lunes, 24 de junio de 2019

#33 Esmalte de Limoges (Orense)

Esmalte de Limoges
Por Enciclopedia1993 (2019)
[CC BY-SA 4.0], vía wikicommons




Ubicación: Orense (Galicia), España
Fecha: siglo XII
Estilo: Arte románico







Las reliquias se guardaban en arcas preciosas, y para adornarlas, nada mejor que el esmalte.


En la Edad Media, ya lo he mencionado más de una vez, quien tenía reliquias hacía el agosto, porque los creyentes viajaban a aquellas iglesias y monasterios que las tenían. Para mí que en esta veneración a las reliquias hay mucho de pensamiento mágico, quizá superstición; pero bueno, allá cada uno con sus creencias, no voy a eso.

Para guardarlas creaban recipientes especiales, elaborados en metales preciosos y con ornamento de piedras preciosas o semipreciosas, o esmaltes, como por ejemplo arquetas. A veces eran cajas de origen musulmán, y que llegaban como presentes o botín de guerra.

La cosa es que las placas de esmalte de las que voy a hablar hoy se cree que procedían de una arqueta de este tipo, llamada de San Martín. O bien de un frontal, que el DRAE define como «paramento de sedas, metal u otra materia con que se adorna la parte delantera de la mesa de altar».

Se exhiben en el Museo Diocesano de la catedral de Orense. Su autor es desconocido, pero se atribuyen al taller más destacado de la época, el de Limoges en Francia.

Son 53 placas de cobre dorado y esmaltado, realizadas en algún momento del siglo XII. Se cree, a partir de cierta inscripción, que pudo ser un encargo del obispo Alfonso (1174-1213). ´

Las dimensiones de cada placa son de 31 cm de alto por 12,6 de ancho, y un grosor que no llega a los 4 centímetros.

Están representados diversos personajes del Nuevo Testamento, como los apóstoles, tres de los evangelistas (San Mateo, san Lucas y san Marcos) y un santo que encontramos, en la Edad Media, un poco por todas partes, San Martín de Tours. También acá, en Orense, localidad de la que es patrón.

Una de las placas
Fotografiada en 2016 por
Ángel M. Felicísimo de Mérida
[CC BY 2.0] vía WC

El esmalte no es más que polvo de vidrio con un óxido metálico que le da el color. Por poner ejemplos: si es óxido de hierro, se obtiene el color rojo, si es con cobalto, azul, y el verde lo da el cobre. A esa mezcla de sílice y óxido se le da calor, con lo que se vitrifica, es decir, se endurece y así queda como precioso cristal opaco coloreado. Destacaron en este arte suntuaria los bizantinos.

A principios de la Edad Media, la técnica seguida era la del tabicado o cloisonné, que vimos por ejemplo en la visigoda fíbula de Alovera: se hacían unas celdillas con el metal y se rellenaba con la pasta de vidrio. Así el esmalte sobresalía, creando un objeto que, a mi modo de ver, eran como esculturas pequeñitas. 

La técnica de esmaltado llamada excavado, campeado o champlevé, a mí me recuerda más a la pintura por el acabado plano. Esta técnica, más barata, la desarrollaron ampliamente los talleres de Limoges.

¿Cómo se hacía un esmalte campeado? Pues se coge el metal que sirve de soporte, generalmente una plancha de cobre, se hunde en determinados lugares con buril o con ácido para crear huecos; y luego esos espacios se rellenan con la pasta de vidrio. Después de hornearse, se pule. Por eso digo que la superficie quedaba más plana, como una pintura. A veces se incluían cabecitas o detalles en relieve, pero no elaborados con esmalte sino con metal como bronce dorado.

Estos esmaltes son un ejemplo de las sobresalientes obras de artes aplicadas que hubo en el Románico. Otras obras representativas del esmalte románico son, por ejemplo, el frontal de Santo Domingo de Silos, que puede verse en el Museo de Burgos, o San Miguel in Excelsis de Huarte-Araquil (Navarra); fuera de España, puedo mencionar el relicario de san Calminio, que se encuentra en el museo Dobrée (Nantes).


Aquí, ejemplo de Cristo en majestad rodeado del Tetramorfos y los doce apóstoles bajo arcos de medio punto. Procede de la urna o frontal de Santo Domingo de Silos, fotografiado por Rowanwindwhistler [CC BY-SA 3.0]. Actualmente está en el Museo de Burgos. Data de 1165-1170.



Este sería otro ejemplo, de arca para reliquias, que es el relicario de san Calminio. Lo fotografió Matthieu Perona [CC BY 3.0] en 2007. 

Para saber más, se me antoja muy útil este artículo que se publicó en el Faro de Vigo, «Los esmaltes de Limoges de la Catedral», bastante completo respecto a estos esmaltes, y de donde he cogido algunos datos que he puesto aquí.

