Título: en inglés, Over
the rainbow, o también Somewhere over the rainbow
Letra:
Yip Harburg
Música:
Harold Arlen
Año:
grabada en 1938, película estrenada en 1939
Idioma: inglés
Esta
balada se escribió para una película, «El mago de Oz», del año 1939. Allí
la cantaba la actriz Judy Garland en su papel de Dorothy Gale.
Porque
sí, en esta lista mía de canciones habrá más de una que procede de musicales,
bien fílmicos, bien teatrales. Porque ya sabéis que a mí me gustan todas las
artes, y relaciono unas con otras.
Creo
que de todas las listas que aparecen en este blog mío, va a ser la más personal,
ya lo comenté el otro día. En otras intento equilibrar lo que a mí me gusta con
lo que muchos han considerado las más destacadas o las mejores de cada campo.
Pero el número de canciones es tan enorme (solo en Spotify hay más de cien
millones de canciones) que reducirlas a cien exige adoptar un criterio, incluso
dentro de las que tengan alguna fama o relevancia, y al final, va a ser mi
propio gusto particular. Será una especie de crónica sentimental y emocional.
La
música la compuso Harold Arlen (1905 – 1986), autor de más de quinientas
canciones, muchas de ellas para el cine. El letrista fue Edgar Yipsel
"Yip" Harburg (1896 – 1981), del que me suena por
ejemplo la canción «April in Paris».
Es
una canción que aparece al principio de la película, cuando Em, la tía de
Dorothy, le dice que busque un sitio donde no se meta en problemas, y la niña habla
consigo misma, o con su perro Toto, ella se pregunta si habrá algún sitio sin
problemas, si lo hay estará lejos, más allá de la luna, o de la lluvia. Empieza
a cantar:
Somewhere
over the rainbow, way up high
In the land
that I heard of once, once in a lullaby
Somewhere
over the rainbow, skies are blue
And the
dreams that you dare to dream really do come true
Más allá del arcoíris, muy arriba,
en la tierra de la que oí hablar
una vez, una vez en una canción de cuna.
Más allá del arcoíris, el cielo es
azul,
y los sueños que te atreves a soñar
realmente se hacen realidad.
Se
compuso en el año 1938, que es cuando Judy Garland la grabó para la película,
en concreto el 7 de octubre de 1938, así que tiene…ochenta y ocho años. El film,
en sí, se estrenó al año siguiente. Ganó el óscar a la mejor canción
original, pero curiosamente estuvo a punto de caerse de la película, porque
les parecía que quizá ralentizaba un poco la acción en un momento muy inicial
de la trama, cuando el público aún estaría frío. Fue cosa del director y
productor quien insistió en que se quedase. La grabación Y fíjate, además de
ese premio, se convirtió en la canción más característica de Judy Garland. Y no
solo eso, en 2017 se reconoció por la Biblioteca del Congreso de los EE. UU.
como «significativa cultural, histórica o estéticamente».
Como
la mayor parte de las canciones que comentaré aquí, tiene tropecientas
versiones. La que a mí más me gusta es la del cantante hawaiano Israel
Kamakawiwo’ole (1959-1997), que en el álbum Facing future (1983)
incluyó un popurrí enlazando esta canción con otra fantástica, «What a
wonderful world», sólo su voz y el ukelele. Tenía un timbre bien lindo, y solo
con su voz y el ukelele te llena de optimismo y serenidad. Se convirtió en su
grabación más célebre. También las puedes encontrar por separado.
Une
así dos canciones de buen rollo. En la misma línea puedes escuchar por ejemplo
el «Don’t worry, be happy» de Bobby McFerrin, «Happy» de Pharrell Williams o «Good
vibrations» de los Beach Boys. No sé si alguna de ellas aparecerá por aquí, en
principio no. La lista la tengo hecha, pero en mi experiencia con las otras sé
que las tengo pensadas pero luego voy cambiando. Por si acaso, aquí os las
dejo, para que os animéis un día que estéis algo más decaídas.
Para
saber más, puedes leer el artículo en la Wikipedia,
donde leo: «Es, junto a «Singin' in the Rain», una de las canciones más
representativas del cine estadounidense».
