martes, 8 de agosto de 2023

#1 El collar del neandertal

 



 

El collar del neandertal

 

Autor: Juan Luis Arsuaga

Año: 1999

Género: Ensayo de divulgación

Tema: (Pre) Historia

 

Un acercamiento amenísimo al hombre y su entorno

 

A principios de junio estuve por Madrid y aproveché para visitar la Feria del Libro. No había ido nunca.

Me llamaron la atención las colas. Algunas me las podía imaginar, como la de Juan Gómez-Jurado o Santiago Posteguillo.

De repente me di cuenta de que estaba firmando Juan Luis Arsuaga y me dije «venga, pásate por su caseta, compras el último libro que tenga y te lo firma». Me quedé muy sorprendida al ver la cola que tenía.

Esa no me la esperaba. Y tampoco la de Alberto Garín, historiador, por ejemplo, que hasta donde yo sé simplemente es conocido así popularmente por algún programa de You Tube.

No, no hice ninguna cola. Seguí paseando. Al fin y al cabo no soy tan fan como para estar allí media hora esperando para que me firme el libro. Ni él ni nadie.

Pero sí que me hizo pensar. ¿Cómo es posible que la gente esté haciendo cola por un paleoantropólogo...?

Es lo fantástico de los buenos comunicadores. Transmiten su pasión de tal forma que convierte a cualquiera en entusiastas de cosas tan especializadas y complejas como el estudio de la Prehistoria.

Este libro que aquí traigo es el primero que compré de Arsuaga hace... unos añitos. Es de 1999, aunque es la primera edición en Booket, de junio de 2012. Supone una fotografía del conocimiento sobre la Prehistoria existente en aquel momento. Descubrimientos posteriores corrigen o amplían cosas que se dicen en este libro.

Destacaría que es muy ameno. Aunque se centra en neandertales y cromañones, repasa también la evolución hasta llegar a ellos. Como el Homo habilis, el primero no exclusivamente forestal.

Sin excepción, los demás miembros de nuestro grupo de primates (gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés), y todos nuestros antepasados hasta ese momento son o eran habitantes del bosque.

Del habilis y su modo I de industria lítica, el olduvayense, pasamos al II (achelense, con sus bifaces), que atribuye al Homo ergaster. En esto, El collar del neandertal contrasta con otros libros que he leído. Lo que aquí atribuye al ergaster en otros lo he visto más referido al Homo erectus. No queda claro si son o no la misma especie. Si lo son, se llama Homo erectus.

Es este ergaster (o erectus, en otros libros) el que sale de África y se distribuye por Eurasia. La nomenclatura me acabó liando un poco, en comparación con la terminología de otros autores.

Los homínidos... antes del Homo ergaster pertenecen sin excepción al tipo de las especies de hábitat restringido.

¿Qué pasó para que unos primates, los homínidos, salieran de ese entorno limitado y poblasen zonas del planeta con climas tan diferentes?

La flexibilidad ecológica se la proporcionó un único órgano: el cerebro.

Seguimos con las piedras que dejaron. El modo III, musteriense, aparece ligado a los neandertales. Y se acaba con el modo IV, la rica producción de objetos atribuida al Homo sapiens, que empieza con auriñacense y otros modos de tallar la piedra en el Paleolítico Superior.

Ya digo que el libro se centra más en el Homo neanderthalensis y el Sapiens, o sea, neandertales y cromañones. E insiste mucho en que unos no eran más primitivos o brutos que otros, solo eran diferentes formas de ser humano.

En su época [los neandertales] eran tan «modernos» como los hombres de Cro-Magnon.

Me gusta esa forma de relacionar las diferentes especies humanas con el mundo en que vivieron y que, en parte, persiste ahora. Los ecosistemas diversos, la parte de tundra o estepa, los bosques fríos del norte, con sus propios animales, que contrastan con los entornos mediterráneos, con otra flora y fauna. Y cómo todo eso se refleja por ejemplo en el arte, o en los restos que encuentras en los yacimientos.

En Cantabria vez un poco de esas diferentes partes, puedes tener una ladera norte con hayas, umbría y con niebla, y en la meridional, que brille el sol sobre los robles. Incluso hay reductos de encinas en algunos parajes concretos de nuestra geografía. Así que con mi imaginación veía a qué entornos se estaba refiriendo aunque lógicamente los animales que los habitaban fueran diferentes.

Este gusto mío por caminar por la naturaleza, intentar averiguar los nombres de las plantas que me encuentro al practicar senderismo, lo sobrecogedor que es encontrarse con un jabalí, o un corzo, en el bosque, hace que me sienta muy cercana a toda la parte del libro en que se describen flora y fauna peninsulares.

España es el país con una mayor biodiversidad de la Unión Europea. En las hermosas palabras de don Eduardo Hernández-Pacheco: «Lo general y característico del relieve hispano es lo montañoso, lo escarpado, lo abrupto, el roquedo escabroso, lo montaraz, lo accidentado...».

Es por eso, en mi opinión, que España es un país tan diverso. La población se concentra en las costas o las ciudades, con amplias zonas prácticamente vacías entre medias. En cuanto te sales de una población, en la que además vivimos amontonados en bloques de viviendas, en seguida llegas a un monte, o una serranía, un páramo desolado o unos picos escarpados. Y luego casi en cada valle se habla de una manera, la gastronomía es diferente...

Encontrarás en este libro descripciones sobre el yacimiento de Atapuerca, tal cual estaba –entiendo yo– hace veinte años, claro, al menos en mi edición, qué animales y qué humanos encontraban allí.

Te haces una idea de cómo eran estas gentes, físicamente. Los neandertales debían ser pálidos de piel, mientras que los seres humanos modernos, los Sapiens, eran morenos. Los primeros, más recios y fortachones, los segundos, esbeltos y con cara como aniñada, más débiles.