También resulta muy ilustrativo este otro artículo, que he encontrado en ArteGuías, muy bien ilustrado con ejemplos: «Orfebrería y esmaltes románicos. Artes suntuarias». Además, han colgado un vídeo ilustrativo en You Tube:



Como de costumbre, por si queréis una visita de fin de semana a Orense, os cuento que aparte de la catedral, en cuyo Museo Diocesano se guardan estos esmaltes y que tiene una preciosa portada que llaman del Paraíso, influida por el Pórtico de la Gloria de Santiago, podemos acudir a las caldas, unas termas estupendas, unas privadas y otras públicas, en las cercanías del Sil. Es otro mundo.

sábado, 22 de junio de 2019

#38 Claustro de San Juan de la Peña

Capitel de Jesucristo y la mujer adúltera (¿?)
Por Francis Raher [CC BY 2.0]
vía Wikimedia Commons




Ubicación: Real monasterio de San Juan de la Peña (Aragón, España)
Fecha: último tercio del siglo XII
Época: Arte románico
Autor: Maestro de Agüero o Maestro de San Juan de la Peña






«Una cueva de los agrestes y bellos Pirineos centrales, al resguardo de un potente alero de piedra, como un nido de golondrinas» Eslava Galán


Una de las mejores guías turísticas de España es, a mi juicio, los 1000 sitios que ver en España, de Juan Eslava Galán, de donde cojo la frase anterior. A mí, al menos, que soy muy de turismo nacional, me ha resultado muy útil, por eso lo cito de nuevo al hilo de esta obra de escultura románica.

En mi repaso del arte de la época no puedo olvidar los maravillosos capiteles del claustro del monasterio de San Juan de la Peña.

El capitel que pongo como ejemplo tiene diversos títulos, porque no se sabe exactamente a qué episodio evangélico se refiere. En mi libro de Historia del Arte aparece como Jesús perdonando a la mujer adúltera, en otros como Marta suplicando a Cristo o, incluso, La curación de la hemorroisa. Los temas que se van desarrollando en todos los capiteles son, precisamente, los evangelios con escenas de la vida de Cristo.

En cualquier caso, es evidente que la figura que hay a la derecha es la de Jesucristo y, frente a él, una mujer. Como es propio del arte, representan los episodios evangélicos con figuras vestidas y aparejadas como los contemporáneos al autor. Así se ve por ejemplo, que las mujeres medievales de la época aparece con la cabeza tocada. Eso de la verosimilitud histórica es algo totalmente ajeno al arte de la época. La composición, por lo demás, se adaptaba al espacio concreto en el que se iba a representar la escena. 

Esta obra se debe al Maestro de Agüero o Maestro de San Juan de la Peña, quien realizó gran parte del claustro en la segunda mitad del siglo XII. Este artista anónimo se caracteriza por lo expresivo de los personajes, sobre todo esos ojos abultados o saltones, exagerados en una palabra. Los pliegues de las ropas están trazados simplemente con unas líneas.

Este expresionismo es muy típico del románico español, y ya empieza a anunciar algo del futuro dramatismo gótico, por lo que hay quien sitúa a este maestro entre los de transición.

Aquí, vista general del claustro bajo la peña, obra de JI FilpoC [CC BY-SA 4.0]
vía Wikimedia Commons


La época en que se construyó este claustro es ya avanzado el siglo XII, en concreto del último tercio, cuando resulta que ya en otros lugares se estaba en el protogótico, como hemos visto por ejemplo en el Pórtico de la Gloria o el Real de Chartres.

Hay que tener en cuenta, de nuevo, y no me cansaré de decirlo, la enorme importancia del camino de Santiago, como vía a través de la cual fluyeron los estilos, los ensayos y las creaciones, de acá para allá. A la influencia francesa hay que sumar algo autóctono, no sé si de procedencia mozárabe o islámica, como la intensidad expresiva, el dramatismo, de las figuras. Precisamente por unir la tradición local con lo foráneo, en el siglo XII, se considera que en el siglo XII predominaron las escuelas regionales.

Este monasterio sería un ejemplo de la escuela aragonesa. Una característica típica de esta escuela son los ojos abultados, como se ve también en la Adoración de los Reyes en Santiago de Agüero.

El estilo del maestro de San Juan de la Peña influyó en otras obras, como por ejemplo la portada de Sangüesa, en la vecina Navarra.

Si vais a San Juan de la Peña, cosa que recomiendo, porque en general Jaca y su entorno bien merecen una visita, os daréis cuenta de que hay dos monasterios. Uno, el antiguo, está en la montaña, remetido debajo de una enorme peña. Otro, más moderna, queda en lo alto.

El monasterio antiguo, sin perjuicio de que antes hubiera un cenobio, obedece a la revitalización de la primera parte del siglo XI, reinando Sancho el Mayor de Navarra. En 1071 Sancho Ramírez amplió el monasterio e hizo algo muy trascendente para la historia eclesiástica, que fue introducir en la península el rito romano, cuando hasta la fecha lo que se llevaba era el hispano-visigodo. A quien interesen estos temas litúrgicos, puede ilustrarse en el artículo de la Wikipedia dedicado a la Liturgia hispánica

Fue un lugar importantísimo en aquel siglo y el siguiente. Tenía tanta importancia que incluso fue panteón real de la monarquía aragonesa. Hoy se puede visitar, empezando por la iglesia, se sube a la pasando por el panteón, incluido el Panteón de Nobles, y luego a través de la iglesia superior– se pasa al claustro bajo la peña.

