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domingo, 2 de mayo de 2021

#100 Enrique V

 

Póster en FilmAffinity



 


Henry V

Año: 1989

País: Reino Unido

Dirección: Kenneth Brannagh

Música: Patrick Doyle

 

Una de mis películas favoritas ever.

 

Cuando vi esta película por primera vez, allá a finales de los 80, principios de los 90, me dejó absolutamente apabullada.

Se basa en una obra de Shakespeare, Enrique V (1599) que cuenta la invasión de Francia por Enrique V, la batalla de Agincourt, y como coda final el matrimonio con la hija del rey gabacho.

Me dejó enamorada, por supuesto, la palabra, la maravillosa palabra de Shakespeare, declamada de manera muy natural por Kenneth Brannagh y unos cuantos actores absolutamente increíbles, desde Derek Jacobi a Paul Scofield, pasando por dame Judi Dench, Ian Holm, o un jovencísimo Christian Bale. Y claro, Emma Thompson, of course.

Pero ese teatro isabelino se narra de manera totalmente cinematográfica, con esa música increíble de Patrick Doyle, esos movimientos de cámara y el trávelin, por supuesto.

Una vez leí en una crítica que este es el Enrique V posterior a la guerra de Vietnam. Ya no puedes contar la guerra patriótica como hizo Lawrence Olivier en su Enrique V de 1944, con preciosas imágenes que recuerdan al gótico internacional.

Aquí la guerra es sucia, con rostros embrutecidos y sudorosos, con sangre y barro, escenas trágicas como ese inolvidable trávelin de Kenneth Brannagh cargando con el paje asesinado mientras suena el Non nobis de Patrick Doyle.



Con esta película descubrí lo mucho que me gustaban las películas basadas en historias shakespearianas, Kenneth Brannagh se convirtió en uno de mis directores favoritos y me he visto todas sus pelis, siempre tienen algo especial; por supuesto, me encantó Emma Thompson, y la música de Patrick Doyle. 

La vi una y otra vez, pues la tenía grabada en VHS, ¿podéis creerlo? Aún debo tenerla por ahí, y eso que ya no tengo reproductor de vídeo. Ahora la veo cada pocos años, la última, gracias a la plataforma digital a la que estoy suscrita.

Me aprendí de memoria muchas escenas, incluido el discurso del día de san Crispín.

We happy few

We band of brothers



Hasta creo que me ayudó a aprobar el Proficiency, allá en los años noventa. Saberte unos cuantos versos de Shakespeare de memoria te da mucha seguridad.

Tuvo muchas nominaciones a los Óscar, pero solo ganó el de mejor diseño de vestuario (Phyllis Dalton). Fue el año de Paseando a Miss Daisy, película que creo que no llegué a ver, por no interesarme gran cosa. Dos de mis chicos favoritos ganaron el Óscar: Daniel Day-Lewis (actor principal) y Denzel Washington (de reparto). Por cierto que Denzel trabajó con Brannagh años después, en la deliciosa comedia Much ado about nothing (Mucho ruido y pocas nueces, 1993, hilarante, de verdad.

También es el año en que ganó Cinema Paradiso en la categoría de internacional.

Ganó el BAFTA al mejor director, el premio del Círculo de Críticos de Nueva York al mejor director novel, el de la Asociación de Críticos de Chicago a la mejor película extranjera y, en los Premios del Cine Europeo, Kenneth Brannagh fue escogido mejor director y actor.

Es una de mis películas favoritas y por eso no podía faltar aquí, en mi lista de cien. La he visto hace menos de un mes y hablar de ella hace que me entren ganas de volver a verla.

Dicen que quedas marcado por las cosas de cuando tenías veinte años. En mi caso, el evento decisivo sería, entonces, la caída del muro de Berlín. Pero también aquellas películas que vi por entonces, son las que me formaron el gusto; entre ellas, este Enrique V. 

Gracias, Kenneth, por existir y realizar tu sueño.

Para saber más: consúltese la Wikipedia, FilmAffinity o la Internet Movie Data Base.

sábado, 20 de octubre de 2018

#10 Romeo y Julieta

Portada de la 1.ª edición en cuarto
[Dominio público], vía Wikimedia Commons



Romeo and Juliet
Autor: William Shakespeare
Año: 1597
Género: tragedia






La historia «romántica» por excelencia


¿Quién no conoce la historia de Romeo y Julieta? 