Nuestro cuerpo es el resultado de la evolución.

Los humanos no basamos nuestra capacidad cinegética en la velocidad punta, sino en la fuerza, la resistencia, la estrategia y la tecnología.

Estamos «hechos» para correr largas distancias, lanzar objetos con precisión por encima de nuestras cabezas, y acumular en forma de grasa los excedentes alimentarios, para sobrevivir en épocas de escasez.

Vivimos en una sociedad en la que al final, parece que solo «aprovechamos» la última característica, hasta el punto de enfermar por ello.

Siempre pensamos que los neandertales son de la Edad del Hielo y los Homo sapiens, de zonas cálidas, y eso es solo verdad en parte. Los neandertales sí que tenían un cuerpo más adaptado al frío, pero cuando llegó una glaciación de verdad de la buena, no pudieron hacerle frente. Fueron los humanos modernos los que supieron adaptarse al avance de los hielos por Europa. Y no gracias a su fortaleza física sino...

A su cerebro y la tecnología que supo crear con él. También, gracias a un lenguaje simbólico más complejo y a la vez más fácil de entender. Al parecer, ellos sí que tenían las «vocales universales» a, i, u, y no los neandertales, que en esto fallaban. Y dirás tú, ¿cómo pueden saber qué sonidos pronunciaban los neandertales...? Lo explican en el libro, es fascinante. Este lenguaje verbal y no verbal con símbolos daba más cohesión al grupo.

Los neandertales quedaron cada vez más arrinconados en esta península del occidente europeo, los últimos allá en su extremo sur. No me digáis que no es triste, aunque poético, imaginarse a nuestros primos hermanos mirando un último atardecer, el sol poniéndose en el océano.

Al final, la última glaciación, los más terribles fríos, esos, esos los pasó el Homo sapiens él solito.

Los restos que nos dejaron no solo nos habla de cómo eran, físicamente, sino también cómo vivían.

Se pregunta cuándo somos humanos, cuándo puede decirse que una especie de Homo lo es realmente. Cómo se sabe cuándo surge el lenguaje y la autoconciencia.

Resulta que el cerebro humano es asimétrico: el hemisferio izquierdo se proyecta más hacia atrás que el derecho. «Una asimetría tan marcada no se encuentra en los demás primates».

Dado el desarrollo del área de Broca y Wernicke en la parte izquierda, si el cráneo que tienen entre manos presenta esta desigualdad, es lógico deducir que lo más probable es que tuvieran ya lenguaje.

Esta desigualdad cerebral también se relaciona con que seamos predominantemente diestros. Los chimpancés, por ejemplo, son básicamente ambidextros. ¿Cómo se sabe si un hombre prehistórico era predominantemente diestro o también usaba ambas manos?

Pues mirando los dientes. ¿Cómo...? Pues sí. Si sujetas la carne entre los dientes y la cortas, alguna vez se te resbala la piedra y te acaba dando en los piños. Si sigue orientación desde izquierda arriba a la derecha abajo, es que el tipo era diestro. Se ha comprobado, de esta manera, que había como ahora mayoría de diestros, minoría de zurdos.

O sea, que si te encuentras un cráneo que amparaba un cerebro asimétrico, con unos dientes que evidencian uso de la mano derecha de forma predominante, entonces estás ante unos seres que, probablemente, tenían uso del lenguaje.

Los dientes también te dicen de qué se alimentaban, si principalmente vegetales, o de animales. Los huesos de los animales que encuentras en el yacimiento te permite saber si eran cazadores o carroñeros. Sí, lo siento por los que viven en los mundos de Yupi, pero el hombre primitivo era cazador, algo que –al parecer– nadie puso en duda hasta el movimiento hippie.

Si hay cortes en los huesos, pero no marcas de dientes de carnívoros, es evidente que solo intervinieron los humanos en el despiece del animal. Si éste está entero, es que los humanos se apoderaron de todo el cuerpo. O sea, cazadores y cazadores. En cambio, si faltan las partes con más carne, es que otros animales se les adelantaron.

Son esos detalles curiosos con los que yo me quedo. Ser paleoantropólogo, como ser arqueólogo, implica jugar un poco a Sherlock, deducir cosas a partir de indicios.

Algo muy humano. Solo los humanos son capaces de entender signos y símbolos. Somos los únicos depredadores que seguimos huellas, el resto no.

Todos los depredadores localizan a sus presas, y éstas a sus cazadores, a través de los sentidos: la vista, el olfato, el oído (...) ninguno es capaz de reconocer, distinguir y seguir a los animales por sus huellas. No hay ningún Sherlock Holmes en el mundo de las bestias.

Neandertales y cromañones convivieron en Europa durante miles de años. En 1999, aún no se había descubierto genoma neandertal en humanos contemporáneos. 

Basta leer la biografía del premio Nobel Svante Pääbo para que nos demos cuenta lo mucho que se ha avanzado en este tema desde que se publicó El collar del neandertal: es en 2006 cuando anunció un plan para reconstruir el genoma completo del hombre de Neandertal, cuyo primer borrador se anunció en 2009, en marzo de 2010 se descubrió un genoma de un Homo nuevo, los denisovanos.

Me parece alucinante, la forma en que progresa el estudio de la prehistoria, sobre todo gracias a la genómica. O sea, no solo se descubre que los humanos actuales, fuera de África, tenemos un pequeño porcentaje de genoma neandertal (un 1, 2, 3 %, según donde lo mires). Es que, además, gracias al ADN, se descubren nuevas especies humanas, como los denisovanos. 

Lo que ya me hace explotar la cabeza es que recuperan ADN incluso en sedimentos, que ya no necesiten huesos para obtenerlo. Esto han hecho, a partir del año 2017, en una cueva asturiana, El Sidrón.

