sábado, 14 de marzo de 2020

#18 Biblia moralizada de San Luis




Ubicación: Catedral de Toledo (España) / Museo & Biblioteca Morgan, Nueva York (EE. UU.)
Fecha: entre 1226 y 1234
Estilo: Arte gótico


Un lujoso producto cultural, herencia de un rey

Voy a empezar hablando de la última voluntad de Alfonso X, al que todos conocemos con el apodo de «el Sabio», que reinó en Castilla y León allá por el siglo XIII.

Pongámonos un poco gore. En el invierno de 1283-1284 el rey se dedicó a dictar sus testamentos, viendo que ya le quedaban, como quien dice, dos días en este valle de lágrimas. Era un hombre muy peculiar, y por ejemplo respecto a dónde quería que le enterraran tuvo sus cosas: su cuerpo, en Sevilla (en cuya catedral está), sus entrañas que se fueran a Murcia, primer territorio que reconquistó de manos musulmanas (y efectivamente allá están, en la catedral de Murcia), y su corazón, que lo llevaran a Tierra Santa. ¿Está en Jerusalén, entonces? Pues no, porque aquello se perdió para manos cristianas y, no teniendo otra cosa que hacer con él, como pasaba el tiempo, lo juntaron con el resto de vísceras en Murcia. Es por ello que el escudo de Murcia lleva, desde el siglo XVI, un corazón. Lo cuentan aquí

Antes de que el rey muriera y lo partieran en cachitos, en un testamento que lleva fecha 10 de enero de 1284, entre sus disposiciones están la siguiente: 

«E mandamos otrosi, que las dos biblias et tres libros de letra gruesa, cobiertas de plata, é la otra en tres libros estoriada que nos dió el rey Luis de Francia, é la nuestra tabla con las reliquias, e las coronas con las piedras é con los camafeos é sortijas, é otras nobles que perteneçen al Rey, que lo aya todo aquel que con derecho por nos heredare el nuestro señorío mayor de Castilla é León»​

¿Cuál era esa otra biblia en tres libros historiada que le dio el rey Luis de Francia?

Pues un producto cultural muy específico y caro: una «biblia moralizada» o «historiada». Son biblias iluminadas. Lo de moralizada viene porque combina alegorías y escenas paralelas. Tan preciosa es que se la llama también «Biblia rica de Toledo».

Se confeccionaron cuatro biblias de este tipo a instancias de la reina Blanca de Castilla. Era esta hija del rey de Castilla, reina de Francia y magnífica señora medieval, de esas que se dedicaban a ejercer el poder como podían, defendiendo el reino de su hijo menor, muy piadosa y mecenas de manuscritos.

La finalidad es didáctica: la formación religiosa y moral de los miembros de su familia. 

Se conocen cuatro biblias de estas realizadas en los talleres parisinos. Las dos más antiguas se conservan en Viena; la tercera, troceada como el cuerpo de Alfonso X, está en bibliotecas de Oxford, París y Londres. Y la cuarta, que es coetánea de la despiezada, en la catedral de Toledo, salvo ocho folios (una mano de papel), que está en la Biblioteca Morgan de Nueva York.

El material utilizado es pergamino. De cada folio se usaba solo una cara, pues estaba tan cargado de pintura que no habría soportado que se escribiera e iluminara por las dos partes. El pergamino tiene dos partes, una velluda y otra suave. Para pintar se prefirió la parte más áspera, en la que el pigmento se agarra mejor. El fondo es de oro y los colores, diversos.


Aunque se les llama biblias realmente no son una edición completa de este libro. Son fragmentos en latín de la Biblia, del Viejo y del Nuevo Testamento, con su correspondiente comentario o interpretación. Por ejemplo, en un lado aparece el Génesis con la separación de luz y tinieblas, y al lado, moralizándolo, la separación de los ángeles buenos y los ángeles malos. Junto a la creación de Eva a partir de la costilla de Adán, aparece la creación de la Iglesia sacada del costado herido de Cristo en la cruz.  

Lo maravilloso es que el texto se sitúa en dos columnas y, a su vez hay otras dos columnas de ilustraciones, metidas en medallones, cuatro por cada columna, en total ocho por página. La primera fila de dibujos ilustrarían el texto bíblico y la segunda, una escena que explicaría el fragmento del texto.

Esas escenas metidas en círculos son muy ilustrativas de la vida en el siglo XIII, cómo vestían, qué instrumentos utilizaban, los juegos, etc. Suele ser una sola escena por medallón, aunque alguna vez se divide en dos partes, arriba y abajo.

Son cientos, miles de ilustraciones que no tienen realmente paralelo –en cantidad y calidad– en ningún otro libro medieval. Recuerda un poco a cómo estaban distribuidas las imágenes en las vidrieras de esta misma época gótica.

Al principio de cada biblia, en el frontispicio, hay una representación de Dios creando el mundo, con un compás en la mano y el orbe en la otra. Al parecer, esta iconografía del «Dios geómetra» contaba con escasos precedentes. En esta Biblia de San Luis está en majestad, un pantocrátor dentro de una mandorla, imagen que ya hemos ido viendo en otras entradas de este blog mío y que era muy habitual en el arte medieval.

Frontispicio de la Biblia de San Luis, catedral de Toledo.

