martes, 6 de marzo de 2018

#3 La traviata




Catherine Malfitano, Estrasburgo (Ópera Nacional del Rin), 1980
Por Claude Truong-Ngoc
[CC BY-SA 3.0]
Via Wikimedia Commons







La Traviata



Estreno: Venecia, 6 de marzo de 1853

Compositor: Giuseppe Verdi

Libreto en italiano: Francesco Maria Piave, basado en La dama de las camelias de Alejandro Dumas, hijo.

Género: drama


Tal día como hoy se estrenó, hace exactamente 165 años, en el Teatro de la Fenice, de Venecia, una de las obras cumbres del género lírico.

Esta es una de mis óperas favoritas, aunque Verdi no siempre me encante. Es cortita, ágil, tiene números preciosos, tiene una historia de amor dentro, y es totalmente aconsejable para cualquiera que quiera probar esto del género lírico.

La historia de La Traviata es bien conocida, hayas leído La dama de las camelias o visto la peli de Moulin Rouge!, que es prácticamente lo mismo: prostituta de nivel que se enamora de un muchacho, se sacrifica y acaba muriendo por su enfermedad. Baz Luhrmann, que aparte de director de cine lo es de ópera, se inspiró claramente en esta obra, con algunos rasgos de La Bohème de Puccini para su modernización del género musical.

«Traviata» es algo así como perdida, extraviada, y se refiere a la prota, Violetta es una cortesana. O sea, una manera de decir a lo fino que es una prostituta con pocos amantes pero bien escogidos. Vive en París y lógicamente es bastante escéptica en cuanto al amor. En una fiesta le presentan a Alfredo, un muchacho enamorado de ella. Violetta duda, no cree, pero el chico le ha entrado por el ojo. Y aunque remata el primer acto con un canto a la libertad y la falta de compromiso (Sempre libera) la vemos en el segundo cómo se ha ido a vivir al campo con su guapo mozo.

Lo que él no sabe es que ese lujazo de vida lo tienen gracias a que ella ha ido sacrificando sus ahorritos. El padre del chaval conseguirá que rompan, pero para que sea creíble y él no vuelva con ella, tiene que hacerse de tal manera que ella le rompa el corazón. Lo que no quita que antes de abandonarlo, cante apasionadamente eso de «Amami, Alfredo».

La muy virtuosa Violetta está en el último acto en las últimas, muriéndose. Alfredo regresa justo para entonar un conmovedor dúo y que ella, febril, siga cantando antes de morir extática.

Sus tres actos, unas dos horas, se pasan en un suspiro, sin que te sobre o falte ni una sola escena. Todo pasa muy deprisa: te conozco, me enamoro, me sacrifico, muero.

Cuando se estrenó esta ópera no tuvo mucho éxito. Puede que los cantantes no fueran buenos, o porque el tono sea más realista de lo esperado. Pero en cuanto la gente le cogió el gusto a esta ópera, ya no lo dejó, hasta el punto de ser una de las más representadas del repertorio.

El personaje de Violetta es uno de esos que las grandes sopranos quieren hacer, porque es la protagonista absoluta, tiene arias preciosas y además da mucho juego a la hora de desarrollarse psicológicamente. Es un personaje con profundidad y riqueza de matices. Según el momento, puede ser ligera y despreocupada, feliz o seria, melancólica,… en fin, que da para que una buena actriz y cantante desarrolle todo su talento. Eso significa que no es un rol fácil, porque el primer acto es más de soprano ligera y sus gorgoritos y los otros dos más de soprano dramática.

Ha habido unas cuantas Violettas maravillosas. Interpretaron y grabaron este papel desde la Callas a Renatta Scotto, la Sutherland o la Caballé, la encantadora Ileana Cotrubas, la siempre elegante Pilar Lorengar o, más modernamente, Angela Gheorghiu o la Netrebko, que hizo esta ópera con Rolando Villazón.

Momentos de esta ópera son unos cuantos. A lo largo de dos horas pasas de uno a otro sin que nada se desperdicie. Empezamos con el preludio que empieza con un tono melancólica, luego se aviva con la brillantez de la fiesta que da Violetta y en el que se produce un brindis, Libiamo ne’ lieti calici, uno de los más conocidos (o el que más) de la historia de la ópera.

