lunes, 22 de abril de 2019

#44 Angkor Wat

Vista frontal de Angkor Wat
Por Björn Christian Törrissen (2005)
[CC BY-SA 4.0], vía Wikimedia Commons








Tipo de construcción: complejo de templos
Época: principios del siglo XII
Lugar: Camboya






Un enorme conjunto de templos atestigua la grandeza del imperio jemer

Cuando miro estas imágenes de lugares maravillosos en la otra punta del mundo, compruebo lo poco que sabemos los occidentales sobre qué son, qué significa, quién construyó estas edificaciones, qué sentido tienen y cuál es su mérito artístico.

Y eso es porque desconocemos por completo el contexto. Incluso si son lugares Patrimonio de la Humanidad, no forma parte de nuestra formación saber nada de ellos. Desconocemos casi todo de estas construcciones que, sin embargo, nos pertenecen en cuanto humanos. Eso significa ser «Patrimonio de la Humanidad», que algo nos pertenece a todos en tanto que humanos, que no es en exclusiva propiedad de un Estado, o a personas que hablan determinada lengua o han sido educados en una cultura en particular.

Hay más templos y construcciones en Angkor, pero este es el más importante. De hecho, Angkor Wat no es un solo templo, sino un conjunto de ellos. Alardea de ser uno de los lugares religiosos más grandes del mundo.

Fue erigido en medio del esplendor del imperio jemer, promovido por un rey llamado Suryavarman II, que reinó entre 1113 y 1150.

Sigue el estilo jemer clásico, combinando dos tipos de templo. Por un lado, el templo-monte, pues más que un lugar para rezos y ceremonias, se construyó como morada de los dioses, a imitación del monte Meru. Por otro lado, el templo de galerías concéntricas.

Todo el conjunto está rodeado por un lago que representaría el océano que se supone que rodeaba el monte Meru.

Hay tres recintos de forma rectangular, uno dentro de otro. El muro exterior está construido con una roca llamada laterita, rica en hierro y aluminio; se forma en áreas tropicales y cálidas, y debido a esa alta composición de óxido de hierro, tiene ese color rojo oxidado. Hay una entrada en cada uno de los cuatro puntos cardinales, siendo más grande la occidental, con tres torres arruinadas.

El resto de la construcción es, principalmente, piedra arenisca. Lo más destacado de su perfil son esas cinco torres con forma de loto, una central más alta. Simbolizarían los cinco picos de la montaña.

La estructura central sería el templo propiamente dicho. Se eleva sobre terrazas sobre la ciudad. Está formado por tres galerías que se alzan hacia la torre central.

Este templo tiene una rica decoración de bajorrelieves, con escenas a gran escala, que proceden, principalmente, del Ramayana y el Mahabharata. En la galería más occidental, por ejemplo, se encuentra una representación de las batallas de Lanka y de Kurukshetra. También se ven escenas del infierno y el paraíso hindú. Angkor Wat es famosa, precisamente, por los frisos y bajorrelieves que, como ocurre con la coetánea escultura románica en Europa, estaba al servicio de la arquitectura, integrándose en el edificio.
Bajorrelieve con la batalla de Lanka
Photo Dharma de Penang (Malasia)
2010 [CC BY 2.0], vía wikimedia commons


En origen, estuvo dedicado al dios Vishnu, pero con el tiempo, al cambiar de religión los reyes, del hinduismo al budismo, los templos recibieron esta nueva dedicación.


Angkor fue abandonada en el año 1432, barajándose diversas hipótesis respecto al porqué de esta circunstancia. No obstante, en Agkor Wat sí que se quedaron los monjes, y allí siguieron cuando los occidentales «descubrieron» esta antigua ciudad medio oculta por la selva. Actualmente, es un símbolo tan importante para los camboyanos que hasta lo tienen en su bandera. Obviamente, es una fuente de ingresos turísticos muy importante para el país. Pese a todo, se considera que está en peligro, aquí te explican que es tanto por el aumento de visitantes como por motivos medioambientales.

«Angkor Wat» está incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1992, y en su página web lo describe de la siguiente manera:

Angkor es uno de los sitios arqueológicos más importantes del Asia Sudoriental. Se extiende por unos 400 km2, cubiertos en gran parte por la selva, y encierra los admirables vestigios de las distintas capitales del Imperio Jémer, que estuvo en su apogeo entre los siglos IX y XIV. Entre esos vestigios destacan el célebre templo de Angkor Vat y el del Bayon, situado en Angkor Thom, que está ornamentado con innumerables esculturas. La UNESCO ha puesto en marcha un vasto programa de salvaguardia de este sitio simbólico y de su entorno.