En el colofón está la imagen de quien realizó el libro. En la parte superior, una reina (Blanca de Castilla) y un rey joven, lampiño (Luis IX de Francia. Y, abajo, en tamaño un poquito menor, para que se vea que son de menor importancia que los reyes, un clérigo que pudiera ser benedictino pero que realmente no se puede saber, a ciencia cierta, a qué orden pertenecía, que está dictando la obra, o dándole instrucciones sobre lo que dibujas, a un escriba, un artesano laico.

Colofón de la Biblia de San Luis, Biblioteca Morgan, Nueva York.

Las cuatro biblias siguen este mismo esquema, y luego fueron imitadas en los siglos XIV y XV, aunque no son tan completas. Una, la llamada «de Osuna» (Biblioteca Nacional de Madrid), por ejemplo, tiene el texto y el hueco para las ilustraciones, pero las miniaturas no llegaron a hacerse nunca.

Aquí trato de la Biblia de San Luis, pero no me resisto a poner una imagen que hay en una de las biblias de Viena, porque es de las más populares imágenes medievales. Ya he comentado que al principio de las biblias hay una imagen a página entera de Dios creador como geómetra. Esta es una de Viena, con Dios creando el mundo con un compás como podrían ser aquellos maestros que hacían las trazas de las catedrales medievales.
Dios como arquitecto, frontispicio de la Biblia moralizada de Viena
Codex Vindobonensis 2554, f.1 verso
Biblioteca Nacional de Austria

Un producto tan lujoso y caro, que solo podía ser un encargo real. Ni los más ricos aristócratas podían mantener talleres artísticos, solo la Corona de Francia. 

Llegó a manos del rey español gracias a que se la regaló el rey Luis de Francia. Este se ha identificado casi con toda seguridad con san Luis, y el acontecimiento que motivó el regalo pudo ser variado, quizá cuando subió al trono en 1252, o un regalo de compromiso de Alfonso X con Blanca de Francia en 1266, o cuando se casaron en 1269. Otros hablan de otro san Luis, el de Anjou, obispo de Tolosa, pero las fechas no cuadrarían del todo.

Los ocho folios que hay en Nueva York son del final, los que contienen la imagen de la reina Blanca de Castilla y su joven hijo. Se desgajó del tercer tomo muy pronto, en la Edad Media. Una hipótesis que hay es que lo hizo el sucesor de Alfonso X, Sancho IV; fue una herencia un poco atravesada, pues sus sobrinos, hijos del hermano mayor premuerto, eran pretendientes a la Corona. 

Pudo ser un poco por despecho porque al parecer los reyes de Francia sí que apoyaban a estos infantes llamados de la Cerda, ya que eran hijos de Blanca de Francia, hija del rey Luis IX de Francia,… exacto, el que aparece retratado como muchacho en esa imagen final de la Biblia moralizada, por quien lleva el nombre «de San Luis». O sea, que Sancho IV no lo quería ni ver… ni en pintura.

Cómo llegó esto a la catedral de Toledo no se sabe, sería un regalo real, obvio. Se sabe seguro que ya estaba allí en 1539, por un inventario. De todas las biblias historiadas es la que más fácilmente puede ver el público, pues lo tienen en el Tesoro de la catedral de Toledo, donde cualquier turista puede verlo. Paradójicamente, también era la más difícil de estudiar para los académicos. Es por ello que se encargó una edición facsímil, que se hizo en M. Moleiro Editor, S. A. de Barcelona.

Como curiosidad, recordaré que, en el año 1923 el último sha de Persia de la dinastía Kayar, Ajmad Sah Kayar, visitó España. Aquí, un vídeo de estos dos mandamases en carruaje pasando revista a las tropas. Entre las cosas que el rey español consideró dignas de enseñarle está, precisamente, esta biblia moralizada de la catedral de Toledo. Ciertamente, aunque de mayoría islámica, los iraníes son principalmente persas, no árabes, sino que tienen una cultura muy antigua en la que la representación humana no estaba prohibida. Espero algún día poder hablar de las magníficas miniaturas persas.

Este libro pertenece al estilo artístico gótico. Se le considera un ejemplo de la primera fase de la pintura gótica, el llamado «estilo gótico lineal o franco-gótico». A lo que más importancia se da es a las líneas del dibujo, que limitan superficies con vivos colores, pero planos, sin matices de tonos según la luz.

Las representaciones son ingenuas, sencillas, pero naturalistas e intentando ser amables, como reflejo de un mundo ideal. Todo ello, muy del gusto de una persona sencilla que debe entender fácilmente el contenido de lo que le explican.

Los principales ejemplos de este primer estilo gótico serían las vidrieras de lugares como Chartres o la Santa Capilla de París, y los manuscritos iluminados como este que comento hoy. En España, la obra maestra de esta fase del gótico es, indudablemente, el códice de El Escorial de Las Cantigas. Alfonso X, el rey propietario de la Biblia de San Luis, tuvo un taller propio, un escritorio real del que salieron este códice de las Cantigas, obra literaria suya, y otros. Tiene ese mismo naturalismo a la hora de representar las escenas, en bellos dibujos llenos de colorido. Si la Biblia de San Luis es un paseo por la Francia de principios del siglo XIII, el códice de Las Cantigas nos mueve por la España de la segunda parte del mismo siglo.
Miniatura de la cantiga 160, Códice de El Escorial
G. Rosa, imagen cedida por Retruso de Cela, via Wikimedia Commons

Como el número de pinturas que voy a comentar está reducido a cien, no puedo más que poner un manuscrito franco-gótico, pero no podía dejar de mencionar el espléndido manuscrito de El Escorial.