¿Tenemos
en You Tube la versión de Israel? Sí. En varios vídeos y versiones. Aquí va
una.
Bachiana brasileira nº 5 para soprano e oito violoncelos
Heitor Villa-Lobos, h. 1922
Compositor: Heitor Villa-Lobos
Estreno/Publicación:
Río de Janeiro, 1939 (el primer movimiento) / París, 1947 (completa)
Hoy, 1.º de noviembre, se
cumplen cien años del nacimiento de Victoria de los Ángeles (Barcelona, 1-11-1923-16-1-2005)
soprano encantadora, de voz preciosa y canto natural
Para celebrar la efemérides, escribo esta entrada sobre la que
probablemente sea la composición brasileña clásica más conocida, estas
Bachianas n.º 5 de Heitor Villa-Lobos (Río de Janeiro, 1887-1959). El compositor grabó esta obra con
Victoria de los Ángeles para la EMI y es una de esas grabaciones históricas,
especiales, de las que no pueden faltar en una discoteca ideal de todo aficionado.
Victoria de los Ángeles es una de esas cantantes líricas españolas de
posguerra que impresionan no solo por sus voces preciosas, sino también por la seriedad de su trabajo y la buena técnica. Unas más divas y otras menos, pero todas, currantas del arte. Nombres como la mezzo Teresa Berganza o las sopranos Montserrat Caballé y Pilar Lorengar. Escucharlas es una delicia
auténtica. Sabían, además, cuál era su repertorio y lo cultivaban con disciplina y
encanto.
En el caso de Victoria de los Ángeles López García, procedía de la clase trabajadora, sabía lo que costaban las
cosas, que al parecer (yo no la conocí, obviamente) seguía siendo de talante
humilde y muy currante, la antidiva. Tan es así que en una época de tanta
rivalidad y locura de fans, ataques incluso envenenados de unos contra otros,
al parecer esta mujer le caía a todos bien.
Victoria de los Ángeles destacó sobre todo por la naturalidad de su canto. Dentro
de la ópera, se la recuerda sobre todo por un par de heroínas puccinianas, Mimí,
de La Bohème, y Butterfly. Pero
también cantó a Wagner, siendo una exquisita Elisabeth en Tannhäuser en Bayreuth, cuando allí solo se llegaba por invitación
muy remirada y era rarísimo que llegaran cantantes de allende los Alpes.
Ahora, Victoria de los Ángeles era sobre todo cantante. El arte del canto, la voz,
la melodía, la palabra pronunciada y sentida, y por ello no es de extrañar que también
se dedicara al lied alemán o la canción francesa. Divulgó también la canción
española, llegando a interpretar piezas españolas con acompañamiento de
guitarra como bises en sus conciertos. El recital, para ella, no era mero complemento de la ópera, era una forma tan importante como ésta. Imprescindible si querías ser un cantante total. En You Tube sobre todo encontrarás fragmentos de recitales suyos. Ejemplo.
Artista completa, de recital y de teatro, pues. En esto fue como Elisabeth Schwarzkopff
o Dietrich Fischer-Dieskau. Con ellos grabó, por cierto, un disco estupendo, el del Homenaje
al pianista Gerald Moore. Fantástico, con obras de Mozart, Schubert, Rossini,
Brahms, Schumann, Wolf, Mendelssohn y Haydn. Está en EMI Classics y, a veces, en
la carátula se destaca el «Dúo bufo de dos gatos» que cantan de los Ángeles y
Schwarzkopf, una delicia, un divertimento absoluto.
Hoy en Scherzo han publicado una entrevista: «Victoria
de los Ángeles: Una entrevista histórica» . Ahí se pueden leer reflexiones que demuestran su rigor, su vocación de trabajo,
cómo el arte está por delante de divismos, y que cantar no son sólo los fuegos fatuos de la ópera. Al contrario...
