jueves, 8 de octubre de 2026

#19 Los asesinos del emperador

 


 

 

Autor: Santiago Posteguillo

Fecha de publicación: 2011

Parte de una serie: Trilogía de Trajano #1

 

Yo diría que Santiago Posteguillo es de los mejores escribiendo novela histórica «de romanos», al menos en nuestro idioma. Otros autores hispanos que he probado son más historiadores que novelistas, de esos que se entusiasman con describirte la panoplia, pero con escasa garra dramática. Resultan más aburridos.

Posteguillo, no. Es uno de esos que yo llamo «cuentacuentos», que son capaces de apasionarte hasta con la guía de teléfonos.

De su producción, a mí lo más logrado me parecen la trilogía de Escipión (y dentro de ella, en particular la segunda novela, de la que ya hablé aquí, Las legiones malditas) y esta de Trajano. Ahora anda con Julio César, que todavía no he leído. No sé si después de las de McCullough, Steven Saylor o Robert Harris, tendrá algo nuevo que decir o imaginar. Será interesante.

A ver, es un tocho, pero ¡vaya novelón! A pesar de pasar de las mil páginas, no puedes parar de leer, amenísimo. Me maravilla la capacidad del autor para poder recrear todo un mundo, sin recurrir al tedioso «infodump». Es increíble cómo puede agarrarte por el cogote y no soltarte.

Para narrar el ascenso de Trajano al trono imperial, nos habla de otros emperadores precedentes, del ambiente de violencia en Roma, así que en muchas páginas el supuesto protagonista está ausente. Pero es que hay que entender cómo era aquella Roma de la segunda mitad del siglo I, y lo logra con creces. 

Lo que más me llama la atención de Posteguillo es la habilidad a la hora de narrar batallas, cómo mueve la cámara de un lugar a otro y consigues tener una idea bastante buena de cómo se debía combatir en aquella época.

De esta manera, nos lleva del agotador asedio a Jerusalén a las traicioneras campañas al norte del Danubio o el Rin, con su perenne lluvia y bosques inquietantes.

Pero, al mismo tiempo, es un libro «de golpe». Como una «heist movie», describe la manera en que se va tramando el asesinato del emperador Domiciano, primero la planificación y luego la ejecución. Unas cosas salen bien y otras no tanto. El autor tiene esa garra para la acción y la intriga que te deja al pentís de la silla, mordiéndote las uñas.

Noto cierto esfuerzo en intentar hacer personajes femeninos con cierta enjundia, algo que para mí fallaba en sus —por lo demás— impresionantes novelas de Escipión. ¿Lo consigue? Mejora. Aquí «se hace un Ripley» (por «Alien», no por el personaje de Patricia-Highsmith), o sea, te mete heroínas «kickass», tan peleonas como ellos, de manera que se las describe como si fueran hombres. Es una opción quizá no muy allá pero que la prefiero cien mil veces antes de las mujeres de Escipión. Por lo menos lo intenta —y le salen— féminas interesantes.

Quizá lo que peor llevo, aunque se puede perdonar en una novela que pasa de las mil páginas, es algún ocasional descuido a la hora de escribir. Ejemplos: confunde infringir por infligir (p. 714, «ambos infringieron numerosas bajas»), o desencajar por desentonar (p. 732), recurre demasiado para mi gusto a las repeticiones de enumeraciones con «y» («fuerte y hermoso y pleno de energía y juventud»), alguna frase desaliñada (tipo «enganchar la cuerda con un gancho»), más de una vez creo que usa «porque» cuando debería ser «por que», o un «sino» que más bien sería «si no».

Luego hay una expresión que es marca de la casa porque se la vi en la trilogía de Escipión, eso de «piel suave y tersa» que suena a anuncio de crema hidratante. Incluso cierta inconsistencia (¡Atención spoiler!) cuando te dicen que Domitila sabe la muerte de sus hijos en agosto del 96 y comenta, al mes siguiente, septiembre del 96, que el emperador «tiene a mi marido, tiene a mis hijos», como si aún estuvieran vivos. Es posible que la historia de Domitila la quisiera contar de una manera, y luego acabase escribiéndola de otra (fin del destripe).

Tampoco me gusta (y esto es preferencia personal mía) ese empeño en dejar en latín palabras que ya tienen equivalente en español, o incluso se escriben igual, como lanista, mirmilón, o catafracto. Las sigue poniendo en cursiva como si fueran extranjerismos crudos.

Es obvio que el autor prefiere trabajar la exactitud histórica al estilo literario. No todo lo puedes hacer bien. Lo entiendo y es acertado, los lectores de novela histórica buscamos eso, más que literatura. Aun así, me pregunto cómo es posible que un filólogo puede confundir infringir con infligir, la verdad. Vale que lo suyo es la Filología Inglesa, y no la española, pero aún así...

