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domingo, 19 de abril de 2026

#72 Ser o no ser

 



To be or not to be

Año: 1942

País: Estados Unidos

Dirección: Ernst Lubitsch

Música: Werner R. Heymann

 

Comedia como arma de resistencia

 

Esto de la comedia como arma de resistencia, en relación con esta película, se lo escuché a Miguel Marías en «¡Qué grande es el cine!». El momento en que se hizo esta película es el más negro de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas nazis parecían invencibles. No se sabía qué iba a pasar, EE. UU. aún no había entrado en la contienda. Y sin embargo, Lubitsch saca «esto».

Hoy os traigo una obra maestra del cine, mezcla de géneros. Es una comedia, sí, pero también película de espías, de acción, al tiempo que habla del teatro y de un mundo en guerra, con la resistencia y la ocupación, con sus valientes y sus traidores. La he visto calificada como comedia negra, y también como comedia mórbida.

Es una obra muy de su momento que, sin embargo, más de setenta años después, sigue fresca, inteligente. Te puede decir muchas cosas si sabes leer entre líneas.

Se ambienta en Polonia. Empieza un mes antes de que Hitler la invada. Una compañía de teatro va a hacer una representación sobre la Gestapo, que el gobierno decide prohibir, no se vaya a molestar Hitler; a lo cual el actor principal, Joseph Tura (Jack Benny), le dice Bien, eso no estaría tan mal. O sea, ¿Que se ofende un dictador que nos insulta y está arrasando Europa? ¿Qué problema hay?

(Pocas cosas suenan más modernas en la actualidad).

La sra. Tura (una luminosa Carole Lombard), que es la verdadera estrella de la compañía, se siente digamos muy impresionada por cierto joven aviador, el teniente Stanislav Sobinski (Robert Stack). Estalla la guerra, los nazis ocupan el país, y Sobinski se marcha a Inglaterra, para formar parte del escuadrón polaco de la R.A.F. En un país ocupado, hay resistencia, y traidores, y Sobinski vuelve a Varsovia con una misión.

Está la parte de alta comedia, del tonteo de la sra. Tura y el jovencito aviador.

Pero también la de espionaje y acción. La mera sospecha de que alguien puede ser un traidor determina, por el bien de la resistencia, que deba ser eliminado. La infiltración tras las líneas enemigas, la persecución, el tiroteo…Todo eso lo rueda Lubitsch con total seriedad y frialdad, como cualquier otra película de guerr.

Luego están el homenaje al teatro, a la realidad y la representación, y a los actores, gente vanidosa y superficial, con sus celos profesionales, su empeño en meter morcillas «corrigiendo» el texto, su deseo de ser alguien más que el portalanzas de Hamlet… Pero también ser capaces de la valentía y de la grandeza. Conmueve cuando el personaje que interpreta Feliz Bressart (él mismo tuvo que irse de Alemania en el 33) consigue su sueño de declamar el monólogo de Shylock «Hath not a Jew eyes?» (El mercader de Venecia), aunque sea rodeado de nazis.

Está el que arrasen tu país y sin embargo, la vida sigue. Cada uno lucha a su manera, incluso los cómicos, y la mejor manera de hacerlo no es mediante soflamas o poniendo bombas, sino con lo que mejor saben hacer (o deberían saber hacer); en el caso de los actores, interpretar.

Para que todo eso funcione y no rechine, tienes que tener un guion complejo que a la vez suene muy natural. La manera en la que Lubitsch cuenta la historia es increíble. Diálogos ingeniosos en los que no sobra ni una sola palabra, y con mucho sobreentendido. Los personajes dicen una cosa y están diciendo, en realidad, otra distinta. Porque una cosa es lo que dicen y otra distinta lo que están pensando, sintiendo o deseando. Sarcasmo, ironía… Hay que estar bien pendiente de ello para que te des cuenta y pilles la gracia. Le aseguro que el Führer no escuchará nunca eso de mi boca…, frase anodina que, en su contexto, te hace sonreír.

¡Qué bien engranan unas escenas con otras! Se va retorciendo la trama, parece que va en un sentido, luego da un giro y cuando crees que ya está agotado lo que cuentan, va un paso más allá y sigue sorprendiéndote.

Tiene, por supuesto, el célebre «toque Lubitsch», algo que no todo el mundo te define igual. Para mi, se refiere, sobre todo, a las elipsis y los sobreentendidos que un público adulto sabe captar. Hay mucho que no está negro sobre blanco en el guion, pero el espectador lo imagina. Es maravilloso cuando un creador sabe jugar con el público y hace que este mismo invente parte de la historia. Ejemplo: el joven Sobinski tiene que llevar un mensaje a la resistencia polaca, pero luego ves que quien lo hace es Maria Tura, ¿qué ha pasado? No te lo dicen, y sin embargo el espectador lo sabe de sobra. No hace falta que el director pierda segundos de metraje en cosas evidentes.