Mire, para el mundo del recital se requiere, primero una preparación mucho
más completa intelectualmente, una imaginación artística mayor, tener grandes
conocimientos musicales, una cierta elegancia, buen gusto… cosas éstas que en
la ópera puedes dejar un poco de lado y limitarte a exponer tus maravillosos
atributos vocales (si los tienes), o dar grandes pinceladas desde un punto de
vista interpretativo, pero no te detienes en el detalle expresivo o incluso
espiritual. Entonces ¿qué ocurre?, que cuando estos cantantes han hecho sólo
ópera no están acostumbrados a recrearse en ese mundo intimista como es el del
recital. No están acostumbrados, y de pronto se han enterado de que es muy
importante hacerlo. Sólo cantan arias de ópera o compositores más fáciles, pero
nunca se enfrentan a un Schubert, a un Brahms o a un Wolf, ni hacen canción
francesa… En fin, se les nota que no están preparados.
No, si por eso mi cantante lírico favorito es Dietrich Fischer-Dieskau, que creo que habría suscrito cada palabra. Rigor intelectual, trabajo, imaginación, y buen gusto... Al final, Victoria de los Ángeles da un consejo que me parece muy sensato para los cantantes que empiezan:
Ante todo, gran humildad al estudiar, devoción por su carrera y nunca una
ambición desmedida. Creo que uno debe ser honesto, sincero, auténtico. Con
estas tres cosas se puede llegar a desarrollar una carrera digna y respetuosa
con la música, pero nunca aprovecharse de ella para llegar a ser importante.
Victoria de los Ángeles en Schiphol (1963) Harry Pot / Anefo, CC0, vía Wikimedia Commons
La Bachiana n.º 5 es la más
famosa de todo el ciclo de Bachianas
Brasileiras que compuso Heitor Villa-Lobos entre 1930 y 1945.
Son nueve suites y, como su nombre indica, son
piezas inspiradas por un lado en las formas clásicas de Bach, como el
contrapunto barroco, y, por otro, los temas y ritmos propios del folclore brasileño. Esta
mezcla se ve en los títulos de cada movimiento,
pues une un término clásico con otro en portugués propio del lore brasileño. Cada bachiana una tiene su propia combinación instrumental, a veces llevan
voz y otras no.
Esta Bachiana n.º 5, en concreto, es para soprano y
un conjunto de ocho violonchelos. Tiene dos movimientos, «Aria (Cantilena) –
Adagio» sobre letra de Ruth V. Corrêa, que es el más conocido. Al principio parece que llevaba un poema de Altamirando de Souza, pero este lo acusó de plagio y acabó cambiando la letra.
El segundo movimiento, «Danza (Martelo) – Allegretto», lleva palabras del poeta Manuel Bandeira.
Cada parte es de un momento diferente. El «Aria (Cantilena)»
lo compuso en el año 1938 y se estrenó el 25 de marzo del año siguiente, en Río
de Janeiro. Dirigía el compositor y cantaba Ruth V. Corrêa. «Dança
(Martelo)», es del año 1945, cuando ya Villa-Lobos había compuesto
el resto de sus Bachianas. Al
parecer, el «Martelo» es tanto un tipo de danza como un estilo poético, y aquí se estaría refiriendo a lo segundo, como una de las modalidades más antiguas de
la «literatura de cordel», según leo
en la Wikipedia en portugués.
Fue el 10 de octubre de 1947 cuando se estrenó en París la versión completa
de la Bachiana n.º 5, con Villa-Lobos
dirigiendo e Hilda Ohlin como cantante.
La grabación que yo prefiero es, obviamente, por eso la traigo hoy aquí, la
del compositor con Victoria de los Ángeles y la orquesta es la de la Radio Nacional de Francia, del año 1956. En el disco están las Bachianas Brasileiras 1, 2
(que incluye «El trenecito del Caipira», O
trenzinho do Caipira, otro fragmento conocidísimo), la 5 (para soprano y
ocho violonchelos) y la 6 (para flauta y fagot). Esta última, la n.º 6 la
interpreta el compositor y la orquesta francesa con Fernand Dufrêne (fl.) y
René Plessier (fag.). En la Guía Penguin
hablan de la voz dorada de Victoria de los Ángeles y que su interpretación de la
famosa n.º 5 es ravishing (arrebatadora,
encantadora, cautivadora o deslumbrante, tradúcelo como quieras).
Otra posibilidad es la de Kiri Te Kanawa con Harrell, que empareja esta pieza con los Cantos de Auvernia de Cantaloube.
