sábado, 20 de octubre de 2018

#10 Romeo y Julieta

Portada de la 1.ª edición en cuarto
[Dominio público], vía Wikimedia Commons



Romeo and Juliet
Autor: William Shakespeare
Año: 1597
Género: tragedia






La historia «romántica» por excelencia


¿Quién no conoce la historia de Romeo y Julieta

Romeo, joven de Verona, acude a una fiesta esperando ver a la chica de la que está enamorado, pero entonces ve a una niña de trece años y siente el flechazo, decide que la ama.
Y en cuanto se acerca y abre la boca ella, sin mayor resistencia, decide que también, que él es su chico.
Sus familias se llevan mal, así que lo suyo es amorío y matrimonio en secreto. Cuando Romeo mata al primo de Julieta, lo destierran de Verona. Cuando la familia va a casarla, ella finge su muerte para poder huir con Romeo, pero las cosas salen mal. Acaban muertitos todos.

Ejemplo paradigmático de que, para la Literatura, una historia de amor tiene (normalmente) que acabar mal. Normalmente. Este modelo trágico se repetirá una y otra vez, porque el amor es algo loco, disruptivo del orden social, no puede salir nada bueno, etc.

Esta tragedia romántica tampoco es que sea de lo mejor de Shakespeare, es de su primera época, posiblemente su primer éxito. Pero siempre la salva la palabra inspirada, el verbo complejo, las frases que se han quedado en la memoria colectiva, como la discusión de si es la alondra o es el ruiseñor.

A mí, la frase que más me gusta es la que dice el boticario:  en la escena 1.ª del Acto V, porque resume perfectamente la diferencia entre consentimiento y sometimiento:

Ap. My poverty, but not my will, consents.
 
Lo que, en román paladino, dice:

Boticario.- Mi pobreza consiente, pero no mi voluntad.

Y luego el chulito (o desesperado) de Romeo responde con sequedad:

Rom. I pay thy poverty, and not thy will (No es tu voluntad la que pago, sino tu pobreza)

Cuando las circunstancias te obligan a someterte, no consientes, en realidad.

Y cómo puede (esto es maravilloso) hacer que un personaje secundario, de una sola escena, quede caracterizado así, tan claramente, con un par de frases.

Sus personajes son inolvidables, aunque no estén caracterizados de manera particularmente sutil. Pero no dejan de ser un poquito más que clichés andantes, llegan a convertirse en prototipos humanos de carne y hueso.

La trama en sí, es reciclada de otras historias anteriores: The Tragical History of Romeus and Juliet (1562) es la traducción que Arthur Brooke hizo de un cuento de Mateo Bandello. Pero vamos, que si te vas muy muy para atrás, hay elementos de los amantes clásicos Píramo y Tisbe.

En Shakespeare lo que se aplaude no es la originalidad del argumento, sino el lenguaje, y el dinamismo de su teatro. 

Aquí, como es propio de un amor adolescente exaltado, todo pasa muy rápido, en pocos días. El propio atolondramiento de estos dos, que no se paran a pensar un poco antes de darse muerte, contribuye a esa sensación de estar tratando con gente muy joven.
 
El último beso de Romeo a Julieta
(Hayez, 1823)
Transmite una cierta idea de fatalidad del azar. Son las circunstancias las que tuercen o frustran la felicidad humana. Pero de la manera más tontona, porque se ve desde el principio que la vieja lucha entre los Capuleto y los Montesco es algo que ya no le interesa a nadie, salvo a los criados, o a folloneros como Tibaldo. Las cosas podrían tan fácilmente haber salido de otra manera...

Personalmente, no la he visto en el teatro. La he leído y releído en papel. He visto alguna peli, como la de Zeffirelli o la que protagonizó Leonardo Di Caprio, que me gustó mucho, la verdad. No es de mis favoritas de Shakespeare. Creo que porque me molesta esta tradición literaria de amores contrariados. 