Como siempre, para saber más, podéis empezar por la Wikipedia, que esta vez le dedica un artículo destacado, así que merece la pena. 

En El País dedicaron este artículo «Lo que debes saber si visitas los templos de Angkor», que puede ser útil. 

Si tienes pensado visitar este lugar, está muy bien este vídeo de Mundukos, «Angkor: guía de viaje y consejos para la visita».




sábado, 20 de abril de 2019

#34 El claustro bajo de Silos

Entierro y Resurrección de Cristo
Por Ángel M. Felicísimo de Mérida (2018)
[CC BY 2.0], vía Wikimedia Commons



Ubicación: Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos, España)
Fecha: Ss. XI-XII
Época: Arte románico
Autoría: anónima, dos «Maestros de Silos»




Animales fantásticos y dónde encontrarlos… en los capiteles de Silos


Si alguna vez tienes unos días tontos, o un fin de semana que no sabes qué hacer, he aquí una propuesta turística de fábula: Lerma–Covarrubias–Santo Domingo.

Merece la pena una estancia en Santo Domingo, monasterio en el que aún hay una comunidad religiosa, en cuyas misas puedes oír gregoriano in situ. Es una experiencia de verdad, irrepetible, seas o no católico. Y para llegar a este rincón, merecen la pena dos paradas previas: la villa de Lerma y, sobre todo, Covarrubias y su colegiata en cuyo claustro está el sepulcro gótico de la princesa nórdica Cristina de Noruega (Kristín Hákonardóttir), tan curioso con la bandera española y la noruega.

Pero el plato fuerte es el monasterio de Silos, donde se puede ver la obra que me atrevo a calificar más importante en escultura románica castellana del siglo XI. Vayamos a su claustro, en concreto a la planta baja.

Allí, en sus capiteles y los relieves de los machones esquineros, veremos la evolución de la escultura románica, en los siglos XI y XII. Ya sabéis que la escultura románica estaba puesta al servicio de la arquitectura, y que se tallaba la piedra, e este caso piedra caliza, como adorno de los edificios y con finalidad didáctica, ilustrando episodios neotestamentarios.

No se sabe quién fue su autor. Se reconoce la mano de dos Maestros de Silos, digo yo que con sus talleres. Lograban espléndidos bajorrelieves usando instrumentos como el cincel, el taladro y el  trépano.

Empecemos por los capiteles del claustro bajo. Allí veremos los relieves más antiguos, en donde no hay figuras humanas, sino animales, monstruos míticos, lacerías, motivos vegetales, etc. Animales como gacelas o avestruces, monstruos como las arpías, dragones, centauros, grifos, sirenas,… las hojas de acanto, los zarcillos y los encestados,… toda esta escultura recuerda, inevitablemente, a las tallas del arte islámico califal bien conocido por los cristianos de la época, pues lo tenían allí cerca, en el Califato de Córdoba, que llegó hasta el 1031. Destaca el detalle en los picos, las plumas, el pelaje de los animales.
 
Aquí, unas arpías fotografiadas en 2013 por GFreihalter
[CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons

Voy a centrarme en los relieves de los machones. Un machón es definido –al menos por Google– como «pilar de fábrica adosado a la parte exterior del muro de un edificio del muro de un edificio con el fin de reforzarlo en los puntos en que la construcción soporta mayor empuje». 

El claustro tiene cuatro ángulos, que son otros tantos machones; pues bien en cada uno de ellos encontramos dos escenas. Eso suma, en total, ocho relieves sobre la vida de Cristo y de la Virgen. Estamos ya en el primer cuarto del siglo XII. A esta época pertenecen las escenas de Pentecostés y la Ascensión. Estos relieves recuerdan a obras anteriores como la talla de marfil (recordemos la cristiana Cruz de don Fernando y doña Sancha o el islámico Bote de la catedral de Zamora) y su horror vacui: «horror al vacío», tienen que cubrirlo todo con decoración, sin dejar huecos libres.

