Fotografía de Urek Meniashvili [CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons
Şirvanşahlar
sarayı
Tipo de construcción: fortaleza
Época: S. XV
Lugar: Bakú (Azerbaiyán)
Una de las perlas
de la arquitectura azerí
Azerbaiyán, diréis, ¿por dónde anda? El mar
Caspio, ya sabéis, ese mar interior en el corazón del continente euroasático.
En la costa suroeste, está Bakú, la capital. Conocida por el viento y los pozos
de petróleo.
Ahí se alza este palacio del siglo XV,
que forma parte desde el año 2000 de un lugar Patrimonio de la Humanidad,
llamado “Ciudad fortificada de Bakú con el Palacio de los Shirvanshah y la
Torre de la Doncella” y que, en su página web, la Unesco describe así:
Construida en un territorio
habitado desde el Paleolítico, la ciudad amurallada de Bakú muestra las huellas
de la presencia sucesiva de las culturas zoroástrica, sasánida, árabe, persa, shirvani, otomana y rusa. La parte
intramuros (Icheri Shesher) ha
conservado intacta una gran parte de sus murallas del siglo XII. La Torre de la
Doncella (Giz Galasy) se erigió en
ese mismo siglo sobre construcciones antiguas que datan de los siglos VII a VI
a.C. El Palacio de los sahs de Shirvan (siglo XV) está considerado como una de
las joyas de la arquitectura azerbaiyana.
Los sahs de Shirván (Shirvanshah, en
persa شروانشاه) eran una dinastía que dominaba una región de Azerbaiyán.
Tenían la capital en Shemaja, pero un terremoto la devastó y, en el siglo XV,
movieron la capital a Bakú.
Es ahí donde erigieron este conjunto de
construcciones, se cree que en torno a un lugar sagrado de peregrinación sufí.
La fecha de construcción se conoce por inscripciones que hay en el minarete y
el mausoleo: 1435/36 y 1441/42. Reinaba entonces Shirván Jalil I.
Como todo edificio tan antiguo, es un
complejo con un montón de edificaciones acumuladas: el palacio, una cripta con
enterramientos, así como una mezquita con su minarete...
Estas edificaciones en piedra formaban
la parte más protegida en el corazón de la fortaleza de Bakú. Aunque se alzaron en distintos momentos, hay una unidad de estilo que nos recuerda a otros monumentos islámicos del centro de Asia: los edificios cúbicos, las cúpulas...
Fotografiado por Francisco Anzola [CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons
قلعة بهلاء
Qal'at Bahla'
Tipo de construcción: fortaleza
Época: Ss. XIII-XV
Lugar: Bahla (Omán)
Una fortaleza
medieval en una ruta del incienso
Omán, dices tú, ¿y eso por dónde anda?
En la península arábiga, esa extensión
de tierra de forma más o menos rectangular entre el grueso de Asia y África. ´
Entonces, ¿está en el golfo Pérsico?
No, salvo un exclave que no viene a cuento. Dentro de la península arábiga, Omán es el
país que queda abajo a la derecha, o por decirlo en términos geográficos, en el
sudeste, con la costa a lo que se llama mar arábigo, un pedacito del océano
Índico.
Este territorio formó parte del imperio
selyúcida hasta que en el año 1154 los expulsó la dinastía nebaníes (nabhanitas o nebhanitas, como lo he visto escrito). Estos
reyes eligieron Bahla. Estaban en una ruta secundaria del comercio del
incienso, la que iba por el interior hacia Baréin, Bagdad y, en último término,
llegaba a Damasco. Los nebaníes gobernaron
hasta el siglo XV, y durante su dominio, se construyó esta fortaleza.
El fuerte de Bahla es un lugar Patrimonio
de la Humanidad desde el año 1987; estuvo en peligro entre 1988 y 2004, pero
pasó por una restauración y actualmente se considera a salvo. En su página web,
la Unesco describe así este lugar:
El oasis de Bahla
debió su prosperidad a la tribu de los Banu Nebhan, que impuso su dominación
sobre el conjunto de los clanes de la región desde el siglo XII hasta finales
del siglo XV. Son testigos de su poderío los vestigios del inmenso fuerte de
murallas y torres de ladrillo crudo con cimientos de piedra que erigieron. Esta
fortificación constituye un ejemplo notable de las edificaciones de este tipo.