Lo maravilloso de esta obra es que seguimos con ella, siglos después. Ha dado lugar a otras obras de arte, pinturas, óperas,... Adaptándola a otros formatos, modernizándola, enfatizando más este o aquel aspecto,... Es una de las obras más representadas del autor, y sigue diciendo algo, conmoviendo, llegando al alma aunque sea para decirte, como me pasa a mí, «pero qué tontorrones, qué precipitado, ¡pensad un poco, pensad!».

martes, 16 de octubre de 2018

#40 L’Anse aux Meadows

Recreación moderna del asentamiento
Por Dylan Kereluk (2003)
[CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons




Tipo de construcción: yacimiento arqueológico
Época: siglo XI
Lugar: Terranova, Canadá

Restos de un asentamiento vikingo en América del Norte

En el año 800, a Carlomagno lo coronaron emperador en Roma. Parecía que su intento de unificar Occidente, reviviendo las glorias del imperio romano, podría ser duradero, pero el imperio carolingio pronto perdió fuelle, amenazado por todos los lados.

Desde mediados del siglo IX y durante todo el siglo X, varios fueron los pueblos que amenazaron la Europa Occidental cristiana: húngaros por el este, sarracenos por el Mediterráneo y, en las costas atlánticas, los hombres del norte.

Daneses y noruegos asaltaban las rutas comerciales, aparecían de repente en monasterios, pueblos y ciudades,... asaltaban, robaban, se llevaban esclavos y botín, y desaparecían después de causar estragos. Una primera fase era más de razias y asaltos, posteriormente empezaron los asentamientos como en las islas Británicas o en lo que hoy es Normandía. En el sur, un lugar donde había entidades políticas más fuertes y sólidas, no pasaron realmente a esa fase de conquista o instauración de nuevos estados o señoríos. (La invasión normanda de Sicilia es algo un poco más tardío, y ya eran vikingos cristianizados).

Lo que sí hicieron, en toda esa parte norte de Europa, fue revitalizar el comercio: los varegos por lo que hoy es Rusia, por ejemplo.

Se han dado diversas explicaciones a este surgir repentino de los hombres del Norte por las costas europeas, que si cambios climáticos, o exceso de población, o llámalo X. Muy atractiva es la hipótesis del historiador francés Lucien Musset, quien considera que «el deseo de ascenso social y la búsqueda de hazañas guerreras y patrimonios familiares, fueron los estímulos más poderosos» (Heers (1984): Historia de la Edad Media, pág. 61).

Cuento todo esto para entender un poco mejor quiénes eran esos pueblos aventureros, saqueadores y bastante primitivos, que con sus rápidos barcos consiguieron expandirse por otros lados y que consiguieron atravesar el Atlántico hasta llegar a Terranova.

Este asentamiento canadiense de L’Anse aux Meadows data de finales de esta época de expansión vikinga. No llegaron directamente de Escandinavia, sino que son gentes que llegaron a Islandia, de ahí a Groenlandia y después a Terranova en torno al año 1000. Estuvieron unos pocos años, no más de tres o cuatro y después, no se sabe si por la hostilidad de los indígenas americanos, o porque no se acababan de acomodar, se volvieron por donde vinieron.

Esta brevísima ocupación explica que el yacimiento arqueológico, en sí, no tenga gran cosa: restos de unos ocho edificios, que se dedicaron a viviendas y almacenes, además de una forja y un aserradero.

Para que los visitantes se hagan a la idea de cómo era aquello, han realizado una reconstrucción de cómo era un poblado nórdico.

El «Sitio histórico nacional de L’Anse aux Meadows» está incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978, siendo uno de los primeros en inscribirse (n.º 4), y en su página web lo describe de la siguiente manera:

Situado en el extremo de la Gran Península del Norte de la isla de Terranova, este parque alberga los vestigios de un asentamiento vikingo del siglo XI, que prueban una primera presencia de los europeos en el continente americano desde esa época. Las excavaciones han puesto al descubierto vestigios de edificios construidos con terrones de turba y armazones de madera, análogos a los encontrados en Groenlandia e Islandia.

Como siempre, para saber más, podéis empezar por la Wikipedia.

Puedes leer más en la página web Turismo y Viajes.

