domingo, 14 de febrero de 2021

Día #33

  


San Valentín, día de los enamorados. Celebremos que seguimos vivos y juntos.

 

«Caballé sings Bellini & Donizetti» © 1993, BMG Music, pero las grabaciones son de épocas anteriores, una voz con timbre precioso que cantaba con precisión y unos pianísimos asombrosos.


A veces, cuando camino cerca de casa, veo 👉 


No sé quien le habrá pintado el corazón como un globo, pero me hace sonreír cuando lo veo y eso siempre es de agradecer.

sábado, 13 de febrero de 2021

Autorretratos de Durero

 

Alberto Durero (1471-1528) fue un excelente retratista. A su magnífica técnica une la penetración psicológica del personaje retratado. Sus numerosos autorretratos son estupendos ejemplos de su inmenso talento. El otro día hablé del que se expone en El Prado. Hoy traigo otros.

Como fue un dibujante increíble, más de uno va con esta técnica.


Autorretrato a los trece años (1484). A punta de plata, 27,5 x 19,6 cm, Albertina (Viena). En esta época, era aprendiz en la joyería de su padre. Alucina tanto talento en alguien tan joven.


Autorretrato a los veinte años (1491-92) Biblioteca de la universidad de Erlangen-Núremberg. El aire melancólico del pintor nos recuerda que, al parecer, Durero padeció esta odiosa enfermedad de la depresión a lo largo de su vida.

Autorretrato con flor de cardo o flor de eringe (1493). Óleo sobre vitela (pergamino) pegado a una tela, 56,5 cm × 44,5 cm, Museo del Louvre. Aquí lo vemos joven, aún lampiño. Era la época de su noviazgo, y la eringe o cardo corredor representaba la fidelidad. Tendría 22 años de edad. 


Autorretrato con estudios de una mano y de una almohada (1493), pluma y tinta sobre papel, 28 cm × 20 cm, col. Lehman (MMoA, Nueva York). Cualquier sitio es bueno para retratarse, incluida una hoja en la que trazó una mano y de una almohada.

Cronológicamente iría aquí el Autorretrato con guantes del Museo de El Prado, del que hablé el otro día.


Autorretrato con pelliza, a la manera de Cristo (1500). Óleo sobre tabla, 67 cm × 49 cm, Alte Pinakothek (Múnich). Dos años después de ejecutar el autorretrato del que hablé ayer, se representó a sí mismo totalmente imitando a Jesucristo, con las melenas sueltas, mirada frontal, expresión serena, al aproximarse a los 30 años de edad.

 Luego a Durero le dio por pintarse pero no en un retrato aislado, sino por colarse en sus grandes composiciones religiosas. 


Autorretrato en La fiesta del rosario (1506), Galería Nacional de Praga. Aquí lo vemos, en una esquinita, con un cartelito o papel en el que pone su conocida firma, su fecha y nos cuenta que tardó cinco meses en hacer el cuadro.

 

Autorretrato con Conrad Celtis, detalle de El martirio de los Diez Mil (1508), óleo sobre tabla transferido a lienzo. Museo Kunsthistorische, Viena. En un rincón de este cuadro de temática religiosa, Durero se pintó a sí mismo con un amigo, el humanista y poeta Conrad Celtis.

 

Autorretrato desnudo (h. 1509), pluma y pincel, tinta negra con plomo blanco sobre papel preparado verde, 29 cm × 15 cm, Weimar, Schlossmuseum. Si los autorretratos no eran abundantes, los desnudos ya ni te cuento.

 


En una esquinita de La adoración de la Trinidad (1511) se autorretrató, de nuevo con un cartelito afirmando que él era el autor, le pone la fecha y firma con su conocido monograma, ese con una D debajo de una A que parece una puerta. Esta obra se encuentra en el Museo Kunsthistorisches de Viena.