Otra cosa: me sobran son las notas al pie. ¿De verdad un lector de histórica ambientada en la antigua Roma necesita que le pongan abajo, en pequeñito, por dónde andaba la Dacia? En cambio, los apéndices me parecen un acierto. Me encanta que ponga esquemas de batallas, mapas de Roma, Jerusalén o del mundo romano, o que cuente qué parte es histórica y qué parte no, o porqué lo planeó así. Pero en apéndices, no en el cuerpo de la novela.

Finalizo con la forma de leerlo. Puedes hacerlo todo seguido o bien, si quieres seguir un orden cronológico, alterar los capítulos conforme a un plan que el autor propone en uno de esos apéndices. Yo lo que hice fue empezar a leer normal y luego cuando llegamos al año del asesinato, iba saltando de un capítulo a otro, releyendo otra vez los primeros. Fue un poco incómodo, pero funcionó bastante bien.

Totalmente recomendable si te gusta la novela histórica, especialmente la ambientada en la Antigua Roma. Las objeciones que le pongo son solamente mis preferencias personales.

Por si queréis saber más sobre el autor, os dejo enlace a su página web.

 



sábado, 3 de octubre de 2026

#11 «Over the rainbow» (Sobre el arcoíris, 1939)

Fotograma de “El mago de Oz”: Judy Garland interpretando “Over the Rainbow”

 

 

Título: en inglés, Over the rainbow, o también Somewhere over the rainbow

Letra: Yip Harburg

Música: Harold Arlen

Año: grabada en 1938, película estrenada en 1939

Idioma: inglés

 

 

Esta balada se escribió para una película, «El mago de Oz», del año 1939. Allí la cantaba la actriz Judy Garland en su papel de Dorothy Gale.

Porque sí, en esta lista mía de canciones habrá más de una que procede de musicales, bien fílmicos, bien teatrales. Porque ya sabéis que a mí me gustan todas las artes, y relaciono unas con otras.

Creo que de todas las listas que aparecen en este blog mío, va a ser la más personal, ya lo comenté el otro día. En otras intento equilibrar lo que a mí me gusta con lo que muchos han considerado las más destacadas o las mejores de cada campo. Pero el número de canciones es tan enorme (solo en Spotify hay más de cien millones de canciones) que reducirlas a cien exige adoptar un criterio, incluso dentro de las que tengan alguna fama o relevancia, y al final, va a ser mi propio gusto particular. Será una especie de crónica sentimental y emocional.

La música la compuso Harold Arlen (1905 – 1986), autor de más de quinientas canciones, muchas de ellas para el cine. El letrista fue Edgar Yipsel "Yip" Harburg (1896 – 1981), del que me suena por ejemplo la canción «April in Paris».

Es una canción que aparece al principio de la película, cuando Em, la tía de Dorothy, le dice que busque un sitio donde no se meta en problemas, y la niña habla consigo misma, o con su perro Toto, ella se pregunta si habrá algún sitio sin problemas, si lo hay estará lejos, más allá de la luna, o de la lluvia. Empieza a cantar:

Somewhere over the rainbow, way up high

In the land that I heard of once, once in a lullaby

Somewhere over the rainbow, skies are blue

And the dreams that you dare to dream really do come true

Más allá del arcoíris, muy arriba,

en la tierra de la que oí hablar una vez, una vez en una canción de cuna.

Más allá del arcoíris, el cielo es azul,

y los sueños que te atreves a soñar realmente se hacen realidad.

Se compuso en el año 1938, que es cuando Judy Garland la grabó para la película, en concreto el 7 de octubre de 1938, así que tiene…ochenta y ocho años. El film, en sí, se estrenó al año siguiente. Ganó el óscar a la mejor canción original, pero curiosamente estuvo a punto de caerse de la película, porque les parecía que quizá ralentizaba un poco la acción en un momento muy inicial de la trama, cuando el público aún estaría frío. Fue cosa del director y productor quien insistió en que se quedase. La grabación Y fíjate, además de ese premio, se convirtió en la canción más característica de Judy Garland. Y no solo eso, en 2017 se reconoció por la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. como «significativa cultural, histórica o estéticamente».

Como la mayor parte de las canciones que comentaré aquí, tiene tropecientas versiones. La que a mí más me gusta es la del cantante hawaiano Israel Kamakawiwo’ole (1959-1997), que en el álbum Facing future (1983) incluyó un popurrí enlazando esta canción con otra fantástica, «What a wonderful world», sólo su voz y el ukelele. Tenía un timbre bien lindo, y solo con su voz y el ukelele te llena de optimismo y serenidad. Se convirtió en su grabación más célebre. También las puedes encontrar por separado.

Une así dos canciones de buen rollo. En la misma línea puedes escuchar por ejemplo el «Don’t worry, be happy» de Bobby McFerrin, «Happy» de Pharrell Williams o «Good vibrations» de los Beach Boys. No sé si alguna de ellas aparecerá por aquí, en principio no. La lista la tengo hecha, pero en mi experiencia con las otras sé que las tengo pensadas pero luego voy cambiando. Por si acaso, aquí os las dejo, para que os animéis un día que estéis algo más decaídas.

