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domingo, 17 de enero de 2021

#4 El médico



 

 

Título original: The physician

Autor: Noah Gordon

Fecha de publicación: 1986

 

Me parece a mí que esta es la novela histórica por excelencia de finales del siglo XX. Escrita con un amenísimo estilo, de ese que yo llamo «superventas internacional», te lleva desde la miserable Inglaterra medieval a la floreciente Ispahán por la que transitó Avicena.

Por si alguien no ha visto la peli, os cuento la historia.

Robert J. Cole, un muchacho de Londres, se queda huérfano muy pronto. Acaban colocándole como aprendiz de barbero. En aquella época un barbero era el que hacía cirugías, extraía muelas, y, en este caso, entretenía al personal, además, con malabares y venta de producto «milagroso» que como El elixir de amor de Donizetti, en el fondo era solo una bebida alcohólica. 

Rob le coge el gusto a eso de sanar a la gente, y quiere saber más. Pero si de verdad quieres conocer mejor cómo funciona el cuerpo humano, y hacerte sabio en este campo, tienes que ir a las mejores escuelas, que entonces eran las que estaban, lógicamente, en la parte civilizada del globo.

Tenía opciones, desde la península ibérica hasta la escuela de Salerno. Pero opta por marchar a Persia, en concreto a Ispahán, donde entonces vivía el príncipe de los sanadores, Avicena.

Pequeño problema: ahí admiten a musulmanes y judíos, pero los cristianos lo tienen prohibido. No tanto por los musulmanes sino por la propia iglesia. Así que a Rob se le ocurre la idea de hacerse pasar por judío para poder formarse allí. Asume el nombre de Jesse Ben Benjamín.

Hay una larguísima primera parte en la que te cuentan las andanzas del niño y adolescente Rob por la isla de la Gran Bretaña, formándose en diversos trucos que luego le serán útiles. También pule un poco su misterioso «don» que le permite captar el grado de salud de una persona.

Pero el grueso de la historia se desarrolla en Persia, en la escuela-hospital en la que aprende medicina, así como filosofía y religión para convertirse en hakim (o sea, médico). Se echa un amigo musulmán (Karim) y otro judío (Mirdin). Acabará aprendiendo tanto preceptos judíos como islámicos. Claramente tibio en materia religiosa, tanto le da aprender unas normas que otras.

Lo que a él le obsesiona es el saber, descubrir cómo es el ser humano, qué le hace enfermar, cómo puede sanar.

Como novela histórica que reconstruye una época y unos lugares es apasionante. Sabe crearte un marco totalmente creíble. Te descubre un mundo no muy frecuentado por la novela histórica occidental, la parte más desarrollada del mundo, la civilización islámica de principios del siglo XI. Me resultaba interesantísimo ver lo que hacen, cómo visten, lo que comen, cómo viven pero, aún más, los entresijos políticos, las ideas de las personas, esas cosas tan difíciles de aprehender.

Vale, es verdad que tiene fallos históricos, la Inglaterra que reconstruye parece más propia de siglos posteriores, con castillos de piedra o gremios, cosas que –tengo entendido– no había en aquella pobretona isla antes de la conquista normanda. Pero vamos son cositas que a mí no me molestaron y que realmente pillas si sabes un poco de historia medieval.

Para mí, uno de los mayores aciertos es cómo transmite la idea que existía entonces de lo que era la medicina; y, de hecho, es lo que perduró hasta que el método científico empezó a hacerse cargo de este ámbito. 

La medicina y la cirugía eran campos diferentes. La cirugía, es decir, intervenciones corporales que hoy consideramos propias de odontólogos, traumatólogos y cirujanos, las llevaban a cabo barberos como el que aparece en el libro. Es la medicina que yo llamo de chapa y pintura, justo el campo en el que menos tontería y charlatanería puedes meter, porque necesitas un resultado: heridas que coser, huesos que enderezar… Por eso era, a mi modo de ver, el único campo de la medicina que a lo largo de los siglos hizo algo útil. Y en la que por ejemplo, a día de hoy, aunque las pseudoterapias pululan por todas partes, parece más a resguardo de ellas; aún estoy por ver anestesia homeopática.

La medicina se consideraba, en cambio, casi como una rama de la filosofía, que tiraba de lo escrito por griegos y romanos mil años antes. Explicaban las cosas por los cuatro humores, mirando el horóscopo del enfermo, haciéndole sangrías a tutiplén,... O sea, cosas bastante absurdas que muchas veces mataban más que si hubieran dejado al cuerpo luchar por sí solo contra la enfermedad. Pero eso era lo que daba caché al médico, porque un barbero no podía analizar las estrellas a ver por dónde andaban en cada momento.