Se erigió en un lugar estratégico: un
oasis a los pies de las tierras altas de Yébel Ajdar, paso de las caravanas que
llevaban incienso.
Sobre cimientos de piedra, se alzó esta
construcción en ladrillo, adobe más bien, hecho con lodo y paja. Es
precisamente la pobreza de estos materiales la que determinó que quedara dañada
la estructura y por eso fuese tan necesaria la rehabilitación que se hizo a
principios del siglo XXI.
La parte más antigua es la alcazaba (Al-Qasabah). Luego hay otras dos partes,
ya de la Edad Moderna (ss. XVII-XVIII): Bait
al-Hadith y Bait Al-Jabal.
Este sitio tiene página en la Wikipedia, pero muy poquita cosa, me he basado más en la wiki en inglés.
Dada mi edad, y considerando por dónde anda este país, creo poco probable que llegue a visitarlo.
Pero puedo disfrutarlo en la distancia, con vídeos como este:
No sabéis cuánto agradezco a toda la gente que va por el mundo grabando estas cosas y compartiéndolo por internet.
Detalle de la tumba y mezquita de Tamerlán Adam Jones from Kelowna, BC, Canadá
(2012) / CC BY-SA 2.0
Tipo de construcción: tumba
Época: 1403-1404
Lugar: Samarcanda (Uzbekistán)
Nombres de leyenda
La verdad es que hay palabras que por sí solas evocan algo especial que
no sabes muy bien qué es. Samarcanda, desde luego, es una de ellas. Suena
exótico, rico, cosmopolita, cruce culturas en la ruta de la seda… Cosas
brillantes, aunque no sepas nombrar ni uno solo de sus monumentos…
Ni en qué
exrepública soviética se encuentra. Y si ya nos vamos a la tumba de
Tamerlán también te trae a la memoria un gran guerrero,… aunque, de
nuevo, no sepas muy bien ni cuándo vivió ni qué conquistó.
Pues hoy vamos a
descubrir al menos uno de los monumentos de esa ciudad que evoca las maravillas
de Oriente. El otro día hablé de La Alhambra,
monumento de la segunda etapa del arte islámico medieval. La joya
granadina está en el Mediterráneo occidental. Pues bien, la tumba de Tamerlán
encaja en la otra parte del mundo islámico, entre las escuelas orientales.
De
esa misma época y zona, ya habíamos visto la Gran mezquita de Ispahán, correspondiente al siglo XI. Es un ejemplo de la
arquitectura funeraria. El cuerpo de la construcción es un cuadrado bastante sencillo. Pero
encima ponían unas cúpulas impresionantes. Y es que una de las características
del arte islámico bajo las dinastías turcas es precisamente que proliferan las
cúpulas.
La parte externa de la cúpula, esa superficie curva, se llama
tradós (y, a veces, extradós) y tiene forma bulbosa. Se apoyan
sobre lo que se denomina tambor, que enlaza la
cúpula con el cuerpo de la construcción. Ambas partes se aprovechaban para
adornos, generalmente de cerámica esmaltada o vidriada.
Esto se ve muy claramente en este monumento. El tambor es cilíndrico, y
se aprecia en él decoración cúfica, es decir, con letras. La ornamentación de la
cúpula hace un dibujo como estrías, combinando el verde y el azul. He puesto una foto de este detalle, porque es realmente precioso.
Esta
edificación tuvo una gran influencia, porque se tomó como modelo para
tumbas de los emperadores mogoles de la India. Pensad por ejemplo en el famosísimo Taj Mahal.
Por cierto, que en mapas, artículos, etc., muchas veces no
lo verás denominado así, tumba de Tamerlán, sino Gur-e Amir, que en persa
quiere decir La tumba del rey. Que no solo Tamerlán está ahí, sino
también hijos suyos, de manera que se considera como la cripta de la dinastía
timúrida.