Aquí, un vídeo de casi diez minutos de un par de turistas (está en inglés) en este sitio, donde se ve lo desolado del paraje y el frío, la lluvia, en fin… Te haces una idea muy buena y sin moverte de tu calentita casa.



domingo, 14 de octubre de 2018

#21 Santa María de Lebeña

Santa María de Lebeña
Por Lebeña2012 (2013)
[CC BY 3.0], vía Qikimedia Commons



Ubicación: Cantabria, España
Fecha: ¿925?
Estilo: Arte mozárabe
Tipo de edificación: templo


                       
Una cucada de iglesia en un lugar bellísimo

Del arte mozárabe ya traje aquí una muestra escultórica, un relieve de San Cebrián de Mazote

Para rematar estas entradas dedicadas al prerrománico con una joya de la arquitectura cántabra, un ejemplo de arte mozárabe o de repoblación, del que los historiadores no se ponen de acuerdo si tiene su origen en cristianos provenientes de Al-Ándalus (teoría tradicional) o en una evolución autóctona de las formas preexistentes (más novedosa).

Cantabria es una tierra ondulada entre las montañas y el mar Cantábrico. A cada río que va desde la montaña al mar le corresponde un valle, y esa orografía hace que cada uno tenga un paisaje y un paisanaje muy peculiares. 

En realidad, si te paras a pensarlo, esto de la orografía es lo que está detrás de tanta variedad regional en España, porque después de Suiza, España es el país más montañoso de Europa y ya se sabe que las cordilleras separan más que unen, aíslan a la gente, y provoca que cosas aparentemente cercanas se desarrollen de manera diferente.

Los impresionantes macizos montañosos de los Picos de Europa, los más altos de la cordillera Cantábrica, son compartidos por Cantabria, Asturias y Castilla-León. Allí, en la parte occidental de Cantabria, está este valle de Liébana.

Su río es el Deva, y por su estrecho desfiladero se llega a esta preciosa iglesiuca, que queda, según vas a Potes, a mano izquierda.

Se tiene a los condes de Liébana por fundadores de un monasterio en este lugar, en el año 925. De ese monasterio quedaría solo la iglesia, con una impresionante torre exenta que, esa sí, es muchísimo más moderna.

La planta es rectangular, aunque al exterior parece prácticamente cuadrangular. Está construida en piedra de mampostería, con sillería en los ángulos y los cercos de los vanos.

Tiene tres naves, cada una de ellas rematada por un ábside. Los dos primeros tramos de la nave central son ostensiblemente más altos que el resto de la construcción.

Como es una construcción muy coherente, que mantiene unidad estilística, se cree que se erigió en muy poco tiempo. Recoge, como es propio del arte, influencias diversas. Por ejemplo la planta y el alzado son de tradición visigoda, mientras que el aparejo y los ábsides tienen influencia del arte asturiano pues propio de ellos es la planta basilical con tres naves siendo la central algo más ancha que las otras dos. En la  parte decorativa se nota el elemento árabe, o sea, lo que la hace más mozárabe: pilares, arcos de herradura (aunque ya lo usaban los visigodos) o el alfiz que enmarca el arco triunfal del interior.

Arcos de medio punto coexisten con arcos de herradura «que descansan sobre columnas de fuste circular con interposición de capiteles corintios adornados por dos o tres órdenes de hojas de acanto y collarines típicamente asturianos», dice la wiki.

Y añade: «La importancia excepcional de Lebeña con respecto al arte prerrománico radica en la utilización por primera vez de ese tipo de pilares compuestos, preparados con sus columnas adosadas para recibir los arcos fajones y formeros, solución que será sistemáticamente utilizada en el Románico».

Es muy interesante el frontal del altar, con sus símbolos que hunden su significado en la Alta Edad Media, esta de los pueblos germánicos y prerrománicos. Merece la pena dedicar un rato a su contemplación y a entender cómo los árboles cruzados representarían la vida terrenal, o líneas quebradas las montañas, las flores sobre cruces representan la salvación en Cristo, etc. Son detalles que te los tiene que explicar alguien que entienda de simbología cristiana, que te enseñe a ver que las cosas que están ahí son lo que son y, a la vez, otra cosa, con significados escatológicos que hoy en día se nos escapan.


Para saber más, siempre se puede consultar en la Wikipedia la página dedicada a Santa María de Lebeña.