Sin ser médico, de lo poco a lo que le encuentro algún sentido es el análisis que hacían de la orina o el aliento, para saber qué pasaba dentro del cuerpo humano.

Por supuesto, abrir el cuerpo de una persona para ver cómo era en realidad por dentro estaba prohibido por las tres religiones, algo que se ve aquí en este libro.

Otro detalle que me gustó, y que encontré más actual que nunca, es el episodio de peste que estalla en una ciudad persa. La solución sigue siendo la misma: aislar el lugar del brote hasta que se controla. Es una solución medieval, pero la única cuando la cosa se te ha ido de las manos. Ellos no sabían por qué ocurrían estas cosas, ni cómo se podía hacer algo por los enfermos.

A esta gente la idea de que hubiera microorganismos que causaran las enfermedades… no sé, les estallaría la cabeza. La mayoría de la gente también rechazaba esa idea, hicieron falta los microscopios para comprender que había vidas diminutas que no vemos, y cosas que no están ni vivas ni muertas, como los virus, y que son la causa de las enfermedades infecciosas.

Tener una visión un poco detallada de cómo era esta medicina medieval a mí sinceramente me deja impresionada.

Los personajes, en general, están bien trazados y tienen una personalidad propia, no solo el protagonista, sino también Barber, el barbero cirujano con el que hace sus pinitos, y sus amigos en la escuela de medicina, Karim y Mirdin.

Como suele ocurrir con novelas escritas por hombres, la parte femenina se queda en el cliché, y no le pases el test de Bechdel. Las mujeres son mero adorno al servicio de este o aquel personaje masculino, interés sexual o romántico y nada más.

Diréis que tiene sentido, porque es la historia de él, y que todos los personajes están a su servicio, pero en realidad no es así. Hay personajes que tienen sus escenas propias desvinculadas de Rob. Recuerdo el detalle con el que se narra una carrera en la que participa Karim, el chatir, que leí con gusto porque me encanta el deporte, no me entendáis mal, pero tanto detalle de lo que este piensa o siente o recuerda, que si le da una vuelta, que si le da otra,... es ajeno al hilo argumental referente a Rob. Por lo tanto, podía perfectamente haberle metido algo más de chicha a los personajes femeninos, y no lo hizo.

Hace años, no me fijaba en estas cosas. No obstante, llega un momento en que caes en ello y ahora sí que lo echo en falta.

Así que no, no esperéis encontrar mujeres de carne y hueso entre sus páginas. Hay insinuación de lo que pudieron ser grandes personajes, si solo les hubiera dedicado en algún momento alguna escena como la del chatir de Karim.

Me llama la atención que este libro, escrito por un estadounidense, no tuvo demasiado éxito en su país natal. En Europa arrasó, convirtiéndose en un superventas, particularmente en España y Alemania.

Siempre me ha llamado la atención que aquí adoramos la novela histórica, mientras que en Estados Unidos la ignoran bastante. Yo a veces digo, a aquellos que desprecian la romántica, que en EE. UU. es este género el que domina las ventas, tanto como aquí la histórica, y así se hacen un poquito más a la idea.

Seguro que hay un motivo para que nos atraiga más la historia que allí. No voy a elucubrar. En Europa estamos enamorados de la novela histórica, en EE. UU., de la romántica. Y el suspense, o novela negra, en ambos sitios. Me resulta curioso que a los europeos nos encanta la histórica, con independencia de que sea historia de la misma geografía que nosotros habitamos o no.

En conjunto es una novela de las imprescindibles si te gusta el género. Es entretenidísima, y fácil de leer.

El autor, luego, escribió otras dos, Chamán (1992) y La doctora Cole (1996). Las leí cuando salieron, así que no recuerdo gran cosa de ellas. No me gustaron particularmente, se dejan leer, sin más. Me parecen prescindibles.

Como a estas alturas es un clásico del género, tiene página en la Wikipedia. 

domingo, 12 de julio de 2020

#90 La misión




The mission
Año: 1986
País: Reino Unido
Dirección: Roland Joffé
Música: Ennio Morricone

Domingo, toca ir al cine. Hago mi homenaje particular a Morricone.

            A poco cinéfilo que seas, sabrás que hace una semana, el 6 de julio, falleció Ennio Morricone.

            Esto me hizo recordar que aún no había hablado aquí de esta película, la que muchos consideran su mejor banda sonora. Con motivo de su 90 cumpleaños, Sinfonía de la mañana le dedicó un programa en el que los oyentes votaban por la que les parecía la mejor banda sonora de Morricone, y acabaron escogiendo esta. Oye, merece la pena que se escuche todo el programa, que comienza con una historia muy cinematográfica (y bastante divertida) sobre su primera colaboración con Sergio Leone.

