miércoles, 5 de enero de 2022

#36 Rafael: La escuela de Atenas

 


File:La scuola di Atene.jpg

Scuola di Atene

 

Fecha: h. 1509-1511

Estilo: Arte renacentista

Autor: Rafael (Raffaello Sanzio)

Técnica: pintura al fresco

Ubicación: Museos Vaticanos (Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano)

 

 

Una visión idealizada del pasado con las caras de sus contemporáneos

 

Esta es una de las imágenes más típicas para ilustrar cualquier tema del Renacimiento. Si es un libro de Historia, te lo ponen como ejemplo de que en aquella época aspiraban, de alguna forma, al renacer de las ideas del pasado grecorromano. Esta obra representa perfectamente las características de la pintura del «Cinquecento» según mi libro de Historia del Arte de COU:

Es un mundo de belleza, equilibrio, grandiosidad y orden… Se buscan las formas severas y monumentales y una sensación de rigor, plenitud, y unidad lo llena todo.

Lo que pretende representar es la escuela filosófica ateniense, punto de referencia de los ideales humanistas. A los personajes clásicos les puso rostros de artistas, literatos y otros coetáneos de Rafael. Con ello, entras en el divertido who’s who de la Italia renacentista.

En cierto sentido, eso de escoger la Escuela de Atenas como símbolo de la época distorsiona un poco las cosas. Seguía siendo un mundo predominantemente religioso, en la pintura predominaban los temas católicos; los temas paganos o laicos eran la excepción. Lo que ocurre es que eso es lo que diferencia este momento respecto a los siglos anteriores, que se pintaban más temas clásicos y mitológicos que en los siglos medievales.

Las dimensiones de este fresco son 7,75 metros de ancho y 5 metros de alto. Rafael coloca las figuras dentro de un marco arquitectónico figurado, con arcos y bóvedas artesonadas, como lo que podría haber diseñado un Bramante. Intenta recrear la arquitectura clásica, incluyendo nichos en los que se pinta esculturas antiguas.

Bajo esos arcos pululan un montón de personajes, supuestamente filósofos de la Antigua Grecia. Dos en el centro, otros sobre la escalera y luego a los lados.



Los del centro son Platón, que sostiene el Timeo, y Aristóteles, con su Ética a Nicómaco. Al primero se le representa con el rostro de Leonardo da Vinci. No voy a entrar a detallar todas y cada una de las figuras, porque sería muy tedioso. Si tienes curiosidad, puedes verlo por ejemplo en la Wikipedia, cuyo artículo sobre esta pintura entra en ese tipo de detalles.

Sí que quiero llamar la atención sobre una figura pensativa en las escaleras, en un primer plano: sería Heráclito pintado como Miguel Ángel. 

Miguel Ángel encarna a Heráclito


Este fresco se encuentra en la Stanza della Segnatura del Palacio Apostólico, en una serie de habitaciones que se llaman estancias de Rafael, que este pintor, y sus discípulos, fueron cubriendo a lo largo de los años. 

El boceto de La escuela de Atenas data de los años 1509 y 1510 y la pintaron, más o menos, entre 1510 y 1512. Fue la segunda pintura que acabó Rafael, después de La disputa del Sacramento.

Esta obra se sitúa en el alto renacimiento, el Cinquecento. Ya se sabe que en los libros de Historia del Arte el Renacimiento lo dividen en tres partes: el Quattrocento, el Cinquecento y el Manierismo. Esta obra se sitúa en esa segunda fase, donde el centro artístico se desplaza a la Roma de los papas, aunque siguen brillando pintores de procedencia toscana, como Miguel Ángel.

Como curiosidad, mencionaré que es una de las obras que el escritor Michael Butor incluye en su obra Le Musée imaginaire (2015). Escoge ciento cinco pinturas occidentales para su «museo imaginario».

El autor: Rafael Sanzio de Urbino

Junto con Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, Rafael Sanzio de Urbino (1483-1520) es una de las cumbres de la pintura renacentista en Italia. Son los tres grandes de la escuela florentina. Nació en Urbino y se formó en el taller de su padre y en el de Perugino. Vive en Florencia entre 1504 y 1508. Este último año viajó a Roma, de donde ya no se movería, trabajando en proyectos grandiosos como estas estancias vaticanas, con ayuda de un amplio taller, entre los cuales destacan Giulio Romano.

Su estilo

Como pintor que pertenece a la escuela florentina, aunque él procediera de lo que hoy son Las Marcas. Predomina en él la línea, el dibujo, sobre el color.

Su estilo fue variando, según las influencias que llegaban a él: la ordenada simetría de un Perugino en su juventud, la dulzura leonardesca de sus vírgenes después de pasar por Florencia y, finalmente, la grandiosidad de un Miguel Ángel cuando está en Roma. En sus últimas pinturas, se le ve ya manierista, que viene a ser como la fase barroca, complicada, del Renacimiento, con figuras más distorsionadas, en cuadros más intensos y emotivos, menos racionales.

Esa capacidad para recoger la tradición e ir adaptándola a los hallazgos de sus contemporáneos es uno de los rasgos destacados de Rafael. Nunca pierde la elegancia, por lo que no es extraño que en los libros de arte se usen, respecto a él, palabras como equilibrio, serenidad, armonía o gracia…

 

Otras obras

Tiene una producción pictórica bastante amplia, para una vida como la suya, relativamente corta: murió el mismo día de su 37.º cumpleaños. Ese elevado número de cuadros en su producción se explica, en buena medida, por la existencia de un taller, que es lo propio de aquella época. Voy a mencionar aquí las que me parece a mí que son más citadas en los libros.

Las voy a agrupar en tres ámbitos: las grandes composiciones (como estas estancias vaticanas), los temas religiosos en los que predominan las vírgenes (madonas) y los retratos. Quizá a día de hoy, lo que más nos llaman son los retratos, mientras que la temática religiosa nos deja más indiferentes. Bueno, hablo por mi, luego cada uno tiene sus gustos.

Estancias vaticanas

Para que os hagáis una idea de cómo quedan estas pinturas in situ, os pongo una imagen de la primera sala, la de la Signatura, con el Parnaso a la izquierda, y La escuela de Atenas a la derecha.

Este ciclo de frescos pretendía expresar el ideal humanista que entendía compatibles la tradición clásica (en la filosofía y la literatura, por ejemplo) con la ortodoxia religiosa. Por eso unos frescos se dedican a temas grecorromanos y otros a escenas de historia de la iglesia, a mayor gloria del papado, por supuesto. No hay que olvidar que estamos en el Vaticano. 

Este objetivo implicaba una labor de análisis y de toma de decisión, desde una perspectiva humanista, sobre qué escenas serían las idóneas o qué personajes había que incluir.

Había un desafío adicional, puramente físico: encuadrar las escenas en un marco arquitectónico real que no era cuadrangular, sino que tenía arcos, lunetas, y vanos como las puertas. Encajar un tema en particular en esas concretas paredes exige estudiar bien la composición. 

¿Qué es la composición? Pues yo lo entiendo como la forma en que colocas u ordenas las cosas dentro de la superficie pictórica. Cómo pones las figuras, en qué las enmarcas, con qué perspectiva vas a representarlas, esas cosas.

Son cuatro estancias: la de la Signatura (1508-1511), la de Heliodoro (1512-1514), la del Incendio del Borgo (1514-1517) y, por último, la de Constantino (1517-1525).

Por cierto, anécdota personal: ¿he estado ahí, en esas estancias? Sí, y lamento decir que recuerdo toda aquella visita a los Museos Vaticanos como una lucha constante por intentar centrarme en las obras de arte, abstraerme de aquella marea humana que me rodeaba por todos los lados. Sólo lo conseguí en algún momento aislado. Hay cosas que, sinceramente, se ven mejor en los libros de arte.


«El Parnaso» (1511), fresco, 670 cm en la base. Se encuentra en la misma estancia de la Signatura que La escuela de Atenas. Si aquella se dedicó a la filosofía, esta tiene por objeto la literatura, la poesía. Como su nombre indica, representa el monte Parnaso. En el centro, Apolo toca un instrumento de cuerda (un violín, una viola), a su alrededor, las nueve musas y, desparramándose a los lados, nueve poetas de la Antigüedad y otros nueve más o menos contemporáneos. Es otro who’s who, esta vez de la literatura, algunos identificados, otros quedan para la imaginación del comentarista.

 

 

«Liberación de san Pedro» (1514), fresco, 660 cm en la base. Se encuentra en la Estancia de Heliodoro. Como en un cómic, con tres escenas representa un episodio de los Hechos de los Apóstoles, leyéndose de derecha a izquierda. San Pedro está en la cárcel y un ángel viene a liberarlo de sus cadenas, luego huyen mientras los soldados están dormidos y finalmente estos se despiertan y los persiguen, en vano. En este fresco se ve muy bien el desafío que representaba la habitación, con esa puerta que rompe cualquier intento de hacer una escena cuadrangular, y los arcos a los lados. Lo soluciona haciendo que las viñetas de los lados tengan unas escaleras, lo que nos dirige la visión hacia arriba. 

 

«El incendio del Borgo» (1514-1517), fresco, 670 cm en la base. Está en la Sala del incendio del Borgo, claro. Aquí ya se nota que el proyecto estaba avanzado. Rafael imita un poco el tipo de desnudo heroico que Miguel Ángel acababa de poner en la bóveda de la Capilla Sixtina (1508-1512).

Rafael hizo otro ciclo de frescos en Roma que también es muy renombrado, esta vez con temas mitológicos, los del palacio de la Farnesina. La escena más famosa es El triunfo de Galatea:

 

 

«El triunfo de Galatea» (h. 1512-1514), fresco, 297 cm × 225 cm, en la Villa Farnesina, Roma (Italia). Ejecutó este ciclo de frescos para el palacio romano de un banquero sienés. En el centro de esta imagen, tirada por dos delfines representa el triunfo del amor platónico, mientras a su alrededor otros se dedican a las delicias del amor carnal, heridos por las flechas de diversos cupidos. Me hace gracia el de la esquina superior izquierda, que lo mira sin intentar flechar a nadie, con un poco de distancia.


Vírgenes (Madonas)

 

«Desposorios de la Virgen» (1504), óleo sobre tabla, 170 cm × 117 cm, Pinacoteca de Brera, Milán (Italia). Obra juvenil en la que se nota la influencia de Perugino en ese rigor casi matemático de la composición, los planos paralelos, y la colocación precisa de las figuras.

 

«Madonna del Gran Duque» (1505), óleo sobre tabla, 84 cm × 55 cm, Palacio Pitti, Florencia (Italia). Se ve ya aquí la influencia de Leonardo, en esa forma de graduar las luces, con los cuerpos levemente girados, la suavidad de las carnes. 

 

A esta «Virgen y en Niño y el pequeño san Juan Bautista» le llaman «La Bella Jardinera» (1507), óleo sobre tabla, 122 cm × 80 cm, Museo del Louvre, París (Francia). Se pueden ver aquí, resumidas, las principales influencias que recibió Rafael. De Leonardo serían esa composición en forma de pirámide y el esfumado, la suave gradación de tonalidades. Hay algo de Miguel Ángel en la postura del Niño Jesús. De su viejo maestro, el Perugino, serían cosas como ese arbolito escuálido que hay a un lado.

 

«Madonna Sixtina» (1512-1514), óleo sobre lienzo, 265 cm × 196 cm, Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde (Alemania). Como en un teatro, se abre el telón y aparece la Virgen con el Niño, descendiendo desde las alturas. A los lados, san Sixto y santa Bárbara. De esta obra todos conocemos a los angelotes de la parte inferior, reproducidos cienes y cienes de veces. Yo no voy a ser menos, aquí los tenéis:


  

 

«La Virgen del Pez» (1513-1514), óleo sobre tabla, 215 cm × 158 cm, Museo del Prado, Madrid (España). Esta escena es de esas que llaman «sagrada conversación» de la Virgen con el Niño rodeada de santos. El título le viene del pez que sostiene la figura de la izquierda, Tobías, que es presentado por el arcángel Rafael. Al otro lado está san Jerónimo, con la Vulgata entre manos y, a sus pies, el león al que, según la leyenda, domesticó.

 Su obra de temática religiosa se centró principalmente en madonas, pero quisiera traer aquí la que se considera su última obra, la Transfiguración, que se inserta ya en la estética manierista. La dejó inacabada y fue terminada por su discípulo Giulio Romano.

 

«La Transfiguración de Cristo» (1517-1520), temple y óleo sobre tabla, 405 cm × 278 cm, Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano). Vemos que es ya manierista desde la propia composición, partida a la mitad, esquema que encontraremos en muchos cuadros posteriores, manieristas y barrocos. Arriba, en la parte celestial, colores claros, luminosos, Cristo se transfigura en el monte Tabor. Abajo queda la parte humana, los apóstoles intentando infructuosamente obrar un milagro, zona de sombras y claroscuros, abigarrada y caótica.

 

Retratos

 

Y acabo con lo que a mí más me gusta, sus retratos.

 

«Retrato de Maddalena Doni» o «Strozzi» (1506), óleo sobre tabla, 65 cm × 45,8 cm, Palacio Pitti, Florencia (Italia). Empiezo con uno de sus primeros retratos, que posiblemente formase parte de un díptico, con motivo de las bodas entre Maddalena Strozzi y el rico banquero Agnolo Doni. La influencia leonardesca es evidente, con esa postura que recuerda tanto a La Gioconda que, por cierto, debajo de la mugre, pienso yo que debe tener unos colores no muy diferentes a los de esta pintura.

  

«Retrato de cardenal» o «El cardenal» (h. 1510), óleo sobre tabla, 79 cm × 61 cm, Museo del Prado, Madrid (España). Se desconoce la identidad del retratado. La composición es sobria, llama la atención el intenso color rojo que domina la obra, con esos brillos de la muceta cardenalicia. Luego tiene eso que se llama penetración psicológica. Si le miras a los ojos, este tipo está transmitiendo algo, que yo nunca he entendido del todo. ¿Es solo un chico listo? ¿Afable o calculador? ¿Está triste o cabreado? ¿Nos desprecia o nos está pidiendo ayuda? Quizá está a la defensiva y se encuentra impotente para expresar un mensaje que no acabamos de entender. Me imagino a que un cardenal del Renacimiento sería todo eso y mucho más, dependiendo del momento.

 

«Retrato del humanista Baltasar de Castiglione» (1515), óleo sobre lienzo, 82 cm × 67 cm, Museo del Louvre, París (Francia). En contraste con el anterior, aquí Rafael nos pinta a su amigo Castiglione con un fondo claro. Así contrasta con la vestimenta oscura, de elegancia a la borgoñona. Esa textura aterciopelada es de las que, como se suele decir, casi puedes tocar. Aquí, nuevamente, se manifiesta la psicología del personaje. Este sí que no me cabe duda de que es más bien afable, esperanzado, optimista.

«León X con los cardenales Giulio de Medici y Luigi de Rossi» (1518-1519), óleo sobre tabla, 155 cm × 118 cm, Galería de los Uffizi, Florencia (Italia). Acabo con uno de sus últimos retratos y que curiosamente es un retrato de grupo, que por entonces no abundaban. Aquí, el papa León X aparece con dos cardenales que, leo en la Wiki, eran sus primos: Julio de Médicis (que sería papa con el nombre de Clemente VII) y Luigi de Rossi. De nuevo, predomina el color rojo intenso de sus ropas. Lo que más me llama la atención son los objetos con los que el papa se quiso retratar: un libro de oraciones, una lupa que le sirve para leer, una campana de mano… Y sus acompañantes, que son casi como dos adminículos más a su disposición.

domingo, 2 de enero de 2022

#34 El holandés errante

 

Representación en el Teatro de Lübeck, 2017
Foto: Aniaraamos, CC BY-SA 4.0 [via Wikimedia Commons]

Der fliegende Holländer

Estreno: Dresde, 2 de enero de 1843

Compositor: Richard Wagner

Libretista: el propio compositor, basado en la leyenda de H. Heine (Aus den Memorien des Herren von Schnabelewopski)

Género: ópera romántica

 

Tal día como hoy, del año 1843, se estrenó en el Hofoper o Hoftheater de Dresde, esta ópera wagneriana, la primera que realmente hace a su manera. Dirigía el propio compositor. 

Algo nuevo aparecía en la historia de la ópera, y no lo sabían.

 

En el año 1839, un joven Wagner de veintiséis años, con su esposa se ve obligado a abandonar Riga (Letonia), acuciado por las deudas. Su destino era París, pero como no podían ir por territorio alemán (más problemas), fueron en barco hasta Londres. En ese viaje padecieron una tempestad tremenda, que les llevó hasta las costas noruegas, lo que siempre se cita como inspiración de esta obra.

El matrimonio Wagner vivió en París hasta 1842, que es cuando marchó a Dresde, donde habían aceptado su ópera Rienzi. La estrenó allí el 20 de octubre y, meses después, el 2 de enero de 1843, puso en escena esta Holandés errante. Tuvo una acogida más fría que la otra.

Estamos ante una ópera romántica al estilo alemán, o sea, mezcla la vida cotidiana de la gente normal, en este caso, marineros de Sandwike, una localidad de Noruega, con el elemento de la magia, lo sobrenatural, los juramentos terribles y todo eso, aquí, el Holandés errante en su el buque fantasma. Hay noche, tormenta, amor trágico, o sea, puro romanticismo.

Un marino noruego, Daland, conoce en sus viajes al Holandés, un orgulloso capitán de barco condenado a errar por los mares durante toda la eternidad, salvo que consiga que lo redima la fidelidad (más que el amor) de una buena mujer. Cada siete años tiene un día, un solo día, para bajar a tierra y encontrar una mujer que lo ame y sea leal.

Con sus riquezas, compra la voluntad de Daland para que le de la mano de su hija. Lo que él no sabe es que esta, Senta, en realidad, está ya medio colada por él, obsesionada por su retrato y su terrible historia, que le mueve a compasión. Parece perfecto, ¿no? Se conocerán, se declararán enamorados. Él no le pide más que su fidelidad… Y ella lo ama.

Pues las cosas se tuercen por los celos de Erik, un pretendiente al que Senta dio esperanzas.

Es la primera ópera en la que Wagner pone en escena lo que él considera obra de arte total, en la que el texto, la música, el drama, todo está al servicio de la historia. La música es un continuo, con la voz humana como un instrumento más junto a la maravillosa orquestación.

Requiere cantantes poderosos vocalmente y con capacidad dramática para interpretar estos personajes bigger than life. El Holandés, tiene esa voz que a mí tanto me gusta, la de barítono o barítono-bajo. Aquí el tenor queda apartado al ingrato papel de Erik, el cazador enamorado de Senta, celoso y liante.

No estoy muy segura de que sea una buena ópera para aquellos que se estrenan en el género. Pero sí me parece recomedable, para ver en el teatro, si quieres iniciarte con Wagner.

Destacaría de esta ópera la obertura, que resume la historia, con expresión de los siete temas (leit-motive) que aparecerán en la obra. También impresionan la balada de Senta «Johohoe! Johohoe!» y el monólogo del Holandés, «Die Frist ist um».

Como grabación recomendada de esta ópera, escogería la que dirigió Herbert von Karajan en 1982, con la orquesta Filarmónica de Berlín y el coro de la ópera estatal de Viena (Konzertvereiningung Wiener Staatsopernchor) para la EMI. Son sus intérpretes principales José van Dam (Holandés), Catarina Ligenzda (Senta), Kurt Moll (Daland) y Reiner Goldberg (Erik).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español y alemán, así como discografía de referencia, en Kareol. 

En You Tube he encontrado esta representación viejuna de Bayreuth, subtitulada en español.



domingo, 26 de diciembre de 2021

#46 Rashomon

 

Poster en FilmAffinity

 

Rashōmon (羅生門)

Año: 1950

País: Japón

Dirección: Akira Kurosawa

Música: Fumio Hayasaka

 

Sí, el origen del «efecto Rashomon»

 

Con esta película se dio a conocer Akira Kurosawa y el cine japonés de posguerra en Occidente.

Hay otros cineastas japoneses cuya poética, posiblemente, nos impresione más. A veces, sin embargo, nos resultan herméticos en su sutileza. Kurosawa, en cambio, es el favorito de Occidente por su claridad, nos resulta mucho más comprensible, sin perder del todo ese aire de cuento fantástico.

La historia que nos cuenta está basada en un relato de Akutagawa. Un día tengo que comentar por aquí sus historias cortas, por cierto. No obstante, enmarca esa historia en elementos de otros cuentos, principalmente el que le da el nombre, Rashomon, una puerta de acceso a la ciudad de Kioto en la que se dejaban muertos. Se alude a ello en la película, de pasada.

Japón, siglo XII. En el bosque ha aparecido, muerto violentamente, el cadáver de un samurái. Llueve, mucho. Un leñador, un sacerdote budista y un peregrino, comentan el juicio. Cómo ha muerto es algo que relatan varias personas ante el magistrado, con puntos de vista diferentes y contrapuestos. Ese es el famoso efecto Rashomon, que te cuenten la misma historia desde distintas perspectivas, incurriendo en contradicciones, y tú decides qué es lo que te parece más plausible.

No hay que olvidar que están hablando con un magistrado, o sea, esto es lo que se ve en los juzgados todos los días, que cada uno cuente la feria como se va, adornando la verdad, omitiendo cosas, inventándose detalles, todo para ponerse en una luz más favorable para autojustificarse.

Esa es la realidad, pero en la ficción no es algo que admitamos fácilmente. Ahí tiene que haber una verdad, que el lector/espectador conozca, comprenda, asuma. La incertidumbre nos causa ansiedad. La película, en ese sentido, es más confortadora que el libro, porque te pone un testigo más o menos objetivo al que si quieres puedes creer. El libro no te lo dejan así de mascado.

Uno miente, todos mienten, y al final te preguntas a ti mismo qué es lo que crees que pasó y, sobre todo, por qué miente cada uno de los personajes. Si pasó esto o aquello, ¿qué sentido tiene que mienta la esposa, o el ladrón? ¿Qué nos dice de la verdad, de la realidad, de lo que somos las personas, podemos tener fe, esperanza?

Las interpretaciones, en general, son de esas tan intensas y reconcentradas emocionalmente que si no te fijas bien, puedes perderte. Una mirada, el movimiento de la mano o la cabeza… transmiten la emoción del personaje con mucha más intensidad que mil palabras. Bueno, esto es cierto de todos salvo el personaje del ladrón, Toshiro Mifune, que es realmente irritante, con sus miradas feroces, sus movimientos violentos, esa risa tan irritante… tiene sentido, es coherente con un personaje que quiere amedrentar, parecer que es un gran delincuente.

Y la mujer, sí, un desafío curioso para la actriz Machiko Kyō, porque tiene que interpretar el personaje desde tres puntos de vista diferentes: cómo se ve ella, cómo la ve el ladrón y cómo la ve su marido.

Luego está la forma, oh, sí, la manera en que te cuenta las cosas. Cómo coloca la cámara, ese punto de vista tan bajo cuando están en el tribunal, mientras que en el bosque adopta una perspectiva del personaje, o una elevada... Los elementos de la naturaleza, como esa constante lluvia en el pórtico de entrada, el viento que revuelve y agita todo cuando están ante el tribunal o el sol entre los árboles. Muchas de estas cosas te las comentan en internet, porque sí, es una de esas películas que ves analizadas en muchísimos lugares de la red. Os dejo enlace a uno cualquiera, de You Tube.



Si te gusta el Cine, por supuesto que esta es una de esas películas imprescindibles que tienes que ver. Pero, como dijo Michael O'Sullivan, del The Washington Post (lo cojo de FilmAffinity), «también cualquiera al que le guste una buena historia o dos (o tres o cuatro)».

Doy por descontado que la veréis en versión original. Hay dos cinematografías en las que el V. O. me parece imprescindible, la japonesa es una. La francesa es otra. Sí, por mucho que haya gente que deteste las pelis subtituladas. Hay algunas como esta, que me resulta increíble que alguien pueda preferir doblada.

En 1951 le dieron un Oscar honorífico a la mejor película extranjera. Ganó el León de Oro del Festival de Venecia; en el National Board of Review, mejor director y película de habla no inglesa.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.

domingo, 19 de diciembre de 2021

#42 Deseando amar

 




 



Fa yeung nin wa (In the Mood for Love)

Año: 2000

País: Hong Kong

Dirección: Wong Kar-Wai

Música: Michael Galasso

 

Una de las películas más bonitas de la historia

 Sí, lo sé, nadie que escriba aunque sea por afición, que es lo que yo hago, debería recurrir a los adjetivos bueno, bonito o barato

Pero es que eso es lo que se queda sobre todo de esta película, la belleza de las imágenes, la fotografía, los actores, las palabras que pronuncian, la música envolvente, los colores saturados, la ropa alucinante, sobre todo los vestidos de Maggie Cheung, la forma en que esta actriz se mueve, las miradas entre ella y, ains, Tony Leung…

Hace veinte años de esta película, posiblemente la mejor de su director, uno de esos directores hongkoneses que nos deslumbraron en los noventa y con el cambio de siglo.

Es una historia de amor, o igual no, igual son dos que quieren enamorarse, y en realidad no lo logran. Las imágenes, las palabras, el Cine está ahí, y tú ya si quieres rellenas las elipsis con lo que quieras, con una historia de amor o de desamor, de ansias frustradas o de realizaciones plenas.

Si quieres hay sexo y si no, todo es platónico. Sí, hay un niño al final pero ese, ¿de quién es hijo? ¿De los protagonistas? ¿O es que ella volvió con su marido? ¿Y qué fue de sus esposos? ¿Se reencontraron años después en Singapur, o en Tailandia, o quedaron para siempre en soledad? Tal vez él pasó de abrir esa puerta, pero volvió a los cinco minutos…Igual él contó su secreto al muro del templo y, nada más volverse, ahí estaba ella...

Se ambienta en el Hong Kong de 1962. Chow (Tony Leung), periodista, se traslada a vivir con su mujer a un edificio en el que conocerán a otro matrimonio, formado por Su Li-zhen y su esposo. Se cruzan, se miran, hablan, siempre desde la distancia y la educación del trato señor / señora. Un día descubren que sus esposos respectivos son amantes.

Ante la infidelidad, pasarán más tiempo juntos, intentando entender qué ocurre, y eso les lleva a enamorarse... O, al menos, eso parece a veces, otras es como si estuvieran únicamente reproduciendo lo que ha ocurrido con sus cónyuges, intentando comprender. ¿Están enamorados? ¿O solo lo fingen? ¿O quieren estarlo pero no pueden?

Pasan el tiempo, son maravillosas las transiciones de un momento al siguiente, que deduces por los cambios de vestuario de los protagonistas, las corbatas de él y, sobre todo, los alucinantes vestidos de ella.