En el rapidísimo segundo acto, destaca el dúo Madamigella Valéry… Pura siccome un angelo… entre Violetta y Germont, uno de esos de soprano y barítono que me gustan bastante. A lo largo de su discusión el uno y la otra van cambiando el tono. Quien empieza en plan ofensivo y exigente acaba suplicando.

En el melancólico final pasamos de la tristona aria de Violetta Addio del pasato…a un encendido dúo con Alfredo, al reencontrarse (Parigi, o cara)… pero no puede levantarse y se da cuenta de que va a morir, lo cual da lugar a su lamento Morir sì giovine…, y es que eso de morir joven no le gusta a nadie.

En You Tube hay unas cuantas representaciones de esta ópera. Se puede ver por ejemplo esta dirigida por Haitink en el Festival de Glyndebourne en 1988


Hay unas cuantas grabaciones destacadas de esta ópera, así que no es fácil escoger una. Personalmente, me inclino por una de las clásicas, aunque sea una grabación en vivo de los cincuenta y el sonido no sea como las perfectas de estudio. Es la dirigida por Giulini con Maria Callas de Violetta, Giuseppe di Stefano haciendo de Alfredo y Ettore Bastianini como Germont. El coro y la orquesta son los del Teatro de La Scala de Milán.

Para lo más mitómanos, otra grabación de Maria Callas, la dirigida por Ghione con un jovencito Alfredo Kraus en el teatro San Carlos de Lisboa, de 1958. Es lo que un bloguero ha llamado El “milagro de Lisboa”.

«El día 27 de marzo de 1958, el Teatro Nacional de San Carlos es testigo de la representación más célebre de “La Traviata” de Giuseppe Verdi (1813-1901).»

Como de esto también hay grabación, con sus ruidos, toses, aplausos y demás, puede usted valorar si fue tan excepcional como dicen.

Para saber más, la wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol. 

domingo, 4 de marzo de 2018

#35 Templo de Bulguksa



Templo de Bulguksa, por Junho (2009)
[CC BY-SA 3.0], Via Wikimedia Commons


 
Tipo de construcción: templos
Época: 751-774
Lugar: Gyeongju, Corea del Sur


Carpintería fina y pagodas de piedra en uno de los templos más representativos de la historia de Corea del Sur.


Sigo por Asia, repasando los lugares maravillosos que su historia nos ha dejado. Aprovechando que hace poco hubo unos juegos olímpicos de invierno en Corea del Sur, me paso por allí para presentar una de las construcciones más destacadas de ese país, el templo de Bulguksa que, junto con la gruta de Seokguram, es un lugar patrimonio de la Humanidad.

Bulguksa se encuentra en las laderas del monte Toham. Es la sede de la orden budista Jogye. Incluye tesoros nacionales de Corea del Sur, entre ellos dos pagodas, de piedra, lo que no es muy frecuente, llamadas Dabotap y Seokgatap, el Cheongun-gyo (Puente de la nube azul), y dos grandes estatutas de buda de bronce dorado.

Está documentado un pequeño templo anterior, pero este en concreto fue construido por el rey Gyeongdeok en 751 y se terminó en 774, convirtiéndose así en una obra muy representativa del período de la historia coreana llamado reino de Silla.

Como eso nos queda lejos y no tenemos ni idea de la historia de Corea, ya sabéis, esa pequeña península en el Extremo Oriente, entre China y el mar, os lo resumo. Corea tuvo históricamente tres reinos, y uno de ellos es este de Silla, y se desarrolló entre los años 57 a. C. y 935. Conquistó los otros dos reinos de la península, Baekje en el 660 y Goguryeo en el 668. A partir de ese momento se habla de «Silla unificada», que abarcaba prácticamente toda la península.

Según leo en la Wikipedia, aquí se encontraron algunas de las estampas más de madera más antiguas de todo el mundo, una versión del sutra de Dharani datada entre 704 y 751.

En 1995, Bulguksa («templo de la Tierra de Buda») fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con la gruta de Seokguram, que queda cuatro kilómetros al este del templo. Y en su página web lo describe de la siguiente manera:

Situada en la ladera del monte T’oham, la gruta de Seokguram fue acondicionada en el siglo VIII para albergar una monumental estatua de Buda en la posición bhumisparsha mudra. Rodeada de imágenes de divinidades, bodhisatvas y discípulos, esculpidas en altorrelieve y bajorrelieve con gran delicadeza y realismo, esta estatua es una obra maestra del arte budista del Lejano Oriente. El templo de Bulguksa, construido en 774, forma con la gruta un conjunto arquitectónico religioso de valor excepcional.
Como siempre, para saber más, podéis empezar por la wikipedia, que ha sido mi principal fuente para redactar este artículo, porque yo de lugares tan lejanos se poquito, la verdad.

