jueves, 25 de febrero de 2021

#49 Gil de Siloé: Retablo de la cartuja de Miraflores

 

Foto de Turol Jones (2009)
CC BY-SA 2.0
Vía Wikimedia Commons


 

Ubicación: cartuja de Miraflores (Burgos)

Fecha: 1496-99

Época: Arte gótico

Autor: Gil de Siloé

 



 

Gil de Siloé, el más espléndido escultor isabelino

 

Mientras en Italia se desarrollaba la escultura renacentista, en España se seguía con modelos góticos, que desplegaron gran esplendor y riqueza en época de los Reyes Católicos.

Estamos ya a finales del siglo XV, época isabelina, pues reinaba ya Isabel la Católica. De hecho, fue ella la que encargó al escultor Gil de Siloé, que tenía un espléndido taller en la rica ciudad de Burgos, la construcción de un sepulcro para sus padres, Juan II e Isabel de Portugal, así como para su hermano, el infante Don Alfonso. Esto fue allá por los años 80 del siglo XV. 

Pero hoy voy a hablar de algo que queda detrás de este sepulcro real, el retablo tallado en madera, policromado y dorado, en el altar mayor de la cartuja. Un retablo es lo que veis, una talla en madera enorme dividida en campos y calles, con profusión de figuras y escenas, todo pintado y dorado.

Esto de los retablos es como una cosa muy española, y a finales del siglo XV hicieron un montón de ellos, cada vez más grandes, para dar esa imagen omnipresente para el parroquiano.  Impresiona, marea un poco, pero distrae la mirada, escudriñando cada rincón y viendo cositas diversas.

Quien compuso el retablo, o sea, tuvo la idea general y lo talló, con ayuda de su taller, fue Gil de Siloé, y el policromado y el dorado corrió a cargo de Diego de la Cruz. Como ya estamos en la última década del siglo y, por lo tanto, ya estaba descubierta América, se dice que el oro de este retablo procedía de los primeros envíos del continente americano. A saber.

He leído que la técnica empleada por Diego de la Cruz para la policromía era bastante sofisticada, se llamaba brocado aplicado y que consiste, al parecer, y según la Wikipedia, en añadir una filigrana que se ha labrado por separado a los ropajes y las hornacinas.

La impresión general es muy abigarrada, que todo está lleno, y nos puede parece confuso. Lo cierto es que tiene su orden, es una composición bastante pensada que hay que ir descubriendo por partes. Por cierto que se considera inspirado por los modelos alemanes.



En el centro hay un círculo grande, con Jesucristo crucificado. A un lado la Virgen y al otro San Juan.

En torno suyo, cuatro círculos más pequeños con escenas de la Pasión.





 


La última cena

 



El prendimiento



El descendimiento de la cruz

Arriba hay un pelícano, símbolo del sacrificio eucarístico, pues se creía que el pelícano alimentaba a su descendencia con su propia sangre.

Fuera de la rueda, se ve a Dios Padre a la izquierda y al Espíritu Santo, a la derecha, aguantando el travesaño de la cruz.

En otros círculos que quedan fuera se distingue a los Evangelistas.

En la parte inferior se representa la Anunciación y el Nacimiento.



En los lados, las estatuas orantes y los escudos de armas de los reyes enterrados en la capilla, Juan II e Isabel de Portugal. Leones rampantes sostienen el escudo de castilla, y dos ángeles el de Portugal.

En el rectángulo inferior se ven figuras de gran tamaño que representan a diversos santos, como Catalina de Alejandría o Santiago el Mayor.

Hay un curioso mecanismo rotatorio en la parte que queda encima del tabernáculo. Según el momento del año, presenta una escena diferente. En total, son seis.

El estilo es de gran originalidad. La talla es excelente, no en vano una de las cosas que más se dicen de Gil de Siloé es que tenía una gran maestría técnica. También era virtuoso en el labrar piedra y alabastro, como demuestran los espléndidos sepulcros de los reyes en la Cartuja.

Unía una gran fantasía al realismo en la representación de las figuras.

Hay que enmarcar esta obra dentro de ese estilo gótico isabelino tan peculiar de España que mezclaba las formas góticas con influencias mudéjares y flamencas.

Os preguntaréis quién era este Gil de Siloé. Y mucha otra gente, también le gustaría saberlo. Desde luego, es una de las máximas figuras de la escultura hispánica, y por lo tanto, de toda Europa, en este momento histórico. Ahora, no se sabe de dónde venía, parece que tiene un origen nórdico, pero no se aclaran si vino de Amberes, o de Orleans, si era alemán de Núremberg o qué.

Nació en torno a 1440-50, tenía un gran taller en Burgos, donde trabaja entre 1483 y 1500 y debió morir más o menos en el cambio de siglo. Tuvo una vida más bien acomodado porque era el escultor del momento. Sus obras más importantes son estas de la Cartuja de Miraflores, no solo el retablo, sino también los sepulcros reales.

 


Sepulcro de Alfonso de Castilla (1492). este era hermano de Isabel la Católica, y si no hubiera muerto a los 14 años, pues el rey habría sido él y la historia de España habría sido posiblemente distinta.



Sepulcro de don Juan II y doña Isabel de Portugal (1493). Estos que veis aquí, en su original sepulcro en forma de estrella, son los papás de Isabel la Católica. El alabastro parece labrado como si fuera cera.

Burgos es una de esas ciudades de la España interior que siempre merece una visita de fin de semana. Pero no os quedéis solo en la catedral gótica o el Museo de la Evolución Humana. No seáis vagos y cruzad el río Arlanzón y acercaos hasta la Cartuja de Miraflores. Es Bien de Interés Cultural desde 1923 y forma parte del Patrimonio de la Humanidad, como extensión de «Caminos de Santiago de Compostela: Camino Francés y Caminos del Norte de España».

Puede que aún tardemos un poco en salir al extranjero, pero cuando podamos salir entre provincias o comunidades, podemos gozar del turismo interior descubriendo estas joyitas patrias.

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