Curiosamente, leo en este libro que hay investigadores que no tienen buen concepto de los neandertales, a los que niegan su humanidad. Ante la evidencia de los enterramientos, dicen que eso eran azares, que les cayó la cueva encima, o hubo una riada... O, si no les queda otra que admitir que sí, que enterraron conscientemente al pariente fallecido entonces no eran humanos porque... porque nada asegura que se corresponda a sentimientos religiosos, «sino a sentimientos de piedad y afecto por los difuntos».

El comentario de Arsuaga es, creo yo, el que haríamos cualquiera, que nada es más humano que la compasión y el dolor por el fallecido:

Sinceramente, si el dolor fue la causa de que los neandertales enterrasen a sus seres queridos, les acompaño en el sentimiento. Nada podría hacerlos más humanos a mis ojos que verlos llorando en sus «funerales laicos».

Este ensayo es una introducción muy amena al mundo de las investigaciones sobre la Prehistoria, aquellos hombres primitivos y su entorno. Te deja caer detalles curiosos sobre cómo investigan las cosas. Luego, si te interesa, puedes ampliarlo con otras cosas.

En estas ciencias de la prehistoria, todo el rato hay nuevos descubrimientos que reescriben los libros. Lo que yo estudié en 1.º de B.U.P. ahora se ha superado en muchos aspectos. Fijaos que cuando yo estudié ni siquiera habían empezado a dirigir Atapuerca Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell Roura.

Este libro es justo lo que personas como yo, que somos de Letras, necesitamos. Nos entretiene al mismo tiempo que nos proporciona ideas básicas sobre un tema del que desconocemos todo. A alguien de Ciencias le puede parecer que es más vulgarización que divulgación. 

Al faltarnos el marco científico, a veces hay que leer dos veces un fragmento antes de entenderlo bien –o tres o cuatro. Pero en general es de comprensión fácil.  La parte para mí más abstrusa fue la discusión hasta filosófica sobre si existe o no la mente. 

Por cierto, aprovecho para decir que no te pierdas la oportunidad de visitar el yacimiento de Atapuerca, declarado Espacio de Interés Natural, Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad. Allí se han encontrado fósiles de hasta cinco homínidos diferentes: Homo erectus, Homo antecessor, Homo heidelbergensis, Homo neanderthalensis y Homo sapiens.

domingo, 6 de agosto de 2023

#36 Al final de la escapada

 



 


À bout de souffle

Año: 1960

País: Francia

Dirección: Jean-Luc Godard

Música: Martial Solal

 

Arqueología cinematográfica

 

Ayer volví a ver esta película, una de esas películas que tienes que ver por pura cinefilia.

Más por sentido del deber, por lo que significó, que por la película en sí, siendo sinceros.

La historia va de un quinqui, Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) que mata a un policía y se va a París, donde quiere pillar cacho con una muchacha estadounidense que estudia en la Sorbona, Patricia (Jean Seberg). Durante unos días están juntos, mientras la policía lo busca. Hasta que al final lo pillan.

No, no es una de esas películas con final feliz, ¿qué esperas de un clásico? Salvo las películas made in Hollywood, que saben ser artísticas y al tiempo tener final feliz, casi siempre, el resto del mundo suele ser más bien pesimista.

No es muy larga, porque la historia en sí no tiene mucho. Lo importante, como siempre, no es tanto lo que cuenta como el estilo. Esta es una de las primeras de aquello que se llamó Nouvelle Vogue, un tipo de cine rompedor para la época, con escenas entrecortadas, «fallos» de continuidad, grabaciones callejeras con gente mirando descaradamente a la cámara. Todo, pura apariencia descuidada que transmite muy bien esa idea de espontaneidad, frescura en la narración. Anunciaba nuevos tiempos, lejos de corsés sobre cómo debe hacerse una película.

En cuanto a los personajes, gente poco heroica. Y las tramas, para nada ennoblecedoras.

Reconozco que cuando veo películas así, me quedo colgada de la cinematografía, de esa forma de contar las cosas tan aparentemente improvisada, que luego no sabes muy bien hasta qué punto es inventada y qué parte se corresponde a una forma muy meditada de hacer las cosas.

Luego, como le suele pasar a los señores gabachos, no pueden evitar un cierto preciosismo, como los primeros planos de una guapísima Jean Seberg.

Lo que le pierde a esta película, vista con la perspectiva actual, son dos cosas. Una, su pretenciosidad y otra el machismo.

En cuanto a la pretenciosidad, de verdad que yo no sé qué tienen a veces los artistas franceses, que tienen que demostrar que son intelectuales, cartesianos y aquí hasta el más quinqui te hace alarde de filosofía existencialista. Lo cual es absurdo. La gente normal no habla así.

Hay una total falta de realismo en la forma de hablar, sobre todo, del personaje de Belmondo. Es como si Godard (o Truffault, de quien proviene el guion, o al menos la idea inicial, se dice que hubo bastante improvisación) no hubieran visto a un delincuente en la vida. O lo hubieran visto y no pretendieran realismo en su representación. Jean-Paul Belmondo en ese papel de tipo canalla, bastante asocial, que mata o roba sin pestañear, en el fondo, solo quiere echar un polvo con la chica que le gusta.

Que una chica que estudia en La Sorbona, educada en dos países diferentes, tenga más cabeza, sea más reflexiva, es coherente. Que lo haga un ratero de poca monta convertido en asesino, resulta risible.

He visto recientemente dos pelis neorrealistas italianas, Roma, ciudad abierta y La strada, y es todo un mundo de diferencia. En esas, sí que ves a gente normal de carne y hueso. Así habla y se comporta la gente. 