Por eso, cuando el guion es una máquina tan bien armada, hace falta que luego la puesta en escena funcione, que los actores sean capaces de interpretarlo con gracia y al pie de la letra, que se sepa fotografiar, rodar, dan con el tono justo. Mucha sobreactuación, haciendo ver lo ridículo que es todo, empezando por los nazis, que pueden ser malvados y también risibles al mismo tiempo. 

Si hay algo que no tolera el dictador, el autoritario, es que se rían de él.

Hoy en día está reconocida de forma prácticamente unánime como la gran obra de Lubitsch (que tuvo otras muchas geniales, tanto en Alemania como en los EE. UU.). Sin embargo, en su momento… No estaba tan claro.

Primero, cuando se estaba rodando, la guerra era algo que pasaba lejos, y no todo el mundo en los EE. UU. quería involucrarse en una película crítica con Hitler. No vaya a ser que el dictador se ofendiera. Esto venía de los defensores del aislacionismo estadounidense, y también de los partidarios de Hitler que existían entonces en los EE. UU. La censura llegó a molestar a Lubitsch, y presionarle para que quitara frases como la de que lo que [Joseph Tura] hizo con Shakespeare, es lo que estamos haciendo nosotros [los nazis] con Polonia.

Desde una perspectiva contraria, el compositor Miklós Rózsa no quiso componer la banda sonora. Con la guerra en marcha, y la amenaza nazi en su momento más fuerte, tratarlos de manera satírica no le parecía lo más apropiado. Luego es verdad que echó una mano… sin acreditar.

Segundo instante, cuando se estrenó. Febrero de 1942, EE. UU. ya había entrado en la guerra. Filonazis y aislacionistas ya no tenían tanta importancia. Sin embargo, no tuvo mucho éxito en taquilla. He oído lugares comunes como que si era demasiado sofisticada e inteligente para los estadounidenses, o que ellos no vivían la guerra más que en la distancia y no podían empatizar con lo ocurrido en un país como Polonia, que ellos ni podrían situar en el mapa.

Bah, eso son tonterías, lo típico que muchos intelectuales europeos, encantados de sentirse superiores a los estadounidenses. La realidad, para mí, sin embargo, no es esa. La actriz protagonista, Carole Lombard, de 33 años de edad (si tú miras la película, te parece mayor, por cómo vestían las mujeres en aquella época), vendía bonos de guerra y falleció en un accidente aéreo el mes anterior, dejando como viudo inconsolable a Clark Gable. ¿Quién iba a querer verla en su última película? Yo no he sido capaz de volver a ver una película con River Phoenix o Robin Williams. Para mí, esa circunstancia basta para que la gente no quisiera ir a ver una comedia protagonizada por alguien que acababa de morir, para gran shock del público: joven, hermosa, y felizmente casada con «el rey de Hollywood».

Hubo quien le reprochó que hiciera una comedia de nazis. Yo, personalmente, creo que se puede hacer humor con todo, o con casi todo. Otra cosa es que te haga gracia. Los chistes, depende de donde vengan. De vez en cuando escucho al cómico Yohay Sponder y veo que hasta de las situaciones más duras se puede sacar punta, con el humor como arma. 

Seréis malvados, pero no me dais miedo porque sois ridículos. Me podréis matar pero me iré haciendo chiste de vosotros, gentuza absurda. 

Lubitsch era alemán y judío, no necesitaba que ningún liberal neoyorkino bienpensante le dijera lo que era Hitler, o la Gestapo o las SS. Sabía explicar lo que era el nazismo mejor que muchos otros que no lo habían conocido ni por el forro. Se defendió con una carta al New York Times, publicada en marzo de 1942. Lubitsch admitió que no era la representación habitual de los nazis (mostrando torturas, cámaras de terror), pero es que, viene a decir el bueno de Ernst, los nazis hace tiempo que han superado ese estadio, hablan de ello (la brutalidad, las palizas, la tortura) como lo haría un vendedor de su mercadería. 

No hacía falta poner a los nazis torturando o persiguiendo, eso ya salía en otras películas. Lo suyo era hacerles daño de otra forma, burlarse de ellos, desacreditar al enemigo ridiculizándolo. Después de todo, no hay nada más caricaturesco que el propio Hitler, si escuchas sus discursos o ves las fotos que hizo posando para Hoffmann. Como había hecho Chaplin dos años antes con El gran dictador. 

