domingo, 20 de febrero de 2022

#13 El barbero de Sevilla

 

Grand Opera de Florida (2015)



 


 

Il barbiere di Siviglia

 

Estreno: Roma, 20 de febrero de 1816

Compositor: Gioacchino Rossini

Libretista: C. Sterbini, basado en la obra teatral de Beaumarchais

Género: ópera bufa

 

Tal día como hoy, del año 1816, el año sin verano, se estrenó en el Teatro di Torre Argentina de Roma, esta ópera bufa que es una de las cumbres del género

Aunque no seas aficionado a la ópera, seguro que muchas piezas de esta obra te suenan, como la obertura o el «Largo al factótum».

Rossini fue un tipo genial, agradable, simpático y con talento de sobra, que supo hacerse rico con la ópera y llegó un momento en que se dedicó a vivir la vida.

Sus dos obras cumbres en el género de la ópera bufa fueron La cenicienta (La cenerentola, 1817), de la que ya he hablado aquí y este Barbero de Sevilla.

Por si alguien no sabe de qué va, le resumo la comedia. El conde de Almaviva está enamorado de Rosina, y ella de él, aunque no sabe que es aristócrata, sino que lo conoce con el nombre de Lindoro. Bartolo, guardián de Rosina, quiere casarse con ella por la dote y la tiene encerrada en casa con mil cerrojos.

Pero no hay ingenio como el de los enamorados (de ahí el primer título con el que se conoció la obra, Almaviva, ossia l’inutile precauzione). Consigue superar los obstáculos con engaños diversos, ingeniados por Fígaro, el antiguo criado del conde de Almaviva.

Es de esas óperas que merece la pena ver representada. Como Las bodas de Fígaro de Mozart, se basa en una obra teatral preexistente, de Beaumarchais. Por cierto que es uno de esos casos en los que el remake o «cover» es más representado que el original.

El tener una base teatral permite un ritmo y un sentido dramático que no siempre se logra en la ópera, un libreto de calidad. Así, disfrutas de la comedia de enredo casi tanto como de la música.

Claro, esto exige unos cantantes que no solo sepan cantar, y cantar bien en estilo belcantista, sino también que tengan vis cómica, algo que no está al alcance de todos.

Lo del «estilo belcantista» tiene su aquel. No sirven aquí los alardes de bravura en plan «mira qué vozarrón tengo». No, esto se interpreta más bien con agilidades vocales, a veces parecen como pajaritos, puntuando mucho los sonidos, con un fraseo ligero y ágil, rapidez, gracia y encanto. No todos lo tienen.

Suele decirse que Rossini es el eslabón entre el siglo XVIII y el XIX. La influencia de Mozart y Haydn (a Rossini le llegaron a apodar il tedeschino, el «alemanito») se nota sobre todo en la altura que alcanza en la parte orquestal, muy superior a la de los otros compositores italianos del XIX.

El barbero … no desmerece junto a Las bodas… de Mozart. Lo que más noto yo es el cambio de los personajes. Fígaro puede ser más o menos el mismo tipo ingenioso, aquí al servicio del Conde, en la obra de Mozart luchando contra él a ver si consigue su final feliz. Resulta más difícil asumir el deterioro de la pareja Almaviva-Rosina por el paso del tiempo. Que estos enamorados acaben compartiendo un matrimonio infeliz en el que se ponen los cuernos.

Esta ópera, como muchas otras, las compuso Rossini rapidito, reutilizando cosas de otras obras suyas. Parece mentira, pero la primera representación fue un fracaso, pero ya la segunda, un éxito. Fue de las primeras en representarse en los EE. UU., por ejemplo, tan pronto como en el año 1825. 

¿Qué números destacan? La obertura, desde luego; la cavatina «Largo al factótum» que canta Fígaro prácticamente al principio; la cavatina «Una voce poco fa» con la cabaletta «Io sono docile» que sirve de presentación a Rosina, diciendo algo parecido a aquello de cuando soy buena, soy muy buena, pero si me buscas las cosquillas, me encuentras; y también «La calunnia è un venticello» que canta Basilio, el maestro de música.