Para saber más sobre las biblias moralizadas, se puede leer el artículo que les dedica la Wikipedia. Y, en particular, sobre esta de San Luis

Un informe del Boletín de la Real Academia de la Historia dedicada a «La Biblia de San Luis en la catedral de Toledo» me ha servido para escribir esta entrada. También he recurrido a «Del cosmos al caosen las biblias moralizadas», para entender un poco la ideología detrás de este producto cultural de Antonia Martínez Ruipérez; datos tampoco es que haya sacado muchos de este segundo artículo, pero es fascinante ver cómo interpretaban el mundo y qué ideas había detrás de las imágenes; se centra mucho en el manuscrito de Viena.

Acabo con un clip de Moleiro Editor, S. A. sobre esta biblia

Como siempre, ya sabéis, una propuesta de viaje cultural de fin de semana a Toledo, con sus muchos y maravillosos monumentos, entre ellos la catedral. No dejéis de pasaros por su Tesoro para admirar esta bellísima biblia historiada.

viernes, 6 de marzo de 2020

#80 La sonámbula


Rachele Gilmore, Florida Grand Opera
Foto de Gastón de Cárdenas (2013)
[CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons


La sonnambula


Estreno: Milán, 6 de marzo de 1831

Compositor: Vincenzo Bellini

Libreto en italiano: F. Romani, basado en el ballet de E. Scribe y J. P. Aumer, La sonannbule ou L’arrivée d’un nouveau seigneur

Género: ópera semiseria


Tal día como hoy se estrenó, en el Teatro Carcano de Milán, esta que se considera la más perfecta encarnación del belcantismo belliniano


Bellini es uno de los más excelsos representantes del belcantismo italiano. La voz, la melodía, el cantar bien y bonito, en una palabra.

Su vida fue corta, pues murió a los treinta y dos años. Pero dejó joyitas como esta sonámbula que realmente no tiene mucha trama, pero que es preciosa en cada una de sus piezas.

La historia no da mucho de sí. Amina se va a casar con Elvino, pero el día antes de la boda la descubren dormida en la cama de un noble. Pensando que le ha puesto los cuernos, Elvino rompe el compromiso. Pronto descubrirá, junto con todo el pueblo, que lo que la ocurre es que camina dormida y, en realidad, no ha pasado nada entre ella y el noble.

Dependiendo de cómo hagan la representación es de dos a tres horas. Te lleva muy suave y dulcemente de una cosa a otra. No es de las que te vaya a conmover hasta las lágrimas. A pesar de la sencillez de la trama, requiere una cantante principal realmente buena. Y para el papel de enamorado celoso, lo que llaman un tenor de grazia, cosa que he leído por ahí que no es tan frecuente.

Esta obra es pura música, de esas que si no la ves en el teatro tampoco te pierdes gran cosa, pues no veo yo manera de que esta sosada tenga un poquito de garra. No es la intensidad dramática lo propio de Bellini o su estilo, sino más bien la suavidad, el romanticismo, la dulzura… que también tiene su cosa.

De esta ópera destacaría dos momentos. En el primer acto, el dúo de amor «Prendi, l’anel ti dono», creo que sobre todo por ser la melodía de un programa de Radio Clásica, y la cabaletta final, «Ah! Non giunge uman pensiero».

Después de los excesos wagnerianos y veristas, en el siglo XX yo creo que un poco por hartazgo de tanta pasión y épica, se fueron recuperando estas obras preciosas en las que la música es tan sutil, más suave, pero no tan fáciles. 

Hubo dos grandes recuperadoras de estas óperas belcantistas con destacados papeles femeninos, la Callas y la Sutherland.

Es por ello que, a la hora de hacer recomendaciones, la cosa siempre esté entre la versión de la Sutherland en los años ochenta, con Bonynge dirigiendo o la más clásica de la Callas, con Votto en la batuta (1957). Me voy a inclinar por la de Bonynge (1982, aunque creo que la grabación es de dos años antes) para la Decca, con la orquesta National Philharmonic y el coro de la London Opera. Son sus intérpretes: Joan Sutherland (Amina), Luciano Pavarotti (Elvino), Nicolai Ghiaurov (Rodolfo), Isobel Buchanan (Lisa), John Tomlinson (Alessio), Piero De Palma (notario) y Della Jones (Teresa).

Para saber más, la wikipedia. El libreto, en español e italiano, así como discografía de referencia, en Kareol

En You Tube he encontrado esta grabación con Eva Mei como Amina y José Bros como Elvino, en el Teatro Comunale de Florencia, y subtítulos en español.
 

lunes, 2 de marzo de 2020

#40 Puerta del Sarmental




Puerta del Sarmental
Por Zarateman (2008)
[Dominio público], vía
Wikimedia Commons


Ubicación: Burgos (Castilla y León)
Fecha: h. 1230-1240
Época: Arte gótico






Ejemplo máximo de escultura gótica clásica en España


Otro día os hablaré de la catedral de Burgos en sí, que tiene una curiosa historia detrás: una boda real entre una princesa alemana, que me imagino rubia y lozana, con un joven rey español, a quienes se les quedó pequeña la vieja catedral románica. Y un obispo hábil que supo impulsar el tema.