Creo que si estas películas conservan su actualidad es por una paradoja. Nacen en su momento histórico, responden a una coyuntura muy concreta. Pero la respuesta no es ideológica, no de un partido político concreto sino humana, personal, tanto la de Lubitsch como la de Chaplin. «Aquí está el bien, aquí está el mal. Nos da miedo, sí, pero también vemos lo ridículo que es. Yo tengo claro dónde estoy». 

No ganó ningún Óscar, aunque nominaron la banda sonora. Sí que fue ganadora en los Premios Sant Jordi… en 1970, porque sí, esta película de 1942 en España no se pudo ver, por la censura, hasta los años setenta.

Es una película que se visionó y comentó en «¡Qué grande es el cine!», lo puedes ver tanto en You Tube como en RTVE Play. Aquí, enlace a RTVE Play. De ese coloquio he sacado muchas ideas que salen en este comentario mío.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.

Añado un artículo del periódico argentino La nación, que habla de la historia detrás de esta sátira. Y una imagen de Wikicommons con Carole Lombard en el papel de Maria Tura, con la irónica sastra detrás. Lo que el marido ignora, no le puede daño a la mujer...

domingo, 15 de marzo de 2026

«El ejemplo de Vasili Grossman», de Shimon Márkish

 

Pues ya son cinco las reseñas que he hecho en el programa Masa Crítica de Babelio. En general, cojo ensayos de temas que sé que me van a gustar, pero es que esta vez me ha encantado.

Shimon Márkish, «El ejemplo de Vasili Grossman» se publicó en 1985, el año que se puso en marcha la perestroika. Analiza la vida y obra de Grossman en relación con un tema que quizá no fuera el principal de Vasili Grossman, pero que sí le interesaba a Shimon Márkish, el tema judío. 

Muy ameno, muy bien traducido, te va analizando la evolución del autor, desde sus obras iniciales de realismo soviético de los años treinta, pasando por cómo vivió la SGM como corresponsal, El libro negro que escribió junto a Iliá Ehrenburg, y la realización de su obra maestra, Vida y destino (Zhizn i Sudbá), inédita en la URSS, prohibida y que se salvó para la posteridad de chiripa. Grossman murió en 1964, y Vida y destino no se publicó hasta el año 1980, gracias a los esfuerzos, entre otros, del propio Shimon Márkish, y de Efim Etkind.

A ver si algún día hablo aquí de ella. Para mí, es el novelón de la Europa del siglo XX, porque trata del acontecimiento que a mí me parece central de nuestra historia, en esa centuria, la Segunda Guerra Mundial, con el enfrentamiento de dos ideologías totalitarias, que aplastaban y esclavizaban a sus propios ciudadanos. 

Como sé que es difícil que te escojan en Masa Crítica, le estoy muy agradecida a Ediciones del Subsuelo la oportunidad de conocerlos a través de este ensayo. Creo que no había leído hasta la fecha ningún libro suyo.

domingo, 16 de febrero de 2025

#52 El hundimiento

El hundimiento
 


Der Untergang

Año: 2004

País: Alemania

Dirección: Oliver Hirschbiegel

Música: Stephan Zacharias

 

Un domingo más, el cine. Una película alemana de hace veinte años que impresiona

 

 

Es mi creencia que la Segunda Guerra Mundial es el acontecimiento histórico más determinante del siglo XX en Europa.

Lógicamente, un estadounidense, un argentino, un iraní o un nigeriano lo verían de otra manera, en sus historias nacionales habrá eventos más influyentes. Pero, en el contexto europeo, me parece indiscutible. Influye incluso en países como España, que no participó directamente. Hubo, eso sí, españoles en ambas partes de la contienda. Desde «La Nueve» y otras compañías de la Francia Libre a la División Azul, los espías dobles y triples, sin olvidar a todos aquellos republicanos españoles que sufrieron y murieron en Mauthausen.

Por eso me gusta, aunque sea duro, leer sobre esa guerra, ver documentales y también agradezco las películas que ilustren aquella época.

El hundimiento te cuenta los últimos días en el búnker de Berlín. Lo hace desde la perspectiva de Traudl Junge, una de las secretarias de Hitler, joven bávara que estuvo allí hasta el último momento y que años después relató lo que ocurrió en aquellos días.

Si eres aficionado a esta historia, la mayor parte de las cosas ya te las han contado antes (aunque nunca tan bien). Ese Hitler celebrando su último cumpleaños, su última salida del búnker para poner medallas a niños, cómo mueve ejércitos ya inexistentes, y lo poco que se atreven a decir los que le rodean, y se enfurece con aquellos que se atreven a insinuar la posibilidad de poner fin a la guerra antes de que los alemanes sigan sufriendo. También, cómo todas las ratas van abandonando el barco, Göring, Himmler o Speer (el más listo de todos ellos, salió demasiado bien librado al final), todos salvo Goebbels, que incluso se lleva allí a su fanática mujer y los seis niños. También, también te representa el final de éstos, en una reconstrucción helada en su horror.