Para quienes les suene el nombre de Tamerlán, pero no acaben de
situarle, pues a continuación unas breves notas. Vivió entre 1336 y 1405. Es uno
de esos guerreros que surgieron de las enormes estepas en el corazón del
continente euroasiático, de hecho, el último gran conquistador de ese origen. Y
antes de que nadie me le llame árabe, deciros que no, que es turco, o sea, otra
lengua y otra etnia, que no todos los musulmanes tienen la misma cultura.
Como
dicen en la Wikipedia, en poco más de dos décadas, conquistó ocho millones de
kilómetros cuadrados de Eurasia, cruzando desde Delhi hasta Moscú, desde la
cordillera Tian Shan del Asia Central hasta los montes Tauro de Anatolia,
conquistando y reconquistando, arrasando algunas ciudades y perdonando a otras.
En el año 1370, Tamerlán convirtió Samarcanda en su capital. Era una
ciudad que ya tenía siglos de antigüedad, y que formaba parte de la Ruta de la
Seda. En los siguientes años, hasta su muerte, fue construyendo una nueva
ciudad, a la que llevó artesanos de todo su inmenso imperio. «Samarcanda –
Encrucijada de culturas» está incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad
por la UNESCO desde 2001, y en su página web lo describe de la siguiente manera:
La ciudad histórica de Samarcanda fue una encrucijada y un crisol de culturas
del mundo entero. Fundada en el siglo VII a.C. con el nombre de Afrasyab,
alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV bajo los timúridas. Entre sus
principales monumentos destacan la mezquita y las madrazas del Registán, la
mezquita Bibi-Khanum, los conjuntos arquitectónicos de Shah i-Zinda y Gur
i-Emir, y el observatorio de Ulugh-Beg.
Tiene página en la Wikipedia tanto Samarcanda como en concreto el mausoleo Gur-e Amir, por si queréis profundizar algo más. Por echarle una
ojeada de mano de uno de tantos viajeros que recorren el mundo y nos lo cuentan,
os pongo aquí el vídeo de J. Agustín Núñez Guarde en YouTube:
Panorámica de la Alhambra, por Jebulon (2012), vía Wikimedia Commons
Ubicación:
Granada (Andalucía, España)
Fecha:
siglo XIV (palacios nazaríes)
Estilo: Arte islámico
Tipo de edificación: Palacio
fortaleza
Joya, joyita, joya, si no la conoces aún, ¿a qué esperas?
Hoy voy a hablar de una de las
joyas de la arquitectura española, sobre el que se ha escrito tanto, que no
sabía por dónde hincarle el diente.
Ha sido de siempre el monumento más
visitado de España. Al parecer, hace un par de años la superó la Sagrada Familia de Barcelona en visitantes pero, francamente (en mi humilde opinión), no hay
color.
¿En qué capítulo de la
historia del arte enmarcamos la Alhambra? En la segunda etapa del arte islámico
medieval, que iría desde finales del siglo XI hasta el siglo XVI. En esos
siglos, en el Mediterráneo occidental, se sucedieron los estilos, según quien
estuviera en el poder. De ellos he hablado aquí, tanto del arte almorávide (mezquita Kutubía de Marrakech)
como del posterior
arte almohade (la Giralda de Sevilla).
Ante todo, ha de decirse que la
Alhambra no es una sola construcción, sino que hablamos de edificios y
jardines, canalizaciones y defensas, en las alturas de la ciudad. No siguió
ningún plan preconcebido, sino que el que llegaba al poder, iba construyendo,
sin más… ¡Hasta un pegote renacentista, el Palacio de Carlos V! De esta obra de
Machuca espero poder hablar otro día. Ahora me voy a centrar en la Alhambra y
el Generalife dentro del arte islámico.
Vista de la Alhambra desde el
mirador de San Nicolás
Por Zackds (2007), CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons
Para que esto no se convierta
en monótona descripción de cada dependencia, he preferido hacer un pequeño
recorrido virtual por ciertos puntos que me parecen los más relevantes.
La primera impresión que
tienes de la Alhambra es que está arriba, en lo alto. Se le llama así, Alhambra,
«la roja» (al-Qalat al-Hamrá
significa «el castillo rojo») por el color del ladrillo que se usó para construirla.