Hay datos sobre este templo en una página turística de Corea, en español. 

Como me gusta incluir páginas de viajeros de verdad, he localizado esta, muy estupenda, de un grupo de trotamundos de Burgos, titulada muy adecuadamente Trotaburgos y sí, visitaron Bukgulsa y la gruta, aquí os dejo la referencia.

El gato chino visitó este templo, y te cuenta aquí su visita en seis minutos, con ese desparpajo tan habitual de los españoles cuando españoleamos por el mundo, con comentarios en plan «zona mística de montarte tu montañita zen». Merece la pena, porque es un chaval simpático:



viernes, 2 de marzo de 2018

#10 Pinturas de Qusayr ʽAmra

Cacería de onagros. Por Alex Brey [CC BY-SA 2.0]






Ubicación: Palacio de Qusayr ʽAmra
Fecha: 1.ª mitad s. VIII
Estilo: Arte islámico






Pinturas islámicas de la primera época

            


En el amplio desierto sirio, esa amplia zona que abarca zonas de Oriente Cercano como Jordania, Siria o el norte de Arabia Saudí, hay toda una serie de castillos, palacios, caravasares, etc., que proceden de la época medieval.        

Uno de los más conocidos es este de Qusayr ʽAmra, a unos 85 km al norte de Amán.

          Fue un lugar de recreo de los gobernantes omeyas, posiblemente del califa o su familia. Destaca por sus fantásticas pinturas, lamentablemente degradadas por el tiempo y el abandono que han sufrido. Pero sirven de manera espléndida para romper con la idea de que no había representaciones de personas en el arte islámico. No abundan, pero sí que hay ejemplos como este.

            Aquí se encuentran escenas de baño, la palestra, bailarinas, caza,… pero lo más destacado son, por un lado una representación del Zodiaco y, por otro, los reyes extranjeros vencidos por el califa de Damasco. Se los identifica, en parte, por la doble inscripción, en árabe y griego, en parte perdida por lo que algunos permanecen dudosos. Entre los identificados están rodoricos el último rey visigodo de España, don Rodrigo, precisamente el que fue derrotado por los musulmanes en la batalla de Guadalete (711), que se toma como referencia del fin de la España visigoda y el comienzo de Al-Andalus.

Me quedo, no obstante., con esta representación animalística de cacería de onagros. Son asnos salvajes. Y se los está cazando de una forma que se llama al copo, o sea «con redes tras ser ojeados y perseguidos por cazadores a caballo», como cuentan aquí, en un artículo que habla de la restauración de estas pinturas por expertos españoles.

Se pensaba que era de la época de Walid I (711-715) pero las últimas dataciones se inclinan por Walid II o Yazid III, lo que haría que las pinturas fueran ligeramente posteriores, entre 723 y 743.

En cualquier caso, seguimos estando en el arte islámico de la primera época, como la Gran Mezquita de Damasco, de la que ya hablé aquí. Está marcada aún por la influencia bizantina. El palacio de Qusayr ʽAmra, como el de Mschatta, son los mejores ejemplos de construcción profana de esta época.

En internet se puede encontrar el artículo «La herencia clásica en el Islam: Qusayr 'Amra y Quart alHayr al-Garbi» por el académico José María Blázquez Martínez, que profundiza en este elemento de la influencia griega, debatiendo sobre la datación y sobre la originalidad o no de los temas, fijándose por ejemplo en este tema de la caza de onagros, sobre si hay o no antecedentes en el mundo clásico.

La tesis de Blazquez es –si lo he entendido bien– que, aunque las escenas representen sucesos locales, tienen paralelos en el mundo clásico. La vida de diversión de estos Omeyas es la misma que la de los emperadores romanos o bizantinos, así como la de los domini de las fincas.