 
La escena de la Ascensión del Señor, fotografiada por Ángel M. Felicísimo
de Mérida (España) [CC BY 2.0] vía Wikimedia Commons

De mediados del siglo XII serían las escenas más notables del claustro. De esta época, aún del primer Maestro de Silos, sería el Descendimiento de la cruz,…
Nuevamente, se debe la imagen a Ángel M. Felicísimo
... y, sobre todo, el prodigioso Santo Entierro y Resurrección que encabeza este artículo. Aquí me voy a detener, no tanto por ser propio de la fecha (hoy que es Sábado Santo o de gloria) sino porque merece la pena deleitarse en esta que es una de las obras más representativas de la escultura románica.

Como se ve, la talla se enmarca en un arco de medio punto que se apoya en columnillas con capiteles corintios. Por encima, una franja de taqueado jaqués tan propio del románico mesetario.

Foto de Turol Jones (2009)
La talla en sí se divide en tres franjas o escenas.

En la parte de arriba del todo vemos a un ángel sentado sobre una piedra en diagonal, que habla con las tres Marías para advertirles de que no busquen entre los muertos al que está vivo porque ha resucitado, esto es, les anuncia la Resurrección de Cristo.

Justo debajo hay otra escena que temporalmente se corresponde a un episodio anterior, el Santo Entierro compuesto con forma de triángulo: en el suelo un Cristo yacente y, a los lados, dos figuras inclinadas que serían los otros dos lados del triángulo. Serían José de Arimatea a la cabeza y Nicodemo a los pies.

PMR Maeyaert (2012) [CC BY-SA 3.0]

Y debajo de todo estarían representados los siete soldados que custodiaban la tumba de Jesucristo y que estaban privados de sentido. Están recostados, paralelos unos a los otros, tirados para un lado o para el otro.

Para lo rígida que suele parecer la escultura románica, aquí vemos un auténtico dinamismo. Si te abstraes de la escena en sí, de las figuras, y acabas representando todo el conjunto como meras líneas, ves que hay un contraste, porque unas son verticales, como las tres Marías, otras horizontales, como el Cristo yacente y otras diagonales en uno u otro sentido, como los soldados.

También se aprecia cierto movimiento en las curvas de los cuerpos, e incluso en los pliegues de las ropas, anticipando ya el movimiento del gótico.

Del mismo Primer Maestro serían los discípulos de Emaús y, sobre todo, el muy conocido con el tema de «La incredulidad de Santo Tomás».

La incredulidad de santo Tomás,
Rafael Tello (2016)
[CC BY-Sa 4.0] vía Wikimedia Commons

Se ve que está la figura de Cristo resucitado, de tamaño mayor que el resto de los personajes, lo que pone de manifiesto su carácter protagonista de la escena. A esta técnica se llama perspectiva jerárquica.

Santo Tomás, que no se cree que esté en presencia de Jesucristo, mete la mano en el costado, donde Cristo tiene la herida de la lanza. Así es cuando comprueba que, en efecto, era él. Se ve que este Tomás era un espíritu proto-científico, de esos de «si no lo veo, no lo creo». Lo cuenta el Evangelio según san Juan, 20:24-29. Su escepticismo no mola demasiado a Jesucristo, que le dice «¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!». Ya se ve que lo propio de las religiones es no ofrecer pruebas de lo que afirman, y hasta les sienta mal pedirlas… Este Tomás debería ser el santo patrono de los científicos, si esa idea no fuera una contradictio in terminis. Al menos, nos queda el consuelo de que es uno de los santos patronos de los jueces, que me parece a mí que conviene a todos que decidan con pruebas y no con sus creencias sin fundamento.

He visto calificado este relieve como uno «de los más escenográficos» del claustro. En la composición se yuxtaponen dos frisos, en cada uno de los cuales hay una serie de figuras agrupadas. La escena vuelve a situarse bajo un arco de medio punto y se ve representado un castillo medieval de forma estilizado. Por encima, de nuevo, nuestro querido taqueado jaqués.

Esto de que el artista pasara de los capiteles a los machones te hace pensar que al escultor el remate de las columnas se le quedaba pequeño. Lo que quería contar, como lo quería representar, precisaba de lugares más amplios y se fue al hueco que vio. ¡Era un artista, y necesitaba expresarse, desarrollar todo su amplio talento…!

Los otros relieves que me faltan por mencionar son, a mi modo de ver, de menor interés, son posteriores (finales del XII) y se atribuyen al segundo Maestro de Silos: Asunción y Coronación de María y el árbol de Jessé. 