Unas breves imágenes, sin texto, sobre Santa María de Lebeña y su maravilloso entorno, preciosísimo, en YouTube:





Y, por supuesto, recomiendo totalmente que algún día que os paséis por aquí, le dediquéis un fin de semana a visitar la comarca de Liébana. El paisaje es espectacular. Tienes unos cuantos monumentos interesantes. Y si lo tuyo es subir montañas, aquí puedes hacerte unos cuantos picos, o recorrer senderos,... y comer bien. La gente es más bien peculiar y distante en comparación con otros lugares de España, pero muy profesionales y correctos, perfectamente preparados para acoger al turista.

viernes, 12 de octubre de 2018

#27 Bote de la catedral de Zamora

Bote de Zamora (M.A.N., 2014)
Por Miguel Hermoso Cuesta
[CC BY-SA 4.0], via Wikimedia Commons



Ubicación: Museo Arqueológico Nacional
Fecha: 964
Época: Arte islámico





Una joya califal

Seguimos con el arte islámico, ya no de primera hora, sino más bien del final de la primera época. Seguimos en el pleno esplendor de la Córdoba califal. Este marfil hispanomusulmán salió de los talleres cordobeses, 353 de la Hégira, es decir, 964.

Para que os hagáis una idea: en aquella época bizantinos andaban peleándose con los turcos en Asia menor y los sarracenos en Sicilia. Y en las islas Británicas, el reino de Inglaterra estaba en su época anglo-sajona. Lo que hoy serían Francia o Italia estaban divididas en diferentes territorios. Y España tenía, pues eso, los reinos cristianos en el norte, parapetados tras las montañas y en el califato de Córdoba controlando todo el resto.
O sea, más o menos así (este es mapa de 910):


A lo que vamos, con esta joya. Aprovecha la forma redonda del marfil, diente de elefante. Toda su superficie está tallada con inscripciones arabescas, lo que aquí se llama ataurique, con representaciones vegetales (palmetas) y animales (pavos, gacelas y pájaros). Es un bote, una urna o píxide, así que la tapa se levanta mediante una bisagra y un broche de plata.

En el mundo islámico no había mucha pintura ni escultura autónomas, pero sí que aplicaban esas técnicas a objetos cotidianos. Y que aquello de que no se podía representar la figura humana ni animales, vamos a dejarlo, depende de la época y el lugar.

Este objeto califal tiene una inscripción árabe en la parte superior, donde viene la fecha. Ejemplifica el alto nivel que alcanzaron los talleres cordobeses. Formaban parte de un mundo cultural más amplio, que iba desde la península Ibérica a Asia, y que se adentraba en África. Siendo marfil de elefante, para llegar la materia prima a Córdoba tiene que haber unas sólidas redes comerciales.

Este objeto tan lujoso fue un encargo del califa Alhakén II (915-976) –también lo veréis escrito como Al-Hakam II–, que si os acordáis, es el que promovió la más importante de las reformas de la mezquita de Córdoba

Era un regalo para Subh, concubina del califa y madre de su heredero, Hisham II. Subh era de origen vasco o navarro, no se sabe bien, porque en las crónicas árabes la llamaban al-baskunsiyya, que significa «la vascona». En las crónicas cristiana la llamaban Aurora. Llegó de niña a Córdoba como esclava, fue adiestrada como una especie de geisha de la época, de esas que sabían conversar, cantar y supongo yo que demás placeres, aunque no se sabe muy bien la orientación sexual de Alhakén II, y tampoco nos vamos ahora a hacer un Sálvame de luxe del siglo X. En la wiki podéis leer más sobre esta mujer.

Cómo este regalo cordobés del siglo X aparece, cuatrocientos años después, en la catedral de Zamora, es algo que se desconoce. Sería la donación de algún aristócrata, que igual lo consiguió en el avance cristiano hacia el sur, o igual fue objeto de comercio, o igual algún andalusí se lo regaló a un cristiano, quién sabe.

Y en el tesoro de la catedral estuvo hasta 1911, que es cuando el cabildo catedralicio la vendió a un anticuario de Madrid. Inmediatamente, el Estado decide comprarlo, evitando así que saliera al extranjero.

Está en el Museo Arqueológico Nacional, que ya he dicho muchas veces que me parece uno de los museos más interesantes de España.