La misión es una película histórica que recrea un episodio poco conocido del siglo XVIII: las consecuencias de un trazado de la línea fronteriza separando el territorio de la corona española de la portuguesa, y cómo eso iba a afectar a las misiones jesuitas que estaban en territorio que acabaría cedido a Portugal. Si queréis más, podéis buscar el tratado de Madrid (1750) o la Colonia de Sacramento.

La compañía de Jesús, dependiente del papado, siempre fue una institución incómoda para las monarquías. Con el tiempo acabaría prohibida en distintos lugares, incluida España.

            Ese es el marco en el que debe entenderse esta historia, las misiones jesuíticas.

            El argumento en sí básicamente se refiere a la redención de un español, interpretado por Robert de Niro. Capturaba indios para venderlos como esclavos; hay que recordar que en España no podían ser esclavizados por ser súbditos de la corona, pero en Portugal sí. El poder miraba para otro lado si un español cogía a indios a este o a aquel lado de la frontera siempre que los vendiese en otro sitio. La cosa es que este personaje acabará en una de esas misiones, intentando redimirse.

Reconozco que si no estás un poco puesto en historia te puede resultar confuso. Pero a mí me encantó desde que la vi por primera vez. Recuerdo que fue la primera película que fui a ver sola al cine, sin amigas, ni novios ni nada, yo solita, porque esta peli es de las que tocaba muchos palos de los que a mi me gustaban. No es de extrañar que me dejara totalmente impresionada, porque unía mi gusto por la historia, las pelis y los maromos de buen ver, de los cuales hay un puñadito en esta historia: Robert de Niro, Jeremy Irons, Liam Neeson y (un poquito de) Aidan Quinn.

Lo que todo el mundo recuerda de esta película es su banda sonora. Para mí es la mejor de Morricone. Que no le dieran el Óscar es el mayor robo de la historia de esos premios, y creo que esto no es victimismo, sino una opinión generalizada entre los cinéfilos. La música de Morricone lleva décadas interpretándose por orquestas sinfónicas, y seguirá, porque es simplemente maravillosa. Según comentaba Martín Llade en el programa de radio antes mencionado, al parecer la recaudación del disco fue mayor que la película que, simplemente, cubrió gastos.

Ganó el óscar a la mejor fotografía. En los Globos de Oro premiaron el guion y la banda sonora. En el Festival de Cannes tuvo la Palma de Oro a la mejor película, aparte de obtener el Premio Técnico. En los británicos BAFTA obtuvo tres: mejor actor secundario (McAnally), montaje y banda sonora.

Si tienes la oportunidad de ver esta película, no te la pierdas, porque es realmente una de esas con enjundia, que disfrutas y te remueve un poco el corazón y la conciencia; te emocionará, seguro.

Y es que aunque lo mejor es la música, no podemos olvidar que las interpretaciones son fantásticas, así como la realización y la fotografía… Admito que si la historia no te llama, es posible que el argumento en sí te puede dejar frío. Pero si te metes un poco en lo que te están contando, puedes encontrar lecciones para cualquier contexto de la vida: de si merece o no luchar por lo que uno cree, arriesgarte a desafiar el poder cuando, luches como luches, hagas lo que hagas, quizá te acaben aplastando.

Yo soy de esas idiotas épicas que cree que solo te derrotan si no luchas, que haya batallas que tienes que pelear de todas formas, por mucho que las probabilidades de victoria sean mínimas... Aunque siempre manteniendo la idea romana de sobrevivir para luchar un día más.

Para saber más: consúlteme usted la Wikipedia, Film Affinity o la Internet MovieData Base.

Morricone es uno de mis compositores favoritos de cine, junto a Doyle, Preisner, Bregovic, Zimmer y Williams, por mencionar unos pocos. Aunque reconozco que su producción, como la de todos estos autores, acaba siendo irregular porque no siempre se alcanza la maestría en un tipo de composición tan utilitaria. La música para el cine está sobre todo al servicio de la historia y por eso resulta desigual. Pero las mejores composiciones acaban siendo tan buenas como la mejor música clásica. De hecho, siempre he creído que Wagner, de haber vivido ahora, se dedicaría al cine.

Morricone tenía una sólida formación clásica, y eso se nota. Cuando alguien ha nacido en Roma, no tiene nada que demostrar absolutamente a nadie, ni que nadie se lo reconozca, porque es grande ya de nacimiento. Ahora bien, siempre me dolerá que no le premiaran el fantástico trabajo que hizo en esta peli.