Para saber más, puedes leer el artículo en la Wikipedia, donde leo: «Es, junto a «Singin' in the Rain», una de las canciones más representativas del cine estadounidense».

¿Tenemos en You Tube la versión de Israel? Sí. En varios vídeos y versiones. Aquí va una.



 

Y os dejo el enlace al artículo del que he copiado la foto superior, donde Manuel Cerdà comenta que esta fue elegida la mejor canción de la historia del cine. 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

#69 Los pescadores de perlas

File:The Pearl Fishers - Opera in the Heights . (5868833916).jpg
The Pearl Fishers, Opera in The Heights, 2011. Isidro Urena, de Houston

 


 

Les pêcheurs de perles


Estreno: París, 30 de septiembre de 1863

 

Compositor: Georges Bizet

 

Libretista: Eugène Cormon y Michel Carré

 

Tal día como hoy, del año 1863, se estrenó en el Théâtre-Lyrique de París esta obra, la segunda ópera más conocida de Bizet.

 

Todo el mundo conoce Carmen de Bizet, es popularísima y además una de las más interpretadas (La «C» del ABC de la ópera). Vale, pues esta es «la otra» de Bizet que se representa.

 Esta ópera en tres actos, cuatro cuadros, la compuso siendo jovencito, veinticinco añitos. No tuvo demasiado éxito, le criticaron que si se notaba mucha influencia de Verdi y Wagner, aunque algunos como Berlioz sí que la apreciaron. A pesar de todo, dio a conocer a su autor. El propio Bizet la llamó «fracaso honroso y brillante» (según mi guía visual de la ópera de Espasa).

El argumento es una historia de amor y amistad, de un triángulo amoroso y cierto barbarismo religioso, en la isla de Ceilán. Una ambientación exótica propia de la época, mediados del siglo XIX. Es algo puramente formal, no encontrarás aquí ninguna pieza de color local, no intenta ni por lo más remoto meter música ceilanesa.

Dura unas dos horas y es fácil de seguir, porque hay amor, pasión, celos, esas cosas, en una historia más de personajes y sentimientos que de acción.

Los pescadores Zurga (barítono) y Nadir (tenor) son amigos y se fijaron en la misma chica, pero por su amistad, renuncian a intentar ligar con ella. Luego resulta que aquella joven es la sacerdotisa Leila (soprano). ¿Y ella no tiene preferencia? Pues sí, a ella quien le gusta es Nadir, pero como es sacerdotisa cualquier cosa entre ellos resultaría fatal. Y si puede pasar algo malo, pasa, o sea que los descubren… 

Aunque a día de hoy se sigue representando, yo sobre todo la veo como una de esas obras que yo llamo «donante de arias». Porque sí, hay óperas que en conjunto no se escuchan tanto, pero tiene piezas muy atractivas que incluyen los cantantes líricos en conciertos y recitales. Aquí lo más atractivo es un dúo, de barítono y tenor: «Au fond du temple saint». Tiene una melodía preciosa, que luego aparece en algunos momentos, como recordatorio de la amistad de estos dos hombres, amenazada por el amor hacia Leila.

Ya he dicho siempre que me gustan más las voces masculinas que las femeninas y si son ya de barítono, me muero del gusto. Dos hombres cantando juntos, si empastan bien las voces, me resulta algo muy viril y muy seductor, y eso es lo que pasa con ese dúo. Está incluido en uno de mis discos favoritos de dúos, el de Carlo Bergonzi y Dietrich Fischer-Dieskau.

También hay un aria de tenor bien linda, «Je crois entendre encore», una romanza bien difícil. Y a mí me gusta mucho el coro con el que se abre, que son los pescadores hablando de sus cosas y escogiendo líder a Zurga.

Como he dicho más arriba, son piezas que puedes escuchar en conciertos por separado. A veces, en italiano, porque ya sabéis que muchas veces se traducían las óperas a otros idiomas. Ejemplo, «Je crois entendre encore» la popularizó Caruso como «Mi par d'udir ancora». 

¿Qué grabación recomendar? Hoy sí que voy a proponer una de Alfredo Kraus. Fue un tenor imbatible en determinado repertorio, aquel en que se especializó y dominaba técnicamente como nadie. Nadir es uno de esos papeles que le iban como anillo al dedo. Es la grabación de 1973 dirigida por Carlo Felice Cillaro, con Adriana Maliponte, Sesto Bruscantini y Antonio Campó. La orquesta y el coro son del Gran Teatro del Liceo. 

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español, en francés y en italiano (I pescatori di perle), así como discografía de referencia, en Kareol.

Os dejo enlace a una grabación en directo de esta ópera, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, México, año 2000.