Esta abadía benedictina fue un importantísimo centro religioso en la Edad Media. El comienzo de las obras en este claustro se atribuyen al abad Fortunio. Como era tan importante, esta obra escultórica fue un modelo imitado por toda la Meseta Norte, en particular por el magnífico románico palentino.

No me voy a explayar más. Si necesitas un análisis de la obra propia de la Selectividad, hoy EBAU, hay una muy útil en selectividad.tv, que se centra en el Entierro y Resurrección de Cristo y de donde he cogido algunos datos para esta entrada. 

Para una visión del conjunto del monasterio, tenemos ArteGuías

Un documental de nueve minutos sobre el claustro lo tenemos en You Tube:


Al claustro de Silos o, más bien, al ciprés que se alza en el centro, le dedicó una poesía el santanderino Gerardo Diego, que era muy dado a esto de poetizar el patrimonio histórico-artístico español. Ya lo mencioné en este blog al hilo de las pinturas de San Baudelio de Berlanga

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.
El claustro y su ciprés,
Por PMR Maeyaert (2012)
[CC BY-SA 3.0] vía wikimedia commons

jueves, 18 de abril de 2019

#29 Catedral de Durham


Triforio de la catedral
User:Soloist (2005)
[CC BY-SA 3.0] vía Wikimedia Commons




                       
Ubicación: Durham (Inglaterra, Reino Unido)
Fecha: 1093–1133
Estilo: Arte románico
Tipo de edificación: templo




El románico llega a Inglaterra de la mano de los invasores.

Aunque hasta la fecha llevo 20 entradas dedicadas al Reino Unido, ha sido para comentar libros, películas y óperas. De las artes plásticas, solo Stonehenge lo que da una idea de lo escasamente civilizadas que estaban las islas, lo bastante primitivos que eran, en materia constructiva, aquellos reinos sajones,… mientras –como hemos visto– que la cultura y arte siguió floreciendo durante los siglos oscuros en el Mediterráneo y, a trancas y barrancas, iba apareciendo al norte de los Alpes.

Las cosas cambiaron cuando la isla de Gran Bretaña fue, en su mayor parte, conquistada para el duque de Normandía, Guillermo el Conquistador, en el año 1066. Entonces llegó a Inglaterra el arte, en el estilo propio de la época, que era, como hemos visto por las últimas entradas, el románico.

De las catedrales románicas erigidas en suelo inglés, la más destacada es la de Durham, que es de la que vengo a hablar hoy. Erigida en lo de una colina, en una curva muy cerrada del río Wear por debajo, recia, se notaba en ella ese elemento de la iglesia no solo como lugar de oración, sino también de refugio tras gruesos muros.

No es de extrañar que a las iglesias románicas se las llamara «castillos de Dios». Hay que tener en cuenta que era una época de inseguridad, el famoso «terror del año mil» del que habló Focillon. La cristiandad se sentía asediada por todos los lados, y llevaba así un tiempo, atacada a lo largo de los últimos dos siglos por vikingos, sarracenos y húngaros.

Justo al lado tiene el castillo, fácilmente defendible por esa posición. Hay que tener en cuenta que Durham está muy cerca de la frontera escocesa, tierra extranjera de la que podían venir hostilidades.

Foto aérea de la catedral de Durham, con el castillo al fondo
Vik Walter de Durham (2008)
[CC BY 2.0] vía Wikimedia Commons


En el año 1080 el rey Guillermo nombró obispo de Durham a Guillermo de San Calais, y este emprendió la construcción en el año 1093. Ya sabéis que las catedrales medievales llevaban su tiempo, así que se se fue acabando primero el coro (1096), luego los muros de la nave central (1128) y la bóveda (1133)

Aquí encontramos, por primera vez, un elemento arquitectónico original que luego tendría gran predicamento en el gótico y estilos posteriores: la bóveda de crucería o bóveda de ogivas, una innovación genial para aquella época, finales del siglo X, único no solo en Inglaterra sino realmente en toda Europa. No me estoy refiriendo a añadidos de siglos posteriores, sino algo realizado en aquella época, fines del X, principios del XI. Es extraordinario.

Lo propio del románico es la bóveda de cañón, que no es sino prolongación en el espacio de un arco de medio punto. En la crucería, en lugar de estar uno detrás de otro, los arcos, bien de medio punto bien ligeramente apuntados, se cruzan, creando así, en vez de una continuidad, una bóveda por tramos. Y, además, en cada tramo, cuatro espacios diferentes.