Para saber un poco más, tenemos artículo sobre esta pieza en la Wikipedia en portugués, fácil de entender por cualquier hispanohablante. Y, también, este artículo de Melómano digital, que analiza más en profundidad las Bachianas.
Por You Tube hay unas cuantas interpretaciones. Os pongo enlace a una del Villa-Lobos Channel, con Barbara Hannigan:
Merece la pena de verdad, qué preciosidad…
Una curiosidad, en el canal de Estradinsky te cuentan «La hermosa historia del TRENCITO que se hizo MÚSICA. H.
Villa-Lobos y sus Bachianas Brasileiras», una interesante forma de divulgación musical que se centra en la Tocata
o Trenzinho do Caipira de la Bachiana Brasileira n.º 2.
Y acabo con una pieza de Gerald Moore al piano y Victoria de los Ángeles, la nana «Canción
para dormir a un negrito» de Montsalvatge. Sí, ya sé que en otros idiomas la n-word suena muy fuerte. En español, no
es así, no me sean absurdos o ignorantes, please.
❉ Suite, según el DRAE, es una «composición instrumental integrada por movimientos muy variados, basados en una misma tonalidad».
❉ Literatura de cordel se refiere a los «pliegos de cordel», «obras populares, como romances, novelas cortas, comedias, vidas de santos, etc., que se imprimían en pliegos sueltos y para venderlos se solían colgar de unos bramantes puestos horizontalmente en los portales, tiendas y mercados» (definición DRAE).
Música: Roger Désormières,
Wolfgang Amadeus Mozart, Pierre-Alexandre Monsigny
Un clásico del Cine, sobre la
banalidad de todo, creo, una comedia pesimista
En cierto sentido, me parece como el antepasado
ligero, menos cruda y humillante, pero igualmente trágica, de Los santos inocentes de Camus. Ahora llamaríamos a La regla del juego dramedia satírica.
La historia empieza en un aeródromo donde un
aviador acaba de lograr la hazaña de cruzar el Atlántico. Cree que lo espera
una dama de la que está enamorado y cree que es correspondido, pero no. Eso le
decepciona, porque este chico siente las cosas intensamente.
La mayor parte de la película se desarrolla en
un casoplón en mitad del campo. Una fiesta campestre, con sus invitados. Habrá
episodios de caza y otros momentos de entretenimiento en el teatrillo de la
finca. Aquí todo el mundo flirtea, tontea, le pone los cuernos a los demás, sin
darle demasiada importancia.
Todo muy ligero e inane. Te amo a ti, no, al
otro, espera, que de verdad estoy enamorada de… Esa es la actitud de la
protagonista, una mujer amada por tres hombres y que no acabo de ver a quien
quiere de verdad, o quien está dispuesta a pasar el resto de su vida. No veo
tampoco el atractivo de Christine, vienesa, hija de un famoso director de
ópera, ni en su físico ni en su carácter. No sé si será intencionado o en
realidad en la época la actriz Nora Gregor, era considerada una gran belleza.
Si fuera adrede, te da un toque añadido de liviandad a toda la historia. Ella
es tan pompa de jabón como el resto, pese a su desesperación por sentir algo
más profundo, una pasión arrebatadora, algo que se salga del orden establecido.
Porque sí, los amoríos extramatrimoniales entran
dentro de la tradición, nadie se escandaliza, solo hay que seguir ciertas
reglas.
Eso en la parte de Arriba. Entre los criados, Abajo, también se desarrolla una
tragicomedia de tonteo y celos en torno a Lisette, la doncella de la dama, y un
marido, Schumacher, que no entiende la regla del juego. Con consecuencias
trágicas que, también, se acaban barriendo bajo la alfombra, porque hay que
tener estilo para estas cosas. No hay nada más vulgar que un crimen pasional.
Hay tantos actores, y las interpretaciones son
tan estupendas, que no sé en quien fijarme. Quizá en Corneille, ese mayordomo
que mira todo con distancia y alguna vez muestra claro su desagrado, sabiendo
guardar las formas. O el personaje que interpreta Géo Foster, tan guapo y ambiguo
que hasta pensé si sería una actriz disfrazada de hombre. Pero no, al parecer
este actor se especializó en ese tipo de papeles mundanos, algo afeminados. O
el propio Jean Renoir, que interpreta a Octave, amigo de la protagonista, un
tipo sin un duro pero que se lleva con todos y que puede que sea el amor
verdadero de Christine… o tal vez no, aquí todo es tan volátil.