Una obra tan famosa tiene infinidad de grabaciones. Depende un poco de qué tipo de Rosina o de Fígaro quiera uno, porque aquí evidentemente la parte del león se la llevan la mezzo y el barítono. Si tuviera que elegir una de las mejores, sería la de Alceo Galliera de 1957, con el coro y la orquesta Philharmonia, para la EMI. Eran sus intérpretes Tito Gobbi (Fígaro), Luigi Alva (Il Conte Almaviva), Maria Callas (Rosina), Fritz Ollendorf (Dr. Bartolo), Nicola Zaccaria (Don Basilio), Gabriella Carturan (Berta) y Mario Carlin (Fiorello).

 Ahora, con todo lo que me gusta la Callas, admito que muchas veces me parece que está cabreada con el mundo, le echa más drama que chispa. Si te apetece una Rosina con más salero y elegancia, y una tesitura más ajustada, yo escogería a Teresa Berganza, en la grabación de Claudio Abbado del año 1971, con el coro de ópera Ambrosian Singers y la orquesta sinfónica de Londres, para Deutsche Grammophon. Además de la Berganza, los personajes principales los interepretaron Hermann Prey (Fígaro), y de nuevo Luigi Alva como Almaviva (fue el máximo intérprete de este papel durante décadas, es obvio).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol

Aquí tenéis una representación con subtítulos en español del canal del INBAL mejicano, con la orquesta y el coro del Teatro de Bellas Artes. ¡Gracias por compartir!

 

¡Ah, sí, bueno, una cosa…! Mira, como Las bodas de Fígaro, se supone que se desarrolla en Sevilla. Obvio, de ahí el título. Pero vamos, podéis olvidar cualquier toque local, en la música.

Claro, Ramón Gener le dedicó uno de los episodios de This is Opera! El os puede explicar mucho mejor que yo las cosas fabulosas de esta ópera. La recomienda con frases así...

Para todos los que os gusta vivir, y vivir bien, reír y hacer reír,... que en esta vida lo más importante es el sentido del humor, esta es vuestra ópera... La ópera más alegre y divertida, es una mezcla entre vodevil y comedia musical... es una de las óperas más representadas en el mundo entero,... Rossini puso en todas sus óperas cómicas su espíritu jovial, alegre y divertido pero sus óperas fueron un éxito no por ese espíritu sino sobre todo por su música.

jueves, 10 de febrero de 2022

#28 Los cuentos de Hoffmann

 

jjsala, ensayo en Houston (2010) 


 

Les contes d’Hoffmann

 

 

Estreno: París, 10 de febrero de 1881

 

Compositor: Jacques Offenbach

 

Libretista: J. Barbier y M. Carré, basado en cuentos de E.T.A. Hoffmann (Der Sandmann, Geschichte von verlorenen Spiegelbilde y Rat Krespel)

 

Género: ópera fantástica

 

Tal día como hoy, del año 1881, se estrenó en el teatro de la Opéra-Comique de París, esta ópera que es la obra más representada de Offenbach

Offenbach es compositor de operetas que son populares, ligeras, con todo el encanto y la fantasía propias de la música galante francesa. Es el compositor que más fácilmente podemos identificar con el Segundo Imperio Francés.

Luego vino la guerra franco-prusiana, y otro ambiente, ya menos adecuado a sus ligerezas. De ser un héroe, popular y condecorado, Offenbach pasó a ser visto como un extranjero. El antisemitismo de la época tuvo bastante que ver también. Esta ópera la dejó sin terminar, y fue estrenada póstumamente.

En ella se nota su magia, pero hay un fondo de amargura que contrasta con la ligereza romántica de sus operetas. Aquí el amor es algo imposible, una fantasía que solo sirve para sufrir y desencantarse, una y otra vez.

Empieza con el poeta protagonista en una taberna, contando sus amores frustrados. Ese es el prólogo. Luego hay tres actos, cada uno de los cuales cuenta una historia de amor con un objeto de los amores de Hoffmann y un enemigo que contribuye a sus fracasos.