Nave central de la catedral
Oliver-Bonjoch (2010)
[CC BY-SA 3.0] vía Wikimedia Commons

Hay una nave central más ancha y dos laterales. Encima de las arcadas que dan paso a las naves laterales está el triforio, esa galería que da luz a tribuna. Se ve que a las naves laterales se pasa por grandes arcos, mientras que en triforio son arcos geminados con una columnilla entre elos. Las columnas y los pilares alternan: unos son lisos, otros tienen elementos geométricos a modo de adorno.

El castillo y la catedral de Durham fueron designados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1986. En su página web, la Unesco la describe así:

Construida entre finales del siglo XI y comienzos del XII para conservar las reliquias de San Cutberto, evangelizador de Nortumbria, y las de San Beda el Venerable, la catedral de Durham es el monumento más grande y espléndido de la arquitectura normanda en Inglaterra, así como un testimonio de la importancia de las primeras comunidades monásticas benedictinas en este país. La audacia innovadora de sus bóvedas prefigura el arte gótico. Detrás de la catedral se yergue el castillo, una antigua fortaleza normanda que sirvió de residencia a los obispos-príncipes de Durham.

Aquí, un documental de unos ocho minutos, obra de The Guardian sobre esta catedral. Está en inglés, sorry. Por lo visto, lo eligieron como el mejor edificio del Reino Unido. Hombre, se les va un poquito la olla nacionalista al decir que quizá sea «el mejor edificio románico de Europa». Como si, llegados a este punto, no hubiéramos visto ya suficientes ejemplos de grandiosos edificios románicos, en Francia y en España.






domingo, 14 de abril de 2019

#2 El primer hombre de Roma

Diseño e ilustración de la cubierta
© Idee



Autora: Colleen McCullough
Título original: The first man in Rome
Fecha de publicación: 1990
Parte de una serie: Masters of Rome (Señores de Roma) #1