Es una película que mantiene su frescura. Cada
vez que la ves te fijas en cosas diferentes. En su momento fue el filme más caro de la industria francesa, pero no fue muy bien
recibida. Era muy distinta al cine que se hacía. O puede que el tono de alta comedia no encajara en esa atmósfera prebélica, de hecho, es del mismo año en que
estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa. En octubre, el
gobierno francés la prohibió porque tenía una influencia indeseable sobre los
jóvenes.
Pero tuvo una influencia enorme en los cineastas
europeos posteriores.
No ganó ningún premio, no era
algo de aquel entonces. Pero sí que ha sido considerada una y otra vez entre
las mejores películas francesas de todos los tiempos, si no la mejor. No podía faltar en este
recuento mío que intenta hablar de las cien mejores películas de la Historia
del Cine.
No sé si recordáis aquel
estupendo programa de televisión de Garci, «¡Qué grande es el cine!», una
tertulia sobre muchísimas películas clásicas. Me quedé con la idea de que lo
quitaron por motivos ideológicos, lo cual es lo más absurdo del mundo, porque
no se metía en política, sino que hablaba, y muy bien, de cine. Si es así, un
ejemplo de cómo la ideología de la cancelación y el sectarismo destroza tantas buenas
cosas. La cosa es que dedicó uno de sus programas a esta película. Lo recomiendo como complemento casi imprescindible al visionado de esta película. Oyes comentarios sobre esta
película como que es «muy triste, es una película muy pesimista, pero que no
tiene el aspecto de película pesimista».
Para mi hija, esta es esa película viejuna en que un perro muerde a un conejo. Viejuna significa, para ella, enblanco y negro.A las mudas las llama silenciosas. Es curioso, inicié este blog en parte pensando en ellos, pero no creo que le vayan a sacar juego. Si alguna vez, a lo largo de su vida, sienten interés por las cosas que a mí me gustaron, aquí las encontrarán.
Joseph Roth, uno de mis escritores favoritos, murió solo, alcoholizado,... un judío exiliado en París, pocos meses antes del estallido de la
Segunda Guerra Mundial.
Joseph ROTH en 1926
De haber sobrevivido, probablemente habría acabado,
como el resto de su familia, en las cámaras de gas. A su mujer, Friederiche,
enferma mental, institucionalizada desde los años veinte, la ejecutaron en
aplicación de las normas raciales nazis.
También
puedes soñar con que, quizá, consiguiera huir. Pero, ¿te lo imaginas…? Más que escribiendo
guiones en Hollywood, lo veo más como su gran amigo Stefan Zweig, desesperado sin ver la luz al final del túnel.
Su obra es
más actual que nunca, porque nos pone frente a la historia europea de una
manera descarnada. Una auténtica advertencia de cómo actúan los totalitarismos,
en particular –pero no solo– esa asfixiante ideología que es el nacionalismo.
Empezó a
escribir en los años veinte, en plena posguerra. Vivió el desmembramiento del
Imperio austrohúngaro con lo que le privaron de lo que sentía como una patria diversa
en la que tenían cabida gentes de distintas culturas, lenguas y religiones.
Judío de
Galitzia, estudió en Leópolis y en Viena. Combatió en la Gran Guerra y trabajó
de periodista primero en Viena y luego en Berlín. Por su profesión, recorrió
toda Europa, incluida la URSS (donde, como Bertrand Russel y a diferencia de de tantos otros intelectuales europeos, no se dejó engañar sobre la realidad del comunismo). Cuando Hitler llegó al poder en 1933, se marchó
de Berlín a Viena. Pero la ideología nazi, como una mancha, se extendió a
Austria, y ya antes del Anschluss, vio la que se le venía encima (mucho más que, por ejemplo, Zweig) y se largó, en
1934.
Volvió a
recorrer Europa, errante, en un exilio que no era solo de un determinado lugar,
sino también de una lengua.
Daos cuenta
de lo terrible que es. Periodista y escritor en alemán, vio cerrado el mercado
de esa lengua, donde era visto como otro artista
degenerado más. En Alemania quemaron sus libros.
