lunes, 12 de octubre de 2026

#52 Retablo mayor de la basílica del Pilar

 

Autor: Fernand0(desde Flickr), retocada por

Escarlati (2007) Via Wikimedia Commons 

 


 

Ubicación: catedral basílica de Nuestra Señora del Pilar (Zaragoza)

Fecha: 1509-1515/1518

Época: Arte gótico/renacentista

Autor: Damián Forment

Material: Alabastro / madera

 


 

 

 

 

 

 

«Zaragoza romana, mora y sobre todo cristiana»

  

Así reza el capítulo que Juan Eslava Galán dedica a Zaragoza en su libro «1000 sitios que ver en España al menos una vez en la vida». Y es que, si vas a Zaragoza, encontrarás restos desde la época romana, pues no hay que olvidar que fue fundada por Octavio Augusto (de ahí Caesar Augusta ➔ Cesaraugusta ⇒ Sarakusta ⇛ Zaragoza).

Fue basílica visigoda, luego mezquita y tras la Reconquista, de nuevo, iglesia. Por aquí pasaron todos los estilos. Dentro del inmenso envoltorio barroco, aún se encuentran restos de las encarnaciones anteriores, tanto de la antigua iglesia románica, como de la época gótica o, como el caso de la escultura de la que voy a hablar hoy, del tardo-gótico o primer renacimiento.

Eso se refleja en este retablo para el altar mayor, de la época de Fernando el Católico. Se encuentra enmarcada en el estilo renacentista, y procede del anterior templo gótico-mudéjar, no del barroco que se erige hoy.

Conserva tantos resabios góticos que hay quien la califica como gótico-renacentista.

Veréis, el renacimiento español era una cosa muy suya. A diferencia del renacimiento italiano, donde la mitología o los temas laicos se hicieron un hueco, el español siguió siendo sobre todo un arte religioso católico. Además, la influencia gótico-flamenca pesaba tanto, con su realismo, expresionismo, intensidad emocional, era tan del gusto hispano, que el italianismo, con sus bellezas ideales y expresiones hieráticas, no acababan de cuajar.

Algo de todo esto se nota en el retablo de Damián Forment (h. 1480-1540). Se estructura de una forma que sigue los modelos góticos, igual que evocan tiempos pasados esos santos bajo doseles calados o la decoración vegetal del guardapolvo. También es verdad que quien paga, exige, y al parecer, los comitentes le dijeron que tomara como ejemplo el retablo de la Seo.

Sin embargo, en la parte inferior, banco o predela, se permitió importar modelos italianizantes, figuras más propias del renacimiento y su búsqueda de la belleza ideal. La impresión de serenidad, la armonía compositiva, la sensación general de monumentalidad,… resultan enteramente renacentista. Yo diría que da la impresión de Renacimiento, conservando detalles góticos.

Este retablo además está confeccionado en alabastro, algo infrecuente en España, donde se seguía prefiriendo la madera, sobre todo para temas religiosos. Solo el guardapolvo, o marco que rodea al retablo, está tallado en madera.

Todo él debió estar policromado. Pero, con el paso de los siglos, la pintura se fue cayendo y no se restauraron los colores, por eso ahora tiene ese aspecto tan de escultura clásica. Ojo, que también griegos y romanos pintaban las esculturas, pero la pintura se cayó y por ese se tiene esa imagen grisácea o blanca de los clásicos escultóricos.

 

Aquí, el centro del retablo, fotografía de Wikimedia Commons, realizada por PMRMaeyaert (2010).

El retablo se divide verticalmente en tres partes, llamadas calles. En la central, que es esta que os pongo arriba, se representa la Asunción de la Virgen, con la Trinidad sobre ella: el óculo donde se exponía la sagrada forma, Dios Padre y la Paloma (o sea, el Espíritu Santo). 

Las imágenes de los laterales representan la Presentación de Jesús en el Templo, a un lado, y la Natividad de María, al otro.

 

Detalle del banco o predela, fotografiado por Zarateman (2017)

En la parte inferior, banco o predela, se representan siete escenas, de estilo plenamente renacentista. Aquí podéis ver tres de ellas: la Adoración de los Reyes Magos, la Piedad (o Santo Entierro) y, finalmente, la Resurrección.