He vuelto a leer el primer tomo de esta heptalogía (¡siete tomos, siete…!) ambientada en la Roma tardorrepublicana. Y de nuevo me he quedado atrapada, sin poder dejar de leer, de manera que casi sin pestañear, cuando me quise dar cuenta, ya me había zampado sus mil páginas.
Narra el ascenso de Cayo Mario y Lucio Sila. Al principio de la novela, el primero es un veterano de la guerra de Hispania, sin ninguna labor política destacada. Hombre nuevo, rico, pero no particularmente apreciado por los nobles que dominan el Senado. Decide casarse, y da con la mujer perfecta para él, Julia.
La vida de Lucio Sila es totalmente arrastrada. De noble cuna, pero sin un sestercio a su nombre, vive (y duerme) con su madrastra y su amante, su principal entretenimiento es el teatro y jovencitos como el precioso Metrobio.
De unos inicios tan poco auspiciosos, se va viendo cómo estos dos van ascendiendo, cada uno desde un nivel social distinto, gracias primero a la guerra de Yugurta (los que tuvisteis que traducir a Salustio en el instituto lo recordaréis), y, después, a la amenaza de una invasión de germanos.
Se lee la novela de una manera apasionante, como un auténtico culebrón. Despliega a un montón de personajes muy atractivos, tanto hombres como mujeres. Lo bueno de Colleen McCullough es que te los presenta a todos esos nombres clásicos como personas de carne y hueso. Hay mujeres inolvidables, comenzando por la madrastra y la amante de Sila, que abundan al principio de la novela, como Julia, la esposa de Cayo Mario, o Julilla, o Aurelia, la madre del Julio César más conocido de la historia, y que aspiraba a ser una matrona romana tan digna y tan respetada como Cornelia, la madre de los Graco.
Pero, sobre todo, se te quedan en el magín las figuras de los protagonistas: Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila. 
Sobre todo Sila,… Sila,… el personaje más moderno, más mercurial, más incomprensible… Frío como después será Octaviano, despiadado y brutal, un auténtico psicópata que no para en nada,… pero luego tiene ese aspecto tan raro de amar a sus hijos, de ser capaz de enamorarse, tanto de Metrobio como de alguna mujer a la que admira. Y ese gusto por la farsa, ¡por el teatro!
Al releer esta primera novela, sigo sin entender a ese personaje, posiblemente porque el propio Sila histórico tampoco debió ser persona comprensible para sus contemporáneos.
En cualquier listado de novelas históricas te mencionarán éstas. Son amenísimas, se nota que McCullough domina todos los resortes de cómo escribir un auténtico superventas. Lo primero, acción que no se detiene, incluso cuando te cuenta anécdotas o antecedentes de algo sabe hacerlo de forma muy hábilmente entremezclada con la trama, de manera que no hay aburrido infodump.
Lo segundo, esos personajes apasionantes, con sus sentimientos, sus dudas, y la competence porn, por supuesto, lo hábiles que son para poder salirse con la suya.
Con sus dosis de sexo, y violencia, de intriga y a veces con tonos muy negros de asesinatos.
Lo alucinante es que, al releer, aunque ya sabía más o menos lo que iba  a pasar, aún así me tuvo en tensión todo el rato, como si fuera de nuevas.
De toda la serie recuerdo los primeros libros como los mejores: los de Mario y Sila primero y Julio César y Pompeyo, después. Aparte de Sila, se te queda también la figura de Julio César, que en esta novela simplemente nace. Hábil, inteligente, seductor,… Se nota a McCullough enamorada de esa figura, con un retrato muy distinto al que, por ejemplo, hace Robert Harris en su trilogía de Cicerón. La última novela, Marco Antonio y Cleopatra, empalideció en comparación con sus antecesoras, la recuerdo como un decepcionante cierre de la serie.
La traducción está en general bien, quitando algún nombre que no sé por qué no ponen tal como consta en la historiografía, como ese Cepión al que llaman Cepio. Recuerdo especialmente buena la traducción de los tres primeros tomos, de Francisco Marín Arribas; luego se mantuvo normal y recuerdo como torpe la del último tomo, el dedicado a Marco Antonio y Cleopatra, aunque igual es simplemente que fue un libro no muy lucido en general.
Si te gusta la novela histórica ambientada en la antigua Roma, esta saga es imprescindible. Y más si, como yo, eres de esas personas que prefieres la época de la República Romana más que al Imperio. Hablando del Imperio, los escritores cristianos se empeñan en hacer apostolado con una imagen idealizada sobre la iglesia antigua, sobrevalorando su importancia, y no cuando se esfuerzan en ser realistas, como la estupenda Juliano de Gore Vidal, de la que espero hablar por aquí en el futuro.
Las novelas se podrían leerse aisladamente, pero la mejor manera es uno detrás de otro, por orden cronológico. Así se tiene la impresión de haber vivido todo el siglo I a. C. durante las semanas o meses que emplees en leerlos.
Los siete libros que la componen, son, como se señala en el artículo de la Wikipedia dedicado a esta saga:
1.    The first Man in Rome (El primer hombre de Roma, 1990). Años 110-100 a.C.​
2.    The grass crown (La corona de hierba, 1991). Años 99-86 a. C.
3.    Fortune's favourites (Favoritos de la fortuna, 1993). Años 83-69 a. C.
4.    Caesar's women (Las mujeres de César, 1996). Años 68-58 a. C.
5.    Caesar (César, 1997). Años 54-48 a. C.
6.    The October horse (El caballo de César, 2002). Años 48-42 a. C.
7.    Antony and Cleopatra (Antonio y Cleopatra, 2007). Años 41-27 a. C.
Como estos libros son tan populares, cada uno de ellos tiene página en la Wikipedia, incluyendo este Primer hombre de Roma
Planeta ha editado estos libros varias veces, lo hay tanto en tapa dura como en rústica. Y también hay una en géltex del Círculo de Lectores.

viernes, 12 de abril de 2019

#28 Canon (Pachelbel)

Tumba de Pachelbel,
Núremberg, foto de Dalibri (2013)
[CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons



Canon y giga en re mayor para tres violines y bajo continuo

Kanon und Gigue in D-Dur für drei Violinen und Basso Continuo



Compositor: Johann Pachelbel
Estreno: ¿?, h. 1680


No sé si recordáis la serie Cosmos…

No la de Neil deGrasse Tyson, sino la de 1980, la de Carl Sagan. A mí me impresionó mucho, pero lo que más recordé a lo largo de los años fue su banda sonora, llena de piezas que yo escuchaba por primera vez, entre ellas este archifamoso Canon de Pachelbel.

En el mundo de los escépticos, ateos y demás obsesos de la evidencia científica, entre los que más o menos me encuentro, Carl Sagan sigue siendo un nombre conocido, una auténtica referencia. Lo que no estoy tan segura es si, como me pasa a mí, la banda sonora de su documental, les marcó tanto.