Qusayr ʽAmra fue declarado patrimonio de la humanidad en 1985, y en su página web la Unesco lo describe de la siguiente manera:

Construido a principios del siglo VIII, este palacio del desierto especialmente bien conservado fue a un tiempo fortaleza dotada de una guarnición y residencia de recreo de los califas omeyas. La sala de audiencias y los baños de vapor (hammam) están decorados con ricas pinturas murales figurativas que ilustran el arte profano de la época.

Para saber algo más, se puede ver el artículo en la Wikipedia. 

En National Geographic España hay un artículo titulado «Destellos de color en el desierto; la restauración de Qusair Amra», con imágenes preciosas y más claras que las que aparecen en wikicommons.

martes, 13 de febrero de 2018

#21 Concierto para piano en Do mayor n.º 21, K. 467

Retrato de familia: Maria Anna («Nannerl») Mozart, su hermano Wolfgang, su madre Anna Maria (medallón) y el padre, Leopold Mozart
Por Johann Nepomuk della Croce h. 1780
[Dominio público], via Wikimedia Commons

Compositor: Wolfgang Amadeus Mozart
Estreno: Viena, 9 de marzo de 1785


Posiblemente, el concierto para piano más conocido de Mozart, una auténtica obra maestra llena de encanto, fuerza y equilibrio.


1785 fue un año de gracia para la producción concertística de Mozart. Vieron a la luz en poco tiempo tres magníficos conciertos para piano, conocidos con el K. 466 (en re menor), éste y el K. 488 (en La mayor). Es el mismo año del precioso lied «La Violeta», y de su Música funeral masónica.

Y con sólo 29 años.

Claro que decidme un año en su corta vida que no produjera algo magnífico.

Creo que este concierto gusta especialmente porque es más equilibrado, más neoclásico, sin esas insinuaciones románticas de los otros que los puede hacer un poco irregulares.

Según Hutchins, es más «uniforme y completo». Pero eso, el que sea medido, armonioso, no significa en absoluto que le falte el sentimiento. Este siempre está en primer plano, en las melodías que te llevan de la alegría a la reflexión, al encanto,… todo de una manera francamente maravillosa.

Para el año 1785, Mozart vivía ya en Viena. Era más famoso como intérprete que como compositor. Daba estos conciertos por suscripción, y así se ganaba la vida como podía, con conciertos públicos, actuaciones en el teatro, giras,… Aunque tenía gran éxito de público, y gracias a ello ganaba dinero, como cuenta el padre Leopoldo (que por entonces estaba en Viena con él) a Nannerl en sus cartas, tanto ajetreo le parecía excesivo al padre (pág. 513 de Poggi y Vallora, Mozart. Repertorio completo):

A veces deseo vivamente que terminen de una vez todas estas academias… Desde que estoy aquí, el fortepiano de cola de tu hermano ha sido transportado ya al menos una docena de veces de su casa al teatro y viceversa.

En La discoteca ideal de música clásica, de Kenneth y Valerie McLeish, Enciclopedias Planeta, 1996, describen este concierto de la siguiente manera:

En el n.º 21 –apodado «Elvira Madigan», no en época de Mozart sino después de que un film utilizara como banda sonora su movimiento lento– el primer movimiento es jovial y con aire de marcha, el movimiento lento traza una melodía apacible y ascendente sobre un acompañamiento de pizzicati de las cuerdas, y el final es un dicharachero rondó con media docena de temas, cada uno superando al anterior en alegría y frescura. 
Esta obra maestra de Mozart ha sido objeto de muchas interpretaciones por estupendos pianistas. Así que no es fácil escoger una. Me gusta especialmente la de Murray Perahia con la English Chamber Orchestra, que está publicada en Sony Classics junto al concierto n.º 23 y los Rondós K. 382 y 386.

Aquí también es posible encontrar alguna grabación más de época, con fortepiano e instrumentos originales, como la de John Eliot Gardiner dirigiendo a M. Bilson y  los Solistas Barrocos Ingleses.

En You Tube he encontrado una interpretación en vivo realizada por Alicia de Larrocha en el Lincoln Center:




Creo que este concierto para piano de Mozart ejemplifica maravillosamente lo que a mí me gusta, personalmente, de Mozart. Su música te hace sentir intensamente, con profundidad, pero nunca te abandona, no te deja despeñarte, siempre puedes volver a tu yo racional, quedarte satisfecho y no desolado. Es como si las melodías te arrebataran, punzantes, o tristes, o alegres, y luego, poco a poco, te dejaran descansar apaciblemente.