Romeo, joven de Verona, acude a una fiesta esperando ver a la chica de la que está enamorado, pero entonces ve a una niña de trece años y siente el flechazo, decide que la ama.
Y en cuanto se acerca y abre la boca ella, sin mayor resistencia, decide que también, que él es su chico.
Sus familias se llevan mal, así que lo suyo es amorío y matrimonio en secreto. Cuando Romeo mata al primo de Julieta, lo destierran de Verona. Cuando la familia va a casarla, ella finge su muerte para poder huir con Romeo, pero las cosas salen mal. Acaban muertitos todos.

Ejemplo paradigmático de que, para la Literatura, una historia de amor tiene (normalmente) que acabar mal. Normalmente. Este modelo trágico se repetirá una y otra vez, porque el amor es algo loco, disruptivo del orden social, no puede salir nada bueno, etc.

Esta tragedia romántica tampoco es que sea de lo mejor de Shakespeare, es de su primera época, posiblemente su primer éxito. Pero siempre la salva la palabra inspirada, el verbo complejo, las frases que se han quedado en la memoria colectiva, como la discusión de si es la alondra o es el ruiseñor.

A mí, la frase que más me gusta es la que dice el boticario:  en la escena 1.ª del Acto V, porque resume perfectamente la diferencia entre consentimiento y sometimiento:

Ap. My poverty, but not my will, consents.
 
Lo que, en román paladino, dice:

Boticario.- Mi pobreza consiente, pero no mi voluntad.

Y luego el chulito (o desesperado) de Romeo responde con sequedad:

Rom. I pay thy poverty, and not thy will (No es tu voluntad la que pago, sino tu pobreza)

Cuando las circunstancias te obligan a someterte, no consientes, en realidad.

Y cómo puede (esto es maravilloso) hacer que un personaje secundario, de una sola escena, quede caracterizado así, tan claramente, con un par de frases.

Sus personajes son inolvidables, aunque no estén caracterizados de manera particularmente sutil. Pero no dejan de ser un poquito más que clichés andantes, llegan a convertirse en prototipos humanos de carne y hueso.

La trama en sí, es reciclada de otras historias anteriores: The Tragical History of Romeus and Juliet (1562) es la traducción que Arthur Brooke hizo de un cuento de Mateo Bandello. Pero vamos, que si te vas muy muy para atrás, hay elementos de los amantes clásicos Píramo y Tisbe.

En Shakespeare lo que se aplaude no es la originalidad del argumento, sino el lenguaje, y el dinamismo de su teatro. 

Aquí, como es propio de un amor adolescente exaltado, todo pasa muy rápido, en pocos días. El propio atolondramiento de estos dos, que no se paran a pensar un poco antes de darse muerte, contribuye a esa sensación de estar tratando con gente muy joven.
 
El último beso de Romeo a Julieta
(Hayez, 1823)
Transmite una cierta idea de fatalidad del azar. Son las circunstancias las que tuercen o frustran la felicidad humana. Pero de la manera más tontona, porque se ve desde el principio que la vieja lucha entre los Capuleto y los Montesco es algo que ya no le interesa a nadie, salvo a los criados, o a folloneros como Tibaldo. Las cosas podrían tan fácilmente haber salido de otra manera...

Personalmente, no la he visto en el teatro. La he leído y releído en papel. He visto alguna peli, como la de Zeffirelli o la que protagonizó Leonardo Di Caprio, que me gustó mucho, la verdad. No es de mis favoritas de Shakespeare. Creo que porque me molesta esta tradición literaria de amores contrariados. 

Lo maravilloso de esta obra es que seguimos con ella, siglos después. Ha dado lugar a otras obras de arte, pinturas, óperas,... Adaptándola a otros formatos, modernizándola, enfatizando más este o aquel aspecto,... Es una de las obras más representadas del autor, y sigue diciendo algo, conmoviendo, llegando al alma aunque sea para decirte, como me pasa a mí, «pero qué tontorrones, qué precipitado, ¡pensad un poco, pensad!».

martes, 3 de mayo de 2016

#3 Hamlet


William Morris Hunt: Hamlet (h. 1864)
[Dominio público] vía wikicommons
Hamlet

Autor: William Shakespeare
Año: entre 1599 y 1602
Género: Teatro / Drama


Tal día como hoy, hace 400 años, pasó a mejor vida Shakespeare. Así que no, para nosotros los del calendario gregoriano, no fallecieron el 23 de abril ni Cervantes (que lo hizo el 22 de abril) ni Shakespeare (que murió en lo que para nosotros era un 3 de mayo).