Gracias a ella conozco cosas como que el albedo de la Tierra es 0.39, porque una pieza de Vangelis precisamente se titulaba así y se repetía una y otra vez, entre otros datos referentes a nuestro planeta. Digo es, pero en realidad es era entonces, en 1976. El albedo es la proporción de luz que recibe y que vuelve al espacio. Ahora es menor, 0.30, o sea, retenemos más radiación que la que reflejamos. Yo ahí lo dejo, para que penséis un poco el porqué y empecéis a investigar qué consecuencias puede tener eso de un albedo cada vez más bajo.

Era un álbum magnífico en el que descubrí entre otros, el Adagio de Albinoni y este Canon de Pachelbel. Como veis, obras barrocas muy conocidas. De hecho, son las únicas composiciones conocidas popularmente de estos autores.

Johann Pachelbel (1653-1706) fue un compositor barroco alemán, de música para órgano, sí, pero también de obras como esta, más de cámara. Nació y murió en Núremberg, donde pasó también parte de su vida profesional.

La definición DRAE de canon es «Composición de contrapunto en que sucesivamente van entrando las voces, repitiendo o imitando cada una el canto de la precedente».

Este Canon de Pachelbel, según leo en la Wikipedia en inglés, combina las técnicas del canon y del bajo continuo. El canon es una recurso polifónico en el que varias voces entonan la misma música, entrando sucesivamente –lo que es otra forma más sencilla de decir lo mismo que la RAE–. En esta obra hay tres voces implicadas en el canon, y una cuarta, el bajo continuo, que tiene una parte independiente.

He puesto como fecha más o menos el año 1680, pero lo cierto es que no se sabe ni cuándo ni para qué se compuso. Puede ser cualquier año entre 1650 y la muerte del autor. Como tantas piezas barrocas, cayó en el olvido hasta que la empezaron a recuperar en el siglo XIX. Y, desde luego, en el tramo final del siglo XX hasta nuestros días, se ha convertido en una pieza muy conocida, archiconocida, hasta el punto de que, por oída una y otra vez, se nos hace difícil disfrutarla.

¿Por qué en mi tierna cuasi-infancia, aficionada más a otras músicas, de repente estas me gustaron tanto…?

No lo sé. Pero escuchar el Canon es como sentir que se te ensancha el pecho, que te emocionas, que te sube y baja por la espina dorsal un estremecimiento, una emoción que no sabes muy bien de dónde viene. La música barroca es así, te sacude, te moviliza, pero luego de llevarte de un lado para otro, te hace aterrizar suavemente. Como la romántica, te inunda de emociones, pero luego te reconcilia, te equilibra, algo que no ocurre en el Romanticismo, que siempre te deja un poco desasosegado y noqueado.

Creo que por eso en música clásica yo llego hasta Haydn y Mozart, y rara vez más allá. Me gusta la pasión, sí, pero también la racionalidad y el equilibrio.

Este Canon merece verdaderamente el calificativo de imperecedero. Y en gran medida, por la aparente sencillez de su melodía, tan pegadiza. Hay infinitas versiones de él, pues es de esas piezas que se incluyen en muchos repertorios de música barroca.

Por coger una para nuestra discoteca, apunto al combo que sugieren en la guía Penguin, el de Karl Münchinger con la orquesta de cámara de Stuttgart para la Decca. En una primera versión emparejaron esta obra con otras dos de las piezas barrocas más conocidas, el ya mencionado Adagio de Albinoni y Las cuatro estaciones de Vivaldi. Actualmente en Spotify lo que encuentras es otro álbum que lanzaron en 1989, quitando Las cuatro estaciones y añadiéndole obras de Bach, Boccherini y Händel.

Pero vamos, que si te gusta la música barroca, déjate guiar por tu gusto personal por este o aquel ensemble musical y por la interpretación con instrumentos modernos o de época. La música barroca es como un vino blanco, muy variado según quien lo interprete; la del siglo XIX es más bien como un tinto, todo acaba sabiéndote a roble.