El orden de las historias cambia de una representación a otra. Pero, generalmente, se entiende que empieza con Olympia, en Núremberg, la muñeca mecánica de la que Hoffmann se enamora sin saber que es una autómata. Luego está la cantante enferma de Múnich, que si sigue cantando acabará agotándose y muriendo. Cosa que ocurre, pese a los esfuerzos de su familia, quien acaba culpando a Hoffmann. Y acaba en Venecia, con una mujer ladina que lo engaña para que el diablo se haga con su imagen. El epílogo regresa a la taberna de Núremberg.

Es de esas óperas que merece la pena ver representada, por los desafíos dramáticos que plantea, con los cambios de escenario y tono, y también su complejidad interpretativa, pues los mismos cantantes pueden desempeñar diferentes personajes.

Es compleja, pero eso mismo invita a puestas en escena creativas y maravillosas.

De toda esta ópera es muy conocida la barcarola, pero tiene unos cuantos números más inolvidables, melodías que nos envuelven, atmósferas de cuento de hadas que nos llevan a otro mundo, con esos cuentos que eran terribles y adoctrinadores antes de que les echara mano Disney.

Como grabación recomendada de esta ópera, escojo la que dirigió Richard Bonynge en 1971, con el coro y la orquesta de la Radio Suisse Romande para DECCA. Son sus intérpretes principales Plácido Domingo (Hoffmann), Joan Sutherland (Olympia/Giulietta/Antonia), Gabriel Bacquier (Coppélius/Dapertutto/Miracle), Huguette Tourangeau (Nicklaus) y Hugues Cuénod (Frantz).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español e francés, así como discografía de referencia, en Kareol

Aquí tenéis una representación en el Colón de Buenos Aires, con Ramón Vargas. Gracias por la generosidad de colgar estas cosas en la red.


 

miércoles, 2 de febrero de 2022

#97 Luisa

 



A la derecha, póster de Georges-Antoine Rochegrosse (1859-1938) para el estreno de Louise en el Théâtre national de l'Opéra-Comique

Dominio público, via Wikimedia Commons

 


 

Louise

 

Estreno: París, 2 de febrero de 1900

Compositor: Gustave Charpentier

Libretista: el propio compositor; ¿Saint-Pol-Roux?

Género: novela musical

 

Tal día como hoy, del año 1900, se estrenó en el Théâtre national de l'Opéra-Comique de París, esta ópera que es la única obra recordada de Charpentier

 

Hay compositores que son de una sola obra, porque el resto de su producción ha caído en el olvido. En el caso de Charpentier, es esta obra.

La muchacha que le da título es una modistilla seducida por un poeta, Julien, y la vida parisina. Sus padres intentan, incluso con engaños, que se quede con ellos, pero al final Louise quiere la libertad, vivir y amar a su bola.

Se ambienta en un entorno de trabajadores, por lo que a veces se entiende que transmite un poco la idea de un socialismo algo ingenuo.

El estilo mezcla un poco varias cosas. Se ven huellas de los compositores clásicos franceses como Berlioz o Massenet, maestro del compositor. También hay quien encuentra ecos wagnerianos o influencia del verismo italiano, hasta el punto de considerarla como ejemplo del verismo francés.

A mí la trama me resulta simpática, pero reconozco que cuando la he visto (en pantalla, nunca en el escenario) se me hacía un poco larga y acababa por aburrirme. Tal vez porque se centra, creo yo, no tanto en la emancipación de esta mujer que solo quiere ser independiente, ni en sus amores con Julien, sino París y su paisanaje. Por eso es una de las óperas con más cantantes solistas, porque es muy coral.

Aunque hubo quien se incomodó algo por el tema este de una mujer tan libre y deseosa de amar a su manera, tuvo un éxito prácticamente inmediato, y se representó muchísimo. La vida de Charpentier fue larga y vivió de rentas, porque no dejó de representarse. Llegó a ver la representación número mil en los años cincuenta.