Otras cosas quizá se conocen menos, como el episodio de Fegelein, «cuñado» de Hitler, comandante al servicio de Himmler que estaba casado con la hermana de Eva Braun. Un vivalavirgen que acaba ejecutado por orden de Hitler justo el día antes de que él se suicidara. Que te dices, ¿para qué? Aquí sale mucho del sufrimiento adicional, de la prórroga de la guerra cuando estaba perdida, sin mucho sentido.

Solo una mirada muy superficial puede hacer creer que humaniza a los personajes. No, no empatizas con ninguno de ellos, no creo que esa sea la pretensión de quienes hicieron la película. Tampoco aspira a retratarte a unos monstruos hiperbólicos. No, se trata de cómo esta gentuza era tan vulgar como fanática, cómo la maldad tiene aspecto muy rutinario y hasta ridículo. Al final, hasta los reiterados suicidios acaban pareciendo de un chiste con humor muy negro.

Hay muchas películas que recrean episodios de la SGM, y no suelen elevarse más allá de un correcto artesanado. Aquí no es así. Estamos ante una película fenomenal basada —para mí— en tres puntos fundamentales.

La primera, el guion, sabe manejar las situaciones y los personajes, contar lo que pasa sin que pierdas el hilo.Te atrapa y te lleva y cuando quieres darte cuenta han pasado dos horas y media que se te hacen  cortas.

Lo segundo, la puesta en escena, la factura cinematográfica, desde esa cámara que sabe ser estática o dinámica según el momento, esa forma de mover la steadicam siguiendo a este o aquel personaje. Transmite muy bien aquel claustrofóbico entorno. Por contar un detalle que te hace especial esta película y te hace ver cómo cuidan ciertas cosas: la música. Muchas películas ambientadas en la Alemania de 1945 te ponen tópicamente Wagner, y si es El crepúsculo de los dioses, mejor. Aquí no hacen eso, son más sabios al expresar ese fanatismo, ese culto a la muerte como una opción personal cuando podían haber actuado de otra manera. Es un tema recurrente a lo largo de toda la película un arreglo sinfónico de «When I am laid in earth», de Dido y Eneas. Te apunta a que aquí no hay nada grandioso, espectacular, de «fin de una era». No, aquí se trata de personas horribles que decidían hacer lo peor, indiferentes al sufrimiento que causan a otros.

Pero lo tercero, —y esto es lo que más me impresiona—, es la interpretación de actores y actrices. Me parecen contenidos, muy expresivos con una mirada o un gesto, con una postura, justo el tipo de interpretación sutil que más agradezco. Algo que creo que es propio de las interpretaciones alemanas, como vimos en La vida de los otros. 

La excepción es un poco Bruno Ganz, no porque sea malo, al contrario, es un actor excepcional, y aquí hace una interpretación impresionante. Su performance es diferente en el sentido de que, cuando todos interpretan a personajes que tienen que contenerse y reprimirse, el suyo, como dictador, no requiere ese autodominio. Por eso es una representación distinta: cortés y educado con las damas, reconcomiéndose en silencio en otros momentos y luego explosiones verbales, cuando se le va la olla en sus delirios, sus odios y fobias. Como tantos narcisistas, Hitler no toleraba que le llevaran la contraria, que la realidad no se adaptara a sus deseos, y le daban estos ataques de ira cuando alguien se atrevía a insinuarlo. Hace poco leí que el presidente del gobierno español también tiene ataques de ira similares que amedrentan a quienes le rodean. No sé si será cierto, pero me cuadra, supongo que es algo habitual en cierto tipo de líder cuando la realidad les sobrepasa.

En el caso de esta película, sobrecoge esa interpretación de Bruno Ganz, porque es un actor que me cae muy bien. Siempre me ha parecido majo en otras películas que le he visto, y se me hace difícil verle como el malo de la película. Pero esto es buscado, claro.

Fue considerada la mejor película internacional independiente en los British Independent Film Awards y Bern Eichinger ganó el premio al mejor guion en el 20 Festival de Mar del Plata.

Fue candidata a otros premios, pero no los ganó. Así, estuvo nominada como mejor película internacional o extranjera en los premios Óscar, (le ganó Mar adentro, de Amenábar y, en mi opinión, es uno de los casos en que el tiempo pone a cada uno en su sitio, la película alemana me parece muy superior a la española), en la de la Asociación de Críticos Norteamericanos y en la Asociación de críticos de Chicago, mejor película europea en los Goya, mejor película en el festival de Mar del Plata, a Bruno Ganz lo nominaron como mejor actor en los premios del Cine Europeo.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.