Una de las
cosas que más me gusta es aprender de primera mano, tal como se veía entonces,
la realidad política y social, como esa Tela
de araña (1923) que fue su fallida primera obra, pero en la que te explican
muy clarito cómo se crea un Hitler.
Lo bueno es que la lucidez del discurso no le impedía momentos de ensimismamiento estético.
Narra con una prosa poética que se luce, sobre todo, en la metáfora inesperada.
Un fragmento
escogido casi al azar, de El espejo ciego:
Las chicas se sentaban frente a las máquinas de
escribir, blancas, sonrientes. Florecían junto a las mesas como si fueran
plantas blancas.
Parte de mi balda Roth
En su obra
se ve lo fácil que es manipular a la gente para que cometa las mayores
barbaridades, en nombre de espantajos ideológicos que no responden realmente a
ninguna realidad objetiva. Lo sencillo que es crear un líder
Hay quien
dice que su mejor historia es él mismo, las fantasiosas versiones que dio de su
biografía. Puede ser. Siempre que te des cuenta de que es modelo de víctima del
fanatismo, que necesita muchas veces borrar sus huellas.
Ningún grupo
humano lo reclama como propio con demasiado entusiasmo, precisamente por ese
nacionalismo que aniquila cualquier cosa, cualquier obra, cualquier persona,
que no encaje en su visión del mundo y del pasado. Que no entiende de matices.
Por
supuesto, ni su Ucrania natal, donde, como Polonia (con quien se reparte la
Galitzia) parece que se esfuerzan en borrar toda huella de las comunidades
judías existentes en la primera mitad del siglo XX. Ni en Alemania ni en Austria,
su patria lingüística, le consideran «uno de los suyos». Ni por su puesto el estado de Israel u otros grupos judíos que en el mundo han sido, por su ausencia de devoción religiosa (se convirtió al catolicismo) y nulo interés por el sionismo.
Para mí,
quienes tenemos que reivindicarlo somos los europeos, sencillamente, porque de
lo que nos habla es de nuestros fantasmas y aspiraciones, de nuestros amores,
la civilización refinada y la crueldad, también. De ese sueño de la razón que
produce monstruos a los que, una y otra vez, nos entregamos arrastrados por el
populismo más básico.
Todo lo que
he leído de él me gusta. Mis novelas favoritas son Job (1930), La marcha
Radetzky (1932) y La leyenda del
santo bebedor (obra póstuma, 1940). Confío en poder comentar aquí alguna de estas obras.
También se
han publicado numerosos relatos cortos, ensayos y artículos periodísticos, de
gran perspicacia y belleza literaria. Este tipo de literatura breve permite
descubrir su estilo. Más artículos que hablan de él, aparte de la Wikipedia, serían este que resume su trayectoria como «De judío comunista a católico reaccionario», o «La sed del santo bebedor». Por si queréis saber algo más de él.
Una superproducción al servicio de una
heroína inolvidable. Conciencias políticas, atenuense mientras la ven.
Todo en esta película parece mítico,
bigger than life. Es una película “a
lo grande” en el más puro estilo de los estudios de los años treinta: basada en
una novela superventas, actores de lujo, enormes decorados, música intensa y pegadiza,
guion arrebatado con frases míticas de esas que se siguen recordando casi 80
años después (desde “A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar
hambre” hasta el Frankly, my dear, I
don't give a damn de Gable que le costó una multa con la censura), escenas llamativas,
cuatro horas de duración…
Claro que la tienes que ver con la
conciencia social acallada porque, al fin y al cabo, te cuentan la historia de
la guerra de Secesión y la ocupación posterior desde la perspectiva de familias
adineradas y esclavistas. Y no olvidemos el pequeño detalle de que en una
escena queda claro que Rhett tiene sexo con Escarlata en contra de la voluntad
de ella. Y encima te la ponen como que ella está encantada el día después.