Hoy voy a hablar en concreto de una puerta de esa catedral, la del brazo meridional del transepto, llamada del Sarmental. Es uno de los ejemplos más brillantes de la escultura gótica española del período clásico, siglo XIII.

Dependiendo del lugar, el gótico se extendió desde el siglo XIII hasta bien entrado el XVI. A lo largo de tales siglos hubo diferentes fases o estilos, desde el depurado cisterciense del principio hasta el complicado manierismo isabelino.

La puerta del Sarmental pertenece a la llamada fase clásica del siglo XIII. Hay que tener en cuenta que Burgos fue, junto a León, uno de los centros de la escultura gótica clasicista.

Si nos fijamos en el esquema general, sigue la tradición románica: un arco, con arquivoltas y, en el tímpano, el Cristo en majestad con los evangelistas a su alrededor (Pantocrátor). Y, debajo, todo el apostolado en una franja corrida.

Solo que esto ya es gótico, así que el arco y las arquivoltas son típicamente apuntadas, ojivales. Y las figuras son más naturales y realistas. Frente a la escultura románica, solemne, impasible, de gesto hierático, aquí hay más movimiento, individualización de los personajes, y representación más de la realidad misma.

Se nota la influencia de la escultura gótica francesa, puesto que el estilo gótico entró en España de mano de maestros de ese origen. Eso explica que sea un estilo tan diferente de las tradiciones hispanas anteriores.



Los cuatro evangelistas están representados por sus animales icónicos, sí. Pero también aparecen ellos como aplicados escritores en sus pupitres.

En el parteluz, la columnita que hay dividiendo la puerta de acceso, está representado un obispo. ¿Quién era? Pues hay quien entiende que es Mauricio, el hábil obispo que decidió construir la catedral gótica; otros dicen que si podría ser Asterio, obispo de Auca a finales del VI, en época visigoda. Y finalmente, también lo he visto identificado con una figura de dudosa historicidad, san Indalecio, que se supone que fue el primer obispo de Almería en el siglo I y luego fue a evangelizar por tierras burgalesas (y aragonesas y…) y acabó martirizado.

En las arquivoltas, podemos encontrar interesantes figurillas, como ángeles o los ancianos del apocalipsis, coronados y tocando instrumentos. Es una de esas representaciones que te permite identificar cómo debían ser los instrumentos musicales en la Edad Media.

Aquí os pongo ejemplo de músicos coronados, fotografías tomadas de Wikimedia Commons:



En lo que se refiere al autor, relacionan esta obra con la de Amiens. El tímpano lo he visto atribuido a un «Maestro del Buen Dios de Amiens», los apóstoles del dintel a otro artista gabacho, al que denominan «Maestro del Sarmental» y, finalmente, los ancianos de las arquivoltas los habrían labrado canteros locales, dirigidos por un maestro francés. Las fuentes medievales hablan del «Maestro Enrique» arquitecto de la catedral y que podría ser también el que hizo estas esculturas. En fin, vaya usted a saber.

Poco me queda por decir, salvo que se data esta puerta de entre los años 1230 y 1240 y que está tallada en piedra.

Esta vez no os voy a poner enlaces con la Wikipedia, porque no hay artículo concreto dedicado a esta portada. Sí enlazo con un pequeño clip sobre la obra.

miércoles, 26 de febrero de 2020

#14 Guerra y paz

Alianza Editorial (2015)


Autor: León Tolstói
Título original: Война и мир, Voiná i mir)
Fecha de publicación: 1865–1869

No estáis de suerte.

