Beniamino Prior y Stefka Evstatieva en la Ópera de Nueva Orleans, 1988
Autor: Crupisignar, via Wikimedia Commons
Un ballo in maschera
Estreno: Roma, 17 de febrero de 1859
Compositor: G. Verdi
Libretista: A. Somma, a partir de Gustave III ou Le bal masqué
Tal día como hoy, del año 1859, se estrenó en el Teatro Apollo de Roma, esta ópera de plenitud de Verdi
... Aunque no era el teatro para el que compuso Verdi, no. Se lo habían encargado en el San Carlos de Nápoles. Solo que la censura le tocó mucho las narices, y acabó enfurruñándose y llevándose la ópera a otro lado. La censura papal no era mucho mejor que la de la corte napolitana, pero al final consiguió estrenar allí.
El libreto ya había sido puesto en música por otros compositores. Todo gira respecto al asesinato del rey Gustavo III de Suecia en un baile de máscaras o fiesta de disfraces (hecho histórico), que Eugène Scribe convirtió en un tema romántico, con triángulo amoroso, manteniendo la conspiración política.
En Nápoles no les cuadraba bien eso del asesinato de un monarca, en Roma otras cosinas… Al final, se reconvirtió en algo más admisible, convirtiendo al asesinado Ricardo en un gobernador inglés de las colonias estadounidenses. Morir, moría igual,... pero no era un rey el asesinado, y eso parecía más aceptable a la censura.
Por cierto, de un tiempo a esta parte se ha recuperado la ambientación sueca, así que se puede ver representada en los escenarios una u otra versión, o bien Boston, o bien Estocolmo.
El gobernador Ricardo (tenor) está enamorado de Amelia (soprano), la mujer de su mejor amigo y secretario personal, Renato (barítono). Éste le advierte de que hay una conspiración contra él, pero Ricardo se burla, no quiere saber nada de los nombres de los implicados, cree que cuenta con el amor de su pueblo.
Pero, como le dice Renato, el odio es más poderoso que el amor. Cuando Renato descubre los sentimientos entre su jefe y su esposa, entonces se une a la conspiración. Lo cierto es que la cosa entre Ricardo y Amelia es puramente platónica, no piensan dar un paso más allá. Claro que eso el marido no lo sabe, y así se consuma la tragedia.
A estos miembros del triángulo amoroso hay que añadir un par de personajes peculiares, la contralto Ulrica, la maga que le pronostica a Ricardo que le matará el amigo que le estreche la mano. Esto de la voz de contralto no es muy frecuente en las composiciones verdiana. El otro rarito es el paje Óscar, personaje travestido (lo canta una soprano ligera) que pone el toque de humor, en uno de esos «papeles en calzones» habituales de las óperas de siglos pasados, pero no frecuente ya a mediados del siglo XIX. En cierto sentido, esta ópera a veces mira al futuro y otras al pasado.
Un ballo in maschera pertenece a la etapa de plena madurez de Verdi, superados ya sus años de galeras. Va avanzando hacia la disolución de la narración en un continuo, sin números totalmente cerrados, con un fuerte interés en la psicología de los personajes, a los que enmarca en tramas más grandes que ellos mismos. Dramáticamente me parece una obra muy equilibrada y atractiva. Cada escena está ahí por algo, contribuyendo a que acción avance. Los personajes están caracterizados por su música, su voz, sus monólogos dramáticos, su forma de cantar, lo que me resulta precioso.
No es muy larga esta ópera, no llega a tres horas. Y resulta bastante interesante. Así que es de esas que puedes ver para iniciarte en el género lírico. No obstante, advierto que no es una de las óperas más representadas.
Momentos destacados de la ópera hay unos cuantos. Quizá el más recordado es el dúo de amor de Ricardo y Amelia: «Non sai tu –Oh, qual soave brívido»), en el que expresan lo mucho que se quieren y lo imposible que es su amor. Uno de los mejores dúos de amor del autor, de los más románticos.
También, el «Eri tu» de Renato, rabioso, dolido por la traición, arrebatado en su furor, hay quien dice que recuerda un poco al Cortesanos, vil raza maldita, de Rigoletto, una de mis óperas favoritas. Y la resignada aria de Amelia, la linda «Morró, ma prima in grazia». El momento de lucimiento de Ricardo, el tenor, sería principalmente «Ma se m'è forza perderti». Por cierto que se considera uno de los papeles de Verdi más comprometidos para el tenor, este de Ricardo.
¿Qué grabación recomendar? Pues hay unas cuantas estupendas, con directores de renombre: Solti, Abbado, Tulio Serafin… Curiosamente, la que he visto más citada no la dirigió un italiano, sino el austriaco Erich Leinsdorf, nacionalizado estadounidense (uno de esos músicos de ascendencia judía que, víctima del nazismo, fue acogido al otro lado del Atlántico). Amelia es la imperial Leontyne Price, Ricardo, el elegante Carlo Bergonzi, y el potente Robert Merrill hace de Renato; añádele Verret y Grist. El coro y la orquesta son los de la RCA. Quizá no sea la versión preferida de nadie, pero es la que citan siempre en segundo o tercer lugar, y por eso la mencionan todos.
Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español y en italiano, así como discografía de referencia, en Kareol.
Os dejo enlace a una grabación de esta ópera, en Las Palmas de Gran Canaria.
Con lo cual veo que me ha quedado un febrero un tanto verdiano, pero bueno, hay maneras peores de pasar el rato. 😉