En la Wikipedia hablan de esta pieza a la que consideran «una de las joyas de los marfiles hispanomusulmanes».

miércoles, 10 de octubre de 2018

#24 Sinfonía n.º 6 «Pastoral», op. 68

Beethoven en su casa (h. 1811)
Por Carl Schloesser
[Dominio público] vía Wikimedia Commons


         



Compositor: Ludwig van Beethoven
Estreno: Viena, 22 de diciembre de 1808



Los encantos de la vida campestre.

Theater an der Wien de Viena. Diciembre de 1808.

En un año de guerra por toda Europa, desde Rusia y Finlandia a los Estados Papales o Portugal y España,… En plenas guerras napoleónicas, los españoles se alzan así, a lo bestia, contra los franceses… Lo que marca el inicio de la Guerra de la Independencia. Se le pone tan cruda a los franceses que a principios de diciembre, Napoleón mismo se une a sus ejércitos en la península, comenzando el sitio de Zaragoza el día 20.

Justamente, el mismo día en que ardió el Covent Garden original.

Y mientras, en Viena, tuvo lugar uno de los conciertos del siglo, excesivo, desmesurado, cuatro horas de música maravillosa de Beethoven.

Tocó el piano y dirigió la orquesta en este concierto en el que estrenó la Sinfonía n.º 5 (de la que ya hablé aquí), la 6, el concierto para piano n.º 4 y la Fantasía coral y más cosas que no enumero por aquello de que no se me haga eterna la entrada. 

El público se quedó frío, en parte puede ser por la época del año y por ser una sala gélida, pero también por lo excesivo de la propuesta y porque no estaba demasiado ensayado, así que me imagino que les salieran las cosas así, como a medio gas.

Frente a otras sinfonías más dramáticas de Beethoven, aquí se trata de recrear el amor por la naturaleza, de ahí el sobrenombre de Pastoral. Tiene cinco movimientos, lo cual ya de por sí es novedoso, porque entonces se prefería la forma con cuatro movimientos.

Cada uno de esos movimientos lleva rotulito, que copio del artículo de la wiki:
           
I.              Erwachen heiterer Empfindungen bei der Ankunft auf dem Lande («Despertar de alegres sentimientos al encontrarse en el campo»).
II.            Szene am Bach («Escena junto al arroyo»).
III.           Lustiges Zusammensein der Landleute («Animada reunión de campesinos»): Allegro.
IV.          Gewitter. Sturm («Relámpagos. Tormenta»).
V.            Hirtengesang. Frohe und dankbare Gefühle nach dem Sturm («Himno de los pastores. Alegría y sentimientos de agradecimiento después de la tormenta»): allegretto.

Esto ya nos indica que es música programática. Pero como estamos ya en una época más romántica que clásica, lo que viene a describir no es tanto un paisaje sino una emoción, el sentimiento íntimo del hombre en pleno campo.

Hay que recordar que en aquella época la gente caminaba, y mucho, por las ciudades y por el campo. No hay más que leer a Jane Austen para darse cuenta de cómo lo de pasear era una forma más de entretenimiento social.

A veces pienso que nos convendría copiar estas cosas. Nuestra salud nos lo agradecería, ¿no?

En la pág. 37 de la Pequeña Historia de la música de Gómez Amat & Turina Gómez, mencionan esta Sexta sinfonía:
 La misma clave está en la advertencia con respecto a la Sinfonía Pastoral: «Más expresión de sentimientos que pintura al natural». Es precisamente esa expresión de sentimientos la base del mundo romántico. El artista no intenta construir una cosa bonita ni copiar de la naturaleza, sino mostrarnos lo que su alma siente en la contemplación o en la reflexión.

Y es una idea que vienen a repetir en La discoteca ideal de música clásica, de Kenneth y Valerie McLeish, Enciclopedias Planeta, 1996. Califican a la Sexta como obra maestra y te cuentan que es distinta a todas las sinfonías que había compuesto hasta la fecha. Insisten en que Beethoven expresa las emociones que en él despiertan las escenas campestres, pero que evita una descripción directa de las escenas «en favor, una vez más, de la “unidad sinfónica”, y la obra mantiene siempre el mismo carácter y dignidad intelectual».