Si me dijérais una sola obra de Literatura imprescindible, os diría: El Quijote, obra ya mencionada aquí
Si me contestarais: «¡no, que es muy larga!», dinos otra,… ya digo que no estáis de suerte, porque la segunda que diría sería esta Guerra y paz de Tolstói. 
Si os pareció larga El Quijote (unas mil páginas, 381.734 palabras), Guerra y paz la supera (unas mil trescientas páginas, 561.304 palabras).
Si me parece tan importante, diréis, ¿por qué no la pongo en la lista de cien obras de literatura universal, o de cien novelas? Ciertamente, debería estar en esas dos listas, pero la he puesto en esta específica de novelas históricas porque eso es, sobre todo, lo que Guerra y paz significa para mí.
Y el motivo por el que, creo yo, sigue ganando lectores entre las nuevas generaciones. Las guerras napoleónicas del siglo XIX son como la Segunda Guerra Mundial del XX: los aficionados a la historia nunca nos cansamos de leer sobre ellas.
Básicamente, Tolstói recrea toda una época, la Rusia de principios del siglo XIX, durante las guerras napoleónicas: de 1805 a 1813. Junto a personajes históricos como el zar Alejandro I o Kutúzov, pone en escena a varias familias de la aristocracia, más algunos personajes del pueblo que se te quedan grabados a fuego, como Platón Karataiev, que aparecerá como prisionero de guerra en la segunda parte.
Hay miles de páginas en Internet que comentan, analizan, exaltan y destripan esta novela, así que solo contaré mi experiencia. 
La primera vez que leí esta novela fue hace más de treinta años. Era joven y leía muy rápido: me duró menos de una semana. Seguí apasionadamente las descripciones de las batallas, la campaña rusa de Napoleón, con mapas y todo, quedándome en lo épico y en las reflexiones de Tolstói sobre la Historia.
Ahora la he releído demorándome a lo largo de las semanas, y los meses. En esta lectura pausada me fijé más en la evolución interior de cada uno de los personajes principales. La guerra ya no la veía de aquella manera sino como un lamentable desperdicio de vidas humanas. 
Lo que Tolstói opina sobre la ciencia histórica me pareció un poco como la pseudociencia de un Goethe: relleno que ralentiza la historia y que la evolución posterior del pensamiento y conocimiento humanos ha convertido en cenizas que oscurecen la obra literaria.
Sobre todo pensaba yo en Hitler. Sin despreciar la idea tostoyana de que hacen falta un cúmulo de muchos eventos menores, en que intervienen cientos o miles de personas, para que se produzcan los grandes hechos históricos, me parece descabellado entender que es irrelevante la acción de hombres concretos e individuales. Soy de las convencidas de que, si Hitler hubiera muerto en la Primera Guerra Mundial, lo más probable es que no se hubieran producido la Segunda ni el Holocausto.
Me parece a mí que Tolstói, al criticar la «Historia del Gran Hombre» decimonónica, pensaba que por grandeza y genio se refieren siempre para el bien o lo épico, cuando igualmente se puede ser muy gran hideputa y genio del mal.
¿Qué puede encontrar el lector de hoy entre los Rostov y los Bolkonsky? Historias de gente que cambia y aprende de las experiencias. También las personas buenas y virtuosas tienen defectos y se dejan llevar por pasiones como la ira o el deseo,... y conviven con otras malévolas en plan el escorpión de la fábula, simplemente porque nacieron así. Nadie es perfecto.
Hay momentos para el amor y otros para el llanto, la esperanza, la diversión, la felicidad inconsciente de ser joven, la preocupación de las madres por el futuro de sus hijos, y el desgarro de la pérdida. La guerra es lo que tiene, que la gente sufre y muere en ella. Reconozco que mojé la pestaña más de una vez.
Los letraheridos (véase la Historia de la literatura universal de Riquer-Valverde) reprochan a esta novela que tenga un «happy end con resolución y matrimonio para todos». A diferencia de ellos, opino que los finales felices no degradan un libro. Yo me los tomo como el premio al lector que ha invertido tanto emocionalmente en estas vidas de ficción. Además, no es cierto que haya matrimonio para todos: solo cuatro de los personajes principales que terminan casados. Estas dos parejas serán las únicas que tengan en esta historia un pleno final feliz, incluidos prosperidad y matrimonio. El resto habrá muerto o viven con cierta amargura, tras sufrir pérdidas y dolor.
De sus dos epílogos, uno es muy de novela romántica: parejas con sus retoños. Es casi un cuento en sí mismo que titularía «escenas de matrimonio»; proporciona el contrapunto algo desencantado de la cotidianidad después de tantas páginas de batallas, contratiempos, ilusiones y esperanzas no siempre cumplidas, y muertes.
Para ser justos con Riquer-Valverde, también reconocen que:
Guerra y paz es seguramente, si dejamos el Quijote aparte, la novela europea máxima, un prodigioso libro al cual hemos de volver de vez en cuando y cuya primera lectura queda en nuestra vida como un viaje feliz o unas vacaciones mágicas.
Pues eso, de verdad, dadle una oportunidad a esta novela que lo tiene todo: peripecias entretenidas, personajes inolvidables, estilo muy dinámico (ágil en los diálogos o minucioso en las descripciones, según lo exija el momento), la reconstrucción fidedigna de una época (hasta las parrafadas en gabacho de aquella nobleza tan francófila) y la trascendencia, ¡oh, sí! Cualquier reflexión que quieras hacer sobre el destino individual o social del hombre, la búsqueda de un sentido para la vida, el amor, la lealtad, el interés y la hipocresía, cualquier sentimiento o acto humano,… posiblemente encuentre su ejemplo aquí.
Quizá lo que más puede hacer torcer un poco el morro, en esta época, es el clasismo y el sexismo. Pocos personajes aparecen que no sean nobles; los campesinos y los criados son mero decorado, y rara vez tienen entidad propia. Karataiev es una excepción y, a veces, pienso que está ahí solo al servicio de la odisea personal de Pierre.
En cuanto a las mujeres, es cierto que están retratadas psicológicamente con la misma profundidad y atención al detalle de su vida íntima que los personajes masculinos. Destacaría a Natasha, y la princesa María. De joven te quedas más con la encantadora y adorable Natasha, comprendes sus errores, sus pasiones,… Con los años, admiras más a la princesa María, su paciencia, generosidad, cómo soporta el maltrato de su padre, cómo se pone al servicio de los hombres de su vida y, sin embargo, consigue mantener un alma resplandeciente que es sólo suya, y muy superior al resto de los personajes.
Lo que ocurre es que no dejan de ser imágenes tópicas de la mujer decimonónica hecha para el amor, a un hombre, a su familia, al prójimo. La guerra les pasa por encima y no dedican ni medio segundo a pensar en la sociedad o la política, todo les resbala, no les interesa nada.
Puedes decir que eran cosas de la época, pero… Las mujeres del Quijote, dos siglos y medio más antiguas, resultan mucho más variadas. Por no hablar de las coetáneas de Tolstói que se pueden encontrar en las novelas de Pérez Galdós.
Pero vamos, que todo eso son cosas que simplemente te llaman la atención desde una perspectiva del siglo XXI.
Adaptaciones de esta historia o de partes, hay muchas. Desde la película de King Vidor con la inolvidable Natasha de Audrey Hepburn hasta la miniserie de 2016 de la BBC protagonizada por Paul Dano, Lily James y James Norton.
Aquí, la Natasha de A. Hepburn con el Bolkonsky de M. Ferrer
Milton H. Greene para la revista LOOK [dominio público]
Vía Wikimedia Commons
De la adaptación operística, hecha por Prokófiev ya hablé aquí
Como este libro es un clásico, tiene página en la Wikipedia. Y acabo con una cita de quien es, al final, mi personaje favorito, incluso con sus arrebatos cuando se le cruza el cable:
Durante su cautiverio en la barraca, Pierre descubrió, no por medio de la inteligencia, sino con todo su ser, con la vida misma, que el hombre ha sido creado para la dicha, que ésta reside en él, en la satisfacción de las necesidades naturales, y que todas las desgracias provienen del exceso y no de la falta de cosas. Pero después, durante aquellas tres semanas de marcha, se enteró de otra verdad consoladora: que no hay nada temible en este mundo. Supo que lo mismo que no existe en la tierra una situación en que el hombre sea feliz y completamente libre, tampoco hay ninguna en que sea totalmente desgraciado y esclavo. Comprendió que hay un límite para el sufrimiento y otro para la libertad y que ambos están muy cerca; que el hombre que sufre porque en su lecho de rosas se ha doblado un pétalo, sufre exactamente igual que sufría Pierre al tratar de dormirse en la tierra húmeda y de calentarse por un lado mientras se le enfriaba el otro. Cuando se ponía zapatos de baile demasiado estrechos padecía igual que ahora que iba descalzo (hacía bastante que sus botas se habían destrozado) y tenía los pies lacerados. 
Guerra y paz, Vol. 2, pág. 517. Traductoras: Irene y Laura Andresco. Alianza Editorial, 2015.