 

Autorretrato, enfermo (1521), pluma, tinta marrón de la India y acuarela sobre papel, 12,7 cm × 11,7 mm, Kunsthalle Bremen. Si os acordáis, Durero marchó a Flandes en la época en que fue coronado emperador Carlos V. Allí enfermó. Le mandó una carta a su médico con este dibujo, en el que le indica lo que tenía mal, marcado con un círculo. Diagnóstico a distancia, ¿es que creéis que el teletrabajo se ha inventado ahora...? Se ha identificado con esplenomegalia. Esta afectación del bazo, y el cuadro clínico que presentaba han hecho pensar en que pudo contraer la malaria en este viaje.

Autorretrato como varón de dolores (1522). Dibujo con lápiz de plomo sobre papel preparado verde azulado, 408 mm × 290 mm, Kunsthalle Bremen (Alemania). 51 años, si he contado bien, tenía en este momento. Moriría seis años después.

Seguro que me olvido alguno más, pero yo creo que con esto nos hacemos una cabal idea del talento de Durero como retratista y (auto)rretratista.

Otro día os presento las obras suyas más conocidas.

Día #32

 



 

Sigo leyendo a Jane Austen, y me pongo la banda sonora que Patrick Doyle compuso para el film de Ang Lee Sentido y sensibilidad (1995).

viernes, 12 de febrero de 2021

Día #31

 



 

«Tutto Pavarotti», doble álbum de Luciano Pavarotti (1990), con canciones italianas y arias de ópera. 


Fue un auténtico éxito en todo el mundo, pero particularmente en España, donde alcanzó el disco de platino, después de vender más de un 1.200.000 discos. 


En casa de mis padres había uno, así que me resulta agridulce escucharlo ahora.

jueves, 11 de febrero de 2021

Día #30

  

Kathleen Ferrier: «Amor y vida de mujer», de Robert Schumann, Op. 42 (1840). O, en tedesco, Frauen-Liebe und Leben, sobre los poemas del mismo título de Adelbert von Chamisso.

#32 Alberto Durero: Autorretrato con guantes (El Prado)

 

 



 

 

Fecha: 1498

Estilo: Arte renacentista

Autor: Alberto Durero

Técnica: óleo sobre tabla

Ubicación: Museo del Prado (Madrid, España)

 

 

Uno dado a los selfies, encantado de conocerse y de que tú lo conozcas

 

Suelo decir yo aquello que en todas las guerras hay saqueos, y las obras de arte son uno de los botines más preciados. Las revoluciones políticas con sus guerras civiles no son menos efectivas a la hora de mover el arte de un sitio a otro.

Un siglo antes de que los franceses cortaran la cabeza a su rey, los ingleses hicieron lo mismo con Carlos I, decapitado el 30 de enero de 1649. El intransigente gobierno de la república no apreciaba demasiado las bellas artes. Recordemos que la dictadura de Cromwell fue un período de integrismo religioso en el que, por ejemplo, se prohibió el teatro por considerar que era un instrumento del diablo. Tras el esplendor del teatro isabelino y jacobino, vinieron dos décadas sin teatro en Gran Bretaña, entre 1642 y 1660.

La colección de pinturas de los Estuardo se vendió en lo que se conoció como Almoneda de la Commonwealth, que tuvo lugar entre 1649 y 1654. Entre las pinturas subastadas estaban esta tabla, que el ayuntamiento de Núremberg había regalado, junto a un retrato del padre de Durero, al rey Carlos I en el año 1636.

La compró David Murray y este la vendió al embajador español en Inglaterra, Alonso de Cárdenas, para don Luis de Haro, marqués de Carpio y ministro de Felipe IV. Este último se lo regaló después al rey en 1654, estando catalogada en el antiguo alcázar de los Austrias en el año 1686, según leo en la página web del Museo del Prado.

Así fue como este Autorretrato de Durero llegó a las espléndidas colecciones reales españolas y, de ahí, al Museo del Prado en 1827, en tiempos del rey felón.

Las dimensiones de este óleo sobre tabla son 52 x 41 cm, o sea, es más bien de tamaño pequeño.

Ya le veis al jacho, vestido como un gentilhombre, rubiales cual surfero y algo despechugado. Donde hay, que se vea.

