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jueves, 15 de enero de 2026

«La soberanía del arte», de James McNeill Whistler


Hoy he publicado mi cuarta reseña en el programa Masa Crítica de Babelio, un ensayo que recoge documentos de dos polémicas que sostuvo el pintor estadounidense James McNeill Whistler. 

La primera que te cuentan es la posterior en el tiempo. Fue con su amigo convertido en enemigo, Oscar Wilde, donde la cosa degeneró a los ataques personales. Su amistad se rompió en 1889. La otra, frente al crítico John Ruskin, santón del gusto victoriano. A este lo llevó ni más ni menos que ante los tribunales por difamación en el año 1878.

No me digáis que no es fuerte, o sea, llevar a un crítico ante los tribunales por eso. El señor magistrado debió alucinar. 

Sé que es difícil que te escojan en Masa Crítica, así que le estoy muy agradecida a Casimiro Libros (otra editorial de la que creo que, hasta la fecha, no había leído nada) la oportunidad de conocerlos a través de este librito de los que hace pensar en el papel del artista y el del crítico, el principio del arte por el arte, o el arte al servicio de otra cosa, la moralidad o la política o lo que sea. 

Recuerdo, de nuevo, que no suelo aceptar libros de romántica para hacer críticas. Ahora, no tengo problema en otros géneros. La razón es que pido cosas que sé que me van a gustar, por el tema que tratan. En romántica, en cambio, me arriesgo (cada vez más) a encontrarme con bodrios. 

De libros sobre arte, o historia, o divulgación científica,... me gusta hablar en Babelio, es la red social que me parece más idónea para ello. Como sé que los temas de artes plásticas, espero darle un meneo a estos temas en este blog mío, este año 2026.

jueves, 20 de noviembre de 2025

«Paolo Veronese. El tesorero de la pintura», de Humberto Huergo Cardoso

 


Hoy he publicado mi tercera reseña en el programa Masa Crítica de Babelio, un ensayo sobre el pintor veneciano Paolo Veronés. Tardó varias semanas en llegarme, pero luego me lo he leído en un pispás.

Sé que es difícil que te escojan en Masa Crítica, así que le estoy muy agradecida a Archivos Vola (editorial para mí, hasta ahora, desconocida) la oportunidad de conocerlos a través de este librito dedicado a uno de los maestros de la pintura veneciana, Paolo Caliari o Cagliari (1528-1588), a quien en España conocemos como el Veronés.

Ya dije aquí que, mientras en romántica rara vez he aceptado libros para hacer críticas, no tengo problema en otros géneros. La razón es que pido cosas que sé que me van a gustar, por el tema que tratan. En romántica, en cambio, me arriesgo (cada vez más) a encontrarme con bodrios. 

De libros sobre arte, o historia, o divulgación científica,... me gusta hablar en Babelio, es la red social que me parece más idónea para ello. Este ensayo en particular, me ha recordado lo mucho que me gusta leer, y luego escribir, sobre artes plásticas. Me doy cuenta de que ese aspecto de este blog lo tengo algo abandonado. A ver si me animo a retomar las listas de pinturas y esculturas.

domingo, 13 de agosto de 2023

#49 Andréi Rubliov

 



 


Андрей Рублёв – Andréi Rubliov

Año: 1966

País: URSS

Dirección: Andréi Tarkovski

Música: Viacheslav Ovchínnikov

 

Impresionante fresco medieval

 

Te lo anuncian como la biografía el artista medieval Andréi Rubliov (o Rublev), del cual comenté aquí el Icono de la Trinidad. No es tanto su biografía, de la que se sabe poco, sino un retrato de la época en la que vivió.

Esta es una película de unas tres horas, en blanco y negro, que más que contarte la vida de Andréi Rubliov, te describe, a través de episodios, la sociedad tardomedieval. Aunque sea tan larga, este carácter episódico ayuda a que no se te haga un film largo.