sábado, 15 de febrero de 2020

#35 Claustro de San Juan de Duero

Claustro de San Juan de Duero, por Diego Delso (2017)
[CC BY-SA 4.0] vía Wikimedia Commons


                       
Ubicación: Soria (Castilla y León, España)
Fecha: Ss. XII y XIII
Estilo: Arte románico
Tipo de edificación: religioso


En Soria, la ciudad de los poetas, encontramos estas ruinas de lo más romántico


Soria es una de esas capitales que quedan un poco a trasmano, en una provincia que es pura naturaleza, monte bajo y alto, la Laguna Negra, leyendas y poemas… Machado y Bécquer.

Bien merece una visita. Para los que no tengan claro dónde queda, está por el centro de la península, tirando hacia arriba a la derecha según miras el mapa.

Tierra fronteriza entre las dos grandes Coronas que forjaron España: la de Castilla y la de Aragón, que se disputaron este territorio. Al final, cayó para la parte castellana.

La gente asocia el término «órdenes militares» con las cruzadas y solo piensa en los templarios. Pero hubo varias, unas internacionales y otras nacionales. Este monasterio, al parecer, fue de los hospitalarios, u orden de San Juan de Jerusalén, actualmente orden de Malta.

Del monasterio solo queda una iglesia bastante sobria (aunque con muy interesantes capiteles y dos edículos en el interior parecidos al de las iglesias orientales), un recinto amurallado en cuyo interior están… los Arcos.

Ya he comentado que las ruinas son inquietantes, y estas sorianas no son una excepción. La ciudad está en un codo del río, pero esto queda al otro del Duero, a las afueras, hacia el Este, en el Monte de las Ánimas de la leyenda becqueriana. Muy cerca queda la ermita de San Saturio. Así que acaba siendo prototípicamente romántica: algo tenebroso, nocturno, con insinuación de lo sobrenatural…

Resulta muy raro pasearse entre estos arcos. Es un cuadrado con tres esquinas achaflanadas, así que acaba más o menos un octógono; una de las esquinas sí que tiene un machón.

Sin una base alta, sin techo, sin edificio adosado, sin pasillos por los que pasear... Sólo los Arcos. Causa una sensación extraña, diferente a cualquier otra visita que hagas a monasterios románicos.

En los chaflanes hay entradas; los estilos varían, pero en vez de haber uno por cada lado del cuadrado, llegan hasta la mitad y cambian. Así que hay como eles de arcos que van variando.
.
En estas arquerías hay un repertorio de modelos donde elegir.

La parte más antigua está en el ángulo noroccidental. Encuentras los típicos arcos románicos de medio punto sobre pares de columnas y basamento corrido.



Luego está el arco túmido, que es de herradura apuntado, sobre cuatro columnas.



Y empiezan a cruzarse….



… Y cruzarse, dejando un pequeño hueco, …



… Y cruzarse hasta el punto de que, llega un momento en que el arco arranca, se cruza y acaba... al aire, en la nada…



Si eso no es chulería, que venga Dios y lo vea.

Ya hablé el otro día de la sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo, y cómo fusiona elementos del arte islámico con el cristiano. Bueno, pues un mucho de eso se da también aquí, con unas arquerías lobuladas y entrecruzadas que a veces se consideran románico y otras mudéjar.

El arco túmido en particular, puede verse en la última fase constructiva de la mezquita-catedral de Córdoba. La decoración de algunos fustes y capiteles, muy minuciosos, también evocan los modelos andalusíes.