Desde luego, el número que más se recuerda de esta ópera es «Depuis le jour», que canta la protagonista y que suele aparecer en recitales de sopranos.

Como grabación recomendada de esta ópera, escojo la que dirigió Prêtre en 1976, con la orquesta New Philharmonia y el coro de la Ópera Ambrosiano para CBS Sony. Son sus intérpretes principales Ileana Cotrubas (Louise) y Plácido Domingo (Julien).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español e francés, así como discografía de referencia, en Kareol

Aquí tenéis una representación de 2003, interpretada por la Orquesta y Coro de la Ópera Nacional de París, con Mireille Delunsch, Jane Henschel, José Van Dam y Paul Groves.

 



domingo, 30 de enero de 2022

viernes, 28 de enero de 2022

#25 Mujercitas


 

Little Women o Meg, Jo, Beth and Amy

 

Autor: Louisa May Alcott

Año: 1868/1869

Género: Novela

Edad: juvenil

 

 

Las conocemos más por el cine

 

Este clásico de la literatura juvenil lo conocemos más por sus versiones cinematográficas, pero el libro también merece la pena. Siempre que asuman que tampoco te vas a encontrar con Gran Literatura.

Es una obra muy leída, con gran éxito desde su publicación. No quiero ni imaginar lo rompedora que debió ser en su momento: una novela doméstica, protagonizada por mujeres, cada cual con su propio carácter, pero todas ellas fácilmente imaginables como «la chica de al lado», esa muchacha normal y sin pretensiones, de buen corazón pero que, al mismo tiempo, tiene su propia personalidad y sueños. Posiblemente sea la primera aparición de chicas jóvenes norteamericanas tan de carne y hueso.

Está dividida en dos partes que, en origen, fueron dos novelas diferentes, publicadas en 1868 y 1869. En la primera son más bien adolescentes y la segunda empieza, se supone, tres años después, cuando son ya mujeres jóvenes que tienen que decidir cuál es su camino en la vida, con quién se casan, de qué van a vivir.

En la primera parte, toma como referencia El progreso del peregrino, de John Bunyan, un libro muy querido por los protestantes anglosajones. De hecho, los títulos de los capítulos son paralelos a lo que plantea Bunyan, solo que referido a la vida de mujeres adolescentes. Los personajes son todos creyentes, y en más de una ocasión, en su religiosidad hayan la fuerza o el sentido para lo que hacen.

Pero, ante todo, son lo que ellos consideran pobres, que ya me diréis, cuando tienen una sirvienta en casa. Y muy trabajadores. No pueden estar con las manos quietas. Siempre hay algo que hacer, limpiar, coser, cuidar a alguien, o dedicarse a actividades más creativas, como leer, pintar o escribir.

A ese elemento religioso que encuentras en algunos momentos, le suma trazas de la literatura sentimental e incluso de las novelas didácticas para niños, en las que les enseñaban buenos modelos. Así que es realista pero suavizado con un toque moralizador.

Cada vez que leo esta novela, descubro algo nuevo. También depende de los ojos con que la mires, pues no es igual leer esto a los quince años que a los cincuenta. Me fijo ahora más cómo los padres se esfuerzan en que sus hijas les salgan lo que ellos consideran buenas y también ejercen su influencia en su vecino, un tipo que rico y guapo podría perfectamente salirse de madre, pero entre todas contribuyen a hacer de él un hombre de provecho.

Sería un ejemplo de eso que llaman Bildungsroman en literatura, una novela que te cuentan el paso de la niñez a la adolescencia a la edad adulta, y cómo los personajes se enfrentan a los desafíos que la vida les lanza.

Se considera una novela autobiográfica o semiautobiográfica, inspirándose la autora en ella y sus tres hermanas.

Se supone ambientada en Concord (Massachusetts), en los años sesenta del siglo XIX. Cuando empieza, aún está la guerra de secesión, a la que ha ido el padre. Quedan en casa sola su mujer (la sra. March, o Marmee) y sus cuatro hijas (Meg, Jo, Beth y Amy), más la criada, Hannah. Trabarán amistad, sobre todo Jo, con el vecino, Theodore Laurence, al que llaman Laurie o, ella, Teddy. Cada una de las hermanas tiene su propia personalidad, y en el contraste entre ellas está uno de los encantos del libro. Además, entre ellas se relacionan por parejas: Jo y Beth, Meg y Amy.