No sé, es difícil de expresar con palabras.

domingo, 11 de febrero de 2018

#34 Antigua Nara

Pabellón del Daibutsu-den, en el Todaj-ji (745-752)
Por Bobak (2006)
[CC BY-SA 2.5], Via Wikimedia Commons



Tipo de construcción: templos, palacio
Época: 710-784
Lugar: Nara, Japón


La primera capital del Imperio japonés


Hasta la fecha, Japón solo ha estado presente aquí con un par de películas. Ahora toca hablar de su paso a la historia, con los monumentos, hoy patrimonio de la humanidad, que se conservan en su primera capital, Nara, en la prefectura homónima.

Habitada ya en tiempos prehistóricos, de lo que es buena prueba la estupenda cerámica Jomon, la unificación de todas estas islas bajo un solo poder se produjo a mediados del siglo IV.

La verdadera entrada en la Historia ocurrió cuando empezó a haber textos propios, en el siglo VIII. Los So-ga ganaron una guerra civil que permitió superar el período Yamato y adoptar aspectos de un Imperio parecido al chino. Ante todo, fue la adopción del budismo por las grandes familias lo que determinó el paso de un modelo al otro. Se potenció el poder del soberano, se dotó al Estado de leyes, en las que por ejemplo los arrozales pasaron a ser propiedad pública. Es entonces cuando se elaboraron por primera vez censos fiables, se recaudaron impuestos de manera más o menos organizada y se instauró un servicio militar que, sin embargo, podía ser eludido si se tenía dinero suficiente.

El soberano se dotó de una corte de nobles, de todo un cuerpo funcionarial que administraba sus territorios y, finalmente, fijó una capital de la que emanaba su poder: la ciudad de Nara, de ahí que se conozca a este siglo VIII como el período Nara o Na-Ra.

La capital se construyó con rapidez, entre el año 705 y el 712. Se erigió sobre un plano rectangular, con calles en cuadrícula. Gracias a la decidida acción del Estado y de las grandes familias aristocráticas, aparecieron los palacios y los templos.

Como todas las capitales de imperios, a través de una arquitectura imponente, que dejara debidamente impresionados a sus súbditos, se ofrecía un relato de poder imperial, estrechamente relacionado con el religioso.

Aquí es donde entran las edificaciones que se han conservado, en su mayor parte templos budistas, aunque no faltan un palacio, un santuario sintoísta (Kasuga-taisha) e incluso un bosque primigenio junto a este último, llamado Kasugayama, en donde perderse en la estática contemplación de la naturaleza aparentemente intacta.

De todos los elementos, destaco el más importante de los templos, el conjunto Todai-ji (東大寺). Fue construido a expensas del Estado entre 745 y 752 por orden del emperador Shomu para la secta Kegon.  En esta construcción es evidente la influencia de la arquitectura china de la dinastía Tang.

En su Sala del Gran Buda (大仏殿 Daibutsu-den) alberga la estatua de bronce más grande del mundo del Buda Vairocana (en sánscrito) o Rushana (la transliteración local), conocido en japonés como Daibutsu (大仏). Se realizó en cobre y se revistió en oro. Costó cinco años de trabajo y mucho dinero. Este «gran sol» o la «gran luz» sería el origen de todo el universo, cuya unidad simboliza, y lógicamente venía bien al interés político del emperador relacionarse con esta gran potencia. Por eso el Estado abonó esta construcción, y el emperador Shomu lo inauguró.

Poder político y religión se usaban mutuamente. Pero, lejos de la corte, el pueblo no se vio muy impresionado por el budismo y siguieron siendo fieles a las enseñanzas del sintoísmo, al Kami y a la patria.

Al final, viendo el poder que había alcanzado la clase sacerdotal, el emperador Kanmu o Kemmu, que subió al trono en 781, trasladó la capital más al norte, a Hei-An, prohibiendo que se moviera también el monasterio Kegon. Así se pudo independizar un tanto de la influencia de los religiosos budistas, aunque a costa de perder un tanto de poder espiritual.