Como ya he adelantado, este monasterio forma parte del sitio Patrimonio de la Humanidad denominado «Caminos de Santiago de Compostela: Camino Francés y Caminos del Norte de España». Se trata de una ampliación del lugar original, que se hizo en el año 2015, y en la página web de la Unesco lo describen así:

Se trata de una extensión del bien cultural en serie denominado “Camino de Santiago de Compostela”, que se inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993. Esta extensión comprende una red de cuatro itinerarios de peregrinación cristiana –el Camino costero, el Camino interior del País Vasco y La Rioja, el Camino de Liébana y el Camino primitivo– que suman unos 1.500 kilómetros y atraviesan el norte de la Península Ibérica. El bien cultural ampliado posee un rico patrimonio arquitectónico de gran importancia histórica, compuesto por edificios destinados a satisfacer las necesidades materiales y espirituales de los peregrinos: puentes, albergues, hospitales, iglesias y catedrales. También cuenta con algunas de las rutas primigenias de peregrinación a Santiago de Compostela, creadas después de que en el siglo IX se descubriera en el territorio de esta localidad un sepulcro que, según se cree, encierra los restos mortales del apóstol Santiago el Mayor.

Para saber más, aquí está el enlace a la página dedicada al Real Monasterio de San Juan de la Peña, bastante completo. 

En You Tube hay unos cuantos clips sobre este lugar, porque es muy visitado. Por coger uno, he optado por el de Olivier Rodríguez, que le dedica unos minutos al que considera «El monasterio más impresionante de España».




Y nada, lo ya dicho, si tenéis unos días tontos y no sabéis dónde ir, daos una vuelta por Jaca. Además de esa ciudad y su catedral, podéis visitar el castillo de Loarre y este monasterio de San Juan de la Peña, y otras cosas de interés.

martes, 18 de junio de 2019

#82 El cazador furtivo

Der Freischütz, dir.: Aniana Amos para el Teatro de Magdeburgo
Por Doravier (2014)
[CC BY-SA 4.0] via Wikimedia Commons




Der Freischütz


Estreno: Berlín, 18 de junio de 1821

Compositor: Carl Maria von Weber

Libreto en alemán: J. F. Kind, basado en la historia popular alemana versionada por J. A. Apel y F. Laun en Gespensterbuch («El libro de los fantasmas»)

Género: Singspiel


Tal día como hoy se estrenó, en el Schauspielhaus de Berlín, la que me parece ópera romántica por excelencia.


Esta es la ópera romántica prototípica, tal como yo lo veo. Todos los rasgos que te suenen a ese estilo decimonónico, están aquí presentes: el individualismo, el sentimiento exaltado, el pasado, la naturaleza sombría del bosque, la noche, hasta lo demoníaco.

Son más o menos dos horas y media, que en general son fáciles de seguir una vez que conoces el argumento, aunque esté cantado en alemán. Tiene sus momentos de interés, de gran intensidad; sin embargo he de confesar que como obra dramática, pues tiene sus momentos flojos.

Se ambienta en un bosque de Bohemia, en el siglo XVII. Tenemos a Agathe enamorada de Max, y él de ella. Pero no van a poder casarse porque el padre de ella la ha convertido en el premio de un concurso de tiro. Max es buen tirador, pero no tanto, así que es presa fácil del desalmado Kaspar.

Y digo desalmado en sentido literal, porque ha vendido su alma al diablo. Lo que pretende Kaspar es que, ahora que va a vencer el plazo y tiene que entregarse al maligno, Max le sustituya. Para ello le convence de que se entregue a Samiel, trasunto de Satán, a cambio de unas balas mágicas, que le garanticen la victoria.

En la escena que a mí me parece más impresionante de la ópera, en la Garganta del Lobo, se forjarán las balas mágicas.

Luego viene el concurso, parece que gana Max, y que se podrá casar con Agatha, pero la perversa séptima y última bala parece que alcanzase a Agatha, que cae al suelo. Gracias a que ella es devota, goza de protección celeste y quien acaba muerto es Kasper. Max podrá casarse con ella si consigue permanecer un año virtuoso.

De nuevo, es una historia un poco de cuento, con su parte tenebrosa y diabólica, elemento tan querido para la literatura alemana.

Tiene momentos estupendos, desde la obertura en la que anticipa los momentos más tremendos de la historia, hasta la escena en la Garganta del Lobo (Acto II), o el aria de Agathe cuando está rezando, muy conmovedora (Acto III). ¡Ah, y el coro de cazadores!

Como grabación recomendada de esta ópera propongo la dirigida por Carlos Kleiber en 1973 para Deutsche Grammophon, con Bernd Weikl (Ottokar), Gundula Janowitz (Agathe), Edith Mathis (Ännchen), Peter Schreier (Max), Theo Adam (Kaspar), Siegfried Vogel (Kuno), Franz Crass (Ermitaño); el coro es el de la Radio de Leipzig y la orquesta, de la Staatskapelle (Dresde).

Como esta no siempre está disponible (no he conseguido encontrarla en Spotify, por ejemplo) tenemos la de Erich Kleiber, de 1956, con Alfred Poell, Elisabeth Grümmer, Rita Streich, etc. El coro y la orquesta fueron los de la Radio de Colonia.

Para saber más, la wikipedia. El libreto, en español y alemán, así como discografía de referencia, en Kareol

En You Tube he encontrado esta grabación de 1968, con vestuario y decorados que hoy parecen un poco casposillos, pero el elenco es bueno, como el Max de Ernst Kozub o la Agathe de Arlene Saunders; Gottlob Frick aparece como Kaspar y Edith Mathis es Ännchen. La orquesta filarmónica es de Hamburgo con el coro de la ópera de la misma ciudad.


domingo, 16 de junio de 2019

#46 Alminar de Jam

Alminar de Jam, en un recodo del río
Foto de David Adamec (2006)
[Dominio público], vía Wikimedia Commons




Tipo de construcción: alminar
Época: segunda mitad del s. XII
Lugar: provincia de Ġawr o Ghor (Afganistán)


En un remoto valle, en las montañas afganas…


A orillas del Hari, a medio camino entre Kabul y Herat, se alza, como un dedo que surgiera de la tierra, esta esbelta torre cilíndrica que atestigua: no hay más Dios que Alá, y que Mahoma es su profeta.

Fue erigida por los gúridas, que toman su nombre de este lejano valle de Ghor (Ghur, Gūr o Ġawr, que de todas esas formas lo he visto escrito). Aquí estuvo su primera capital, Firuzkuh o Firozkoh, antes de conquistar el territorio de los gaznavíes, quienes a su vez, en torno a Gazni, habían creado un imperio no solo brillante en lo militar, sino también culturalmente: en esta corte floreció la poesía persa del notable Firdusi.

Ya he mencionado en este blog otros alminares: torres cuadradas como la Kutubía o los estilizados y cilíndricos de Asia Central (como Kunya-Urgench), y el muy original «sacacorchos» de Samarra.

Aparte de servir para llamar a la oración, este tipo de construcción puede cumplir otras finalidades. Al ser el punto más alto en kilómetros a la redonda, servía como atalaya para vigilar el entorno y también como punto de referencia para orientarse o marcar límites. También eran instrumento propagandístico para dejar claro que «hasta aquí ha llegado el poder de Alá, el grande, el misericordioso, y que no se te olvide».

Leo aquí  que, simbólicamente, representa la elevación del hombre hacia Dios, pero cuando aparece en solitario junto a una mezquita puede representar al Dios Único y, por tanto, dar fe del postulado central del islam, el tawhid o “unicidad” de Dios.

Gracias a ese artículo me entero del origen de la palabra. En español se llama alminar (mejor que minarete, aunque también se acepta, claro), y esto procede del término «menara» o «minar» que designa una torre vigía.

No se sabe bien qué gobernante gúrida hizo construir este alminar de Jam. Hay una inscripción, en referencia a una victoria islámica en la India, pero no se sabe bien cuál de ellas, de ahí que se crea que puede ser 1193-4 o 1174-5.

Mide sesenta y cinco metros de altura, con lo que es el segundo alminar más alto del mundo de los hechos en ladrillo. El primero es el Qutab Minar de Delhi, que también se debe a los gúridas y que, al parecer, copió a este de Jam.

Está hecho en ladrillo, encontrándose en su cara exterior también estuco y azulejo. Tiene cuatro secciones, una encima de otra, cada una más pequeña que la de abajo. Una linterna lo remata.

A mí lo que me parece más interesante es esa decoración exterior realizada con letras cúficas, especialmente en los lugares en que tiene un toque de color turquesa, tan llamativo frente a lo terroso del entorno. Ya sabéis que en el arte islámico las propias letras eran decorativas, de ahí que se usaran versos del Islam para decorar sus monumentos.

Decoración en letras cúficas. Por David C. Thomas [CC BY-SA 2.5]


En la banda superior se contiene la profesión de fe, لا إله إلا الله محمد رسول الله la shahada que en español traducimos –por lo visto, no de manera muy literal– como «No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta».

Hay otros alminares semejantes dispersados por esta parte del mundo. Atestiguan cómo la expansión del Islam hacia el subcontinente indio no fue obra de árabes, sino más bien de persas y túrquicos. Que no nos despisten las inscripciones en árabe, ese era el idioma de la religión, pero el habla de estos pueblos era otra.

Los pueblos nómadas de Asia central llevaban siglos dejándose caer desde Kabul hacia las ricas llanuras del Indo por dos vías: bien el inmediato paso Jáiber (Khyber), más corto y vertiginoso, o bien por el sur, pasando por Gazni, Kandahar y Quetta.

Los gaznavíes, ya mencionados antes, conquistaron Afganistán y el valle del Indo; su capital fue primero Gazni (en lo que hoy es Afganistán) y, a partir de 1151, Lahore (hoy Pakistán).

A estos gaznavíes les sucedieron los gúridas, una dinastía de habla persa procedentes de esta región de Ghor, pero cuya etnicidad es insegura, parece ser que eran tayikos. Derrocaron a los gaznavíes en 1186 cuando el sultán Mu'izz ad-Din Muhammad de Ghor conquistó Lahore. Y luego siguieron más allá, llegando al curso medio del Ganges y Bengala. Hacia el año 1200, situaron su capital en Delhi, fundando así un sultanato musulmán que dominaba todo el norte de la India. Luego los mongoles arrasaron, pero eso ya es tema para otro día.

El «Minarete y restos arqueológicos de Jam» está incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2002, y en su página web lo describe de la siguiente manera:

Con sus 65 metros de altura, el minarete de Jam es una construcción esbelta y llena de gracia que data del siglo XII. Se distingue por la compleja decoración con ladrillo de sus paredes, rematada en la cúspide por una franja de cerámica azul con una inscripción. La calidad de su arquitectura y ornamentación es una muestra del apogeo de la tradición artística de la región. La belleza del sitio se ve realzada por su entorno espectacular: un profundo valle de imponentes laderas montañosas, situado en el centro de la provincia de Ghor.
Como siempre, para saber más, podéis empezar por la Wikipedia, que da bastantes datos, aunque esta vez el artículo está un poco desordenado, me parece a mi. 

En internet he encontrado este vídeo, de poco más de dos minutos, espectacular:


No, de veras, merece la pena verlo. Es increíble, por otro lado, que llegar hasta este alminar exija casi una operación militar.

lunes, 10 de junio de 2019

#34 Pórtico de la Gloria




Tímpano de la portada central
Por Pedronchi (2005)
[CC BY 2.0], vía Wikimedia Commons

Ubicación: catedral de Santiago de Compostela (Galicia, España)
Fecha: 1168-1188
Época: Arte románico / arte gótico
Autor: Maestro Mateo


«Pocas obras en el mundo resultan tan hermosas y tan conmovedoras» Eslava Galán


De la catedral de Santiago, Patrimonio de la Humanidad, ya hablé aquí. Un lugar tan importante tiene construcciones de épocas diversas. Es lo que tiene recibir a lo largo de los siglos (y sigue y sigue…) importantes donaciones de los peregrinos, que siempre andas ideando formas en qué gastarlo.

Se le llama Pórtico de la Gloria porque se supone que representa a la Jerusalén celeste.

Es la puerta de entrada a la catedral de Santiago por el Oeste. Durante la Edad Media estaba abierta a la calle, lo que pasa es que luego, en la época barroca, le pusieron ese maravilloso pegote que es la fachada del Obradoiro y, aparte de quitar algunas de las figuras, tapó este pórtico.

Su autor es uno de los pocos que se conocen con su nombre en la época medieval: el maestro Mateo. No es que él lo hiciera todo con sus propias manos, sino que se entiende que era él con su taller.

También se conoce la fecha en que se fue tallando: entre los años 1168 y el 1 de abril de 1188. Luego siguieron haciéndose añadidos hasta 1211, ya en tiempos del rey Alfonso IX, que es cuando se consagró el templo.

Está realizada en granito, con algo de mármol. Y aunque ahora lo veamos en ese color blancuzco o grisáceo, en la Edad Media recordad que estaba pintado. Aún quedan algunos restos de pintura.

El Pórtico está formado por tres arcos de medio punto, que se corresponde cada uno de ellos a la entrada a cada una de las naves de la catedral. Solo el arco central tiene tímpano, y su anchura es el doble que los laterales.

Las esculturas se tallan por todos los lados: el tímpano, las arquivoltas, las jambas, el parteluz… En total hay más de doscientas figuras, que no puedo detallar aquí. Ya sabéis que el horror vacui medieval, propio tanto de moros como cristianos, les hacía llenar todo el espacio posible con imágenes. Lo mejor es pasarse por allí y que alguien te lo vaya contando detalladamente.

En líneas generales, sí que puedo comentar que en el parteluz está la figura del santo, Santiago, que de tanto roce de peregrinos está desgastado.

En el tímpano vemos a Jesucristo en majestad, con el Tetramorfos, o sea, los evangelistas, a su alrededor. En las arquivoltas se representa a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis; tañen instrumentos musicales, lo que es muy útil para aquellos que se dedican a la reconstrucción actual de instrumentos antiguos. También se ve a ángeles portando los instrumentos de la Pasión.

En las jambas de ambos lados, encontramos figuras de profetas y apóstoles.

Como siempre, resultan interesantísimas las representaciones del infierno, en donde a cada pecador le hacen sufrir por algo en relación con aquello con lo que pecaron, como por ejemplo, la mano a los ladrones.

En la basa de la columna está Jessé dormido. De su vientre sale un árbol (el llamado «Árbol de Jessé», fíjate tú), en cuya cumbre está la Virgen. Se trata de una alegoría de la genealogía humana de Cristo.

En cuanto al estilo, según el libro que leas te lo ponen como románico de transición al gótico o como fase inicial del gótico o protogótico. Al parecer, la cuestión depende del país del que sea el historiador. Los franceses enmarcan al maestro Mateo en el Gótico inicial mientras que los españoles lo relacionan más con el final del Románico. Por poner solo un ejemplo: en el libro 1000 sitios que ver en España de Eslava Galán dice que «constituye, junto con la portada de la catedral de Chartres, la obra cumbre del románico europeo», aunque luego comenta que representa la transición del románico al gótico.

Esto significa que tiene rasgos de lo uno y del otro. El arco de medio punto, la densidad de figuras, la finalidad didáctica de la obra, todo esto es románico, todo lo que es planteamiento de la obra... 

Los rasgos «góticos» sería el individualismo de las figuras, las expresiones variadas, la fluidez en los pliegues de las ropas, variedad en el tratamiento de los cabellos,... Incluso hay algo muy característico que ya indica un cambio: la escultura se va liberando del marco arquitectónico, cobra individualidad propia, ya casi un bulto redondo.

De izquierda a derecha: Jeremías, Daniel, Isaías y Moisés
Por Luis Miguel Bugallo Sánchez [CC BY-SA 3.0] vía Wikimedia Commons

Eso de la expresividad de las figuras se ve por ejemplo en la idealización de Moisés, como del Santiago del parteluz, majestuosas, alejadas de los mazacotes románicos. O en los sentimientos que expresan la sonrisa de Daniel o el rictus triste de Isaías.

Ha ejercido una gran influencia que se ve, por ejemplo, en el llamado Pórtico del Paraíso de la catedral de Orense, que se labró en 1218-1244.

Para saber más, aquí está el enlace a la página del Pórtico de la Gloria en la Wikipedia. 

En You Tube hay un clip muy didáctico cuyo título lo dice todo: «Historia del Arte - Bachillerato - Pórtico de la gloria. Comentario de arte para selectividad». Se ve que es una de esas obras imprescindibles que te pueden caer en el examen.


martes, 4 de junio de 2019

#27 Edipo rey

Louis Bouwmeester como Edipo
Albert Greiner (h. 1896)
[CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons



Oι̉δίπoυς τύραννoς
Autor: Sófocles
Año: h. de 429 a. C.
Género: tragedia




La tragedia griega por excelencia


Atención *esta entrada contiene spoilers*

(Ya, suena ridículo. Esta obra lleva rulando por ahí 2.500 años. No creo que nadie se moleste si se la destripo un poco).

Yo se lo leí al escritor Steven Saylor (Roma sub Rosa), pero seguro que no fue el primero en decirlo: Edipo rey es la primera novela de misterio (o suspense, o negra, o detectives) de la historia. Y no le falta razón, porque es una investigación sobre un asesinato, ¿quién mato a Layo?

Vale, no es una novela, es una obra de teatro, un drama a representar con ocasión de unas fiestas religiosas, pero creo que se me entiende. También la Odisea es la primera «novela de aventuras».

Una terrible peste arrasa la ciudad de Tebas, en la Antigua Grecia. El rey Edipo ha mandado a su cuñado Creonte a Delfos, para que el Oráculo le diga a qué se debe esta epidemia.

El Oráculo le viene a decir que la culpa es de quien mató a Layo, el antiguo rey. Y entonces Edipo, que es un rey muy responsable, pone todos sus esfuerzos en saber quién es el asesino, y empieza sus pesquisas.

La verdad es que empieza intentando atajar: llama al adivino Tiresias, el que todo lo ve, como la vieja del visillo. Si quiere, le cuenta, pero preferiría no contarle nada. Edipo se cabrea y le dice que tiene que informar de lo que sabe. Discuten y llega un momento en que Tiresias ya se harta y viene a decir que por mis cojones ahora te vas a enterar: eres tú, so merluzo, el que mató a Layo. Venga, ahí te quedas, por faltarme al respeto. Imbécil. Te crees muy listo y que lo sabes todo. No sabes una mierda. 

(Bueno, lo dice en griego fino, pero más o menos esa es la idea).

Edipo, que no tiene la menor conciencia de haber matado a nadie, no le cree, y se mosquea, y se le ocurre que, en realidad, el adivino ha debido de aliarse con Creonte para quitarle del trono de esta manera. Porque, por supuesto, él sabría si ha asesinado o no al anterior rey, ¿no?

La cosa es que entonces empieza a investigar más policialmente. Primero, preguntando a una testigo de referencia, Yocasta, la cual cuenta lo que le contaron. Aquí se centra Edipo en una reconstrucción del lugar de los hechos, dónde fue, cómo era ese sitio, y ¿quién dices que lo mató...? Ah, unos bandidos. Y, ¿cómo dices que era la víctima...? Descríbemelo un poco, por favor.

Entonces Edipo se mosquea un poco, porque él recuerda hace años haber matado a un viejo insolente en un lugar como aquel que describen. Pero claro, el rumor es que a Layo lo mataron unos bandidos, varios bandidos, así que es imposible que fuera él. Por si acaso, decide interrogar al único testigo directo de los hechos, un criado de Layo que aún vive.