En Al final de la escapada es como si todos estuvieran posando para la foto. Muy instagrameros, diríamos hoy. Se ponen muy filosóficos sobre el sexo y el amor, el hombre y las mujeres,… mientras que Anna Magnani solo tiene que mirar a su hombre en la escalera, para transmitirte mucho más.

Lo segundo que se trasluce es el terrible machismo de aquella sociedad. Me pregunto hasta qué punto era consciente de ello Godard. Es repugnante como los hombres tratan y miran a las mujeres. No es cosa de desprecios, o golpes o violaciones. En ese sentido, resulta mucho más terrible La strada, la historia de una chica retrasada y su maltratador.

No, aquí que pretenden ser más finos, y sin embargo las mujeres acaban siendo solo un objeto de deseo. No interesan ni como personas con pensamientos propios, sus estudios o sus trabajos, aparecen aisladas, sin amigas o parientes, solo al servicio del macho de la historia. 

Cuando he leído por ahí que esta es una historia de amor, o que Patricia y Michel están enamorados, me parece ridículo. A mí me parecen solo dos que se enrollan, y con no demasiado entusiasmo el uno por el otro.

Es muy significativa la escena de un escritor en un aeropuerto, donde hacen una rueda de prensa, y todos los periodistas masculinos le preguntan por el sexo, y las mujeres, y el amor, y él suelta chorradas seudofilosóficas. Solo otra periodista y el personaje de Jean Seberg intenta preguntar algo diferente sobre su carrera o sobre su obra. Aunque, al final, hasta Patricia le hace la pregunta tonta sobre hombres y mujeres.

Esta película ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, así como el premio Jean Vigo que en Francia se da a los nuevos realizadores. Tuvo el premio de la Crítica Alemana a la mejor fotografía, el lindo blanco y negro de Raoul Coutard.

Además, a Jean Seberg la nominaron a los BAFTA en la categoría de mejor actriz extranjera.

Si te gusta el Cine, esta película es de las imprescindibles para comprender la historia de este arte. Ahora, posiblemente al espectador actual, más acostumbrado a esa forma de narrar rápida, y cámara en mano, la da por hecho y quiere algo más, y le resulte todo bastante impostado.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.

miércoles, 26 de julio de 2023

#33 Parsifal

 

Rogelio de Egusquiza: Parsifal (1910)
Óleo sobre lienzo, Museo del Prado




 

 


 

Parsifal

 

 

Estreno: Bayreuth, 26 de julio de 1882

Compositor: Richard Wagner

Libretista: el compositor, basándose en el poema de Wolfram von Eschenbach

Género: Bühnenweihfestspiel, que he visto traducido de diversas maneras, como «festival sacro dramático-solemne», «festival sacro para la escena» o «festival sacro dramatizado».

 

Tal día como hoy, del año 1882, se estrenó en el Festspielhaus de Bayreuth la última ópera de Wagner


Con esta obra, según el gruñón Nietzsche, Wagner «se había arrastrado hasta la cruz».

Parece que incluso ello dio pie a que rompieran su amistad.

Wagner componía la música, sí, pero también escribía los libretos, muchas veces a lo largo de los años. Aquí se aleja de sus historias mitológicas de valquirias y nibelungos, héroes y superhéroes mágicos, y se centra en una historia medieval cristiana.

Amfortas (barítono), el rey de los caballeros del Grial, está enfermo desde que fue a combatir a un malvado mago, Klingsor, y cayó seducido por una mala mujer, Kundry. Con aquello quedó deshonrado.

A su palacio llegará un tipo simplón (tenor), que no sabe ni quién es ni cómo se llama, ve todo pero nada entiende.

El malo de la película, Klingsor (bajo), intentará, usando a la misma seductora, acabar con el mozo. Al principio parece que caerá, como otros, en las sensuales redes de las doncellas-flor y de Kundry (soprano). Ella sabe quién es: Parsifal.

Luego resulta que no, que al final es él quien se mantiene entero y acabará salvándola a ella y hasta la bautizará al final.

Un beso que pretendía ser su caída en la depravación le sirve justo para lo contrario, para sentir piedad por el sufriente y con ello, comprender su destino.

Curioso, que un beso sea el punto central sobre el que pivota la trama.

Parsifal, hasta ese momento, era básicamente un simple, un idiota, pero la piedad es lo que le convierte en un hombre sabio, digno del Grial.

Él será quien consiga triunfar donde otros fueron derrotados, aunque para ello le lleve años, vagando por ahí, maldito por Kundry.

Acabará sanando a Amfortas con la lanza sagrada y convirtiéndose él mismo en rey del Grial, un día de Viernes Santo.

Como veis, hay tópicos reconocibles en la historia: el buen salvaje, el hombre sencillo que triunfa donde otros fracasan precisamente por su pureza, la sabiduría adquirida gracias a la piedad que siente por el sufrimiento ajeno. 

Georges Rochegrosse: El caballero entre las flores (1994)
Óleo sobre lienzo, Museo de Orsay
Representa a Parsifal entre las doncellas-flor


Son tres actos llenos de música maravillosa, la cumbre o el remate final de la producción wagneriana, al término de su vida. La música fluye, entrelazándose con los parlamentos, las arias solitarias, los dúos, los coros… Requiere cantantes recios, poderosos, como propio de Wagner. Pensad que son horas y horas, ahí, cantando.

El otro día me vi esta ópera en You Tube. Sus más de cuatro horas me hicieron pensar. Realmente, a día de hoy, ¿alguien tiene cuatro o cinco horas para dedicarlas, sin prisa, a un producto cultural semejante?

¿Las nuevas generaciones, criadas en lo inmediato, en el scrolling infinito, incapaces de concentrarse más de un minuto en nada…podrán dejarse llevar a este festival sacro? También los demás, los viejos que nos hemos quedado atrapados en este tecnoestrés y sufrimos el FOMO, el miedo a perdernos algo.

Hace un par de días, Radio Clásica la retransmitió. Todos los años se puede seguir el festival de Bayreuth por esta cadena. ¿Cuánta gente estaba ahí, escuchando...?

¿Cuántos podemos darnos el lujo del ensimismamiento, hoy en día, contemplando esta historia religiosa, de magia y redención, lanzas, cálices, magos, doncellas-flor…?

No me entendáis mal: Wagner es un compositor bigger than life. Su música, sus famosos leitmotive, temas que van apareciendo una y otra vez caracterizando personajes o situaciones, esos, van a gustar siempre, a cualquiera.

Ahora, el disfrutar de una ópera entera, de cabo a rabo, yo creo que eso sólo es apto para el aficionado al género.

Los demás, realmente, preferirán el típico disco con highlights, con momentos destacados como el preludio o la Música del Viernes Santo, también llamada el Encantamiento de Viernes Santo. Una horita de Parsifal seleccionado agrada a cualquiera, y no me parece mal ese acercamiento.

Parsifal se estrenó en aquel teatro en Bayreth construido exclusivamente para Wagner y sus óperas. Allí donde gentes de toda Europa peregrinaban, en una experiencia casi religiosa. Los wagnerianos eran como una secta. Ríete tú de los fans de Muse o de Taylor Swift.

Aquello era algo que inspiraba a muchos, trascendía a otras artes, todos se significaban como wagnerianos o antiwagnerianos. 

Es tradición, por considerarse una obra mística, que no se aplaude al final de los actos ni de la obra. Bueno, así fue en Bayreuth desde siempre. Si realmente Wagner lo quiso así o se trató de un malentendido, que decía que no se aplaudiera entre los actos, pero sí al final, ¿quién sabe? He leído las cosas. Lo cierto es que durante décadas, no se aplaudió.

Wagner quiso que Bayreuth tuviera la exclusiva durante, al menos treinta años, que no se representara en ningún otro lugar. Lógicamente, esto no podía sostenerse y hubo alguna representación fuera, en sitios como Ámsterdam, o en el Met de Nueva York.

Oficialmente, tengo entendido que la primera representación fuera de Bayreuth fue la de Barcelona, en el Gran Teatro del Liceo, el 31 de diciembre de 1913.

Es una ópera no de las más representadas, por lo exigente que es, no está al alcance de cualquier teatro. Exige mucha imaginación, muchos medios para recrear este mundo religioso, mágico, con su misticismo, la alegría, los momentos inmensos y otros de recogimiento, las procesiones solemnes de caballeros, las deliciosas doncellas-flor y su jardín de placeres... tiene que apabullarte. Si no, no es Wagner.

La ópera es todo un continuo en que unas escenas suceden a otras, los motivos aparecen y desaparecen, como bandadas de estorninos danzando en el aire.

¿Momentos concretos que destaquen en esta ópera? Puf, unos cuantos.

Por supuesto, el preludio orquestal, que anuncia los principales temas de la obra.

Del primer acto, el lamento de Amfortas, que se siente indigno como guardián del Grial, visto el pecado en que cayó: «Nein! Lass ihn unhenthüllt! –¡No, dejadlo cubierto!».

El acto II, que gira en torno a Parsifal y Kundry tiene como momento culminante  el del beso de Kundry, cuando parece que Parsifal va a quedar seducido pero no, entonces la piedad por el sufrimiento de Amfortas lo hace reaccionar: «Amfortas! Die Wude! Die Wunde! – ¡Amfortas! ¡La herida, la herida!».

Del acto III es tremendamente difícil decir qué es más memorable, pues todo él discurre en ese Viernes Santo mágica, solemne, algo tenebroso por la muerte de Titurel, y cómo Amfortas parece que va a seguirlo, hasta que aparece después de años, Parsifal, con la lanza sagrada. Pongamos el aria de Parsifal, «Nur eine Waffe taugt –Sólo un arma sirve». Se refiere a la lanza sagrada, la que hirió a Amfortas y que ahora podrá rescatarle.

Pero no olvidemos el solemne coro final.

Ferdinand Leeke: Parsifal camino del castillo del Grial (1920)
Óleo sobre lienzo, colección privada


La grabación recomendada de esta ópera es la de Georg Solti publicada en el año 1973 por Decca, con la orquesta filarmónica de Viena y el coro de la ópera estatal de Viena. Son intérpretes principales mi estimadísimo Dietrich Fischer-Dieskau (Amfortas), Hans Hotter (Titurel) y René Kollo como Parsifal. Klingsor fue interpretado por Zoltán Kéléman y Kundry, la excelente Christa Ludwig. Resulta curioso encontrar, entre las Doncellas-Flor (Blumenmädchen) dos célebres cantantes: la deliciosa Lucia Popp y la encantadora Kiri Te Kanawa.

 

Para saber más, la Wikipedia, aunque el artículo en inglés es muchísimo más amplio. El libreto, en español y alemán, así como discografía de referencia, en Kareol

This is Opera! Dedicó un programa a esta ópera, que puedes ver aquíPara mi gusto, habla demasiado del Grial y los nazis, pero bueno, la música y las explicaciones que se dan sobre la obra son amenísimas, como siempre.

Una representación que he encontrado en You Tube, dirigid por Horst Stein, con Siegfried Jerusalem haciendo de Parsifal.

 



domingo, 16 de julio de 2023

#43 Roma, ciudad abierta

 



 


Roma città aperta

Año: 1945

País: Italia

Dirección: Roberto Rossellini

Música: Renzo Rossellini

 

Drama bélico al estilo neorrealista

 

Ayer volví a ver esta película, un clásico de la cinematografía italiana y, en realidad, de la mundial. Si te gusta el cine, es raro que no la hayas visto.