Los monumentos de la antigua Nara fueron proclamados Patrimonio de la Humanidad en 1998 y en su página web la Unesco describe así este lugar:

Nara fue la capital de Japón entre los años 710 y 784, época en la que la consolidación de la estructura del gobierno nacional dio una gran prosperidad a la ciudad, haciendo de ella el foco de la cultura japonesa. Sus templos budistas y santuarios sintoístas, así como los vestigios del palacio imperial, son monumentos históricos que ofrecen una vívida imagen de lo que fue la capital del Japón en el siglo VIII, un periodo de hondos cambios políticos y culturales.

Como siempre, para saber más, podéis empezar por la wikipedia. Tenemos el artículo Nara en la página de la Oficina Nacional de Turismo de Japón, en español. En National Geographic España hay fotos preciosas en el artículo «Ciudades imperiales de Japón».

miércoles, 7 de febrero de 2018

#22 Caballero de Madara

Por ¿Dom2002? (6-2-2007)
[Dominio público]
Via Wikimedia Commons


Ubicación: Provincia de Shumen, Bulgaria
Fecha: Ss. VII-VIII
Época: Arte altomedieval



Siempre nos ha llamado la atención, como una burrada, que en los Estados Unidos se cargasen una montaña para esculpir caras de sus presidentes. Sin embargo, conmemorar a tus héroes tallando montañas es algo habitual desde la Antigüedad (recordemos los relieves iraníes de Behistún y Naqsh-e Rostam sin ir más lejos).

Ahora vamos a otro ejemplo de este tipo de esculturas en las montañas, el Caballero de Madara, un relieve de la época altomedieval que es lugar Patrimonio de la Humanidad.  

El relieve presenta un majestuoso hombre a caballo, a 23 metros por encima del nivel del suelo. Una lanza atraviesa un león que está a los pies del caballo. A la izquierda, se ve un perro que corre detrás del caballero.

No queda claro el significado y el simbolismo de esta escultura. A veces se alude a que recuerda a los guerreros seminómadas de la estepa europea, otros remarcan su parecido a los relieves sasánidas mencionados al hablar de los relieves persas. Los caballeros eran héroes habituales en la mitología de toda esa zona persa o túrquica. Otros señalan que representa a Tervel (701–718) emperador de los búlgaros, pues la más antigua de las inscripciones en griego que lo rodean se refiere precisamente a él.

En 1979 fue declarado Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco, y en su página web la describen de la siguiente manera: 

El Caballero de Madara es una figura esculpida en un peñasco de 100 metros de altura, que representa un jinete vencedor de un león. Recibe su nombre de la cercana aldea de Madara, situada al noreste de Bulgaria. Madara fue el lugar sagrado más importante del primer Imperio Búlgaro, antes de la conversión de este país al cristianismo en el siglo IX. Las inscripciones que acompañan la escultura relatan acontecimientos ocurridos entre los años 705 y 813 d.C.

El artículo en la Wikipedia la verdad es que no añade mucho más a lo que digo aquí. Sirve más la wikipedia en inglés, que es donde he encontrado muchos de los datos que aquí he expuesto.

domingo, 28 de enero de 2018

#8 En el camino

Tres ediciones de En el camino, por Prosopopee, [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons



On the road
Autor: Jack Kerouac
Fecha de publicación: 1957

Debió ser muy rompedora en su momento, pero (para mí) ha sido un poco tirando a... pestiño.

De verdad, ¿«esto» le ha gustado a alguien en los últimos veinte años?

Esta novela fue todo el símbolo de una generación, la generación beat, con muchas citas sobre todo jazzísticas. Si hemos de fiarnos de la Wikipedia, está considerada como uno de los clásicos más influyentes del siglo XX. La revista Time la incluyó en su lista de las cien mejores novelas en idioma inglés editadas desde el nacimiento de la revista en 1923, hasta la actualidad.​

A partir de las notas que fue haciendo Jack Kerouac en el curso de sus viajes por el país y México entre 1947 y 1950, escribió esta novela en tres semanas.

Por lo visto, inicialmente este monólogo interior lo mecanografió sin márgenes ni párrafos, lo que Kerouac llamaba el rollo. Para editarlo, al menos en mi traducción española, se divide en cinco partes y luego cada una de estas en capítulos tirando a breves. Los diálogos van con sus guiones y todo, lo cual francamente facilita la lectura. No quiero ni pensar en cómo sería leerlo formado un continuum sin pausas.