Con lo que ya descubrimos una de las características del arte nazarí: construcción con materiales más bien pobres, como el ladrillo; la arcilla como
materia prima, en lugar de la más perdurable piedra. Es habitual la mampostería y el tapial. Los edificios nazaríes no son nada llamativos
por el exterior, lo que compensan con un interior muy (pero que muy)
ornamentado.
Las diferentes edificaciones de
la Alhambra se despliegan en una especie de cresta que yo tiendo a leer de oeste a este, o sea de izquierda a derecha, pero que en muchos mapas que encontraréis por ahí estará al revés, con el sur en la parte superior y el
norte en la inferior.
Lo primero que se percibe son
las torres y las murallas. Y es que la Alhambra es un palacio-fortaleza, es
decir, no solo residencia del poder sino también defensa militar del mismo.
Torre de la Vela, fotografiada por Sharon Mollerus en 2011 (CC BY 2.0)
En el extremo o punta occidental
estaría la Torre de la Vela, desde
la cual puedes ver toda Granada.
Inmediatamente detrás queda la
Alcazaba, donde residía la
guarnición que protegía a los reyes nazaríes. La Alcazaba, las torres y las
murallas serían las edificaciones de función defensiva que tiene la Alhambra.
Pasada la Alcazaba se alzan, a
la derecha, el palacio de Carlos V, del que ya digo que hablaré en otra
ocasión, si puedo. A la izquierda, o sea la parte norte, quedaría lo más representativo del conjunto,
dos palacios nazaríes del siglo XIV.
Quizá sea, además, lo que más
conocemos todos, las imágenes más prototípicas. Es importante tener presente que los palacios musulmanes tenían tres zonas: el mexuar (que es la parte
pública), el diwan (la oficial) y, finalmente, el harén (la privada). Y es
importante porque aquí sí que podemos verlo.
Empecemos con la parte pública.
El mexuar
es la zona administrativa, y se transformó bastante después de la conquista
cristiana a finales del siglo XV.
Seguimos con la oficial o diwan
que sería el palacio llamado Cuarto de Comares. Se corresponde con el reinado de
Yusuf I (1333-1354). Comares viene de qamariyya, que es como se llamaba a los vidrios de colores de las ventanas. Aquí tenemos, sobre las escarpaduras septentrionales, la Torre de Comares, en cuyo interior
destaca el salón del Trono. En el centro del palacio está el patio
de los Arrayanes, el más grande de toda la Alhambra.
Patio de los Arrayanes, por Tuxyso (2014) vía Wikimedia Commons
Y pasamos entonces al harén o residencia
privada, que sería lo siguiente que encontraríamos, yendo hacia el este. Es el Cuarto de los Leones, palacio que servía como residencia de invierno del soberano y toda su familia. Este
edificio se lo debemos al hijo de Yusuf I, Mohamed (o Muhammed) V (1354-1391).
Lo mismo que el de Comares, se
organiza en torno a un patio, en este caso el archiconocido Patio de los Leones, con una fuente en
medio, Más que en los torpes leones (la escultura animal no era algo en lo que destacaran precisamente) fijémonos en su simbolismo. Son doce leones, uno por cada signo
del Zodiaco. Y con la fuente conectan cuatro canales, representando cada uno
los cuatro ríos del paraíso coránico. Sería entonces una representación del Paraíso.
Patio de los Leones, por Oscarmu90 (2014), vía Wikicommons.
Pero sobretodo dejemos vagar la mirada por todo el entorno de este patio. Simplemente, espléndido.
Todo alrededor vemos la típica
columna nazarita. En el fuste,
delgadito y cilíndrico, hay anillos; en lugar de ponerle un capitel corintio,
ya demasiado visto, recurren a uno algo más creativo y novedoso: el capitel de dos cuerpos. El inferior
está decorado con una cinta, y el superior, cúbico, suele tener atauriques. Las columnas sostienen los arcos con yeserías.
Columnas del patio de los Leones, con sus fustes con anillos y sus capiteles con dos cuerpos.