Mientras tanto, llega un aviso de Corinto: el rey Pólibo, padre de Edipo, ha muerto. Aunque triste por la muerte de su padre, en cierto sentido a Edipo se le quita un peso de encima. En cierta ocasión, hace ya muchos años, él también acudió al Oráculo, y este le dijo que acabaría matando a su padre y acostándose con su madre. Por eso huyó de Corinto, para no dar lugar a que se realizara esa profecía. Como su padre ha muerto de muerte natural, ya se ve que la predicción no se va a cumplir. Entonces podría volver como rey a Corinto, pero prefiere que no. Su madre Mérope aún está viva, y no vaya a ser que se cumpla la parte del otra parte del vaticinio, esa que dice que se iba a acostar con su madre.

Entonces el mensajero quiere quitarle presión y le dice que no se preocupe, que al fin y al cabo eran solo sus padres adoptivos.

Ahí es donde Yocasta empieza a temerse lo peor, porque la historia que cuenta Edipo coincide con otro pronóstico que le hicieron a ella y a su esposo de que su hijo mataría a Layo y se acostaría con Yocasta. Ella le implora a Edipo, por favor, que no siga averiguando más, que deje las cosas como están.

Pero lo mismo que antes con Tiresias, Edipo no puede parar, tiene que averiguar la verdad, ¿quién demonios mató a Layo?

Pues como se ve claro, llegados a este punto, el suspense de la historia es de esos en los que el espectador sabe quien es el asesino, pero los personajes no, y toda la tensión está en saber cuándo y cómo lo averiguarán.

En este caso, quien tiene que saberlo es el «detective», o sea, Edipo. Así sería también la primera de tantas historias en las que el asesino resulta ser el propio detective que investiga.

Como novela negra, la tensión está asegurada. Además, esa forma de contar las cosas tan rigurosa, en un solo acto, sin que en ningún momento decaiga la tensión, hace  que esta obra te atrape y sigas mirando, fascinado, hasta el terrible final, aunque sepas lo que pasa. 

Sí, bueno, otros te hablarán de los grandes temas de Edipo rey, sobre todo la fatalidad, si todo estaba predestinado, el destino frente al libre albedrío,... si se trata en definitiva de uno de esos relatos en los que por evitar una profecía, acabas cumpliéndola sin querer.

Porque lo trágico en la tragedia griega es que no hay una sanción adecuada a una infracción consciente. Eso es fruto de nuestra educación cristiana, creer que los males que uno sufre es por haber cometido un pecado, libre y voluntariamente. Pero Edipo comete parricidio e incesto sin ser consciente de ello. Ha procurado siempre ser una persona responsable, huyó de Corinto para no correr el riesgo de matar a quien creía su padre, busca la solución al problema de la peste en Tebas...

En cierto modo se puede leer esta historia como un castigo a quien busca la verdad, racionalmente, investigando, no fiándose de augurios y magias, sino intentando desentrañar lo ocurrido a través de pruebas y testigos. Lo que te viene a decir es que, a veces, mejor no remover asuntos pasados.

Tiresias al principio se lo dice a Edipo, que deje las cosas tranquilas, que no le pregunte. Pero Edipo quiere saber.

Y Yocasta, en cuanto ve que la profecía que le hicieron a ella encaja con lo que el Oráculo le dijo a Edipo, ya se teme el pastel y le dice mira cariño, ¿por qué no lo dejas...?

Pero nada, ahí sigue Edipo erre que erre. Tiene que saber.

Porque está seguro de que hay una explicación para lo ocurrido. Sí, claro que la hay. Cuando al fin cae en la cuenta de que el asesino que busca es él mismo, que ha cometido parricidio e incesto, corre como loco en busca de Yocasta. La cual, por la vergüenza, se ha suicidado ahorcándose.

En su furor, Edipo le quita los broches que llevaba en la ropa y con ellos hace estallar sus propios globos oculares. Cegándose a sí mismo. Al exilio, y solo le queda encomendar a Creonte que cuide de sus hijas, Ismene y Antígona (y ya sabemos cómo lo hizo, en Antígona, ¿verdad?).

Esta es una obra universal, impresionante, la más perfecta de las tragedias griegas (Aristóteles dixit), que merece la pena ver en vivo y en directo, si tenéis la oportunidad. Sigue ganando espectadores con cada nueva generación, porque a cada una le sigue diciendo algo que le llega.

domingo, 2 de junio de 2019

#31 La Giralda

La Giralda, por Jebulon (2012)
[CC BY-SA 3.0], vía
Wikimedia Commons

                      
Ubicación: Sevilla (Andalucía, España)
Fecha: 1184-1198
Estilo: Arte islámico
Tipo de edificación: alminar / campanario



Ejemplo hispano del arte almohade 

En el capítulo 14 de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, el Caballero del Bosque cuenta a don Quijote los trabajos que, como si él fuera un nuevo Hércules, le impuso su amada Casildea:

Una vez me mandó que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar es la más movible y voltaria mujer del mundo. Llegué, vila y vencíla, y hícela estar queda y a raya, porque en más de una semana no soplaron sino vientos nortes.