En You Tube he encontrado versiones sinfónicas, como la interpretación por parte de la Orquesta Sinfónica de RTVE, dirigidos por Adrian Leaper, para la Navidad de 2008, pero os dejo con una versión historicista, usando instrumentos más de la época y que se basa, o al menos así lo anuncian, en la partitura más antigua conservada: 



domingo, 7 de abril de 2019

#28 Iglesia de madera de Urnes




Iglesia de Urnes
Por Hessel1309 (2008)
[CC BY-SA 3.0] vía Wikimedia Commons

                      
Ubicación: Luster (Sogn og Fjordane, Noruega)
Fecha: h. 1130
Estilo: Arte vikingo
Tipo de edificación: templo




Y mientras en el sur de Europa se levantaban impresionantes templos en piedra,… en el norte hacían lo que podían con lo que les quedaba más a mano

Es todo un contraste pensar en las catedrales románicas que he comentado aquí, las magníficas y grandiosas catedrales de Santiago, o Jaca, Pisa o Santa Fe de Conques y luego ver lo que hacían en los bárbaros pueblos del norte: pequeñas iglesias de madera que se han conservado hasta nuestros días.

Vamos, por no hablar del impresionante arte islámico, que llevaba ya dos siglos produciendo mezquitas asombrosas.

A estas iglesias construidas en madera se las conoce también en los libros de arte con su denominación en noruego: stavkirke. Al parecer se levantaron este tipo de iglesias por toda Escandinavia, pero hasta nuestros días solo han llegado, prácticamente, las de Noruega. Al estar levantadas en un material perecedero como la madera, tiene su lógica que solo se conserven unas pocas. Por otro lado, conforme los países se iban enriqueciendo, se sustituirían, digo yo, por otras más sólidas y en piedra. Parece mentira pero hasta hace cuatro días, la península escandinava era bastante pobretona, no hay más que ver aquella deprimente película, Pelle el conquistador, sobre un emigrante sueco.

He puesto que se construyó hacia el año 1130, aunque en otros lugares ponen 1150 o una década más allá. Pongamos mediados del siglo XII y nos damos por contentos, ¿verdad?

Como se ve, esta iglesia es tirando a pequeñita. Se encuentra en la orilla oriental de un fiordo, que tampoco debía ser una zona muy poblada por entonces.

El arte vikingo se incluye en ese cajón de sastre llamado prerrománico, donde caben realmente cosas muy diversas. A mí me resulta curioso ver elementos como arcos de medio punto o capiteles, pero tallados en madera y no en piedra.

Su forma piramidal evoca a aquellas salas de reunión propias de los nórdicos. A mí esta forma de construir me recuerda un poco al arte japonés o chino, por esas diferentes alturas, los aleros tan sobresalientes y los remates animales en algunos puntos del tejado.

La stavkirke de Urnes fue designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1979. En su página web,  la Unesco la describe así:

Emplazada en el paisaje natural de Sogn og Fjordane, la iglesia de tablas (stavkirke) de Urnes es una obra maestra de la arquitectura en madera tradicional escandinava. Fue construida entre los siglos XII y XIII y pueden observarse en ella reminiscencias del arte celta, de las tradiciones vikingas y de la estructuración del espacio característica del románico.

En la ornamentación, sobre todo, es donde se aprecia cierta mezcla de lo pagano con lo cristiano. Abundan los entrelazos que eran propios de la zona celta, como el arte hiberno-sajón que se hizo en las islas británicas, así como las figuras animales, aunque estilizadas. 

Es bien conocida esta representación de la pared norte, que si lo miras te parece un galgo mordiendo a una serpiente que a su vez el muerde a él. Se puede interpretar como un león (Cristo) luchando con la serpiente (Satanás), esa sería la versión cristiana de esta imagen. Sin embargo, también puedes entender que es el dragón Nidhogg enganchando las raíces del Yggdrasil, con lo que sería la representación del Ragnarok, o sea, el fin del mundo. De esta dualidad iconográfica hablan en el artículo en la Wikipediasobre esta iglesia que, dicho sea de paso, está bastante potable. 

Talla en la pared norte,
fotografiada por Andreas Tille (2003)
[CC BY-SA 4.0] vía Wikimedia Commons

Este tipo de decoración representa la fase final del arte vikingo que recibe su nombre, precisamente, de esta iglesia. El estilo Urnes se caracteriza, según la Wikipedia, por:

Tener figuras de animales, generalmente serpientes y dragones, esbeltos y estilizados que se entrelazan en diseños apretados. Las cabezas de los animales están de perfil, tienen ojos delgados y en forma almendrada y suelen tener protuberancias rizadas sobre las narices y los cuellos.

Hoy voy a poner unos dibujos animados que he encontrado en You Tube, creados por la Unesco de cara al público infantil: