Götter, Gräber und Gelehrte
Título original: Götter, Gräber und Gelehrte
Autor: C. W. Ceram
Año: 1949
Género: Ensayo
Tema: Arqueología
La auténtica novela de la arqueología
Este es un clásico de divulgación sobre la arqueología. Te cuenta cómo se hicieron los grandes descubrimientos de la Grecia Antigua, Egipto, Mesopotamia...
Muchas de las cosas que aquí se dicen sobre reconstrucción del pasado las ha ido corrigiendo el tiempo, pero el fuerte de este libro no es tanto lo que se ha descubierto, sino cómo se hizo, quiénes fueron aquellos pioneros de la investigación histórica. Muchos parecen más aventureros que científicos.
Eran excavaciones, aquellas de los siglos XVIII y XIX, poco técnicas, destruían de forma inconsciente capas y capas de yacimiento por acceder a lo que más les interesaban, que eran los tesoros.
Te lo cuenta de una manera amenísima. El autor no era historiador ni arqueólogo, sino periodista, y recurre a la habilidad de un auténtico reportero, como si te estuviera dando las noticias de lo que hacían gente como Schliemann. Eran aficionados que compensaban su falta de formación con un entusiasmo que les hizo triunfar donde otros fracasaron.
Ceram es un decidido defensor de los aficionados, porque repasando la historia de la ciencia, muchos no eran «profesionales», y eran ellos precisamente los que hacían avanzar las cosas pensando out of the box en las que les había encerrado la academia.
Considerando el desarrollo de la investigación científica en el curso de la Historia, veremos cómo un extraordinario número de descubrimientos célebres ha sido hechos por aficionados, por los outsider, o inclluso por simples autodidactas que impulsados por una idea obsesiva no se detenían ante los obstáculos con que su propia cultura cerraba el paso a los profesionales. Ellos no conocían las anteojeras de los especialistas y saltaban las barreras levantadas por la tradición académica.
Otto von Guericke, el más famoso físico alemán del siglo XVII, era jurista de profesión. Denis Papin era médico. Benjamin Franklin era hijo de un jabonero y, sin instrucción universitaria o secundaria alguna, no sólo llegó a ser un político activo —cosa que está al alcance de mucha gente—, sino un sabio famoso; Galvani, el descubridor de la electricidad, era médico, y según Wilhelm Ostwald demuestra en su «Historia de la Electroquímica», debió su descubrimiento precisamente a su falta de conocimientos.
Después de un prólogo y una introducción, se dedica no a la arqueología en general, sino a la historia de los descubrimientos en determinadas áreas:
I. El libro de las estatuas (sobre la Antigua Grecia);
II. El libro de las pirámides;
III. El libro de las torres (Mesopotamia);
IV. El libro de las escaleras (Centro y Mesoamérica)
V. Sobre los libros de historia de la arqueología que todavía no pueden escribirse. Es un último libro, más breve, dedicado a otros ambitos en que o bien las investigaciones no fueron tan aventureras o bien aún no se habían producido (al tiempo de la escritura de este libro) grandes descubrimientos.
Te cuenta las cosas de una manera tan evocadora, que te sitúas mentalmente tanto en el pasado histórico que se intentaba reconstruir como aquellas excavaciones en sí. Te habla de Egipto, por ejemplo...
Por la mañana temprano, el sol asoma en la lejanía en un cielo color azul de acero y, volviéndose amarillo fuerte y abrasador, recorre su trayectoria por la arena unas veces parda, otras amarilla, ocre o blanca. Sus sombras, muy acusadas, contrastan sobre dicha arena como la tinta sobre el papel y recorta estilizadas siluetas de sus modelos. Y contra esa sequedad, siempre acompañada por el sol, que no conoce cambios de clima, ni lluvias, ni nieves, ni nieblas, ni granizos, que no sabe del retumbar del trueno...
Me resulta curioso descubrir cómo, cuando hablan de Mesoamérica, los españoles habían escrito sobre aquellas culturas, incluso crearon diccionarios de las lenguas que se hablaban en la época de la Conquista, pero que realmente no les daban credibilidad hasta que se produjeron las excavaciones arqueológicas, siglos después, que evidenciaban la realidad de lo descrito por los españoles.
Este ensayo es intencionadamente ameno, te quiere contar aquellas historias de los pioneros de la arqueología como si se tratara de auténticas novelas. De hecho, el propio autor lo considera así. Por ello —como ya he dicho— se ha centrado en civilizaciones como las de Grecia y Egipto, y no tanto en otras con escasa novelería.
Entre los «libros que todavía no pueden escribirse» se refiere sobre todo a los hititas, el Indo y los incas.
No hemos de olvidar, por otra `parte, que nuedtro libro lleva como subtítulo «novela de la arqueología». Para justificarlo hemos elegido aquellas civilizaciones cuya exploración se nos ofrecía en verdad como una aventura romántica.
C. W. Ceram (1915 –1972) era en realidad un pseudónimo del autor Kurt Wilhelm Marek. Se lo inventó escribiendo el nombre al revés, y cambiando la K por una C. Era una forma de ocultar su trabajo anterior como propagandista del Tercer Reich.
En 1949 escribió este que es su libro más famoso, Götter, Gräber und Gelehrte. Se ha traducido a casi una treintena de idiomas. Ha vendido más de cinco millones de ejemplares y sigue publicándose actualmente.
Curiosidades. Primera, que fue él quien publicó de forma anónima Una Eine Frau in Berlin (Una mujer en Berlín, 1954), escrito por Marta Hillers, un relato espeluznante sobre el sufrimiento de una mujer alemana por culpa del Ejército Rojo.
Segunda, hay un premio alemán (el premio Ceram, Ceram-Preis) para ensayos sobre arqueología.
Dioses, tumba y sabios es, desde luego, un clásico de la divulgación histórica totalmente recomendable para cualquiera que esté interesado en estos temas como mero aficionado.

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