Techo de la Sala de los Abencerrajes, por jvwpc (2004)
A este patio de los Leones se abren dos salas
impresionantes: la de los Abencerrajes y la de las Dos Hermanas. Ambas cuentan
con una bóveda de mocárabes, que son
de lo más hermoso del arte islámico, produciendo un efecto tan intenso que yo hasta
lo consideraría abrumador.
Bóveda de mocárabes en la Sala de las Dos Hermanas, por Jebulon (2012)
[CC
0] vía Wikimedia Commons
La Sala de los Abencerrajes tiene una impresionante bóveda de mocárabes. Ya he mencionado que los nazaríes ocultaban la humildad de los materiales de construcción con la abundancia de decoración.
Y uno de los recursos son estos mocárabes o prismas colgantes. Estas cúpulas de
mocábares se supone que simbolizan el cosmos, con la luz divina reflejada y ampliada
en cada uno de sus prismas. La diferencia entre los mocárabes occidentales y las muqarnas
del arte islámico la mencioné de pasada al comentar la Gran mezquita de Ispahán,del siglo XI, así que
tampoco me voy a repetir.
El detalle técnico de cómo se formaban estas decoraciones en yeso, aparentemente desorganizadas pero que en realidad tenían mucho cálculo detrás es bastante impresionante. Si queréis profundizar en el tema, aquí un análisis de un fragmento de una bóveda de mocárabes, en la página del patronato de la Alhambra.
Sala de las Dos Hermanas, por Javi Guerra Hernando (2009)
Enfrente a la Sala de los
Abencerrajes está la Sala de las Dos
Hermanas. Era una sala más de la residencia privada de los reyes nazaríes y
todo un ejemplo de los diversos recursos decorativos, algunos que procedían ya de otras épocas, como la sebka (red de rombos, procedente de los almohades), o la lacería (rosas geométricas que se entrelazan y se forman círculos, triángulos, etc. repitiendose indefinidamente).
Destacaría el uso decorativo del azulejo. Fijáos en esos zócalos que cubren la parte inferior del muro. De
esta técnica decorativa hablé en la entrada «Alicatado de la Alhambra».
Y claro, no puede faltar la típica decoración con escritura cúfica. Al parecer, el poema escrito en las paredes de la Sala de las Dos Hermanas empieza Jardín yo soy que la belleza adorna…
Mirador
de Lindaraja, por Leronich (2009)
Al fondo de la Sala de las Dos
Hermanas encontramos el Mirador de
Lindaraja o Daraxa, con un bello ventanal geminado que se abre a otro patio
interior, más pequeño, llamado Patio de
Lindaraja. Este jardín tan recoleto demuestra lo bien que supieron
aprovechar los desniveles de esta colina.
Junto a este patio se
encuentran unos baños que algunos consideran como de los mejores
del arte islámico.
Si la arquitectura no te dice nada (aunque me parece difícil), siempre tienes algo que recuerda todo
el que ha visitado la Alhambra: sus jardines.
No me voy a meter en el amor de la civilización islámica por el agua y los
jardines, o su relevante papel a la hora de traer y llevar
especies de un lado a otro. Gracias a los árabes llegaron a lo que hoy es España desde los cítricos y el arroz hasta la caña de azúcar
o las berenjenas.
Patio de la Alberca, en el Generalife, por Juandev (2008)
Aquí hay unos jardines
pegaditos a un palacio en ruinas, el Partal. Pero los más llamativos son los
que quedan al otro lado del cerro del Sol, en una colina vecina a la Alhambra: el palacio de verano de los
reyes nazaríes que es el Generalife.
Huertos, estanques, jardines… espléndidos y evocadores, con sus rumores, su
frescos, sus olores…
No me extraña que la Alhambra haya inspirado a tantos artistas. Es lugar común mencionar al estadounidense
Washington Irving y sus (bastante románticos) Cuentos de la
Alhambra (1832). Personalmente, prefiero una evocación musical, los Recuerdos de la Alhambra del maestro
Tárrega, pieza destacada del repertorio para guitarra clásica. Aquí, en You
Tube, una interpretación de Narciso Yepes en el Palau de la música de Barcelona.