Es un drama, en el sentido de que te cuenta historias tremendas de personas normales afectadas por la guerra. Es el momento en que caído Mussolini, los alemanes ocupan Italia para ser ellos quienes «defiendan» el país frente a los ejércitos aliados.

Es una película coral en la que te cuentan las historias e historietas de diversos personajes, usando como hilo conductor, principalmente, al cura interpretado por Aldo Fabrizi. Hay momentos de humor, otros costumbristas, otros durillos de ver, como la vida misma

El guion se inspira en historias de la calle, que Rossellini fue recogiendo nada más acabar la ocupación alemana. Lo escribió junto a Federico Fellini, Celeste Negarville y Sergio Amidei.

Ojo, no es un documental, aquí te cuentan historias de ficción ambientadas en un momento histórico concreto. Aunque sea durante la SGM, se centra en italianos normales, comunistas de la resistencia, un cura… contra los fascistas italianos y los ocupantes nazis. Aquí no aparece gente de otros países.

Pina (Anna Magnani, maravillosa), viuda con niño pequeño y embarazada de su amante Francesco, espera casarse al día siguiente. Tienen un momento precioso. En una casa llena de gente, acaban hablando en las escaleras, a solas. Ella lo mira, totalmente enamorada, luminosa dentro de un entorno tan humilde.  Está cansada, y su amor le dice que no se desanime, que la guerra acabará, llegará la primavera, y será más hermosa porque serán libres.

Claro, el problema no es solo eso, lo difícil que es vivir en épocas de guerra, sino todos los que se quedan por el camino.

Con su historia se entrelaza la de Giorgio Manfredi, otro activista que se refugia en su casa. Tuvo su rollo con Marina, una chica guapetona aunque de mal vivir, drogadicta, que los alemanes usan para conocer las andanzas de los comunistas o badoglianos. Pietro Badoglio fue un militar nombrado para el gobierno por el rey tras la deposición de Benito Mussolini en 1943.

Lo que vas viendo son las calles de Roma, la gente que se esfuerza por seguir viviendo, los niños en la escuela, las casas atestadas de gentes, los que colaboran con los alemanes, los que les combaten y los que solo quieren seguir un día más.

Rodada en blanco y negro, a veces parece saturada, otras sombría, otras resulta luminoso… Es una fotografía llamativa, en parte porque, al parecer, acabada la guerra no es que hubiera mucha película, y hubo que usar negativos de tipo diferente, en mejor o peor estado. Actualmente los cambios en iluminación de una escena a otra se atribuyen a un procesado inadecuado del negativo.

La rodaron, además, como una peli muda y luego la doblaron.

En su momento, supuso toda una revolución ese tipo de cine que se llama neorrealismo. Esta película, y Ladrón de bicicletas, de la que ya hablé aquí, serían las más representativas del estilo. Suponía rodar en escenarios naturales, con actores no profesionales, historias de gente normal, con poco glamur y fantasía idealista. Aquí, realmente solo Anna Magnani y Aldo Fabrizi eran profesionales.

A mí, que me van mucho los dramas bélicos, me encanta, aunque es dura, como en las escenas de tortura, aunque no sean muy explícitas, tú sufres junto a la persona que está siendo torturada.

Hay momentos de humor, sobre todo a cargo del cura, es ese tono agridulce en que a una escena divertida le puede suceder otra trágica.

Hay unas cuantas escenas de esas que se te quedan en la cabeza para siempre. Anna Magnani en la escalera, mirando enamorada a ese tipógrafo que quiere casarse con ella y convertirse en padre de su niño. O corriendo desesperada detrás del camión que se lleva a su enamorado, hasta que cae.

Pocas escenas en el cine tienen la fuerza de esa en la que Magnani, con los brazos estirados, corre hacia la cámara…, dijo el crítico William Wolf.


Fabrizi en su papel de cura resignado, cegato sin sus gafas, sentado en aquella silla, o los niños silbando… 

O la final, con los niños regresando poco a poco mientras ves el mogollón de Roma en el fondo. 

Esas panorámicas de Roma, grandiosa y monumental, como telón de fondo de las normales de gentes humildes a las que les pasa por encima la trituradora de la historia.

Yo se la recomendaría a muchos de esos que se llenan la boca hablando de fascistas, mira no. Puedes ver lo que era auténticamente el fascismo, los estados totalitarios del siglo XX. Es irónico, cuando piensas que muchos de los resistentes eran comunistas, es decir, defendían un totalitarismo frente a otro. 

La figura más atractiva es la del sacerdote, que aun sabiendo que el otro es un ateo, le ayuda porque son hombres que sufren y son perseguidos. Porque es lo que hay que hacer, ayudar al que sufre, esa es la forma correcta de vivir.

El padre Pietro lo dice en un momento, que no es difícil morir bien, lo difícil es vivir bien.


«Vivir bien» es ayudar al otro, no hacerle sufrir, intentar llevarse con el que piensa distinto a ti. Y seguir adelante… No tengas miedo, pase lo que pase, dice Francesco a Pina. Puede ser buen lema que resuma esta película.

Desde el punto de vista actual, no siempre es políticamente correcta. Hay dos personajes que los puedes ver como LGBT, y son los malos de la historia. El amaneramiento del mayor Bergmann, comandante nazi, puede hacerte dudar. Ahora, tal como mira un cuerpo desnudo y torturado, puedes tomártelo asó.

Ahora, en el caso de la mala, Ingrid, y cómo toca a Marina, cómo la mira, es totalmente la «pervertida lesbiana malvada» de las historias clásicas. La narrativa comercial era así, los personajes LGBT eran o trágicos o malos. En el blog gaylésbico mencionan el rinconcito homófobo de la peli, centrándose, sobre todo, en Ingrid. 