Aun así, siguen siendo típicas mujeres estadounidenses. Esto se ve muy bien en la parte en que Amy viaja a Europa. Se refina en el sentido de que es aún más elegante, pero sigue siendo una mujer bastante segura de sí misma, activa (conduce su propio carruaje) y franca, desenvuelta en su trato con otras personas, incluidos los chicos. Se me hace difícil pensar en ese tipo de muchacha en novelas decimonónicas europeas.

Es una pena que esta novela nos la han pasado al español con recortes, adaptaciones al público infantil o juvenil. Para releer la novela, me he decidido por una edición en inglés, y he visto que es más larga y tiene más cosas que la edición que tenía yo en casa de toda la vida, que era un formato más de libro para niños.

Ya digo que he descubierto más cosas, y he mirado de otra manera esta historia ahora, en la edad adulta, que de niña. Tampoco voy a entrar en detalles, porque la lectura de los clásicos es algo personal, y cada uno tiene que ver qué le dice la novela.

Como curiosidad, en plan Sálvame, diré que siempre pensé que Beth era la hermana pequeña y no, la peque es Amy, la mimada que es toda vanidad. Es un detalle menor, que tampoco te saca de nada. 

Lo que sí me ha sentado un poquito peor es que he descubierto que Laurie es alto, moreno de piel olivácea, su madre era italiana, y artista. Es un personaje algo diferente a lo que nos han mostrado las películas, que siempre es más tu tipo anglo estándar (Peter Lawford o Christian Bale): Supongo que con Timothée Chalamet sí buscaron algo un poquito más vagamente «mediterráneo», aunque no sé, me pareció el Laurie más antipático de la historia. Louis Garrel hace un Bhaer muchísimo más atractivo, Jo, sales ganando, hija mía, no sabes cuánto.

Este clásico lo descubrí, como tantos otros, gracias a las adaptaciones cinematográficas que pasaban por televisión. Serían las películas de Katharine Hepburn como Jo (1933, la Jo perfecta) y la de Elizabeth Taylor como Amy (1949, ridícula de rubia). Pero muy pronto me regalaron el libro, no recuerdo la edición, que leí varias veces, de niña y adolescente. Siento decir que no lo tengo por casa. En algún momento de mi vida lo perdí, o lo regalé a alguien. 

Actualmente se considera un libro juvenil, recomendable sobre todo para niñas, sí sesgo de género, qué le vamos a hacer, en torno a los doce años de edad.


Katharine Hepburn como Jo, de la RKO Pictures (fuente: Wikicommons)

martes, 25 de enero de 2022

#37 La cenicienta

 

Rosina Pico, en el papel de Cenerentola (1845)


 


 


 

La cenerentola

 

 

Estreno: Roma, 25 de enero de 1817

Compositor: Gioachino Rossini

Libretista: J. Ferretti, basado en el de G. Etienne para Cendrillon, en último término, «La cenicienta» de Perrault.

Género: ópera buffa

 

Tal día como hoy, del año 1817, se estrenó en el Teatro Valle de Roma, esta ópera basada en un cuento de hadas

 

A ver, zapatitos, no. La Europa recién salida de las guerras napoleónicas era bastante gazmoña, pese a lo que nos hagan creer las novelistas románticas de la Regencia. Así que esta Cenicienta no pierde ningún zapato que luego haya que probar en escena, desnudando el pie.

No, lo que Angelina le da a su enamorado es un brazalete, gemelo con otro que ella lleva.

Tampoco hay magia ni hada madrina, sino un tutor que reconoce la bondad e inocencia de la muchacha, y lo trama todo para que sea ella la princesa de su alumno.