Reconozco que Beethoven no es de mis compositores favoritos, ni su obra ni su biografía me atraen especialmente. Me pasa un poco como con Brahms o Haydn, que son geniales, sí, pero que no me entusiasman. Eso sí, sus obras da gusto escucharlas. Esta en particular es de lo más,… ameno, nemoroso, delicioso,… y debió ser todo un contraste por comparación con lo agitado de la Sinfonía n.º 5 estrenada ese mismo día.

Esta obra maestra de Beethoven ha sido objeto de muchas grabaciones. Hay unas cuantas integrales de sus sinfonías donde escoger. De nuevo, como hice con la quinta, me decanto por la de Wilhelm Furtwängler con la Orquesta Filarmónica de Viena. Ojo, que también grabó con la de Berlín, pero al parecer, no hay color. Mi oído no da para percibir estas exquisiteces.

Desde el Musikverein de Viena, Christian Thielemann dirige a la Filarmónica de Viena: 






sábado, 6 de octubre de 2018

#13 Cruz de la Victoria


 
Por Jaume (2001), dominio público,
via Wikimedia Commons


Ubicación: Cámara Santa, catedral de Oviedo
Fecha: 908
Estilo: Arte asturiano




Una de las joyas del arte altomedieval español


            Seguimos en el mundo del arte prerrománico, y vuelvo a mi querido arte asturiano. La Cruz de la Victoria ya la mencioné aquí al hablar de un clípeo de Santa María del Naranco.

De las artes aplicadas asturianas se conservan ejemplos como la Cruz de los Ángeles o las cajas como la de las Ágatas o la caja de reliquias de la catedral de Astorga. Solían ser objetos preciosos, de lujo, que los reyes donaban a las iglesias. Por eso se conservan.

La Cruz de la Victoria fue encargo de los reyes asturianos Alfonso III el Magno y Jimena. La realizaron en el castillo de Gauzón en 908. Los restos de ese castillo se encuentran sobre una peña, con vistas a toda la ría de Avilés, en Castrillón. Todo lo cual se sabe porque hay una plaquita en la parte posterior que lo cuenta.

En realidad, viene a ser una especie de relicario para conservar una cruz de madera.

Tiene forma de cruz latina, y casi un metro de alto. Son dos piezas de madera que se unen en el centro. Ahí es donde había un compartimento para reliquias. Los brazos están rematados por semicírculos y círculos casi cerrados, se cree que para facilitar que la sacaran en procesión.

Está cubierta de oro y profusamente decorada con piedras preciosas y placas de esmalte. Se nota la influencia de los modelos carolingios en la decoración. Usa la técnica de champlevé para escenas de flora y fauna.

Se conserva en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, lugar Patrimonio de la Humanidad. Es un símbolo de Asturias, que la incluye en su bandera. Véase:

File:Flag of Asturias (indoor).svg

Quienes gustan de leyendas, dicen que esa cruz de madera de su interior la llevaba don Pelayo, esgrimiéndola contra los musulmanes en la batalla de Covadonga. Pero la evidencia científica, o sea, la prueba del Carbono 14, lo desmiente: la madera es del tiempo de Alfonso III.

Siempre se creyó que esta leyenda era del siglo XVI, pero parece que se puede remontar al siglo XII. En aquella época cogieron un objeto antiguo, y le dieron otra interpretación para dotar de prestigio y antigüedad a ciertas instituciones, en este caso, al parecer, a la diócesis de Oviedo frente a otras, más antiguas, que se estaban reconquistando. Una vez más, la historia distorsionada para fines propios de determinados grupos de poder. Cuéntame algo que yo no sepa. Más o menos es lo que deduzco de lo que dice aquí esta historiadora.



Como curiosidad, debo decir que las luchas obreras del siglo XX no le sentaron demasiado bien.

Cuando en 1934 los revolucionarios volaron la Cámara Santa, no lograron destruir este objeto litúrgico, que fue recuperado de entre los escombros. Lo cual aprovechó el general Franco (por entonces, al servicio de la República) para montar años después una aparatosa ceremonia de restitución de la Cruz a la catedral. De paso se hizo una chapucera rehabilitación que incluyó trocitos de botellas de sidra como cristalitos verdes.