Hamlet es el primero de los grandes dramas de Shakespeare. Un príncipe danés está en fase de duelo por el fallecimiento de su padre. Menos de dos meses después, su madre se ha casado con el actual rey, hermano del difunto. Al melancólico Hamlet, el fantasma de su padre le cuenta que, en realidad, fue asesinado por su hermano. Entonces Hamlet decide vengarse matando al rey. Pero como es un intelectual, tiene que hacer las cosas de otra manera: fingirse loco para poder urdir mejor un plan y, al tiempo, darle vueltas a todo en la cabeza. Sí, es un cansino. Duda: ahora no, después tampoco. Al final, siento destriparos el argumento, no queda ni el apuntador, pero el desenlace lo provoca no tanto el vengar a su padre sino a sí mismo.

Una trama muy intrigante, personajes atractivos. A diferencia de Cervantes, Shakespeare no representa ni a toda la sociedad (los aristócratas y los reyes ocupan la mayor parte de la escena), ni a todo el espectro humano, ni siquiera contamos con una ambientación particularmente lograda. No, Shakespeare es atemporal, no habla de la sociedad de su época, sino de tipos humanos. Lo que consigue es que el cliché, se encarne en personas tan reales que te las imaginas paseando por tu calle. Hamlet, nuestro protagonista de hoy, es el filósofo, el dubitativo, el hombre de pensamiento a quien le cuesta pasar a la acción, el enamorado que oculta sus sentimientos para poder centrarse en una misión que no sabe ni cómo ni cuándo va a desempeñar, el depresivo que tontea con la posibilidad del suicidio para poner fin a su miseria...

Junto al argumento y los personajes, y la «dimensión mítica», lo maravilloso de Shakespeare es el idioma, el lenguaje, no tanto lo que cuenta (que está bien, es entretenido, hasta sirve de guión para películas) sino cómo lo cuenta. Es el ejemplo paradigmático de aquello que dijo Muñoz Molina que era la literatura (Babelia, 22/04/2015):


La literatura es precisión a una escala casi molecular: el brillo o el golpe seco de una palabra justa, la chispa como de pedernal golpeado, la reacción química cuando se combinan dos palabras bien elegidas, imantadas entre sí. La literatura es lo que no puede ser dicho de otra manera y lo que necesita ser leído despacio y en voz alta, al menos dos veces, en soledad o en pareja, en un grupo reducido, no mayor del que requiere un cantaor flamenco o una formación de cámara.


Así es como hay que leer a Shakespeare: despacio, en voz alta, y, a ser posible, en versión original. Cuando de poesía se trata, ya lo dije al comentar la Divina Comedia, el traductor nunca es tan bueno, en su idioma, como el autor original. La traducción es sólo una versión, aunque las haya muy buenas. No hay más que declamar el famoso soliloquio de Hamlet, para comprender que el ritmo, el sonido, de la lengua inglesa, forma parte integral de la obra, no sólo lo que se dice sino –insisto-, la manera en la que se expresan las ideas:

          To be or not to be-that is the question:
Whether 'tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And, by opposing, end them. To die, to sleep-
No more-and by a sleep to say we end
The heartache and the thousand natural shocks
That flesh is heir to-'tis a consummation
Devoutly to be wished. To die, to sleep-
To sleep, perchance to dream...
En definitiva, que si tenéis la oportunidad de ver un Hamlet, aunque creáis que no os gusta el teatro, id a verlo. Y si por casualidad echan por la tele el Hamlet de Laurence Olivier, o el de Kenneth Branagh, que me vale también, vedlo, bueno, hasta el de Zeffirelli con Mel Gibson (con quien nunca sabes si sólo se hace el loco o realmente lo está). Shakespeare es tan potente que hasta sobrevive a eso.