Maggie Cheung luce uno de esos cuerpos que a todas nos gustaría tener. Delgadita, pero con sus curvas marcadas, nada de parecer un muchachito. Es súper elegante. Viste todo el rato el mismo modelo de vestido, que gracias a esta película descubrí que se llama qipao. Es algo estudiado y comentado, tanto que hasta se ha contado y recopilado cada uno de ellos. O cheongsham lo he visto llamado también. No he sido capaz de entender si es lo mismo o diferente.

Aquí os dejo un enlace a un corto de internet en la que los puedes ir viendo. Pero vamos, que si buscas en internet encontrarás muchísimos artículos dedicados a los vestidos que luce Cheung en esta película.



Y, de paso, la envolvente música que no era para esta película, pero que se aprovechó tan bien que la asocias con ella. Es repetitiva, minimalista, pero con una melodía inolvidable. Este vals «tema de Yumeji» (Yumeji's theme) lo compuso Shigeru Umebayashi. para Yumeji (1991), de Suzuki Seijun.

También pululan por la obra canciones de Nat King Cole en español. Te queda la duda, ¿es intencionado? Lo que se dice en las letras, ¿tiene relación o no con lo que vemos? Creo que no hay nada casual en esta película, pero eso es algo que tienes que decidir al verlo. Sobre todo mientras oyes el Quizás, quizás, quizás...

Esto es Cine, una de esas películas que lo tienen todo y te lo narra de esa manera, metiendo todas las técnicas cinematográficas a su alcance. Empiezo por los actores: Maggie Cheung, una actriz que es de las más elegantes que he visto en mi vida, y un actor, Tony Leung, que es uno de los héroes románticos por excelencia de las últimas décadas. A Leung le vi haciendo de malote en la última (más bien anteúltima) de Marvel, Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, pero incluso en esa película, lo suyo se explica por amor romántico hacia su señora, por encima de todo, incluso del amor hacia sus hijos.

Espero que no sea la última vez que traigo por aquí a Tony Leung, uno de mis actores favoritos.

Pero es que esta película no son solo sus actores, es esa forma tan magnífica de transmitir las cosas, con una mirada, un gesto; el vestuario, la puesta en escena, la fotografía, la música, etc. todo al servicio de una historia que, encima, no te cuentan del todo y tú te la montas en la cabeza.

Se la recomiendo a cualquiera que le guste el Cine. Es una peli maravillosa.

Hay muchos artículos y clips en You Tube comentando la película. Por poneros una, ahí va:



¿Premios? En Cannes le dieron mejor actor (Tony Leung) y premio técnico; tuvo el César a la mejor película extranjera. El Círculo de Críticos de Nueva York premiaron la fotografía y la consideraron la mejor película extranjera. Para los BAFTA, fue la mejor película en lengua no inglesa.

No, no entró en los Óscar. No sé si le habría correspondido los del año 2000 o 2001. La categoría de habla inglesa fue ganado en el 2000 por Wò hǔ cáng lóng (Taiwán) en mandarín, de Ang Lee; y en 2001, No Man's Land (Bosnia y Herzegovina) en bosnio, de Danis Tanović. No recuerdo haber visto ninguna de las dos, aunque puedo estar equivocada. Me parece que ninguna de las dos puede ser mejor que esto.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.

P.D.: Por cierto, en este comentario en You Tube te dicen que el director se basó en los gustos personales de la madre del autor que en aquella época escuchaba emisoras filipinas con boleros en español, cuyas palabras no entendía, pero sí el sentimiento, la emoción que había en ellas.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Día #331

 «Greetings from Asbury Park, N.J.»

Nueve canciones. 37 minutos.

 

Ese fue el estreno de Bruce Springsteen en enero de 1973. Alucinante. Es posible que aquel chaval de veintitrés años no enamorara al público de la noche a la mañana. Pero acababa de dar a luz a uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. Así lo consideró Rolling Stone y yo aplaudo con las orejas.

 

Allí estaba ya todo, su fuerza, su potencia, esas palabras apasionadas como martillos. Y la E Street Band, y el saxo de Clarence “The Big Man” Clemons.




domingo, 5 de diciembre de 2021

Día #326

 


 

En estos días tan tormentosos que parece que se va a caer el cielo, recogidos en casa, apetece algo antiguo y sereno. Hoy he escuchando Chant byzantin, de una monja que se hizo famosa en los ochenta, sor Marie Keyrouz, con aquel canto de la Cristiandad oriental. Una mujer que intenta usar su vocación religiosa, y su talento musical, para transmitir un deseo de paz. Hombre, útil no sé si será mucho, a la vista está, pero por lo menos no le faltan las buenas intenciones.