Cervantes, que vivió en Sevilla siglos después, homenajea de este modo al que, posiblemente, sea su monumento más famoso.

Es un alminar reconvertido en torre campanario. El alminar o minarete es la torre desde la cual se llama a la oración cinco veces al día. Ya hemos visto aquí unos cuántos: el retorcido como un sacacorchos de Samarra, pasando por el macizo minarete de Kairuán, el impresionante de Al-Qal’a en pleno desierto argelino, Kunya-Urgench en la ruta de la seda o, su inmediato predecesor estilístico: la Kutubía de Marrakech.

Cuando los reinos cristianos fueron reconquistando las tierras andalusíes, a veces arrasaban la mezquita, pero otras (ya sabéis, esto es arte, un reciclaje continuo a lo largo de la Historia) reconvertían las edificaciones musulmanas. Gracias a eso se ha conservado por ejemplo, la excepcional mezquita-catedral de Córdoba y este que fuera alminar de la antigua mezquita sevillana.

Aquí vemos que es una torre muy alta más de cien metros. Para haceros una idea está bien la comparación que se hace en la Wikipedia: la torre del Big Ben o la de Pisa son más bajas. Está construida en ladrillo sobre un zócalo de piedra.


El emir Abu Yaacub Yúsuf ordenó, el 26 de mayo de 1184, que se construyera el alminar de la mezquita. Se conoce el nombre de los arquitectos o almojarifes: Ahmad Ben Baso y Alí el de Gomara (Alí al-Gumari). Hubo un parón constructivo entre 1188 y 1189. En 1195, Abu Yaacub Yúsuf, para entonces al-Mansur (o sea «el Victorioso») por haber derrotado a los cristianos en Alarcos, ordenó que se colocaran grandes esferas de bronce dorado en la parte superior del alminar, lo que se hizo el 10 de marzo de 1198: cuatro bolas ensartadas en una aguja vertical que se llaman yâmûr. Podemos ver un ejemplo de cómo debió quedar en la mezquita Kutubía de Marrakech

Esta torre cuadrada presenta tres cuerpos constructivos. Los dos inferiores son islámicos. El superior, renacentista, alberga las campanas de la catedral. Al construirse, a finales del siglo XII, tenía cuatro cuerpos, y estaba rematado por uno de menores dimensiones.

Por dentro, está formada por un núcleo cuadrado, con una rampa alrededor y envuelta por el cuerpo que se ve exteriormente. La decoración es el típico paño de sebka, con sus redes formadas por rombos.

Esto es sebka. Foto de EmDee [CC BY-Sa 3.0] vía Wikimedia Commons

Nada más queda de la antigua mezquita. El actual patio de los naranjos sería el antiguo sahn, o patio de las abluciones.

El arte almohade es heredero del almorávide, siendo ambos un estilo artístico hispano-marroquí. La etapa almohade en España se puede enmarcar entre 1153 (la conquista de Al-Ándalus, entonces dividido en taifas) y 1212 (batalla de las Navas de Tolosa), que marca el comienzo de su declive. Yusuf I (1163-1184) Amir ul-Muslimin («príncipe de los creyentes») prefirió Sevilla como capital, antes que la califal Córdoba.

Como se ha visto, la construcción del alminar se debe a su hijo y sucesor, Abu Yusuf Yaqub. En aquella época, Sevilla era la mayor ciudad de Al-Ándalus, admiración de viajeros, rica, culta, con personajes tan importantes históricamente como Averroes.

La Giralda forma parte del lugar patrimonio de la humanidad denominado «Catedral, alcázar y Archivo de Indias de Sevilla». Así lo declaró la Unesco en 1987 que, en su página web, la describe así:
 Estos tres edificios forman un conjunto monumental admirable en el corazón de Sevilla. La Catedral y el Alcázar son dos testimonios excepcionales de la civilización almohade y de la Sevilla cristiana, cuyo arte estuvo muy impregnado de la influencia musulmana desde la reconquista de la ciudad (1248) hasta el siglo XVI. El antiguo minarete de la Giralda, obra maestra de la arquitectura almohade, se yergue al costado de la catedral. Esta iglesia de cinco naves es el edificio gótico más grande de Europa y alberga la colosal sepultura de Cristóbal Colón. En la antigua lonja, convertida en Archivo de Indias, se conservan fondos documentales inestimables de las colonias españolas en América.

El artículo de la Wikipedia es completísimo y ahí podéis saber más sobre esta torre. En Arte Historia (You Tube) hay un breve clip de unos tres minutos dedicados a «Los alminares almohades».

 
Por si alguien se ha quedado con la curiosidad, aquella que, sin mudarse de un lugar es la más movible y voltaria mujer del mundo, es el popular «giraldillo» o veleta que, en la segunda mitad del siglo XVI, pusieron en lo alto de la Giralda como símbolo de la Fe cristiana.