Este escultor (siempre se le ha tomado por valenciano, aunque hay quien, hoy en día, lo discute) es el principal del primer renacimiento en la Corona de Aragón, y uno de los más destacados de la España de la época. Esta es una de sus primeras obras. Trabajó también en la catedral de Huesca, y murió en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).

Si he escogido esta obra para el día de hoy, 12 de octubre, fiesta nacional de España, con la Virgen del Pilar como patrona de la Hispanidad, es porque, para mí, Zaragoza es el corazón patriótico de España y la Hispanidad. La catedral primada es, obviamente, Toledo; y Oviedo tiene el regusto a Reconquista, a una lucha de siglos que nace de una entereza dura como los pedrolos de Picos de Europa. Luego tienes las magníficas catedrales del camino de Santiago, opulento arte medieval fertilizado con el tráfico de peregrinos. Y prefiero no extenderme sobre ese gélido homenaje al poder de la Iglesia que es la Almudena.

Pero Zaragoza es otra cosa, es la fortaleza frente al exterior. Sí, el Tajo será más largo, pero lo compartimos con otro país y, después de todo, el Ebro es más caudaloso.

Aquí los reyes de Aragón se coronaban, se resistió a los franceses y creo que no serán muchas las iglesias que guardan bombas en su interior. Aquí, se exponen las bombas arrojadas por los republicanos y que no estallaron. También estamos ante la iglesia barroca más grande de España, con sus once cúpulas y cuatro torres.

Como curiosidad, añado que la primera película que se rodó en España fue, precisamente, la salida de la misa del Pilar, en Zaragoza.

Para saber más, este artículo en ARTECREHA, luego está la Wikipedia y, por último, la visita que hizo a la basílica El auriga del Arte, y que ha sido una de las fuentes de este artículo. Aquí os dejo la primera de las partes que dedicó a la basílica-catedral: 

 

La segunda parte ya la dedica a otras cosas, como por ejemplo la Santa Capilla, a su juicio, la más hermosa del templo, todo curva y movimiento siguiendo el modelo del barroco italiano y de planta de cruz griega pero con brazos curvos, con cúpula elíptica, una especie de templo dentro del gran templo. Pero eso, como se suele decir, es otra historia.

sábado, 10 de octubre de 2026

#20 «Tu vuo' fa' l'americano» (Quieres hacerte el americano, 1956)

File:Maruzzella.jpg

Renato Carosone y Gegè di Giacomo en Maruzzella  

(De wikimedia commons, usuario Falcocchio)

 

 

Título: Lo he visto escrito de dos formas, Tu vuo' fa' l'americano y Tu vuò fà l’americano

Letra: Nicola «Nisa» Salerno

Música: Renato Carosone

Año: 1956

Idioma: italiano (dialecto napolitano)

 

 

Esta canción napolitana con elementos de jazz y swing fue uno de los grandes éxitos de Carosone. Se le puede considerar el padre de la canción napolitana moderna. La canzone napoletana es una composición tradicional de esa zona del sur de Italia, para voz masculina e instrumentos, con letras en dialecto napolitano y tema normalmente amoroso.

La letra la puso Nicola Salerno, apodado «Nisa» (1910-1969), autor de numerosas canciones napolitanas. Cuando Carosone (1920-2001) la leyó, al parecer, ya supo que iba a ser un éxito, y le puso música muy rápido, vamos, que se supone que en quince minutos ya estaba terminada.

Acertó: es una canción popularísima, quizá la más conocida de Carosone. Tiene ese punto entre la admiración y la distancia irónica que se gastan los italianos con los estadounidenses. Trata con sorna de los compatriotas que, tras la guerra, se americanizan, bebiendo whisky y soda, fumando cigarrillos, jugando al béisbol, pero que al final el dinero se lo sigue dando la mamma.

Puorte o cazone cu 'nu stemma arreto

'na cuppulella cu 'a visiera alzata.

