Título original: Strange
Case of Dr Jekyll and Mr Hyde
Autor: Robert Louis Stevenson
Fecha de publicación: 1886
Novela corta de misterio con retranca
Muchas
veces nos impresionan los tochos, por el increíble trabajo que tienen detrás, El
Quijote, Guerra y paz o Los hermanos Karamázov. Son grandiosos en su
monumentalidad, colosales obras que incluyen mundos enteros, infinidad de
personajes, a cual más personal y mejor caracterizado.
Sin
embargo, otras veces la literatura nos regala joyas breves, que pese a su
longitud, son capaces de removernos muchas cosas dentro.
Jekyll
y Hyde es una de esas obras. Yo lo leo con la impresión de que
estoy ante una novela de misterio, aunque lamentablemente después de tanto
tiempo que hace que se publicó, ya te lo han destripado todo, por lo que el
giro final, que debió ser muy impresionante en su momento.
Lo
relata en primera persona un abogado, que ve a su alrededor cómo ocurren cosas
raras, especialmente con su amigo, el doctor Jekyll. Hay un homicidio, del cual
realmente nunca te explican el porqué, y entonces todas sus sospechas se ven
dirigidas contra un tal señor Hyde, hombre terrible y muy lombrosianamente malencarado que desagrada a todos cuantos lo ven.
Me
encanta la manera en la que la trama se desarrolla en una determinada
atmósfera. Un paisaje urbano de nieblas y humedad, fachadas señoriales y callejones
misteriosos, patios traseros, mala iluminación,… Como cuento de terror, no
puede tener mejor envoltorio. Sobrecoge y es totalmente adecuado con el tono de
la historia. Siempre he sido muy fan de cómo algunos autores consiguen meterte
en un ambiente, en un paisaje con su paisanaje.
Es una
de esas obras que, narrándote una historieta aparentemente trivial, de
misterio, trasciende y te insinúa muchas más cosas. No sabes si te habla del
bien y del mal que habitan en nosotros, o si estamos ante una advertencia sobre
los peligros de la ciencia y la tecnología, o si insinúa que en aquel Londres
victoriano, tan lejano de sus otras obras, aventureras o marinas, o ambas
cosas, había una podredumbre básica enmascarada detrás de la corrección. Que lo
bárbaro subyace bajo una fina capa de civilización.
El
sentido de la obra será el que tú le encuentres. En mi caso, me ha bastado
dejarme llevar por sus páginas como si fuera, ante todo, una novela de
misterio. Aunque, también, cómo a veces con buenas intenciones, acabamos
haciendo el mal, o las cosas salen torcidas, sin nosotros quererlo. Me parece
muy trágica la figura de los amigos de Jekyll, el abogado que intenta ayudar y
luego al menos explicar lo ocurrido, o el amigo el doctor Lanyon, que vive con
incredulidad y asombro lo que ocurre y con cierta fatalidad, sensación de
fracaso personal, como si algo fuera su responsabilidad.
La he
leído en una edición de estas de Anaya «Tus Libros», lo que me hace pensar que
ahora la venden, sobre todo, como literatura juvenil. Posiblemente, sea una
forma estupenda de introducir a gente joven en el mundo de la literatura, es
entretenida, pero también tiene trasfondo, hace pensar.
Es una
edición que se redondea con dos relatos breves, Olalla y Markheim.
Si Jekyll es una novela corta, estos otros son auténticos cuentos goticos, con
su toque paranormal.
El
extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde fue
una de las obras más exitosas del comienzo de la carrera de Robert L. Stevenson,
publicada en 1886. Justo el año antes, había triunfado con La isla del tesoro.
Estos otros relatos salieron en la recopilación The Merry Men and Other Tles
and Fables («Los hombres alegres y otros relatos y fábulas»), de 1887. Olalla,
no obstante, había aparecido un par de años antes en una revista literaria.
Olalla es un
cuento gótico total, con su casoplón en mitad de las montañas españolas, sin
que sepas muy bien del todo en dónde lo ambienta. El protagonista, un escocés
en busca de lugares con aire puro donde recuperar la salud, quebrantada por la
guerra de la Independencia, va a parar a una mansión solariega con tres
extraños personajes. Uno es Felipe, el hijo de la familia, resultón
físicamente, pero cruel y bruto, muy vasto. La otra es la madre, la señora de
la casa, una viuda indolente que se dedica como un lagarto a tomar el sol
sentada en el patio, sin apenas abrir los ojos, siempre somnolienta. Y el tercer
personaje, Olalla, es un misterio, la hija, de la que no sabes nada hasta bien
comenzado el relato. De nuevo me admira la forma en que recrea una atmósfera en
que sabes que va a ocurrir algo malo, y no sabes cómo ni cuándo. Tiene un toque
más o menos vampírico, sorprendente.
En el
caso de Markheim, aún más breve, tenemos al protagonista, un señor con
necesidades, que se ha ido degradando cada vez más; acude a un anticuario y
acaba cometiendo un crimen. Se le aparece entonces una figura que no sabes si
es el diablo o su ángel de la guarda, a saber. En cualquier caso, un tipo bastante
burocrático, diría yo, una especie de funcionario del mal (o del bien), que le
plantea su futuro, seguro de que esto es solo el inicio de una carrera
delictiva en la que el protagonista se va a hundir cada vez más.
Es una
edición maja, siempre me han gustado Tus Libros, y es un buen redondeo en tono
de horror, gótico, a una historia a la que sigues dando vueltas días después de
haberla leído.
Como
es un clásico, tiene página en la Wikipedia.
También hay artículos sobre los dos cuentos.