Aparte de la influencia islámica, se ha hablado de la huella dejada por el arte sículo-normando. 

Monumento nacional desde 1882, actualmente no tiene culto y forma parte indispensable de la visita turística a Soria.

Para saber más de esta edificación, como siempre, tenemos la Wikipedia, aunque en esta ocasión no puede decirse que sea un artículo muy extenso

Con algo más de detalle hablan en Arte Guías

Pero vamos, que casi cualquier página que te hable de Soria y sus atractivos te mencionará estas ruinas. Por ejemplo en La frontera del Duero o en la página autonómica de turismo por Castilla y León.  

Para una visita turística virtual, estos seis minutejos en You Tube.

miércoles, 12 de febrero de 2020

#34 Sinagoga de Santa María la Blanca

Interior de la sinagoga
Por Luis-Daniel Carbia Cabeza (2019)
[CC BY-SA 2.0], vía Wikimedia Commons




                       
Ubicación: Toledo (Castilla-La Mancha, España)
Fecha: siglo XIII
Estilo: Arte gótico-mudéjar
Tipo de edificación: religioso




Ejemplo del Toledo de las tres culturas


En la península ibérica medieval convivieron tres religiones: la cristiana, la islámica y la judía. Tanto en Al-Ándalus como en los reinos cristianos, había grupos de las tres comunidades. Contra lo que creen algunos buenistas, esto no significa que se reconocieran en términos de igualdad o que hubiera matrimonios mixtos. Normalmente, el que manda, manda, y las minorías, como los cristianos en Al-Ándalus o los judíos en los reinos cristianos, no tenían los mismos derechos que los que tenían la religión de la élite. 

Se los toleraba, o sea, se los aguantaba. A cristianos y judíos se les soportaba en Al-Ándalus, de la misma manera que a los mudéjares y a los judíos en reinos cristianos. Por eso eran vulnerables a persecuciones cuando hubiera algún revés o plaga.

Las minorías siempre son chivos expiatorios ideales de cualquier contratiempo político, económico, climático,… del tipo de que sea. Es así hoy en día, ¿cómo no va a ser cierto en épocas aún más supersticiosas como la Edad Media?

Cuando Toledo fue reconquistada en 1085, se mantuvieron estas otras comunidades, bajo el dominio cristiano. Así se explica el nacimiento de un estilo arquitectónico mixto, fusión de elementos cristianos e islámicos: mudéjar. Por eso se surgen con normalidad iglesias con materiales, técnicas y elementos ornamentales andalusíes, elaborados con mano de obra islámica. Es un estilo muy propio de la España medieval. Hay dos fases de arquitectura mudéjar, en paralelo con los estilos cristianos: el románico-mudéjar y el gótico-mudéjar.

También la comunidad judía, al construir sus sinagogas, recurrió a alarifes y canteros musulmanes. En Toledo hubo una numerosa comunidad judía. Se dedicaba, sobre todo, al campo, a la agricultura. Llegó a haber hasta una decena de sinagogas. A nuestros días han llegado dos, esta de Santa María la Blanca y la del Tránsito. Ambas pertenecen a la época del gótico-mudéjar.

Hay una inscripción que dice que esta sinagoga se construyó en el año 1180. Lo que ocurre es que, al parecer, sufrió un incendio a mediados del siglo XIII y es entonces cuando se reconstruyó con el esquema más o menos actual.

Se trata de una sinagoga de planta basilical, dividida en cinco naves, reproduciendo el mismo esquema de naves paralelas propio de las mezquitas. Si tú ves esa foto y no te dicen que es una sinagoga, lo primero que piensas, es que estás ante una mezquita. La nave central era más alta, y las laterales, progresivamente más bajas.

Las naves se separan entre sí como arcos de herradura semicircular apoyadas en pilares ochavados.

Hay treinta y dos capiteles, de inspiración cisterciense, se han tallado a trépano, y como principales temas presentan tallos, piñas y volutas. Lo mismo los podrían encontrar en iglesias o en mezquitas.

Propio del estilo mudéjar es el uso del ladrillo para alzar los muros. Aquí se encalan de blanco, sobrio y luminoso.

La madera se usaba en la arquitectura mudéjar para crear esas espléndidas techumbres de forma de artesa que por eso se llaman artesonados; aquí se ve en la cubierta de las naves.

El yeso se reserva para los adornos, de tipo geométrico o vegetal, en las arquerías de la parte alta. Aquí es donde se nota una clara influencia del arte islámico almohade. Se distinguen por ejemplo rombos entrelazados tipo sebka. También hay tallos entrelazados, medallones o palmetas.

Como se ve, la comunidad judía estaba bien viva un siglo después de la reconquista cristiana,… incluso dos siglos después… Esta sinagoga se convirtió en iglesia cristiana a finales del siglo XIV, bajo la advocación de la Virgen Blanca. Luego fue abandonada y –a lo largo de los siglos– pasó por otras funciones, como cuartel de infantería o almacén…

La declararon monumento nacional en el año 1930. El franquismo se la devolvió a la iglesia. Pero lo cierto es que no se celebran allí actos de culto. Más bien es un monumento que se visita, y a veces se celebran exposiciones o recitales.

Para saber más de esta edificación, como siempre, tenemos la WikipediaTambién en Arte Guías describen esta sinagoga con más detalle que el que yo doy aquí. 