 




Y luego lo he redondeado con Immortel grégorien, un disco de música gregoriana de distintas abadías francesas. Pocas cosas hay más tranquilizadoras que dejarse llevar por esa forma de cantar, que parece ondular en el espacio.



 

Luego le he estado dando vueltas si no me habré quedado corta en mi estimación de quinientos días hasta recuperar la normalidad. Me da que pensar en la última variante, la decimocuarta, esa que tendría que haberse llamado xi, pero al parecer por no molestar a Xi Jinping, han preferido saltarse una letra y llamarla ómicron. Parece que se confirma cierto escape vacunal… no sé yo si estos 500 días no se me quedarán escasos. 


Serenidad, muchacha, paciencia, me digo. De momento es solo más contagiosa, no más letal. El final llegará. Hay un final para todo. Y estará bien. Y si no está bien, es que no es el final.

jueves, 2 de diciembre de 2021

#100 Barricadas misteriosas


Les barricades mystérieuses

Quinta pieza del Ordre 6ème de clavecin en si bemol mayor, II libro de piezas para clavicémbalo (Pièces de Clavecin)

Anónimo: Supuesto retrato dde F. Couperin
Primera mitad s. XVIII
Óleo sobre lienzo, Versalles
[Dominio público],
via Wikimedia Commons



 

Compositor: François Couperin

Estreno: ¿París?, 1717

 

 

Dice Spotify que esta es la pieza que más veces he escuchado en este año 2021

 

Este breve rondó que no llega a los tres minutos de duración es una de mis piezas de música clásica, es evidente.

François Couperin (1668-1733), nacido y muerto en París, fue un compositor, organista y clavecinista, el más famoso, creo yo, o uno de los más famosos, del barroco francés. Trabajó para la corte, tanto con música sacra como profana.

Compuso 220 piezas para clavicémbalo, agrupadas en suites llamadas ordres, órdenes. Las veintitantas órdenes, a su vez, las distribuyó en cuatro libros. Las Barricadas misteriosas están en el libro segundo, sexto orden. Esa Ordre 6ème está formada por ocho piezas, y esta es la quinta. Son piezas que no parecen tener conexión entre sí, como si el autor se dejara llevar por la fantasía. Resultan tremendamente agradables de escuchar.

 Sus obras tienen, para mí, encanto y ligereza que asocio a la Francia de aquella época, hermoso y complejo, pero no tan intenso y profundo como una obra de Bach, contemporáneo suyo. Esta obra creo que demuestra esto que digo. Estas características se asocian a un estilo llamado brisé, «roto». Son composiciones del barroco instrumental con una textura arpegiada irregular.  

Estas Barricadas misteriosas tienen que tocarse vivament, así que transmiten cierta energía. Al mismo tiempo, hay un fondo intrigante, obsesivo, estaría escuchándolas en bucle durante horas.

¿A qué se refiere el título ese de «barricadas misteriosas»? Ah, pues no se sabe. Aquí se ha elucubrado mucho. Y se ha hablado tanto de barricadas en la rebelión de La Fronda, como del cinturón de castidad, o del límite entre la vida y la muerte. Por si queréis saber más, enlazo al artículo en la Wikipedia enfrancés. 

Es una pieza tan popular que la han adaptado a otros instrumentos, desde el laúd hasta la guitarra, y a dúos o incluso conjuntos de cuerda.

 Os dejo con este video de Jean Rondeau y Thomas Dunford grabando «Les Baricades Mïstérieuses», que creo que ya os puse aquí otra vez. Pero, ¡hey!, que es la pieza que más he escuchado en 2021, según Spotify, así que es comprensible que me repita, ¿no?


Esto del #Spotifywrapped es un cotilleo auténtico. Y sorprendente. En mi resumen del año salen cosas curiosas, como que el artista que más he escuchado ha sido al pianista ruso nacionalizado alemán Igor Levit (n. 1987) sobre todo con las Variaciones Goldberg de Bach, y el 4.º ... ABBA 😉

La segunda pieza que más he escuchado, después de las «Barricadas misteriosas», ha sido «The end of the ending», de la compositora Emily Hall. Curioso, una pieza del siglo XVIII y luego otra del XXI.

Los estados de ánimo que mejor reflejan mi música favorita son serenidad y dramatismo.

Mis géneros favoritos han sido, ¡oh, sorpresa! (modo ironía on): 1.º Música barroca, 2.º Ópera, 3.º Música coral, 4.º Época clásica y 5.º Banda sonora.