viernes, 1 de mayo de 2026

#17 Juliano, el apóstata

 




 

 

Título original: Julian

Autor: Gore Vidal

Fecha de publicación: 1964

 

Una novela histórica que es de las más famosas del género. Con esta descubrí, hace años, a un autor que se convirtió en uno de mis favoritos. Se centra en la vida de uno de los emperadores romanos más apreciados por los aficionados, Juliano (331/32-363), de la estirpe de Constantino.

Su atractivo viene, creo yo, en que fue un personaje real cuya vida fue auténticamente «de novela». Como Marco Aurelio o Adriano, son tipos que parecen modernos, muy sofisticados, especiales, más bien intelectuales pero que cuando llega el momento de luchar y combatir, contra todo pronóstico resultan ser guerreros competentes.

Con una diferencia, y es que a Juliano le tocó un imperio romano muy diferente, después de las zozobras del siglo III, con ese Rin perpetuamente amenazado por los bárbaros, y ese imperio tan dividido. Siempre hubo diferencia entre Oriente y Occidente, el primero más poblado, de habla griega, cultura helenística, y donde el cristianismo se expandió. El enemigo era allí el imperio persa, en la versión sasánida, con el dominante Sapor II, figura inmensa.

En cambio, este lado de Europa estaba menos poblado, era más rural y rudimentaria, más brutal y de climas peores, habla latina y fuera de las ciudades, el cristianismo era cosa menor. Y los enemigos eran los germanos que pululaban al otro lado del Rin.

Juliano no solamente resulta atractivo por ese entorno más exigente y de supervivencia que era el imperio romano del siglo IV. 

También, por su propia biografía, un niño que perdió a su madre muy jovencito y vio cómo iban asesinando uno a otro de sus parientes, en las brutales purgas que siguieron a la muerte de Constantino el Grande. Su padre, tíos, hermano mayor… vamos, que Constancio II se irguió como Augusto nadando en un mar de sangre de su propia familia.

De toda la familia de Constantino, ya solo quedaban como descendientes varones Constancio II, Juliano y su medio hermano Galo. ¿Por qué? Pues porque eran críos, niños. Constancio tuvo que considerar, por un lado, qué peligro suponían para su trono y, por otro, la posibilidad de usarlos en el futuro si lo necesitaba. De momento, los dejó seguir vivos. Imaginaos lo que es vivir toda tu infancia y adolescencia sabiendo que en cualquier momento te pueden matar

¿Qué efecto puede tener eso en un niño? 

Gore Vidal te mete en este pastizal de una manera prodigiosa. Sufres con tu héroe, a cada paso.

Hay un segundo punto que resulta atractivo para el lector. Juliano era un tipo filosófico, libresco, que estudió en Atenas, alguien que procura pasar desapercibido por pura supervivencia. Un poco la misma idea de Roberts Graves respecto a Claudio. Sobrevivir haciéndose camuflándose entre libros y academias.

Y cuando a este comelibros le toca ponerse al frente de un ejército, o administrar un territorio, chico, yo creo que tanto leer a los clásicos, acaba convirtiéndose en un líder. Como guerrero creo que, de hecho, no llegó a perder ninguna batalla. Es en cierto sentido un héroe de lectores y filósofos.

He leído varias veces esta novela, a pesar de que es un tocho de cuidado. Algo así de bueno no se improvisa, claro, se trabaja a lo largo de años, en el propio libro lo fecha de abril de 1959 a mayo de 1964.

La releí ahora, en el año 2026, y sigue resultando impresionante. Cuando relees una novela así, ya no sientes esa ansiedad de ver qué pasará. Puedes permitirte el lujo de ir leyendo poco a poco, regodeándote en cada escena, intentando comprender el sentido profundo, político y personal, de lo que pasa en la página.