Lo bueno, desde el punto de vista feminista, es que todo gira en torno a una mujer, una heroína
inolvidable, Escarlata O’Hara, una jovencita al principio de la película y una
mujer hecha y derecha al final. Interpretada por una maravillosa Vivien Leigh. Al principio de la
historia es una chicuela sólo preocupada por ver cómo confiesa sus sentimientos
al chico del que está enamorada, luego se lleva decepciones, pasa la guerra, la
violencia, el hambre, se casa hasta tres veces, tiene una hija y demasiado
tarde se da cuenta de que en realidad, su media naranja no es el tipo melifluo que
ella lleva rondando toda la película. Demuestra que podía haber personajes femeninos interesantes, fuertes, que llevaran sobre sus hombros todo el peso de la historia, a quienes admirar, y no meros intereses románticos del héroe de acción.
Todo en esta peli está, ya digo, hecho a
lo grande, todo tiene que resultar fuerte, emocionante, épico, y si te dejas
llevar por la historia, pasarán momentos entretenidísimos.
También son míticas las historietas en
torno a cómo se rodó, quién se llevaba mal y quién bien, cómo la producción se retrasó
años hasta que pudieron contar con Clark
Gable para el papel de Rhett Butler y encontrar a la actriz ideal para
interpretar a la protagonista, las continuas revisiones del guion, cómo George Cukor fue despedido, y luego
pasó a Victor Fleming, que quedó
agotado y durante un tiempo fue sustituido por Sam Wood, e incluso hubo alguna escena que dirigió William Cameron Menzies, diseñador de
producción,…así que a ver qué director filmó qué parte,… En fin, cotilleos varios de la Historia del Cine que entretienen al aficionado, pero sin
demasiada trascendencia.
Es curioso, recuerdo que cuando comenté
con mi madre que esta peli era de 1939, me lo discutió, dijo que como era en
color, y con esos actores, que era de los años cincuenta. Y yo, que era una
marisabidilla y me había leído todos los libros de cine a mi disposición (que
no eran muchos, la verdad) juré y perjuré que era verdad, y ella que no,… O
sea, algo que ahora se resuelve con san Google, en aquella época daba lugar a discusiones interminables.
La razón del despiste cronológico de mi
progenitora, que se acordaba perfectamente del estreno, era que en la
nacionalcatólica España esta peli fue censurada y no pudo verse hasta 1950,
razón por la cual muchos creyeron que era de más o menos esos años.
Arrasó en los premios Óscar, incluidos
los de mejor película, mejor director (Fleming), mejor guion adaptado (otorgado
póstumamente a Sidney Howard), mejor actriz (Leigh) y mejor actriz de reparto
(Hattie McDaniel). Lo de Hattie merece la pena resaltarlo, ya que fue la
primera actriz afroamericana que lo ganó, lo cual es un punto positivo para una
superproducción que, quieras o no, defiende una sociedad sureña esclavista. Y que
décadas después de la guerra seguía siendo insufriblemente segregacionista,
hasta el punto de que ni esta espléndida actriz, ni ningún otro intérprete
negro de la película pudieron acudir al estreno en Atlanta, porque no había
sitio para ellos en un teatro para blancos.
Cada vez que el personaje de Leslie
Howard se ponía melancólico sobre el hermoso mundo que habían dejado atrás, me
rechinaban los dientes y decía que sí, claro, que se lo dijeran a los esclavos
de la plantación.
Ver esta película ahora a mí me causa más de un problema de conciencia, a pesar de que sé que es entretenida, magnífica desde el punto de vista cinematográfico. ¿Por qué? El racismo implícito en la película,... el ataque al más elemental feminismo por el hecho de que Rhett
viole a Escarlata,... e incluso político, porque al fin y al cabo no llegan a discutir el origen de toda la guerra, que es la secesión ilegal decidida por unos politiquillos que luego no son los que luchan y mueren en la guerra, por motivos económicos miserables, para defender una sociedad impresentable, causando toda una carnicería por querer separarse del resto de los EE. UU. Pese todo, Lo que el viento se
llevó aparece, según leo en la Wikipedia, entre las diez primeras de la
lista del American Film Institute con las 100 mejores películas estadounidenses
desde su creación en 1998; en 1989 la película fue considerada «cultural,
histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de
Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film
Registry.
En YouTube hay bastantes momentos, aquí os dejo enlace a una lista de reproducción con fragmentos en español, con uno de esos doblajes chirriantes tan de los años cincuenta.