Ya he explicado el contexto artístico de
este conjunto, pero me quedaría hacer una breve referencia al contexto
histórico, quiénes son estos nazaríes de los que estoy hablando todo el rato, que
vivieron el último esplendor del arte hispanomusulman.
Seré breve. Tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa (1212), se disolvió el imperio almohade. El territorio musulmán en la península se
dividió en pequeños reinos, llamados taifas. La taifa de Granada fue conquistada
en 1238 por los Banu Nasr y cayó en manos cristianas a principios de 1492.
Personalmente, considero que la Alhambra es un
monumento imprescindible si quieres conocer el arte islámico. Este lo encuentras en Europa, África y Asia, en multitud de países, no siempre acogedores para la turista mujer. Habrá muchos
lugares y ocasiones en los que no te sientas cómoda. Por eso, ver arte islámico
auténtico en España es una apuesta bastante segura.
La «Alhambra, el Generalife y el Albaicín de Granada» es un
lugar inscrito en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde
1984, y en su página web lo describede la siguiente manera:
Situados en dos colinas
adyacentes, el Albaicín y la Alhambra forman el núcleo medieval de Granada que
domina la ciudad moderna. En la parte este de la fortaleza y residencia real de
la Alhambra se hallan los maravillosos jardines del Generalife, casa de campo
de los emires que dominaron esta parte de España en los siglos XIII y XV. El
barrio del Albaicín conserva un rico conjunto de construcciones
hispanomusulmanas armoniosamente fusionadas con la arquitectura tradicional
andaluza.
El conjunto tiene un artículo bastante amplio en la Wikipedia; y además muchos de los elementos que lo componen tiene artículo propio, como se puede ver en la
Categoría: Alhambra: Generalife, Palacios nazaríes, Patio de
los Arrayanes, Patio de los Leones, Sala de los Reyes (Alhambra), Torres
Bermejas… y así hasta 54 artículos relacionados.
Por si queréis echarle una ojeada un
poco más en profundidad, aquí os dejo un documental de casi una hora sobre la
Alhambra.
Pero vamos, que en You Tube puedes
encontrar vídeos sobre la Alhambra hasta hartarte. Uno de los más recientes es
el de un yutubero al que sigo, El auriga del Arte, de este mismo verano de 2020, que hizo con motivo de la reapertura de estas instalaciones. Es bastante breve, un cuartito de hora.
Y por si quieres visitarlo,
este es el enlace a la página web de la Alhambra y el Generalife.
Lugar
actual: Museo Arqueológico Nacional, Madrid (España)
Época:
Edad Media
Un rico símbolo de
poder
En el siglo XIII se puso el gran salto adelante en la Reconquista peninsular, pudiendo
ponerse el punto y aparte con la toma de Cádiz, en 1262, reinando Alfonso X el
Sabio.
Entonces las fronteras se estabilizaron. Lo que quedaba en la
parte musulmana era el reino nazarita de
Granada, que se extendía aproximadamente por las actuales provincias de
Granada, Málaga y Almería. Sobrevivió gracias a que se constituyó en vasallo de
Castilla, pagando tributo.
Este objeto es producto de esa refinada cultura islámica
tardomedieval. Es un jarrón tipo
Alhambra que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, que ya he dicho
cien veces que es uno de mis museos favoritos. Es grandote, 134 centímetros de
alto y con un diámetro de 65 centímetros.
Si nos fijamos, tiene una base muy estrecha, motivo por el
cual se le suele colocar sobre un soporte, luego tiene una panza abombada y un
cuello estrecho que se alarga hasta un gollete vuelto. Tenía dos asas tipo aleta, una de ellas rota
actualmente.
Lo decoran bandas verticales, alternando las azules de
cobalto con las doradas, con motivos geométricos y también decoración de tipo
vegetal que llaman ataurique. Su
vidriado se parece al jarrón de las gacelas que se conserva en Granada. Esa decoración
es vertical, frente a las franjas horizontales de los otros jarrones de la
Alhambra conocidos.
En las alas la decoración es nuevamente ataurique y sebka (retícula oblicua) en azul y dorado sobre fondo blanco.