Pero la idea básica sigue siendo el mismo cuento de una muchacha apartada en su casa, con dos hermanastras que la tiranizan y un padrastro que la desprecia y ningunea. El príncipe busca esposa, y su tutor le ha dicho que en casa de Don Magnifico está la muchacha ideal. Para echarle una ojeada, se hace pasar por sirviente, y su Dandini hará la representación de príncipe.

Se enamora de inmediato de la muchacha que está junto al fuego. Y ella se siente atraída por él. Luego irá al baile y sorprenderá a todos por su belleza, y lo elegante que es, aunque resulte desconocida, su cara les suena…

Es una ópera, pues, que nos relata un cuento de hadas archiconocido. Por eso es fácilmente recomendable para el que empieza en esto de la ópera. Si se representa con encanto, es un gustazo, porque ilustra un argumento que siempre funciona.

Rossini tenía veinticinco años cuando compuso esta ópera, y con su productividad a tope, tardó solo tres semanas. En el estreno no parece que convenciera mucho, pero pronto fue un éxito, representándose por todo el mundo. He leído que fue la primera ópera representada en Australia. Luego fue saliendo del repertorio por faltar la voz para la que escribió el papel, contralto de coloratura. Actualmente es uno de los papeles más brillantes para mezzosoprano.

Se considera el último y brillante ejemplo de la ópera cómica de Rossini, todo un derroche de melodías, números de conjunto fantásticamente empastados… y humor, que no falte.

Rossini sabía cómo hacer que sus personajes se retrataran a sí mismos a través de lo que cantan y cómo lo cantan. Angelina/Cenicienta es más de una vez extrañamente melancólica, el príncipe un apasionado enamorado, las hermanas vanidosas, el padre un insoportable, Dandini un humorista en sus fingimientos. 

Los números que yo destacaría son la canción así algo tristona pero rebonita que canta Angelina, «Una volta c’era un re», así como el famosísimo grupo de conjunto al final del cuadro II del segundo acto, «Siete voi?... Questo è un nudo avvicuppato», sexteto que José-María Martín Triana (El libro de la opera) considera…

Por su derroche de ingenio, el más importante número de conjunto de toda la obra cómica de Rossini.

La ópera termina por todo lo alto, con el rondó y coro «Nacqui all’affanno» y la cavatina «Non più mesta accanto al fuoco».

Ya he comentado que esta es una de esas óperas en las que el rol titular no lo canta una soprano, sino una mezzo, lo cual me dificulta un poco elegir grabación. Ha habido maravillosas Cenerentolas en el siglo XX, ¿Cuál elegir…? Me gusta la Berganza, y Frederica von Stade, un cielo de mujer… Y Agnes Baltsa, o Cecilia Bartoli. 

Al final, como grabación recomendada de esta ópera, escojo la que dirigió Abbado en 1971, con la orquesta Sinfónica de Londres y el coro de la Ópera Escocesa para Deutsche Grammophon. Son sus intérpretes principales Teresa Berganza (Cenerentola), Luigi Alva (Don Ramiro), Margherita Guglielmi (Clorinda), Laura Zannini (Tisbe), Renato Capecchi (Dandini), Paolo Montarsolo (Don Magnifico) y Ugo Trama (Alindoro).

Para saber más, la Wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol

Y como no me quedo tranquila dejando de lado a Frederica Von Stade, aquí tenéis en You Tube una versión estupenda, con Francisco Araiza y dirigidos por Abbado.

 


domingo, 23 de enero de 2022

#53 El salario del miedo

 

Póster en FilmAffinity


 



 

Le salaire de la peur

Año: 1953

País: Francia

Dirección: Henri-Georges Clouzot

Música: Georges Auric

 

¡Es domingo, toca ir al cine! ¿Qué os traigo hoy? Pues de nuevo un clásico del cine francés, suspense angustioso bastante nihilista

Este clásico del cine francés es anterior a la nouvelle vogue, así que cuando salió, ni los antiguos ni los modernos lo acogieron como una obra de las suyas. El tiempo, que pone todo en su sitio, ha revalorizado esta historia, y actualmente podría considerarse película de esas que llaman «de culto».