Passa scampanianno pe' Tuleto

comm a 'nu guappo pe' te fa guardà!

Llevas pantalones con un logo en el trasero

Una gorra con la visera hacia arriba

Andas pavoneándote por Toledo [se refiere a una calle de Nápoles]

como un guapo, para hacerte notar...

El estilo es muy prototípico de Carosone. Con formación clásica, napolitano él mismo, supo incluir elementos foráneos en sus composiciones. No sólo boogie woogie, jazz o swing, sino también ritmos latinos, o algún aire africano de cuando estuvo por el África italiana antes de la guerra. Permaneció allí cuando estalló la SGM y, al rendirse las tropas italianas, permaneció en zona ocupada por los británicos. Se encargó de un teatro, e incluso trabajó en un club nocturno, conociendo e interpretando música de big band muy de la época. 

Fue uno de los grandes artistas italianos de la inmediata posguerra, que logró tener éxito internacional, con giras por el extranjero. Tanto que cuando regresó después de la guerra, se encontró que era un desconocido en su propio país. Me llama la atencion que se retiró muy joven de los escenarios, en 1959.

Ahora, sus composiciones son  conocidísimas: «Mambo italiano», «Piccolissima serenata», «Torero» o «Maruzzella». Carosone es uno de los dos cantantes italianos (el otro sería Domenico Modugno) que vendió discos en EE. UU. cantando en italiano, o sea, sin pasarse al inglés; además, hasta la fecha (o eso dice la wiki en italiano) es el único italiano que estuvo tres veces en lo alto de las listas en los EE. UU.

Si quieres probar otras canciones napolitanas, algunas de las más conocidas son «Torna a Surriento», «Santa Lucia», «'O sole mio», «Funiculì, funiculà», o «Core 'ngrato», conocida por ser (dicen) la única del género compuesta en los EE. UU.

Este mismo año 2026 esta canción cumple setenta años. Ha sido interpretada, versionada en otros idiomas, usada en películas y, ¿con qué versión me quedo? Con la original de Carosone.

Para saber más, puedes leer la Wikipedia. 

En You Tube he encontrado esta versión, que es del propio Carosone y pone que es para una pelicula de 1958, Totò, Peppino e le fanatiche. Los subtítulos están en inglés.

jueves, 8 de octubre de 2026

#19 Los asesinos del emperador

 


 

 

Autor: Santiago Posteguillo

Fecha de publicación: 2011

Parte de una serie: Trilogía de Trajano #1

 

Yo diría que Santiago Posteguillo es de los mejores escribiendo novela histórica «de romanos», al menos en nuestro idioma. Otros autores hispanos que he probado son más historiadores que novelistas, de esos que se entusiasman con describirte la panoplia, pero con escasa garra dramática. Resultan más aburridos.

Posteguillo, no. Es uno de esos que yo llamo «cuentacuentos», que son capaces de apasionarte hasta con la guía de teléfonos.

De su producción, a mí lo más logrado me parecen la trilogía de Escipión (y dentro de ella, en particular la segunda novela, de la que ya hablé aquí, Las legiones malditas) y esta de Trajano. Ahora anda con Julio César, que todavía no he leído. No sé si después de las de McCullough, Steven Saylor o Robert Harris, tendrá algo nuevo que decir o imaginar. Será interesante.

A ver, es un tocho, pero ¡vaya novelón! A pesar de pasar de las mil páginas, no puedes parar de leer, amenísimo. Me maravilla la capacidad del autor para poder recrear todo un mundo, sin recurrir al tedioso «infodump». Es increíble cómo puede agarrarte por el cogote y no soltarte.

Para narrar el ascenso de Trajano al trono imperial, nos habla de otros emperadores precedentes, del ambiente de violencia en Roma, así que en muchas páginas el supuesto protagonista está ausente. Pero es que hay que entender cómo era aquella Roma de la segunda mitad del siglo I, y lo logra con creces. 

Lo que más me llama la atención de Posteguillo es la habilidad a la hora de narrar batallas, cómo mueve la cámara de un lugar a otro y consigues tener una idea bastante buena de cómo se debía combatir en aquella época.

