domingo, 19 de noviembre de 2017

#45 Lo que el viento se llevó

FilmAffinity

Gone with the Wind

Año: 1939
País: Estados Unidos
Director: Victor Fleming,  George Cukor,  Sam Wood
Música: Max Steiner


Una superproducción al servicio de una heroína inolvidable. Conciencias políticas, atenuense mientras la ven.


            Todo en esta película parece mítico, bigger than life. Es una película “a lo grande” en el más puro estilo de los estudios de los años treinta: basada en una novela superventas, actores de lujo, enormes decorados, música intensa y pegadiza, guion arrebatado con frases míticas de esas que se siguen recordando casi 80 años después (desde “A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre” hasta el Frankly, my dear, I don't give a damn de Gable que le costó una multa con la censura), escenas llamativas, cuatro horas de duración…

Claro que la tienes que ver con la conciencia social acallada porque, al fin y al cabo, te cuentan la historia de la guerra de Secesión y la ocupación posterior desde la perspectiva de familias adineradas y esclavistas. Y no olvidemos el pequeño detalle de que en una escena queda claro que Rhett tiene sexo con Escarlata en contra de la voluntad de ella. Y encima te la ponen como que ella está encantada el día después.

Lo bueno, desde el punto de vista feminista, es que todo gira en torno a una mujer, una heroína inolvidable, Escarlata O’Hara, una jovencita al principio de la película y una mujer hecha y derecha al final. Interpretada por una maravillosa Vivien Leigh. Al principio de la historia es una chicuela sólo preocupada por ver cómo confiesa sus sentimientos al chico del que está enamorada, luego se lleva decepciones, pasa la guerra, la violencia, el hambre, se casa hasta tres veces, tiene una hija y demasiado tarde se da cuenta de que en realidad, su media naranja no es el tipo melifluo que ella lleva rondando toda la película. Demuestra que podía haber personajes femeninos interesantes, fuertes, que llevaran sobre sus hombros todo el peso de la historia, a quienes admirar, y no meros intereses románticos del héroe de acción.

Todo en esta peli está, ya digo, hecho a lo grande, todo tiene que resultar fuerte, emocionante, épico, y si te dejas llevar por la historia, pasarán momentos entretenidísimos.

También son míticas las historietas en torno a cómo se rodó, quién se llevaba mal y quién bien, cómo la producción se retrasó años hasta que pudieron contar con Clark Gable para el papel de Rhett Butler y encontrar a la actriz ideal para interpretar a la protagonista, las continuas revisiones del guion, cómo George Cukor fue despedido, y luego pasó a Victor Fleming, que quedó agotado y durante un tiempo fue sustituido por Sam Wood, e incluso hubo alguna escena que dirigió William Cameron Menzies, diseñador de producción,…así que a ver qué director filmó qué parte,… En fin, cotilleos varios de la Historia del Cine que entretienen al aficionado, pero sin demasiada trascendencia.

Es curioso, recuerdo que cuando comenté con mi madre que esta peli era de 1939, me lo discutió, dijo que como era en color, y con esos actores, que era de los años cincuenta. Y yo, que era una marisabidilla y me había leído todos los libros de cine a mi disposición (que no eran muchos, la verdad) juré y perjuré que era verdad, y ella que no,… O sea, algo que ahora se resuelve con san Google, en aquella época daba lugar a discusiones interminables.

La razón del despiste cronológico de mi progenitora, que se acordaba perfectamente del estreno, era que en la nacionalcatólica España esta peli fue censurada y no pudo verse hasta 1950, razón por la cual muchos creyeron que era de más o menos esos años.

Arrasó en los premios Óscar, incluidos los de mejor película, mejor director (Fleming), mejor guion adaptado (otorgado póstumamente a Sidney Howard), mejor actriz (Leigh) y mejor actriz de reparto (Hattie McDaniel). Lo de Hattie merece la pena resaltarlo, ya que fue la primera actriz afroamericana que lo ganó, lo cual es un punto positivo para una superproducción que, quieras o no, defiende una sociedad sureña esclavista. Y que décadas después de la guerra seguía siendo insufriblemente segregacionista, hasta el punto de que ni esta espléndida actriz, ni ningún otro intérprete negro de la película pudieron acudir al estreno en Atlanta, porque no había sitio para ellos en un teatro para blancos.

Cada vez que el personaje de Leslie Howard se ponía melancólico sobre el hermoso mundo que habían dejado atrás, me rechinaban los dientes y decía que sí, claro, que se lo dijeran a los esclavos de la plantación.

Ver esta película ahora a mí me causa más de un problema de conciencia, a pesar de que sé que es entretenida, magnífica desde el punto de vista cinematográfico. ¿Por qué? El racismo implícito en la película,... el ataque al más elemental feminismo por el hecho de que Rhett viole a Escarlata,... e incluso político, porque al fin y al cabo no llegan a discutir el origen de toda la guerra, que es la secesión ilegal decidida por unos politiquillos que luego no son los que luchan y mueren en la guerra, por motivos económicos miserables, para defender una sociedad impresentable, causando toda una carnicería por querer separarse del resto de los EE. UU.

Pese todo, Lo que el viento se llevó aparece, según leo en la Wikipedia, entre las diez primeras de la lista del American Film Institute con las 100 mejores películas estadounidenses desde su creación en 1998; en 1989 la película fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.

Para saber más: consúltese la Wikipedia, Film Affinity o la Internet Movie Data Base.

En YouTube hay bastantes momentos, aquí os dejo enlace a una lista de reproducción con fragmentos en español, con uno de esos doblajes chirriantes tan de los años cincuenta.

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