 Como suelo decir, para pasar un fin de semana haciendo turismo, Toledo es perfecta. Ya sé que está muy retrepada en una curva del Tajo y has de caminar arriba abajo, igual no demasiado cómodo, pero desde luego merece la pena por todas las increíbles joyas que hay allí, más allá de la catedral o El entierro del conde de Orgaz en Santo Tomé.

domingo, 9 de febrero de 2020

#33 Monasterio de Santa María de Moreruela



Cabecera con girola, por Rubén Ojeda (2010)
[CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons

                       
Ubicación: Moreruela (Zamora, Castilla y León, España)
Fecha: siglo XII
Estilo: Arte gótico
Tipo de edificación: religioso




Las ruinas son tan románticas e inquietantes…


La arquitectura religiosa en España es rica, variada y básicamente… alucinante. La continuidad en los asentamientos desde la época de los romanos hace que muchos templos estén aún en funcionamiento, enriqueciéndose (o poniendo pegotes) con nuevas aportaciones a lo largo de los siglos.

Pero, a veces, encuentras ruinas. Grandes monasterios que fueron riquísimos en la Edad Media y luego quedaron abandonados. Nadie se interesó por ellos en las amortizaciones del siglo XIX y ahí están, decayendo, hasta que las autoridades locales deciden recuperarlos como centro de interés turístico.

Tienen un aire realmente inquietante, y terriblemente romántico, todas esas edificaciones de piedra alzándose al cielo, sin techos, porque cabe pensar que se realizaron en madera y ha decaído por el peso de los siglos.

Creo que la primera vez que vi algo así fue San Pedro de Arlanza, en la provincia de Burgos, y fue toda una experiencia. Era… raro… y al tiempo, precioso.
 
San Pedro de Arlanza, fotografiada por J. A. Gil Martínez (2012)
Hoy voy a hablar de otras ruinas, muy significativas en la Historia del Arte, porque es una de las primeras obras de arquitectura gótica en España. De hecho, se la coloca en la primera fase, llamada protogótico.

El nuevo estilo llegó a la Península gracias a los cistercienses, ya que la orden construyó de esta manera los monasterios que iba fundando por toda la Cristiandad. Era una arquitectura esencialmente funcional, que pretendía usar los elementos más simples de manera eficiente. 

Es un estilo desnudo, en que el edificio brilla en la simplicidad de sus líneas, sin ornamentación que confunda el ojo. Obviamente tiene poco que ver con el gótico florido de siglos posteriores; no hay que olvidar que llegó hasta la época de los Reyes Católicos.

Las relaciones entre franceses e hispanos fueron muy continuadas a lo largo de la Edad Media. No solo por el Camino de Santiago, que ha aparecido aquí unas cuantas veces. También hubo relaciones de casas aristocráticas, e incluso de familias reales, entre los dos territorios, cuando nobles foráneos venían a buscarse la vida luchando contra los musulmanes en la Península. Por ejemplo, Alfonso VI, conquistador de Toledo, casó a su hija Urraca con Raimundo de Borgoña (1070-1107), y a este noble galo se debe la organización de la repoblación de la meseta entre el Duero y el Tajo. Su hijo fue Alfonso el Emperador (1105-1157), el primero de la dinastía de Borgoña en los reinos de León y Castilla.

Precisamente fue este Alfonso VII de León, llamado «el Emperador», quien llamó a la Orden del Císter a la península. Venía de épocas bastante revueltas, y una forma de lograr la pacificación de sus territorios es precisamente mediante los monasterios. Hay que pensar que no se trataban solo de centros religiosos, como podemos creer, sino que se constituían en el centro de un territorio, que organizaban, controlaban y del que eran el motor económico. Su implicación en mantener la paz era más fiable que la de los nobles, salvo los más leales, o los obispos de las ciudades, que tenían otros intereses diferentes.
 
Parte del muro sur de la iglesia, también de Wikimedia Commons

Alfonso VII entregó Moreruela a un noble leal, llamado Ponce de Cabrera, con el encargo de que construyera allí un monasterio. Y el resultado fue Santa María de Moreruela. Pertenece a uno de los grupos de edificios protogóticos en España: los cistercienses.

Aquí vemos las características de ese estilo gótico inicial, aún ligado al románico: el arco apuntado doblado y la bóveda de cañón apuntado, con escasos elementos decorativos; si se usa ornamentación, es geométrica o vegetal.

La cabecera de Moreruela sigue el modelo de girola y corona de capillas, y es la parte más antigua y característica de la construcción, por eso he escogido una foto de ella para encabezar el artículo.
 
Otro detalle de la cabecera, datada de 1126.
Fotografía de Borjaanimal, via Wikimedia Commons
Lo primero en lo que te fijas es en esa impresionante bóveda de cañón, ligeramente apuntado, que la cubre. 

Por debajo se distinguen tres niveles. 

El superior es el ábside principal, con arcos apuntados sobre ocho columnas. 

El nivel de en medio es la girola que rodea el ábside central; bóvedas de ojivas la cubren. 

Abajo del todo, encontramos siete pequeños ábsides.

Para saber más de esta edificación, como siempre, tenemos la Wikipedia.

En You Tube he encontrado este estupendo clip de cuatro minutos, que te visita Moreruela a vista de dron. Impresionante.



Ya sabéis, si algún fin de semana visitáis la provincia de Zamora, no dejéis de visitar estas conmovedoras ruinas.