Gore Vidal conocía ya el ejemplo de Graves, y se ve en su nota introductoria. Para que no le acusaran de recoger solo cotilleos de Amiano Marcelino (como le imputaron a Graves respecto a Suetonio), incluye una bibliografía parcial que incluye al final. Lo de Amiano Marcelino además no sería puro cotilleo, pues fue soldado de los ejércitos de Juliano. Contó muchas cosas vividas directamente por él. Como Jenofonte, por poner otro ejemplo.

Una segunda cosa que llama la atención de «Juliano, el apóstata» es que es un libro relatado a tres voces. La mayor parte se supone que son escritos de Juliano. Pero hay otros dos personajes, Libanio y Prisco, ambos filósofos no cristianos, helenistas y amigos del emperador. Se supone que Prisco que acompañó a Juliano en su campaña persa, se habría hecho con los escritos del emperador. Libanio los quiere para escribir sobre el emperador, en tiempos ya de Teodosio. Esto da lugar a que Prisco haga comentarios, para Libanio, explicando cosas que Juliano pasa por alto, o muy por encima. Y también puntualizaciones de Libanio, más estirado y virtuoso frente al hedonista Prisco.

Esta combinación de tres voces, muy caracterizadas cada una de ellas, interrumpe la monotonia que podría, de otra forma, tener una novela en formato memorias del personaje histórico.

Un último dato que da valor a esta novela es que todos los personajes son históricos. Así que Vidal reconstruye toda una época con personajes que existieron de verdad y que está además, relativamente bien documentada, en contraste con otras épocas del imperio romano.

Teniendo en cuenta el predominio absoluto de partícipes masculinos es obvio que los personajes femeninos son anecdóticos. Sin embargo, las pocas que hay dejan su huella. Nadie puede decir que sean estereotipadas o sólo interés sexual del protagonista. No, Juliano consigue tener relaciones de amistad, o al menos de respeto, con mujeres que existieron de verdad y que tuvieron su influencia política. ¡Qué descanso frente a otras novelas históricas! 

Me parece una de las mejores novelas históricas escritas ever. No sólo por el atractivo del personaje o la altura literaria con la que escribe alguien como Gore Vidal. Sabe manejar muy bien los hilos de la trama, crear personajes inolvidables, recrear ese mundo tan inmenso que va desde los bosques umbríos de Germania hasta los ardientes desiertos de Irak, o la brutal corte de Constantinopla con los eunucos intrigantes, entre ellos el repulsivo eunuco Eusebio.

Gore Vidal (1925-2012) era un escritor cultivado, de buena familia, estuvo en la Segunda Guerra Mundial, tuvo su carrera política frustrada —creo yo— en buena medida por ser él mismo, un gay que no se metió nunca en el armario, ¡mucho antes de Stonewall! Sin alardes pero sin ocultamientos. Como literato tuvo una larga y feliz carrera, siempre ameno, que el rigor no elimine nunca el entretenimiento. Un hombre liberal en el mejor sentido de la palabra, muy fiel a sí mismo y a su idea de la libertad. Así que, claro, no lo reivindican ni las derechas ni las izquierdas, porque procuró ser él mismo y por ello no fue complaciente con nadie. Al menos así me lo parece a mí, después de haber leído buena parte de su obra. Esta novela histórica es lo que más aprecio de toda su producción.

Al haber estado él mismo en política, haberla mamado en su casa desde niño, estar cercano a Kennedy y su Camelot, le ayuda a entender esas complejidades de cortes, gentes intrigantes, la naturaleza del poder y de la corrupción. Eso le da, a mi modo de ver, un plus,

Dentro de las novelas clásicas del género, es de las imperdibles.

Por si queréis saber más sobre el autor, os dejo enlace a su página de la Wikipedia.

Si os llama la atención el personaje de Juliano, podéis escuchar los cuatro episodios que el pódcast «El ocaso de Roma» (Carlos de Miguel) le dedicó. Lo puedes encontrar en los lugares habituales, como iVoox. Pero el enlace que os voy a dejar es en la propia página de «El ocaso de Roma».

En inglés, el podcastero Mike Duncan, en su «The History of Rome» le dedica al emperador Juliano, creo, en los episodios 143 a 147.