Se relata en primera persona, por un alter ego del escritor llamado Sal. Y en el personaje de su amigo Dean se supone que es Neal Cassady. Te cuenta básicamente viajes del Este al Oeste y, al final, al Sur, internándose en México hasta el Distrito Federal. A lo largo de los años, en sus viajes, se unen y separan y se reencuentran con personas diversas.

Debo reconocer que me ha costado un montón leerla. Y no por la forma que está escrita. Aunque la traducción podría ser mejor, la verdad es que es una forma de narrar que engancha. No, el problema que he tenido es que no me interesaban nada los personajes ni sus vidas. Me parecieron gente ociosa, muy dada al jazz (me pasa como con el flamenco, que ni lo entiendo ni lo disfruto), hablando verborreicamente como si se hubieran tomado unos cuantos tripis (que, de hecho, probablemente era así), pero sin decir nada con una mínima profundidad o sentido.

Igual en los años cincuenta era muy rompedor eso de oír a unos drogatas descascarillados hablar de sus cosas. A mí, la verdad, me resultó un aburrimiento.

¿Lo peor del libro, para mí? El retrato de las mujeres, que resulta repugnante. Ojo, que entiendo que posiblemente no sea cómo las ve el escritor en sí, sino cómo las ven los personajes de la novela. Pero aun así, están al margen, siempre, y sólo como hembras a las que beneficiarse, preñar, de las que vivir un tiempo y luego abandonarlas. Pasando de pensiones alimenticias. Regado con unas cuantas denominaciones de «puta» a toda aquella que tuviera una vida sexual, incluso si era con los propios protagonistas.

En un momento dado, el personaje de Dean habla elogiosamente de la mujer de otro personaje llamado Walter, una mujer que sonreía sin decir ni una palabra:

—Ahí la tienes, tío, ésa es la auténtica mujer que necesitamos—dijo Dean en la calle a la luz del amanecer—. Nunca una palabra más alta que otra, nunca una queja; su marido puede volver a casa a la hora que quiera y con quien le dé la gana y hablar en la cocina y beber cerveza y marcharse en cualquier momento. Eso es un hombre y ése es su castillo. —Y señaló el edificio de apartamentos.

Eso yo, como mujer, claro. Tengo la impresión de que una persona con un color de piel más oscuro que el mío, y los que tengan gustos homosexuales, se sentirán más ofendidos por otros pasajes. Mi impresión es que no le interesaban las mujeres en absoluto, por lo que no me ha extrañado leer por ahí que en realidad podía ser un gay reprimido que se escondía detrás de su machismo.

No te diría yo que no, viendo la ferocidad con la que ataca a un «marica» (me chirría el escribirlo, pero es como lo escribe el traductor) que aparece por ahí.

Y ya cuando pasan por México, me sonó todo tan tópico que era casi como ver las calles llenas de mariachis con sus sombreros. Que sí, que el escritor habrá ido y cuenta lo que vio, o, más bien, lo que escogió ver. 

Ya digo que lo peor es la perspectiva sobre las mujeres. En esta novela, aparecen como extrañas criaturas que intentaban hacer que sus amigos madurasen y dejasen los comportamientos adolescentes. Fracasando, por supuesto. Las pinta un poco bobas, como perritos falderos siempre dispuestas a perdonar a sus amos las correrías, los abandonos, físicos y económicos.

¿Lo mejor del libro? Los paisajes, la inmensidad. Cuando Sal recorre Estados Unidos, y nos va contando, desde el vehículo en el que esté, cómo son las montañas, las llanuras, la oscuridad o la luz, las ciudades populosas, o la soledad de la naturaleza inmensa de ese gran país,… Ahí sí, reconozco que me quedé colgada totalmente.

Sí, bueno, será que me gustan más los paisajes que el jazz o las elucubraciones de estos tipos.

Pero, así como otras obras de la literatura se te quedan grabadas en tu piel, en tu cabeza, les das vueltas, y te van enriqueciendo,… Esta no es así. Me parece que forma parte del canon literario, claro, como una novela esencial para entender una época. Pero se me hace difícil creer que pueda ser un clásico que vaya obteniendo nuevos lectores entre las distintas generaciones.

¿Mi consejo? Si le das una oportunidad igual a ti te engancha. Pero si ves que no conectas con la novela, no pierdas el tiempo pensando que igual mejora después, porque no lo hace. Es todo penosamente igual.