Fanny och Alexander
Año: 1982
País: Suecia
Dirección: Ingmar Bergman
Música: Daniel Bell
Aquí mi familia, aquí mis obsesiones
«Más que una obra maestra, una obra de arte» (Juan Miguel Lamed dixit).
Ya he comentado aquí que Ingmar Bergman es uno de mis directores de cine favoritos ever. Algunas de sus películas, las que sonaban más rompedoras (Persona, por ejemplo), creo que no han envejecido tan bien como otras más sinceras y personales, en las que trata sus obsesiones, que son las de muchos humanos, como El séptimo sello o Fresas salvajes, de las que ya he hablado aquí.
O la que os traigo hoy, su última obra para la gran pantalla, Fanny y Alexander. Aparecen muchas de sus obsesiones personales, basándose en algunos elementos autobiográficos, como el teatro, la religión, la infancia, las familias o las relaciones hombre-mujer.
La puedes ver en dos formatos, el largo de serie televisiva, que son más de cinco horas, o el «corto», largometraje de, ejem, tres horas. Para mí sería la más asequible, pese a su longitud, para quien no conozca la obra de Bergman.
Uppsala 1907. Los protagonistas pertenecen a una familia de clase alta de la Suecia eduardiana —en el contexto sueco, «oscariana» por el rey Óscar. Se dedican al teatro. La primera mitad es un desfile por la opulencia, los colores intensos, los ropajes vistosos, una casa llena de cosas, muy victoriana, cortinajes, decorados. A los Ekdahl los preside la matriarca, Helena; esta señora tiene su mejor amigo en un amante judío, el también acomodado Isak Jacobi (el inmenso Erland Josephson). De los tres hijos de esta señora, uno se dedica a la restauración, otro al teatro y el tercero, casado con una alemana, es profesor.
Los protagonistas del título son los hijos de Oscar, el que se dedica al teatro, siendo un mal actor. Su madre, como su abuela, parece que fueron actrices. Así que tenemos una familia con dinero, pero también con inquietudes cosmopolitas y culturetas. Simbolizarían la alegría, los placeres de la vida, y cierto sincretismo cultural. Celebran la Navidad, sí, pero junto al árbol y los belenes encienden menorás o sobresalen las esculturas clásicas grecolatinas. La parte del banquete navideño a mí me recordó a otras comilonas cinematográficas, como El festín de Babette, La edad de la inocencia o Como agua para chocolate.
Cuando el padre de Fanny y Alexander muere, la madre se casa con un obispo luterano. Aquí la película cambia convirtiéndose casi en una de terror psicológico. Los niños se ven arrojados a un entorno frío, austero, todo gris, azulado, negro, que contrasta con los tonos claros y vivos de la existencia con los Ekdahl. Es como si entrasen en la versión malévola de un cuadro de Hammershøi.
En esta película hay elementos diferentes, desde el teatro como pequeño mundo que nos enseña a entender las cosas del gran mundo, hasta la saga familiar, con sus alegrías y sus penas, y los elementos paranormales como esas cosas que Alexander ve, o que se imagina, hasta el punto de acabar siendo un poquito aterrador.
Desde el punto de vista formal, echaron la casa por la ventana: en el vestuario, la puesta en escena, y desde luego visualmente, con esa fotografía increíble de uno de los grandes, Sven Nykvist.
Los temas que trata son tantos, que con cada visionado te vas fijando en cosas diferentes. Al principio, puedes quedarte con el drama familiar, de unos niños que, habiendo crecido queridos y rodeados de comodidades, se encuentran de repente aislados en un mundo extraño y terrorífico donde son maltratados. Luego, puedes sentir más la obsesión con la religión, contrastando la rigidez luterana de un protestantismo llevado al extremo con una religiosidad cristiana más relajada, que admite presencia de otros, como el judaísmo.
Esta última vez que la he visto me ha resultado más desagradable la violencia contra los niños, sobre todo contra Alexander. Tanto físico como psicológico, con todos inquietantes de algunos personajes que piensas que puede haber incluso algo sexual, como el castigo que el obispo impone a Alexander, o ese personaje andrógino (de hecho, un varón interpretado por una mujer) que desnuda a Alexander en mitad de la noche para hacer realidad su perverso deseo de muerte del obispo. Como curiosidad, aparte de un personaje masculino (Ismael) interpretado por una actriz se da lo contrario, un personaje femenino (la enferma de la casa del obispo) que interpreta un actor.
Luego está la presencia de las mujeres como centro poderoso, espina dorsal y refugio. Al final, ellos son más frágiles, más débiles, mientras las mujeres demuestran entereza, como la propia Fanny, que es en más de una ocasión, más valiente y firme que su hermano Alexander.
Fue la última película para el cine del gran maestro sueco. Así que le llovieron premios por todas partes. Voy a resumir un poco los principales. En los Oscar ganó en las categorías de Mejor película internacional, mejor fotografía (Sven Nykvist), mejor diseño de producción (Anna Asp, Susanne Lingheim) y mejor vestuario (Marik Vos-Lundh). Ya os digo que es muy merecido, es impecable y deslumbrante en todos estos aspectos. Ganó el Globo de Oro a la mejor película extranjera. En los BAFTA, mejor fotografía (Sven Nykvist). En los César, mejor film extranjero. En el Festival de Venecia 1983, el FIPRESCI - Jurado de la Crítica Internacional. El Círculo de Críticos de Nueva York premiaron la dirección y la consideraron mejor película extranjera. La Asociación de Críticos Norteamericanos también la escogieron como mejor película de habla no inglesa. La Asociación de Críticos de Los Ángeles premió (otro premio más) la fotografía de Sven Nykvist y la consideraron como mejor película extranjera. Ganó en tres categorías de los premios de la Academia de cine sueca, que se llaman Guldbagge (que yo desconocía que existieran, fíjate tú): película, director (Ingmar Bergman) y actor (Jarl Kulle). Este último interpretaba a uno de los tíos de los protagonistas, el que tiene un restaurante, y es un vivalavirgen que se acuesta con toda mujer que puede, ante la paciencia de su mujer Alma, que no hace drama de ello, pero sí se preocupa de que las consecuencias de estos líos no queden desamparados.
Como curiosidad, el chaval que interpreta a Alexander, Bertil Guve, se llama en realidad José Bertil González Guve, nació en Madrid y es hijo de español y sueca. Sólo trabajó en un par de películas más, luego estudió ingeniería y trabaja de eso, o sea, dedicado a la ingeniería civil y no a la actuación.
Es una película que se visionó y comentó en «¡Qué grande es el cine!», lo puedes ver tanto en You Tube como en RTVE Play. Aquí, enlace a RTVE Play.
Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.
Tiene un making of que podéis ver en You Tube, VOSE.