Se la recuerda sobre todo por la parte de suspense, cómo consigue tenerte en vilo durante toda la segunda mitad de la película. Llega a ser casi insoportable esa tensión constante. Hay más suspense en el mundo cinematográfico que el del Hitchcock.

Es una de esas películas angustiosas, en las que sabes que va a pasar algo malo y estás todo el rato esperando que pase. Si fuera una americana te puede quedar la esperanza de un final feliz, pero es francesa, así que muchas cosas pueden ir mal. De hecho, todo puede ir mal. De ahí el punto cínico y nihilista de la historia. Hasta absurdo en su desgracia, sin sentido, sin más lógica que la vida es así.

Os cuento de qué va. En un país ficticio de Hispanoamérica hay una localidad, Las Piedras, bastante miserable. Allí han ido a parar, arrastrados por la resaca de la guerra, toda una serie de expatriados europeos, italianos, franceses, etc. Gente que malvive, a salto de mata.

Durante casi una hora, te describen cómo es aquella existencia entre los foráneos y los locales. La única fuente de riqueza que es el petróleo que explota una compañía estadounidense. Esta parte se te puede hacer un poco larga, lo reconozco.

Además, es una de las pocas veces en las que el doblaje mejora la película. Hay distintos idiomas, francés, italiano, inglés, según qué personaje habla. Pero lo insufrible es el supuesto español de los personajes que se supone que son nativos. De verdad.

Véra Clouzot, que interpreta al único personaje femenino de cierta relevancia, es una actriz brasileña guapísima y sexi (es memorable su primera escena, con una camiseta a rayas sin sujetador debajo), pero más mala que la quina. No me extraña que solo trabajara con su marido. Cuando habla en español te rechina todo. Ello no quita que su personaje resulte bastante tremendo, porque la chulean y maltratan cosa mala, a la pobre.

Pero no es solo ella, también los secundarios parecen muchas veces actores aficionados, casi todo suena falso.

Una vez que superas esa primera hora, más o menos, llegas al meollo de la película. Y ahí se vuelve inmensa. Resulta que cuatro de esos desesperados aceptan transportar nitroglicerina, a cambio de un buen dinero. Claro, porque es peligrosísimo: lo más probable es que estalle por el camino, y al final ninguno llegue.

Toda esta parte es lo mejor de la película, memorable. Esos cuatro actores magníficos que se suben a dos camiones y emprenden una carretera al infierno. Les pasará de todo. Especialmente destaca la pareja interpretada por Yves Montand y Charles Vanel. El primero, un tipo bueno para nada, se crece, y saca lo peor y lo mejor de sí en el camino. El otro, que parecía un matón, un tipo duro, se va descomponiendo conforme el miedo hace presa de él.

La forma, por supuesto, es magnífica. La fotografía en blanco y negro, los encuadres, la composición de cada escena, las luces y las sombras… Casi en cada momento hay una fotografía que podrías tener en tu casa, un embellecimiento de la miseria que recuerda a las imágenes de Sebastião Salgado.

Las imágenes de Montand y Vanel con los rostros sucios, en el camión, casi al final, son simplemente increíbles. Se te quedan grabadas.

Si te gusta el cine, me parece una película imprescindible. Si te van simplemente las pelis, la primera parte te resultará muy lenta; ahora, la segunda es totalmente aventurera y te tendrá con el corazón en un puño.

En el festival de Cannes de 1953, tuvo el Gran Premio y Charles Vanel obtuvo una mención especial al mejor actor. La película tuvo también el Oso de Oro en el Festival de Berlín y fue elegida mejor película en los Premios BAFTA de 1954.

Como curiosidad diré que en España se estrenó cortada, por lo que algunas escenas simplemente aquí no se vieron. Por tema sexual, sobre todo. Lo llamativo es que en EE. UU. también se cortaron otras cosas, más por el talante político. 

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.

Si la veis, luego podéis atender al coloquio que hicieron en «¡Qué grande es el cine!» en el año 2003, creo. Son varios cortes, pero va enlazando You Tube una parte con otra, sin problema.