Ya sabemos que en el arte islámico, al no aprobarse la
representación humana, se tiraba mucho de motivos geométricos y vegetales, y
también las propias letras árabes, que con sus sinuosidades resultaban
particularmente elegantes. Y aquí encontramos también un ejemplo de adorno en escritura cúfica, en el arranque del
cuello.
Según leo en la página del Ministerio de Cultura, dice así,
en traducción de Eduardo de Saavedra:
Toda fuente brota pareciendo la más perfecta corriente
y acrece benignidad abundante y excelentes dichas.
Y afirma el recuerdo de la felicidad y de la pobreza
que desvaneció mañana y tarde la fortuna del tiempo.
Este tipo de jarrones se conocen como «Jarrones de la Alhambra»,
desde que llamaron la atención de los coleccionistas de la Edad Moderna. No
significa que se crearan para ese palacio granadino, ni siquiera que se
elaboraran allí; en realidad el taller principal de la loza dorada nazarí estaba en Málaga. Data de mediados del siglo XIV.
Se elaboró en arcilla y vidrio. Primero se torneaba y
modelado y después se vidriaba y se cocía. Llevaba, al parecer, tres cocciones
(cochuras que se dice en alfarería):
las dos primeras para fijar la decoración («bizacochado» y vidriado) y la
última para que quedaran esos reflejos dorados. Leo en la Wikipedia que el
color dorado se consigue aplicando una solución de cobre y plata a la
decoración.
¿Para que servía? Pues se consideró durante mucho tiempo
que eran meramente ornamentales, objetos de lujo que daban tronío a una estancia y que el rey de Granada regalaba a otros poderosos. En el año 2006-2007 se celebró
una exposición en el palacio de Carlos V en Granada, titulada «Los Jarrones de
la Alhambra. Simbología y poder», que consiguió que se reunieran por primera
vez estos jarrones, desperdigados en diversas colecciones. Con motivo de la
misma, se estudió el tema y alguien llegó a la conclusión de que en realidad se
podía usar como filtro de agua, porque la base estaba sin vidriar.
Este en concreto lo hallaron en un campo de la localidad jienense de Hornos, en la comarca de la Sierra
de Segura. Lo llevaron a la iglesia de la Asunción, donde lo usaron, incrustado en el suelo, como sostén de un pila
de agua bendita.
Son un producto lujoso, muy ansiado por los coleccionistas,
lo que ha dado lugar a un gran mercado de réplicas. En sí, el número de
jarrones de la Alhambra que se conservan más o menos enteros son, al parecer,
ocho, que están perfectamente localizados.
Toda la cerámica islámica influyó en las artesanías
populares de los países mediterráneos, como Portugal, España o Italia. La
excepcional calidad y virtuosismo de los artesanos islámicos justifican que se
imitara en formas más básicas en estos países.
A continuación os enumero los otros jarrones que se
conservan, más de uno ligadao al pintor Fortuny, un auténtico fan de este tipo
de objetos.
1. Jarrón
de las gacelas, que se encuentra en el Museo de la Alhambra, en Granada,
auténtica obra maestra de la cerámica andalusí. Tiene una preciosa decoración
que le da el nombre: dos gacelas enfrentadas, en
blanco y dorado en uno de los frentes, y azul en el otro.
2.Jarrón
Simonetti o Fortuny-Simonetti, también en el Museo de la Alhambra (Granada), que es uno
de los que perteneció al pintor Fortuny.
Vaso de Fortuny que se conserva en el Museo del Ermitage de San Petersburgo
3.Jarrón
del Ermitage, de Fortuny o del Salar, otro de los que fuera propiedad del
pintor y que ha acabado en San Petersburgo. Es uno de los que se conserva
íntegro, y nos sirve para comprender la forma que debió tener el jarrón de Hornos al que dedico esta entrada.
4.Jarrón
de Osma, nazarí o del Instituto de Valencia de don Juan, Madrid.