Lo que ves es una sociedad medieval bastante brutal. Tampoco es que el autor pretenda ser rigurosamente histórico, lo sabes desde la primera escena, en la que te ponen a un anacrónico aventurero subiendo a una especie de globo aerostático, algo impropio del siglo XV.

Más bien le sirve para recrear una sociedad en la que unos pocos mandaban, con bastante crueldad, y cómo la gente normal sobrevivía e intentaba tener su pedacito de felicidad. O, al menos, sobrellevar su vida de la mejor manera posible.

Se recurría al humor, o el sexo, y la religión. Pero estas cosas también les suponen riesgos cuando desagradan al poder. Es inevitable pensar el entorno en que esta película se rodó.

Entre las cosas que te plantean y te hacen pensar es la relación no ya del hombre y la sociedad en la que vive, sino también, en concreto, del artista y su mundo. Lo que tiene que expresar frente a lo que quiere realizar, las limitaciones que le imponen o el sentido del arte dentro de la sociedad.

Digo lo del blanco y negro, pero al final hay un estallido de color, cuando en el epílogo te sacan imágenes de iconos de Rubliov. Esos que no le has visto hacer a lo largo de la peli. Porque, a pesar de ser pintor, la verdad es que se le ve pintar muy pocas veces.

Al parecer, Tarkovski veía esto como una forma de descanso del espectador, de manera que se fuera apartando de lo que se le ha contado hasta ese momento y tuviera un tiempo para reflexionar sobre lo que había visto.

Es una de esas películas que merecen la pena ver si amas el Cine. Aunque no te interese mucho lo que te están contando, la forma de hacerlo, el estilo, es maravilloso. Tus ojos se te van al primer plano, al último, la interpretación de los diferentes actores, tan contenida y al tiempo intensa. Cada escena es como una fotografía en la que te puedes perder. 

En cierto sentido, es una de esas películas zen, que tienes que ver sin dedicarte a nada más, haciendo un paréntesis de tres horas que te llevan a otro mundo.

Tarkovski pensó y rodó esta película en una época de menos opresión, dentro de la larga dictadura soviética. Sin embargo, cuando tocó estrenarla, Jrushchov ya había caído. Algunas cosas no sentaban demasiado bien al régimen. No es que la prohibieran pero digamos que no estaban muy entusiasmados por difundirla en el territorio soviético. Exigieron a Tarkovski cortara partes de la película, por la violencia y la desnudez. 

Luego, viéndolo, te preguntas si realmente es eso lo que les molestaba o más bien la relación problemática, en más de un momento, entre la gente común y los poderosos. Algunos desafiaban al poder en determinados momentos y eran castigados con crueldad.

Hoy en día escandalizaría por otras cosas, como la crueldad hacia los animales que se ve en más de una escena, aunque en buena medida eran simulados. También hay tortura y daño a personas, pero eso creo que no llamaría tanto la atención.

La película se estrenó en el Dom Kino de Moscú en 1966. La reacción del público fue entusiasta, a pesar de que algunos se quejaron de la descripción naturalista de violencia en la película. Pero no fue aprobada por la censura soviética, por la «incorrección ideológica de la película». No la dejaron ir a Cannes en 1967, pero sí pudo exhibirse dos años después, fuera de concurso. Gustó tanto que ganó el premio FIPRESCI.

En el extranjero se difundió, pero no en la URSS. Solo en diciembre de 1971 accedieron, en la versión de 1966 de 186 minutos. A pesar de que no le hicieron ninguna publicidad, vendió todas las entradas.

Como curiosidad, siempre he dudado si el apellido de este pintor, y por lo tanto, el título de la peli, e incluso el del tenista homónimo, Рублёв, es Rublev o Rubliov. Os explico lo que he aprendido, la ë cirílica, como tiene esa diéresis en efecto se translitera como io u o, y no e. Lo de Rublev es como se translitera al inglés, no al español.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.