de tanta pasión y épica, se fueron recuperando estas obras preciosas en las que la música es tan sutil, más suave, pero no tan fáciles. 

Hubo dos grandes recuperadoras de estas óperas belcantistas con destacados papeles femeninos, la Callas y la Sutherland.

Es por ello que, a la hora de hacer recomendaciones, la cosa siempre esté entre la versión de la Sutherland en los años ochenta, con Bonynge dirigiendo o la más clásica de la Callas, con Votto en la batuta (1957). Me voy a inclinar por la de Bonynge (1982, aunque creo que la grabación es de dos años antes) para la Decca, con la orquesta National Philharmonic y el coro de la London Opera. Son sus intérpretes: Joan Sutherland (Amina), Luciano Pavarotti (Elvino), Nicolai Ghiaurov (Rodolfo), Isobel Buchanan (Lisa), John Tomlinson (Alessio), Piero De Palma (notario) y Della Jones (Teresa).

Para saber más, la wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta grabación con Eva Mei como Amina y José Bros como Elvino, en el Teatro Comunale de Florencia, y subtítulos en español.