Es un cuadro que sigue modelos italianos, con esa presentación tres cuartos, ligero escorzo, e inserto en una arquitectura: se apoya en una barandilla y se ve un paisaje a través de la ventana. El modelo, él mismo, está en primer plano, mirando fijamente al espectador. Reparemos un poco en su expresión, en sus ojos, y veamos lo que dice la página web del Museo del Prado:

«…el contraste entre el carácter sensual de sus facciones y su mirada fría y penetrante»

¿No me digáis que no lo imaginas como un héroe romántico, de cabeza fría y corazón caliente?

Viste con distinción, lleva un jubón en blanco y negro que se abre para que podamos verle la camisa blanca bordada en oro. Encima, una capa colocada así como quien no quiere la cosa sobre un hombro y sujeta con un cordón. Sobre la cabeza lleva una gorra con borla. Cubre sus manos con guantes, algo propio de una clase superior y no un mero artesano que se gana la vida con ellas.

Bajo la ventana, Durero se reivindica, pues deja escrito, en alemán: 1498, lo pinté según mi figura. Tenía yo veintiséis años Albrecht Dürer.



Y, debajo, la archiconocida firma: una D bajo una A que parece una puerta. Esa inscripción nos permite datar la obra en un año que fue muy importante en su carrera: publicó su serie de grabados al boj dedicada al Apocalipsis.

El sentido de esta obra es reivindicarse como artista. Se presenta como un individuo de rango superior, cultivador de un arte liberal, no un mero artesano. En su segundo viaje a Venecia, le escribió a su amigo Pirckheimer (quien, por cierto, le había pagado la gira), que allí le recibían como artista famoso: 

«Aquí soy un señor; en mi tierra, un parásito».

Durero fue el primer pintor occidental que se retrató una y otra vez a lo largo de su vida, lo que permite seguir su evolución, como persona y como artista. Otro día os pondré ejemplos.

Estilo

Durero se enmarca en el Renacimiento. El humanismo italiano se extendió por el resto de Europa en torno al cambio de siglo (del XIV al XV). Realmente, salvo en España, nunca llegó a tener la misma amplitud e incidencia que en la península italiana. Tuvo más éxito la pintura que otras artes, que siguieron con sus modelos góticos.

En Durero confluyen las tres tendencias estéticas del momento

1 Del Norte de los Alpes trae el expresionismo gótico, intenso, patético y violento.

2 De los flamencos tomará su habilidad con el óleo y la fiel representación de la realidad y sus minucias con detalles como el plegado de las telas que se puede ver en algunas obras tardías. 

3 De los italianos, el color, el arte, y el racionalismo de la técnica, la reflexión mental sobre la obra pictórica.

El autor: Alberto Durero

Estamos ante uno de los más grandes maestros de la Pintura occidental, maravilloso dibujante y grabador sin igual. El más grande pintor, a mi juicio, al norte de los Alpes. “La figura capital del arte alemán”, leo en un antiguo libro de arte; “hombre de múltiples conocimientos e inquietudes”, en otro lado.

Alberto Durero (Albrecht Dürer en alemán) nació en Núremberg el 21 de mayo de 1471. Era hijo de un orfebre de origen húngaro, de ahí que algunos quieran ver algo oriental o tártaro o mongol en sus facciones. Su formación primera fue en el taller de su padre.

Pronto estudió dibujo, pintura y grabado con Wolgemut. Impresionan los dibujos que hizo durante su adolescencia, ¿cómo es posible tantísimo arte en alguien tan joven?

Durero fue un pintor viajero, que completó su formación allá donde iba. De su juventud, cabe resaltar el viaje por la zona renana (1489-93): Colmar, Basilea y Estrasburgo, estudiando en esta última localidad los grabados de M. Schongauer.

Tuvo que interrumpir su gira europea para volver a Núremberg, donde lo casaron con Agnes Frey el 7 de julio de 1494. No tuvieron hijos y no parece que fuera un matrimonio muy feliz. En sus cartas a colegas la llamaba «cuervo viejo» y otras cosillas nada agradables. Tampoco su amigo Pirckheimer ocultaba su antipatía por esta mujer.