Se aprende del pasado no solo viendo lo que retrata la película, sino también cuando te enteras de que esta película sufrió prohibiciones y censuras. ¿Por qué?

En los EE. UU. cortaron un cuarto de hora. Lo prohibieron en varios países, como Alemania Occidental (de 1951 a 1960) o Argentina. Cuando se estrenó, en Italia no entusiasmó, porque claro el público no iba al cine a que les contaran lo que ellos acababan de vivir. En otros países, sin embargo, sí que gustó.

Ganó la Palma de Oro a la mejor película en el Festival de Cannes de 1946, también fue la mejor película extranjera para el Círculo de Críticos de Nueva York. Anna Magnani fue elegida como la mejor actriz en la National Board of Review (Asociación de Críticos Norteamericanos) y la película, mejor film extranjero.

Si te gusta el Cine, esta película es imprescindible. Te sorprenderá que sonrías en más de un momento, puede que llores en otros, que te emocione. Y hay imágenes que las has visto cien veces, y ahora se trata de verlas en contexto.

Podéis leer más en la Wikipedia, Film Affinity, o la Internet Movie Data Base.

sábado, 27 de mayo de 2023

#100 Open: Memorias

 

Open: an autobiography

 

En Amazon

Autores: Andre Agassi & J. R. Moehringer

Año: 2009

Género: Autobiografía

Tema: Deportes

 

Todo jugador o aficionado al tenis debería leer esta historia

 

Bueno, pues voy a ver si retomo un poco este segundo blog mío. He dejado que el trabajo y otras cosas me comieran la moral y el tiempo y ya está bien, que yo disfruto hablando de las cosas que me gustan.

Una de ellas es el tenis masculino. Empecé de jovencita, siguiendo a Ivan Lendl, y por supuesto, Nadal es mi héroe. Lo que ocurre es que hace años no se veía tanto por la tele. Ahora, gracias a la televisión digital, podemos ver prácticamente todos los torneos ATP.

Esta biografía que escribió Agassi, usando como «negro» a un tipo bastante competente, como es Moehringer, se lee como una novela apasionante

Tiene hasta su historia de amor con final feliz, pues te cuenta cómo le gustaba Steffi desde que la conoció, solo que ella era una chica seria, con novio, con una biografía muy diferente. Tardó años en tener una oportunidad con ella.

Para mí, estar con la mujer adecuada es la verdadera felicidad.

Recordaba yo a Agassi era un tipo simpático, con mucho talento, que innovó el aspecto del tenista, metiendo otro tipo de ropa, con esos pelazos de punta, esa sonrisa, el aspecto un poco de chico malote, frente a otros «buenos» como Sampras. El tópico de un espectáculo de Las Vegas trasplantado a las pistas de tenis.

Aquí descubrí una historia apasionante. Un chico de Las Vegas al que su padre le construye una pista para estar todo el rato entrenando. Hijo de emigrantes, con esa imagen de tipo totalmente americano que luego resulta mucho más cosmopolita. Lo dice en un momento:

J. P. observa que las tres personas que más me han influido en la vida –mi padre, Gil y Stefanie– no tienen el inglés como lengua materna. Y con los tres, su froam de comunicación más poderosa puede ser física.

No le gusta el tenis pero entrena sin parar, presionado por su padre. Acaba siendo ese chico de Las Vegas del que todo el mundo habla.

Esta historia te hace ver que detrás de un gran deportista hay mucho trabajo, muchísimo, no nacen del aire. No hay más que escuchar a tito Toni para saber. Sufres viendo cómo este chaval tiene que dedicar tanto de sí mismo a algo que no le gusta. 

Como te recorre su carrera, detallando incluso partidos concretos, vas viendo distintos momentos del tenis. He recordar que él empieza en la época de Lendl (H2H 6/2 a favor del checo) y McEnroe (H2H 2/2).

Pasó por la fase aquella de Sampras, que fue digamos su principal rival, con un H2H de 20/14 a favor de Sampras. Sus últimos años coinciden con el principio de Federer y Nadal.

Así, de Federer te cuenta

Yo no puedo hacer otra cosa que dar un paso atrás y admirar sus inmensas dotes, con magnífica contención. Es el jugador más regio al que he visto jugar en mi vida...

Tengo la sensación de que es capaz de adaptarse a cualquier cosa, al vuelo...

Yo le digo a todo el que quiera oírme que ese hombre va camino de convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos...

Federer sale a la pista con aspecto de Cary Grant. Casi me pregunto si va a jugar ataviado con esmoquin y pajarita...

En el tiebreak, se coloca en un lugar que yo no reconozco. Encuentra una velocidad que otros jugadores, sencillamente, no tienen...

Me acerco a la red, convencido de que he perdido contra el que ha sido mejor, contra el Everest de la siguiente generación. Me dan pena los jugadores jóvenes que tengan que competir contra él. Lo siento por el hombre que vaya a representar el papel de Agassi contra su Sampras...Casi todo el mundo tiene puntos débiles; Federer, no.

O de Nadal:

Voy a Montreal y me abro paso hasta la final, que juego contra un español jovencísimo del que habla todo el mundo: Rafael Nadal. No consigo derrotarlo. No consigo descifrarlo. Nunca había visto a nadie moverse así en una pista de tenis...

Nadal es una bestia, un fenómeno, una fuerza de la naturaleza, el jugador más fuerte y a la vez más grácil que he visto en mi vida... Después, Nadal me aniquila. El partido dura setenta minutos.

De Berdych comenta:

Cree que debe anotarse todos los puntos. Desconoce la importancia de dejar que sea el rival el que pierda.