De esta manera, nos lleva del agotador asedio a Jerusalén a las traicioneras campañas al norte del Danubio o el Rin, con su perenne lluvia y bosques inquietantes.

Pero, al mismo tiempo, es un libro «de golpe». Como una «heist movie», describe la manera en que se va tramando el asesinato del emperador Domiciano, primero la planificación y luego la ejecución. Unas cosas salen bien y otras no tanto. El autor tiene esa garra para la acción y la intriga que te deja al pentís de la silla, mordiéndote las uñas.

Noto cierto esfuerzo en intentar hacer personajes femeninos con cierta enjundia, algo que para mí fallaba en sus —por lo demás— impresionantes novelas de Escipión. ¿Lo consigue? Mejora. Aquí «se hace un Ripley» (por «Alien», no por el personaje de Patricia-Highsmith), o sea, te mete heroínas «kickass», tan peleonas como ellos, de manera que se las describe como si fueran hombres. Es una opción quizá no muy allá pero que la prefiero cien mil veces antes de las mujeres de Escipión. Por lo menos lo intenta —y le salen— féminas interesantes.

Quizá lo que peor llevo, aunque se puede perdonar en una novela que pasa de las mil páginas, es algún ocasional descuido a la hora de escribir. Ejemplos: confunde infringir por infligir (p. 714, «ambos infringieron numerosas bajas»), o desencajar por desentonar (p. 732), recurre demasiado para mi gusto a las repeticiones de enumeraciones con «y» («fuerte y hermoso y pleno de energía y juventud»), alguna frase desaliñada (tipo «enganchar la cuerda con un gancho»), más de una vez creo que usa «porque» cuando debería ser «por que», o un «sino» que más bien sería «si no».

Luego hay una expresión que es marca de la casa porque se la vi en la trilogía de Escipión, eso de «piel suave y tersa» que suena a anuncio de crema hidratante. Incluso cierta inconsistencia (¡Atención spoiler!) cuando te dicen que Domitila sabe la muerte de sus hijos en agosto del 96 y comenta, al mes siguiente, septiembre del 96, que el emperador «tiene a mi marido, tiene a mis hijos», como si aún estuvieran vivos. Es posible que la historia de Domitila la quisiera contar de una manera, y luego acabase escribiéndola de otra (fin del destripe).

Tampoco me gusta (y esto es preferencia personal mía) ese empeño en dejar en latín palabras que ya tienen equivalente en español, o incluso se escriben igual, como lanista, mirmilón, o catafracto. Las sigue poniendo en cursiva como si fueran extranjerismos crudos.

Es obvio que el autor prefiere trabajar la exactitud histórica al estilo literario. No todo lo puedes hacer bien. Lo entiendo y es acertado, los lectores de novela histórica buscamos eso, más que literatura. Aun así, me pregunto cómo es posible que un filólogo puede confundir infringir con infligir, la verdad. Vale que lo suyo es la Filología Inglesa, y no la española, pero aún así...

Otra cosa: me sobran son las notas al pie. ¿De verdad un lector de histórica ambientada en la antigua Roma necesita que le pongan abajo, en pequeñito, por dónde andaba la Dacia? En cambio, los apéndices me parecen un acierto. Me encanta que ponga esquemas de batallas, mapas de Roma, Jerusalén o del mundo romano, o que cuente qué parte es histórica y qué parte no, o porqué lo planeó así. Pero en apéndices, no en el cuerpo de la novela.

Finalizo con la forma de leerlo. Puedes hacerlo todo seguido o bien, si quieres seguir un orden cronológico, alterar los capítulos conforme a un plan que el autor propone en uno de esos apéndices. Yo lo que hice fue empezar a leer normal y luego cuando llegamos al año del asesinato, iba saltando de un capítulo a otro, releyendo otra vez los primeros. Fue un poco incómodo, pero funcionó bastante bien.

Totalmente recomendable si te gusta la novela histórica, especialmente la ambientada en la Antigua Roma. Las objeciones que le pongo son solamente mis preferencias personales.

Por si queréis saber más sobre el autor, os dejo enlace a su página web.