Años después, durante la Transición, hubo una huelga a la que se unieron los obreros que estaban realizando obras en la catedral. Si he entendido bien, cómo dejaron la obra a medio hacer es algo que ayudó a un caco a entrar en la Cámara Santa y hacerse con un buen botín. Pudo recuperarse, pasó por otra restauración y actualmente se puede ver en la Cámara Santa. Previo pago, por supuesto.

Todas estas curiosidades se pueden leer en un artículo que publicó El Confidencial el día 29/05/2017, titulado «Del robo del siglo a la chapuza colosal: así se cargó Franco la cruz de Don Pelayo».

Para saber algo más, se puede ver el artículo en la Wikipedia

Acabo con un toque de nostalgia, un breve noticiario de la televisión española, en 1979, hablando de la «Restauración joyas catedral de Oviedo dañadas por ladrones».


A los que vivisteis en aquella época, la voz, el formato, etc. os sonará muchísimo. Esa fue la España de mi infancia. 

domingo, 2 de septiembre de 2018

#39 Tumba de Ismail Samani

Tipo de construcción: mausoleo
Época: siglo X
Lugar: Bujará, Uzbekistán
I Atilin (2006) [GFDL, CC-BY-SA-3.0 o CC BY 2.5], via
wikimedia Commons



Una obra maestra de la arquitectura islámica del siglo X

Después del parón veraniego, vuelvo a este segundo blog mío. Y vengo a hablar de una construcción del arte islámico de la primera época, esa que va hasta la segunda mitad del siglo XI.

Está en Bujará, por aquel entonces dentro del ámbito cultural persa. La dinastía samánida, familia nativa persa, gobernó esta región con cierta independencia respecto al califato abasí de Bagdad en los siglos IX y X.

Toda la parte antigua de Bujará tiene numerosos edificios dentro de un sitio patrimonio de la Humanidad: la fortaleza del Arq, varios mausoleos y madrasas, portales monumentales,…

De todo ello me fijo en una edificación que es una de las más relevantes, el mausoleo de quien precisamente fundó la dinastía samánida, Ismail Samani, construido entre el año 892 y el 943. Con ello se convierte en el monumento islámico más antiguo de Asia central, el único que pervive de la época de los samánidas. No solo está enterrado él, sino también otros miembros de la familia reinante.

Esta edificación ejemplifica muy bien la arquitectura funeraria islámica. Tiene una planta central, con cuatro fachadas idénticas, y en lo alto de cada una, diez ventanitas de ventilación. En el interior, cuatro arcos soportan una gran cúpula, lo cual fue muy imitado luego.

Este edificio combina influencias diversas, y es que no hay nada nuevo bajo el sol, todo se elabora y se reelabora y sólo así, partiendo de la tradición, puedes evolucionar y crear cosas nuevas. 

La forma cúbica del santuario, por ejemplo, lo mismo te evoca a la Kaaba que se asemeja a los templos del fuego zoroastrianos. Zoroastriano son también los círculos decorativos de la fachada, que recuerdan al sol. Las aportaciones de las culturas autóctonas sogdianas y sasánidas de la región se ven en cosas como los contrafuertes de las esquinas. 

Ya he comentado que el «Centro histórico de Bujará» está incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y en su página web lo describe de la siguiente manera:

Situada en la Ruta de la Seda, Bujará tiene más de 2.000 años de antigüedad. Es el ejemplo más completo de ciudad medieval existente en el Asia Central y su tejido urbano primigenio se ha conservado intacto en su mayor parte. Posee numerosos monumentos, entre los que destacan la célebre tumba de Ismail Samani, obra maestra de la arquitectura musulmana del siglo X, y varias madrazas del siglo XVII.
Como siempre, para saber más, podéis empezar por el artículo de Bujará en la Wikipedia y también el dedicado específicamente a este Mausoleo Samánida.

Información turística práctica, en la página web Evaneos.es, sobre qué ver y qué hacer en Bujará.

Aquí, un vídeo turístico muy cortito (no llega ni a un minuto) para hacerte una rápida idea de cómo es este mausoleo de Ismail Samani.