viernes, 29 de julio de 2016

#27 Sigfrido


The Victrola book of the opera: stories
of one hundred and twenty operas
with seven-hundred illustrations and
descriptions of twelve-hundred Victor opera records
1917, Victor Talking Machine Company Rous, Samuel Holland
Por Internet Archive Book Images, via Wikimedia Commons


 Siegfried

Estreno: Bayreuth, 16 de agosto de 1876

Compositor y libreto en alemán: Richard Wagner



Coincidiendo con el Festival de Bayreuth, he decidido hablar de la Tetralogía, fuera de los días en que se estrenaron pero coincidiendo con representaciones reales del festival de este año. Hoy mismo, a partir de las 15:57 se retransmite en directo, por Radio Clásica y desde Bayreuth, la tercera ópera del Anillo.

Esta ópera en tres actos dura más de cuatro horas. Es la tercera de la Tetralogía “El anillo de los nibelungos”. Y su estreno, dentro de la representación del ciclo completo, supuso la inauguración del Festspielhaus de Bayreuth, todo un acontecimiento al que acudieron no sólo la realeza (Guillermo I) sino también Chaikovski y Nietzsche. Con eso se ve que esto no es una ópera más.

Pasamos de la más representada de la Tetralogía, la historia de amor de La valquiria, a la menos representada, esta obra épica de aventuras que tiene como héroe a Sigfrido. Sieglinde murió en el parto, así que al niño Sigfrido lo ha criado un enano, Mime. A su casa llega el Caminante, que no es otro que Wotan disfrazado. Sólo un hombre que no conozca el miedo podrá forjar de nuevo la espada Nothung, que quedó destrozada en la jornada anterior. Ese hombre no es otro que Sigfrido, y gracias a ella, y a su desparpajo personal, podrá entrar en la guarida del gigante Fafner que, en forma de dragón, custodia el anillo y el yelmo mágico. Sigfrido derrota a Fafner y se lleva el anillo.
Eso son los dos primeros actos. El tercero que escribió años después, tiene otro tono y es musicalmente excepcional. Primero, se enfrenta a Wotan en forma de Caminante, y su espada Nothung consigue romper la lanza del señor de los dioses. Después, conoce a la doncella Brünnhilde, quien duda si aceptar o no los requerimientos amorosos del héroe, pues eso significaría perder la castidad que le permite mantener la pureza del Valhalla. Pero la carne es débil y la valquiria y el héroe acaban juntos.

El porqué de ser un poco menos representada que las otras no es sólo cosa de la exigencia vocal a los intérpretes y que cada vez haya menos voces de heldentenor que puedan enfrentarse a "esto". Es que también la escenografía es compleja (la cueva, el dragón, el bosque, los enfrentamientos...). Y no hay que descartar el hecho de que el héroe, Sigfrido es después de todo, un joven bastante chulito y fanfarrón, que se dedica a ir por ahí peleándose con todo quisque y matando. Sobresale así la figura de Wotan, reducido a un Caminante que no hace sino ser testigo impotente de acontecimientos en los que ya no puede influir.

Piezas célebres de esta ópera son, comenzando por el acto I, la forja de la espada por Sigfrido (“Nothung! Nothung! Neidliches Schwert!”) y el momento final en el que, con la espada, y sobrado de confianza en sí mismo, Sigfrido se marcha a la cueva del dragón (“Hoho! Hoho!”).
En el acto II nos encontramos con un fragmento puramente orquestal, conocido como “Los murmullos del bosque", justo antes de que aparezca el dragón; existe una versión de concierto. Y, al final de este acto, la escena en la que un pajarillo le habla a Sigfrido de la existencia de Brünnhilde.
Pasemos al acto III. Comienza con el diálogo entre Wotan y Erda, la madre de Brünnhilde (“Wache, Wala!” - ¡Vigila, Wala!), seguimos con el enfrentamiento entre Wotan y Sigfrido (“Dort seh’ich Siegfried nahn”) y, luego toda la parte final, empezando con el beso que le da Sigfrido a la valquiria dormida (“Heil dir, Sonne!” - ¡Salve, sol!) -lo que es una escena de esas de cuentos de hadas tan propios del patriarcado en que los hombres van por ahí besando a mujeres que no pueden consentir, y se ve tan normal, cuando es un abuso sexual de libro- y el momento final de Brünnhilde, cuando acepta amar a Sigfrido, lo que implica despedirse del Valhalla (“Fahr’ hin, Walhalls, leuchtende Welt!” – Adiós, del Valhalla, ¡brillante mundo!).

Para saber más, la Wikipedia, el libreto en alemán-español y discografía de referencia, en Kareol.

Como ya he comentado en las dos entradas anteriores dedicadas al Anillo, hay grabaciones magníficas de toda la Tetralogía, que datan de los años grandes, los 50-60 del siglo pasado. Opciones muy buenas, por lo tanto, para tener las cuatro óperas, son la de Krauss (Rodolphe, representaciones públicas, 1953) con Hotter, Uhde, Neidlinger, Kuen, Weber, Greindl, Vinay, Resnik…, cualquiera de las de Knappertsbusch (representaciones públicas, 1957-1958) y la de Solti (1958-1965) con el Coro de la Ópera de Viena y la O Filarmónica de Viena, para la Decca con cantantes como London/Hotter, Fischer-Dieskau, Neidlinger, Stolze, Kreppel…

Una opción diferente, para esta ópera en particular, es la grabación de 1967, para Philips, dirigida por Karl Böhm, con Windgassen, Nilsson, Adam, Neidlinger, Soukupová, Köth y Böhme; el coro y la orquesta, los del Festival de Bayreuth.

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