| Fachada principal, fotografiada por Alvesgaspar (2021) via Wikimedia Commons. A la derecha, las Capillas Inacabadas. |
Ubicación: Batalha (Beira Litoral, Portugal)
Fecha: 1386-1517
Estilo: Arte gótico
Tipo de edificación: templo (edificio religioso)
La obra más importante de la arquitectura gótica en Portugal.
La batalla de Aljubarrota es una más de la historia de nuestro país. Posiblemente al español común ni le suene. En Portugal, sin embargo, es más conocida; sería uno de esos episodios que la historia nacionalista del siglo XIX convirtió en un paso hacia el estado-nación y la independencia del país. Se la considera como una de las grandes batallas campales de la Edad Media, con los reyes presentes en ambas partes, y «uno de los acontecimientos más decisivos de la historia de Portugal» (leo en la wiki en portugués). Poco importa que dos siglos después la corona portuguesa y la española se unieran en un mismo monarca, y así estuvieran durante varias décadas, así que tan decisiva, digo yo, no sería.
Es una forma de reinterpretarla. En realidad, las batallas medievales las veo más como luchas dinásticas, un «quítate tú para ponerme yo». En este caso, entre la heredera legítima (habida en el matrimonio), Beatriz de Portugal, casada con Juan I de Castilla, y su tío ilegítimo, Juan maestre de la orden de Avis. Al ser hijo natural del rey viudo, no podía (en teoría) heredar el trono. Luego, la realpolitik evidencia que la fuerza se impone frente a legitimidades o derechos sucesorios. Así habia pasado en Castilla poco antes, cuando el bastardo Trastámara derrocó al rey de la legítima Casa de Borgoña, Pedro I.
Estamos ante un episodio más en un gran conflicto de aquellos años de la Baja Edad Media, la guerra de los Cien Años. También se luchó por proxis, no sólo con enfrentamientos directos entre los Plantagent y los Valois. Dos no discuten si uno no quiere, y al revés, dos que quieren pelear, encontrarán cualquier excusa para hacerlo. Buscarán lío allá donde surja, y la península ibérica les dio más de una oportunidad.
La corona de Castilla, con ese rasgo tan español de tener una política internacional errática («ayer contigo, hoy contra ti, y mañana vaya usted a saber»), estuvo a veces con los ingleses (el Príncipe Negro luchó de parte de Pedro I de Castilla, frente a las compañías blancas de Du Guesclin, gabachos que apoyaban a su hermano Enrique de Trastámara), y, en otras ocasiones, con los franceses, como ocurrió durante las guerras fernandinas.
Sí, ha habido más de una «guerra peninsular» combatida por los britanos en nuestra tierra.
La cosa es que, en aquella batalla de finales del siglo XIV, quienes se llevaron el gato al agua fueron los ingleses, por lo que subió al trono el hijo ilegítimo de Pedro I: Juan I de Portugal. Estaba casado con una Lancaster, Felipa, hija de Juan de Gante. Es el primer rey de la dinastía de Avis. A ver no solo porque le ayudaran los ingleses, ¿eh?, que dirigía las tropas el condestable santo, Nuno Álvares Pereira. Bueno, todavía no era santo, ni le había dado por la religión, eso fue años después, cuando se quedó viudo y ya estaba cansado de tanta guerra.
En agradecimiento a la Virgen María, a la que consideraban responsable de la victoria, los reyes Juan y Felipa instituyeron este monasterio de Santa María de la Victoria (Mosteiro de Santa Maria da Vitória), y con él, la ciudad de Batalha.
La construcción tardó dos siglos, por lo que se sucedieron los maestros directores de las obras. Tampoco muestra un único estilo. En términos generales se puede decir que pertenece al estilo gótico, pero no aquel depurado cisterciense de la primera hora, ni al clasicismo de la catedral de León, por ejemplo, no. Esto es más de la tercera época, esa tan recargada que generalmente se conoce como gótico flamígero. En el DRAE se define como un «estilo gótico tardío, caracterizado por el empleo de calados con adornos simétricos inspirados en las ondulaciones de las llamas».
Llegara un momento en que lo llenen todo de adornos, hasta el punto que la decoración parece comerse al edificio, cuyas trazas no son fáciles de distinguir. A eso se le llama gótico florido: «estilo gótico de la última época, caracterizado por una ornamentación abigarrada».
El primero maestro de obras fue Alfonso Domingues (1386-1402) es quizá el más conocido. Construyo en un estilo de transición entre el gótico clásico y el flamígero, llamado gótico radiante. En la fábrica de este momento se pueden apreciar aquí influencias inglesas, algunas partes recuerdan a una minster.
A su muerte, le sucedió en los trabajos David Huguet (1402-1438), de posible ascendencia catalana, que es quien trabajó en estilo gótico flamígero, como se ve por ejemplo en la fachada o la Capilla del Fundador (Capela do Fundador).
De los maestros posteriores, destaca Mateus Fernandes el Viejo (1480-1515), en quien se ve ya el estilo típicamente portugués denominado manuelino, que se ve en las capillas Inacabadas (Capelas Imperfeitas). Se distinguen en el estilo manuelino influencias hispanoflamencas y también mudéjares. Luego hablo de un último maestro, un trasmerano.
En este monasterio enterraron a varios reyes portugueses, no solo los fundadores Juan y Felipa. Actualmente es uno de los tres lugares reconocidos como panteón nacional por la República de Portugal.
Luego pasó por un período de abandono y se restauró en el siglo XIX. Lo declararon monumento nacional en 1907, se convirtió en museo en 1980 y, finalmente, en el año 1983 fue reconocido como lugar Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que en su página web describe brevemente de la siguiente manera:
El monasterio dominico de Batalha fue erigido para conmemorar la victoria de los portugueses sobre los castellanos en la batalla de Aljubarrota (1385). Su construcción, que fue la principal empresa arquitectónica de los monarcas portugueses durante dos siglos, dio nacimiento a un estilo gótico nacional hondamente influido por el arte manuelino, como puede apreciarse en el claustro real, auténtica obra maestra de la arquitectura.
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Aquí os dejo una vista de las Capillas Inacabadas (foto de Xiquinhosilva, 2018, via Wikimedia Commons).
Las Capelas Imperfeitas se llaman así porque nunca llegaron a construir la bóveda o cúpula central que las tapase. Se empezaron en tiempos del rey Duarte (1434). Lo que sí hay son unas capillas abiertas. Como curiosidad: el arquitecto cántabro (trasmerano de Arnuero, para más señas) Juan del Castillo (1470-1552), que fue maestro de obras de esta obra, realizó la loggia y la unión de estas capillas con la cabecera de la iglesia. En aquella época hubo notables maestros de obras que procedían de aquí, de la Montaña. Juan del Castillo trabajó en nada menos que cinco edificaciones calificadas como Patrimonio de la Humanidad.
Así que ya véis, cosas curiosas, donde menos te lo esperas, sale la conexión cántabra.