5.Alhambravasen o Jarrón del Nationalmuseum
de Estocolmo o de la Alhambra. Tiene una historia de lo más aventurera. Estaba en Chipre en el siglo XVI, donde se veneraba como reliquia: se consideraba que era una de las jarras
de agua que Cristo trasformó en vino en las bodas de Caná, por lo que a veces la llaman «La tinaja de Caná». Cuando los turcos tomaron la isla en 1571, lo llevaron a Estambul. Allí lo compró el embajador del
emperador y se lo envió a su señor, Rodolfo II, en su corte de Praga. Pero los suecos saquearon la capital imperial en 1648, en el marco de la guerra de los Treinta Años, lo cogieron como botín de guerra y de esa forma pasó a las colecciones de los
reyes de Suecia. Toda esta peripecia dejó huella en el objeto, pues le fueron
haciendo añadidos a lo largo de los siglos: un dragón de bronce en la parte
alta, un soporte, una base de granito y una guirnalda de flores.
6.Jarrón
del Museo Nacional de Palermo(Palazzo Abatellis) es el otro que está completo,
con sus dos alas.
7.Jarrón
de Jerez, o de la Cartuja de Jerez, que está también en el M.A.N. de Madrid.
Luego hay otros restos desperdigados por esos mundos de
Dios; por ejemplo, al otro lado del charco tenemos un gollete en la Hispanic Society de Nueva York y un jarrón
en la Freer Gallery of Art de Washington D.C.
Cuando no representas
personas, siempre puedes jugar con las formas y los colores
El siglo XIII fue el del gran salto adelante en la
Reconquista. Después de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), se conquistó
gran parte de Andalucía. Es el siglo en el que los aragoneses se hicieron con
las Baleares y el reino de Valencia. Incluso fueron más allá, y tomaron Sicilia
a los gabachos, aunque eso es otra historia.
En la península Ibérica, el territorio islámico quedó
reducido, prácticamente, al reino nazarí de Granada. Hubo otros pequeños reinos
taifas que fueron cayendo inexorablemente en manos cristianas. Pero al arte
islámico de esta época en la península Ibérica se le llama, así, en términos
generales, arte nazarí.
Aún conservamos esa joya del arte islámico que es la
Alhambra. Si tengo oportunidad, ya hablaré un poco más extensamente de este
palacio, o conjunto de palacios y edificaciones. Hoy me voy a fijar solo en un
detallito: la decoración.
El alicatado o los azulejos. Alicatar es, simplemente,
revestir algo con azulejos. Y, ¿qué es un azulejo? La palabra viene del árabe
hispánico azzuláyǧ[a], leo en el DRAE,
lo que ya te pone de manifiesto su origen. Lo definen como «ladrillo vidriado,
de varios colores, usado para revestir paredes, suelos, etc., o para decorar».
El hecho de que no se puedan representar personas no impide
que el arte islámico recurra a decoraciones diversas, más o menos abstractas:
la propia caligrafía (escritura cúfica), elementos vegetales y pautas
geométricas. En ausencia, prácticamente, de escultura o pintura, lo que se hizo
en el arte islámico es desarrollar extraordinariamente las artes menores,
figurativas y aplicadas como un elemento decorativo.
De ahí que se desarrollara la cerámica, en particular esta
que adornaban paredes, suelos y techos. Los alicatados, en
principio, recubrían las partes bajas o zócalos. Más tarde se extendió el
azulejo por toda superficie que les pareciera susceptible de esta decoración.
Este arte islámico pasó a la artesanía popular,
singularmente en España y Portugal.
Aquí vemos un alicatado formado por cerámica esmaltada. Son
pequeñas piezas, a las que se llama aliceres,
y que tiene distintas formas y colores de manera que, combinándolas, formas
llamativos patrones.
Alicer o alizar es
otra de esas palabras de origen árabe que tenemos en nuestro idioma. Procede
del árabe hispano aliḥṣár, y este del
árabe clásico iḥṣār. Es una «cinta o
friso de azulejos de diferentes labores en la parte inferior de las paredes de
los aposentos», así como «cada uno de los azulejos de un alizar».
Este tipo de decoración estaba muy pensada, trazada con
regla y compás, de manera ciertamente compleja. Aquí os pongo un ejemplo, con el
museo de Granada.
Como
siempre, salvo otra indicación, las imágenes proceden de Wikimedia Commons.