La cosa es que fue casarse y salir por patas hacia Italia, en concreto Venecia. Durero cruzó los Alpes por vez primera, lo que le hizo descubrir un paisaje, una flora y una fauna que pintó obsesivamente, con su ojo de naturalista. Este viaje a Venecia (1494-1495) le puso en contacto con la escuela veneciana, en particular con la obra del espléndido retratista que fue Giovanni Bellini, prodigio de técnica y penetración psicológica. Si no he puesto nada de Bellini es porque resumir toda la historia de la pintura en solo cien obras me está resultando muy difícil.

Luego volvió a Núremberg, no queda otra. Allí se asentó, realizando muchas de sus obras maestras. Pero no creáis que aseló del todo, no. Diez años después lo vemos de nuevo de viaje por Italia (1505-1507): Venecia y, tal vez, Roma.

A partir del año 1515 estuvo al servicio del emperador Maximiliano I, para quien creó una auténtica imagen de marca, con sus ilustraciones o imágenes a través de las cuales se quería presentar el imperio. Como las pelas no daban para mucho, más que construcciones grandiosas, lo que creó Dureero para él fueron imágenes que se distribuyeron impresas. Yo destacaría el retrato que le hizo al emperador.


Retrato del emperador Maximiliano I de Habsburgo (1519) óleo 74 x 61,5 cm, Kunsthistorisches Museum, Viena

Si os fijáis, tiene en su mano una granada, símbolo de la unión de las dos ramas Habsburgo, los de España y los de Austria. En 1519 ya habían muerto los Reyes Católicos y reinaba en España Juana I, viuda de Felipe, el hijo de Maximiliano. Junto a ella reinó su hijo Carlos, nieto, pues, del señor aquí retratado.

Cuando el emperador murió en el año 1519, Durero quiso obtener comisiones del nuevo emperador, Carlos V o, al menos, que le confirmase lo que Maximiliano le había concedido. ¿Qué hizo Durero? Pues coger las maletas y encaminarse a los Países Bajos, donde estuvo en 1520-21; es un viaje bastante bien documentado. Conoció artistas, a Erasmo de Róterdam y al propio Carlos V, a cuya coronación en Aquisgrán acudió.

Gozó de una inmensa fama en vida, y también a lo largo de los siglos venideros. Sus cuadros y dibujos fueron muy apreciados. Posiblemente sea el mejor grabador de la historia, que cultivó tanto la xilografía (talla en madera) como los grabados calcográficos (sobre cobre). Gracias a estas técnicas, sus imágenes se difundieron por toda Europa y, en este sentido, fue uno de los primeros artistas cuyo renombre traspasó fronteras.

Al final de su vida, escribió obras teóricas: «Cuatro libros acerca de la proporción humana» (1528), «Instrucciones sobre la manera de medir con el compás y la escuadra en las líneas, los planos y los cuerpos sólidos» (1525) o «La teoría de la fortificación de las ciudades, los castillos y los burgos» (1528)

A su ingente obra perdurable ha de sumarse aquellas ocasiones en que hizo arquitecturas y ornamentos efímeros con motivos de fiestas y tal, algo al parecer ineludible para los artistas al servicio del poder.

Murió en Núremberg el 6 de abril de 1528.

Como admiro muchísimo la obra de Durero, ya seguiré contando cosas suyas.

Solo una curiosidad os digo, que de este Autorretrato hay un click de Playmobil, que se venden tanto en El Prado como en Núremberg. Y por lo visto es superventas, dicen en la wikipedia.

¿Adivináis quien tiene una en casa...?



Más de Durero:


miércoles, 10 de febrero de 2021

Día #29

 


Concierto para violín n.º 3 de Mozart, K 216. «Strassburger-Konzert»

12 de septiembre de 1775 (19 años)

 

Un encanto. Muy adecuado de fondo en mi relectura de «Sense and sensibility» de Jane Austen.