Mete en sus memorias anécdotas de esas que vistas en la distancia, resultan graciosas, como eso de jugar la final de un Grand Slam con peluca. Claro, un tipo que tenía una imagen tan distintiva como él, frente a lo anodinos que resultaban los demás, debió horrorizarse ante la alopecia.

Confirmas cosas que ya sospechabas, como que Sampras era, efectivamente, un soso, o que Jimmy Connors no era muy agradable al trato con sus colegas.

Por primera vez desde que lo conozco –incluidas las veces en que me dado palizas en la pista– envidio a Pete por ser tan soso. Ojalá pudiera emular su espectacular falta de inspiración y su peculiar falta de necesidad de inspiración.

Va siguiendo partidos fundamentales en su historia, unos que gana y otros que pierde. Resulta fascinante ver desde dentro cómo se suceden momentos de exaltación, que está en zona y todo le sale bien, y otros en que empieza a dudar, a comerse el coco, a no salirle las cosas. Eso que vemos a veces que dicen los comentaristas que el jugador se ha ido mentalmente del partido.

Te ayuda a comprender mejor cómo es este deporte. Siempre me ha parecido el deporte más solitario del mundo, con todos los ojos del mundo fijos en ti, y él lo cuenta así:

En el tenis, estás en una isla. De todos los deportes que practican hombres y mujeres, el tenis es el más parecido a una reclusión en régimen de aislamiento que, inevitablemente, propicia la conversación con uno mismo.

O cómo es eso de jugar las cosas a cinco sets:

He oído a veteranos decir que los quintos sets no tienen nada que ver con el tenis. Y es cierto. Los quintos sets tienen que ver con la emoción y con la condición física.

Que en la pista muchas veces hay picar piedra, ir punto a punto, aunque no salgan vistosos.

Por culpa de tu perfeccionismo, tu confianza se va al garete. Intentas que todas las pelotas que lanzas sean grandes puntos, cuando, en el noventa por ciento de los casos, con mantener el rumbo, mostrarte consistente y limitarte a lo básico, tendrías bastante para ganar...

No hace falta que seas el mejor jugador del mundo, joder. ¿Te acuerdas? Basta con que seas mejor que un solo tío. Y él no tiene ni un tiro que tú no tengas...

¿No os suena actual? A mí me recordó mucho a Alcaraz, que parece que juega muchas veces buscando el highlight, cuando bastaría simplemente que pasara la bola al otro lado. No es el único, ¿eh? Hasta Medvedev a veces quiere hacerlo bonito.

Deja de pensar en ti y en tu propio juego, y ten en cuenta que ese tío que hay al otro lado de la valla tiene sus puntos débiles. Ataca esas debilidades...

Siempre he oído que gente como Djokovic o Nadal una de las cosas brillantes que tienen es que ganan el partido al otro lado de la pista. Sus cabezas serían ordenadores que van procesando cómo está jugando el otro, y saben cambiar y adaptarse. No se estresan, un set perdido es un set en el que han aprendido cómo está jugando ahora el otro.

De los chicos actuales, no caigo en nadie que sea así, que claramente reaccione a lo que tiene enfrente. Se fían más de la consistencia de su juego, de las cosas que mejor les salen a ellos, más que las debilidades del otro.

Luego el entorno del deportista profesional, como toda esa gente que tiene que ir contratando, preparadores físicos, entrenadores,... o la presión de los medios, que si no saben algo se lo inventan. Las chorradas no se inventaron en los tiempos del clickbait.

Alguna mentira nueva, servida en forma de análisis. Soy un punk. Soy un payaso. Soy un embaucador. Soy un golpe de suerte. Si ocupo una posición tan alta en el ranking es por culpa de una conspiración, de grupos de canales televisivos y de adolescentes...

Le cuento lo que se dice de mí, que he subido demasiado en el ranking, que nunca he derrotado a nadie bueno, que he tenido suerte.

Nada nuevo, ¿verdad? Cosas parecidas las puedes leer o escuchar una y otra vez. Hoy en día ves cosas así, referidas a la última estrellas del deporte, hoy Alcaraz, pero lo dirán también del siguiente wunderkid. Yo lo he oído decir hasta del golfista Jon Rahm, cuando estaba el número uno, aunque aún no había ganado el abierto de los EE. UU. Lo peor es que ahora, a ese «periodismo», se añaden las infinitas redes sociales.

Por eso digo que es el típico libro que tendría que ser lectura obligatoria en las academias de tenis. Los jóvenes tenistas, que tienen la ambición de vivir de esto, incluso sueñan con ganar un Grand Slam o ser número uno, verán que no van a gustar a todos, que no importa lo que hagan o logren, siempre alguien irá en su contra y dirán que han tenido suerte.

Yo he visto críticas de todos los tenistas, que todos tienen suerte, que si unos brillan es porque el resto son muy malos... Todavía hay gente que te dice que a Fulanito le tocó una época en que todos eran malísimos, que Menganito se dopa, que Zutanito que juega muy feo...

No sé muy bien cómo se trabaja con un escritor «fantasma» de biografías, un artesano, si es una conversación fluida que el otro ordena, si contrasta o no los datos, porque los recuerdos no son fiables. Me imagino que ponga algo de orden a lo que el biografiado le cuenta, y usa técnicas como flashbacks. Sigue una narración lineal y cronológica, pero a veces te va poniendo cosas que pasarán más adelante, para picarte.

En cualquier caso, una historia muy recomendable dentro de lo que es un tipo de ensayo muy preciso, que son las memorias o autobiografías escritas mano a mano entre el personaje y un escritor comercial. 

No es un producto con un valor literario, no pretende hacer nada especial con el lenguaje, sino simplemente contarte la historia de una persona. Puro comercio solo que... cuando se trata de personajes tan interesantes como Agassi, hablándote de un tema que te gusta, es apasionante. Y todos podemos aprender.